Su esposo la expulsó por ser estéril… hasta que Rey Vampiro con cinco hijos la eligió como su reina

SU ESPOSO LA LLAMÓ ESTÉRIL E INÚTIL DURANTE SIETE AÑOS Y LA ABANDONÓ PARA QUE MURIERA EN LA NIEVE… PERO EL REY VAMPIRO QUE VIAJABA CON SUS CINCO HIJOS DESCUBRIÓ QUE ELLA ESCONDÍA UNA SANGRE CAPAZ DE CAMBIAR TODO SU REINO

PARTE 1

Vanessa Fuentes llevaba horas sentada en una banca cuando comenzó a dejar de sentir los dedos.

La nieve se acumulaba sobre su cabello.

No tenía abrigo.

No tenía dinero.

Y, por primera vez después de siete años de matrimonio, tampoco tenía marido.

Marco la había echado de casa después de repetirle las mismas palabras que llevaba años utilizando para destruirla:

—Eres inútil. Estéril. Nadie va a quererte.

Vanessa había escuchado aquello tantas veces que ya no sabía dónde terminaba la voz de Marco y comenzaban sus propios pensamientos.

Así que permaneció allí.

Temblando.

Convencida de que quizá él tenía razón.

Hasta que un carruaje negro se detuvo frente a ella.

Primero bajaron cinco niños de piel pálida.

Después apareció el hombre que viajaba con ellos.

Era alto, de cabello plateado y ojos rojizos que parecían brillar bajo la nieve.

Vanessa debería haber sentido miedo.

En cambio, sintió algo mucho más extraño:

seguridad.

—Se está congelando —dijo él.

—Estoy bien.

El desconocido miró sus muñecas.

Allí estaban los moretones que Marco había dejado.

Su expresión cambió.

—No. No lo está.

La niña más pequeña dio un paso hacia Vanessa.

—Tiene frío, padre.

El hombre se quitó su pesado manto y se lo colocó alrededor de los hombros.

—Soy Alonso Draco.

Vanessa conocía ese nombre.

Todo el mundo lo conocía.

El rey vampiro del Dominio Nocturno.

Retrocedió.

—No quiero problemas.

—Yo tampoco —respondió Alonso—. Ya tengo cinco hijos. Créame, tengo suficientes.

Por primera vez en semanas Vanessa casi sonrió.

Alonso le ofreció comida y refugio.

Ella dudó.

—No puedo pagarle.

—No se lo he pedido.

—¿Entonces por qué ayudarme?

El rey permaneció en silencio.

—Porque todavía sigue aquí. Eso significa que aquello que intentó destruirla fracasó.

Vanessa sintió que algo dentro de ella se quebraba.

Subió al carruaje.

Cuando despertó, ya no estaba en el mundo humano.

La Fortaleza de Obsidiana parecía construida con noche solidificada.

Tres lunas iluminaban sus torres.

Curanderas vampiras habían tratado su hipotermia y desnutrición.

Alonso permanecía cerca.

—Estuvo a punto de morir.

—Entonces debería irme.

—Primero debe ser capaz de mantenerse en pie.

Una curandera examinó su brazo izquierdo.

De repente se quedó inmóvil.

—Majestad…

Alonso se acercó.

En la piel de Vanessa había una mancha oscura que ella siempre había considerado una marca de nacimiento.

La curandera palideció.

—Esto no es natural.

—¿Qué significa? —preguntó Vanessa.

Alonso observó el símbolo.

—Es un sello de confinamiento.

—¿Confinamiento de qué?

Nadie respondió.

Durante los días siguientes, los cinco hijos de Alonso comenzaron a buscarla constantemente.

Luciano, el mayor, intentaba comportarse como adulto.

Emilio era imposible de mantener quieto.

Eric hablaba poco.

Mara dibujaba todo lo que veía.

Y Saúl, el más pequeño, no había pronunciado palabra desde que su madre había sido asesinada dos años atrás.

Pero Saúl se sentaba junto a Vanessa.

Le permitía abrazarlo.

Incluso comenzó a sonreír.

Una tarde Mara le entregó un dibujo.

Cinco niños.

Y Vanessa en medio.

—Te dibujé con nosotros.

—Yo no soy parte de su familia.

Mara la miró con absoluta sencillez.

—Podrías serlo.

Vanessa sintió miedo.

No de ellos.

De necesitar aquello demasiado.

Poco después, mientras ayudaba a los niños a leer, un dolor insoportable atravesó su brazo.

Vanessa cayó al suelo.

El supuesto lunar comenzó a brillar.

Alonso la llevó inmediatamente a la cámara de curación.

—El sello está rompiéndose —dijo la curandera.

Colocó las manos sobre su brazo.

Vanessa gritó.

Imágenes desconocidas explotaron en su mente.

Una mujer idéntica a ella usando una corona hecha de luz.

Un vampiro tomando la mano de una mortal.

Una antigua guerra.

Una traición.

Un linaje escondido durante miles de años.

Cuando Vanessa abrió los ojos, la curandera la miraba como si hubiera dejado de ser una paciente.

Y se hubiera convertido en algo sagrado.

—Majestad…

Alonso tensó la mandíbula.

—Hable.

La mujer tragó saliva.

—Vanessa desciende directamente de Serafina Espina, la primera reina mortal que unificó a los clanes vampíricos hace tres mil años.

Vanessa sintió que el aire desaparecía.

—Eso es imposible.

La curandera negó lentamente.

—Su sello no estaba ocultando una enfermedad.

Miró directamente a Vanessa.

—Estaba ocultando su sangre, su poder… y también estaba suprimiendo su fertilidad.

Vanessa quedó paralizada.

Siete años.

Siete años creyendo que estaba rota.

Y ahora acababa de descubrir que…

Marco le había hecho odiarse por algo que jamás había sido culpa suya.

PARTE 2

—Repítalo.

La voz de Vanessa apenas salió.

La curandera se acercó.

—El sello suprimía todo lo relacionado con su linaje: magia, conexión ancestral… incluso su capacidad de concebir.

Vanessa dejó de respirar.

Recordó cada consulta médica.

Cada prueba negativa.

Cada noche en que Marco la culpó.

Cada vez que la llamó defectuosa.

—Entonces… yo nunca fui estéril.

—No.

Vanessa cerró los ojos.

El dolor que salió de ella no fue físico.

Fueron siete años derrumbándose de golpe.

Alonso la sostuvo antes de que cayera.

Vanessa hundió el rostro contra su pecho.

—Me dijo que nadie podría quererme.

—Mintió.

—Yo le creí.

—Eso no convierte sus mentiras en verdad.

Alonso no intentó arreglarla con palabras.

Simplemente permaneció allí.

Y por primera vez Vanessa comprendió la diferencia entre alguien que te abraza para poseerte y alguien que te sostiene para que puedas volver a levantarte.

El descubrimiento cambió su posición en el Dominio Nocturno.

Ya no era simplemente una mortal rescatada.

Era descendiente de Serafina.

Una línea de sangre que todos creían desaparecida.

Los nobles comenzaron a murmurar.

Algunos la consideraban peligrosa.

Otros querían utilizarla políticamente.

Alonso tomó una decisión.

—Se queda aquí bajo mi protección.

—No puede ordenar mi vida.

—Tiene razón.

El rey la miró.

—Entonces se lo pediré.

Vanessa no contestó inmediatamente.

Pero los niños lo hicieron.

—Quédate —dijo Mara.

Emilio asintió.

—Padre sonríe desde que llegaste.

Luciano intentó mantener la dignidad.

—Y nosotros dormimos mejor.

Saúl caminó hacia Vanessa.

La abrazó.

Y después de dos años de silencio, pronunció una sola palabra:

—Quédate.

Vanessa dejó caer la bolsa que había preparado para marcharse.

Alonso apareció en el pasillo.

Sus ojos se encontraron.

—¿Iba a irse sin despedirse?

—Pensé que sería más sencillo.

—¿Para quién?

No supo responder.

Alonso se acercó.

—Mis hijos están mejor con usted.

Hizo una pausa.

—Yo estoy mejor con usted.

Vanessa sintió latir su corazón con demasiada fuerza.

—Me quedaré.

Pero alguien más descubrió que Vanessa seguía viva.

Marco.

Cuando escuchó rumores sobre una mujer mortal viviendo dentro de la Fortaleza de Obsidiana junto al rey vampiro, no pensó en arrepentirse.

Pensó en valor.

Si la mujer que había despreciado era importante para un rey, entonces podía utilizarla.

Y una criatura infernal estuvo encantada de ayudarlo.

Marco hizo un pacto.

Poder a cambio de abrir una puerta hacia el dominio de Alonso.

La marca demoníaca apareció en su palma.

Y Marco fue a recuperar aquello que aún consideraba suyo.

Vanessa despertó de una pesadilla justo antes del ataque.

La fortaleza tembló.

Criaturas hechas de sombra comenzaron a escalar sus murallas.

Alonso apareció.

—Estamos bajo ataque.

Vanessa corrió hacia una ventana.

Allí estaba Marco.

Frente a la entrada.

Rodeado de monstruos.

—Vanessa —gritó mediante magia—. Vuelve conmigo.

Las palabras hicieron que su cuerpo reaccionara como antes.

Hacerse pequeña.

Obedecer.

Disculparse.

Pero entonces recordó dónde estaba.

Recordó quién era.

Alonso se colocó delante de ella.

—No puede entrar mientras yo permanezca de pie.

Las defensas cedieron.

Marco cruzó acompañado por criaturas infernales.

Cuando vio a Vanessa, sonrió.

—Ahí estás.

Ella retrocedió un paso.

—Regresas conmigo.

—No.

Marco parpadeó.

Nunca antes ella había respondido así.

—¿Qué dijiste?

—Que no.

Alonso mostró los colmillos.

—Escuchó perfectamente.

Marco rio.

—¿Defendiendo a mi esposa?

—Exesposa en cuanto ella pueda conseguir los documentos humanos correspondientes.

Vanessa casi habría reído en cualquier otra situación.

Marco señaló hacia ella.

—Es una inútil. Una mujer estéril que debería agradecer que alguien como yo la soportara.

Alonso sonrió.

No había humor en aquella sonrisa.

—Nunca fue estéril.

El rostro de Marco cambió.

—¿Qué?

—Y tampoco fue inútil.

Entonces Alonso hizo algo que finalmente borró la última mentira de Marco.

Se hizo a un lado.

No porque dejara de protegerla.

Sino porque permitió que Vanessa respondiera por sí misma.

—Nunca fui tu propiedad —dijo ella.

Marco avanzó.

—Siempre fuiste mía.

—No.

Vanessa sintió calor bajo la piel.

—Solo me convenciste de que lo era.

Marco se abalanzó hacia ella.

Cinco figuras pequeñas aparecieron entre ambos.

Luciano mostró los colmillos.

Mara y Eric se colocaron a sus lados.

Emilio estaba listo para atacar.

Y Saúl, el niño que durante años apenas hablaba, miró a Marco.

—Tócala…

Su pequeña voz tembló.

—Y mueres.

—¡Aparten a esos monstruos! —rugió Marco.

Las criaturas infernales se lanzaron sobre los niños.

Vanessa vio sus garras.

Vio a Mara.

A Luciano.

A Emilio.

A Eric.

A Saúl.

Los niños que habían decidido que ella pertenecía a su familia.

Algo se rompió dentro de su brazo.

El antiguo sello se hizo añicos.

—¡NO!

Luz dorada explotó desde Vanessa.

Las criaturas infernales comenzaron a desintegrarse.

Alonso levantó un brazo contra el resplandor.

Marco gritó.

Vanessa podía sentirla.

La sangre de Serafina.

No era magia humana.

Tampoco vampírica.

Era algo nacido entre los dos mundos.

La misma fuerza que siglos atrás había permitido que una mujer mortal uniera a los clanes de la noche.

Vanessa levantó la mano.

La luz se transformó en una hoja.

No apuntó al corazón de Marco.

Apuntó a la marca demoníaca en su palma.

—Hiciste un pacto para volver a convertirme en tu prisionera.

La espada luminosa descendió.

—Yo lo rompo.

La marca explotó.

El demonio apareció detrás de Marco, arrancado de las sombras.

—¡El pacto es eterno!

Vanessa sostuvo la mirada de la criatura.

—Mi linaje existía antes que tus contratos.

La luz aumentó.

—Y yo digo que este termina ahora.

El demonio se convirtió en cenizas.

Las criaturas desaparecieron.

Marco cayó al suelo.

Humano otra vez.

Débil.

Asustado.

—¿Qué eres? —susurró.

Vanessa caminó hacia él.

—No soy tuya.

Marco intentó cambiar de estrategia.

—Vanessa, podemos hablar. Cometí errores.

—No cometiste un error.

Ella lo miró.

—Cometiste siete años de ellos.

—Estaba frustrado.

—Eras cruel.

—La presión de tener hijos…

—No.

Vanessa se agachó hasta quedar frente a él.

—Disfrutabas haciéndome pequeña porque así podías sentirte grande.

Se puso de pie.

—Pero ya no soy pequeña.

Le dio la espalda.

Alonso llamó a sus guardias.

—Sáquenlo de mi reino.

Marco fue arrastrado mientras gritaba amenazas y disculpas.

Vanessa no volvió a mirar.

Cuando todo terminó, sus piernas cedieron.

Alonso la atrapó.

—La tengo.

Los cinco niños los rodearon.

—Brillaste —susurró Saúl maravillado.

Alonso contempló a Vanessa.

—Como la antigua magia de mi esposa.

Vanessa se tensó.

Él aclaró:

—No estoy comparándolas. Su magia es diferente, pero complementaria.

La llevó hasta un sofá.

Después, para sorpresa de Vanessa, el rey se arrodilló frente a ella.

—He sobrevivido tres siglos.

Tomó su mano.

—Guerras. Asesinos. Rebeliones.

Sus dedos se cerraron alrededor de los de Vanessa.

—Pero cuando Marco corrió hacia usted, sentí miedo.

—Estoy aquí.

Alonso bajó la frente hacia sus manos unidas.

—Sí.

La miró.

Ya no como rey.

Simplemente como hombre.

—Y quiero que siga aquí.

Los cinco niños quedaron absolutamente inmóviles.

Vanessa sonrió.

—¿Eso fue una propuesta muy mala?

—Probablemente.

—Entonces inténtelo otra vez.

Alonso respiró.

—Vanessa Fuentes… ¿aceptaría construir una vida conmigo? No para reemplazar a nadie. No porque mi reino necesite una reina. Y no porque la profecía diga que debe hacerlo.

Miró a sus hijos.

Después volvió a mirarla.

—Porque la amo.

Vanessa había pasado siete años creyendo que nadie podría hacerlo.

Ahora comprendía algo.

Marco nunca había definido su valor.

Solo había intentado ocultárselo.

—Sí.

Alonso la besó suavemente.

Detrás de ellos, cinco niños comenzaron a celebrar.

La coronación llegó tiempo después.

Vanessa llevaba un vestido que había pertenecido a la reina Serafina tres mil años atrás.

Pero antes de entrar al salón, los niños la detuvieron.

Luciano le entregó un pequeño broche que había pertenecido a su madre.

—Ella siempre será nuestra madre.

Vanessa tragó saliva.

—Lo sé.

—Y tú eres Vanessa —continuó él—. Eso no compite con ella.

Emilio le regaló un pequeño lobo de madera.

—Los lobos protegen a su manada.

Eric colocó en sus manos una flor nocturna.

—Porque cosas hermosas pueden crecer en la oscuridad.

Saúl le entregó una de sus piedras favoritas.

Y Mara mostró otro dibujo.

Los seis juntos.

Debajo de las tres lunas.

—Para que nunca vuelvas a olvidar que perteneces aquí.

Vanessa lloró.

—Gracias por elegirme.

Luciano negó.

—Tú también nos elegiste.

Vanessa entró al salón acompañada por los cinco niños.

No delante.

No detrás.

A su lado.

Alonso esperaba frente al trono.

Cuando ella llegó, levantó la antigua corona.

—Vanessa Fuentes, descendiente de Serafina Espina, portadora de la luz antigua, protectora de mis hijos y defensora de nuestro reino…

Colocó la corona sobre su cabeza.

—Te reconozco como reina del Dominio Nocturno.

Miles de voces llenaron el salón.

Pero Vanessa apenas las oyó.

Porque Mara estaba sujetando su mano.

La niña levantó la mirada.

—No eres nuestra mamá.

Vanessa sintió una pequeña punzada.

Mara sonrió.

—Eres nuestra Vanessa.

Apretó sus dedos.

—Y eso es mejor.

Vanessa miró a Alonso.

Después a los cinco niños.

Recordó la banca.

La nieve.

Las palabras de Marco.

Inútil.

Rota.

Estéril.

Nadie te amará.

Todas aquellas voces habían desaparecido.

Porque finalmente sabía quién era.

No una mujer rescatada por un rey.

No una víctima convertida mágicamente en alguien importante.

Era la misma mujer que había sobrevivido aquella noche en la nieve.

Solo que ahora podía verse con claridad.

Fuerte.

Amada.

Elegida.

Y cuando Alonso tomó su otra mano, Vanessa comprendió que la familia que había buscado toda su vida no era aquella que intentó obligarla a convertirse en alguien diferente.

Era aquella que la encontró cuando no tenía nada…

y decidió que ella ya era suficiente.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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