Fue Rechazada y Abandonada en la Nieve… Hasta que el Lobo Negro la Protegió
PARTE 1
Dicen que no existe dolor más profundo para un lobo que ser rechazado por su propia pareja destinada.
Durante toda mi vida creí que el vínculo de la luna era una promesa. Algo sagrado que unía dos almas elegidas por el destino. Pensaba que, sin importar la apariencia, el rango o la fuerza, cuando dos lobos se encontraban, simplemente sabían que pertenecían el uno al otro.
Yo era Kira Ashford, la hija de una sanadora de la manada Silver Paw. No era la loba más fuerte, ni la más hermosa, ni alguien a quien todos miraran cuando entraba en una habitación. Había pasado años ayudando a otros, curando heridas y preparando remedios, mientras veía cómo las demás lobas encontraban admiradores y respeto.
Pero mi madre siempre me decía lo mismo:
—Cuando llegue tu pareja, todo cambiará. La luna no mira lo que ven los demás. Ella mira el corazón.
Y yo le creí.
La noche de la luna helada pensé que finalmente mi vida iba a comenzar.
La reunión de las manadas había reunido a cientos de lobos bajo el mismo cielo. Las hogueras iluminaban el claro y el aire estaba lleno de emoción. Yo sentía algo extraño en mi pecho, una llamada que me había acompañado durante semanas.
Entonces lo vi.
Damian Blackwood.
Era parte de la delegación de Iron Ridge. Alto, fuerte, con una presencia que hacía que todos a su alrededor parecieran pequeños. Sus ojos color ámbar recorrieron la multitud hasta detenerse en mí.
Y en ese instante ocurrió.
El vínculo.
Fue como si una corriente invisible atravesara mi cuerpo. Mi loba interior despertó con una alegría imposible de contener.
“Él es nuestro”.
Por primera vez en mi vida sentí que pertenecía a algún lugar.
Pero esa felicidad duró apenas unos segundos.
Porque vi cómo su expresión cambiaba.
Primero apareció la sorpresa. Después, la confusión.
Y finalmente… decepción.
Sus ojos recorrieron mi rostro, mi ropa sencilla y mi apariencia común. La calidez desapareció lentamente hasta convertirse en una distancia fría que me atravesó como una cuchilla.
Aun así, mi corazón se negó a aceptarlo.
Caminé hacia él.
Necesitaba escuchar de su propia voz que estaba equivocada.
Cuando llegué junto a él, Damian estaba hablando con el Alfa Thorn. Sentí todas las miradas sobre mí, pero solo podía verlo a él.
—Necesito hablar contigo, por favor —dije intentando controlar el temblor de mi voz.
Damian aceptó alejarse unos minutos conmigo, pero no había emoción en su rostro. Solo una fría cortesía.
Cuando estuvimos lejos de la reunión, reuní el valor para preguntar:
—Tú también lo sientes, ¿verdad? El vínculo.
Él guardó silencio durante unos segundos.
Y entonces respondió:
—Sí.
Una sola palabra que debería haberme hecho feliz.
Pero después llegaron las palabras que destruyeron todo.
—Y precisamente por eso esto es un problema.
Sentí que el mundo se detenía.
Damian me miró sin odio, sin crueldad. Casi era peor. Me miró como si estuviera tomando una decisión lógica sobre algo sin importancia.
—Necesito una compañera que pueda estar a mi lado. Alguien que tenga influencia, fuerza, alguien que pueda representar mi futuro.
Tragué saliva.
—No me conoces.
—Sé suficiente.
Cada palabra dolía más que la anterior.
Me recordó que era hija de una sanadora. Que no tenía rango. Que no tenía poder. Que estar conmigo solo lo haría parecer más débil.
—La diosa de la luna cometió un error —dijo finalmente.
Mi loba aulló dentro de mí.
El vínculo entre nosotros se retorció como si intentara mantenernos unidos, pero él ya había tomado su decisión.
—No puedo aceptarte como mi compañera, Kira.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
Le pedí una oportunidad. Le pedí que me conociera. Le dije que podía demostrarle quién era realmente.
Pero Damian solo negó con la cabeza.
—Lo siento. Debes seguir adelante.
Seguir adelante.
Como si mi alma pudiera simplemente olvidar a la única persona que la luna había elegido para mí.
Cuando regresó con su manada, yo me quedé sola bajo la oscuridad del bosque.
No sabía que esa noche no solo perdería a mi pareja.
También perdería la última esperanza que tenía de ser elegida por alguien.
Y mientras la nieve comenzaba a caer sobre mi cuerpo tembloroso, escuché algo proveniente de la frontera prohibida.
Un aullido.
No era de Silver Paw.
No era de ninguna manada conocida.
Era profundo, salvaje y extraño.
Y aunque mi mente me decía que huyera…
algo dentro de mí decidió seguirlo.
PARTE 2
Seguí aquel sonido sin saber por qué.
La nieve golpeaba mi rostro mientras avanzaba hacia la frontera norte. Cada paso era más difícil que el anterior. Mi cuerpo estaba agotado, pero el dolor en mi pecho era mucho más fuerte que el frío.
Había perdido todo.
Mi pareja me había rechazado.
Mi propia manada jamás entendería lo que había ocurrido.
Y el Alfa Thorn seguramente convertiría mi vergüenza en otro motivo para humillarme.
Por primera vez pensé que desaparecer sería más fácil que continuar viviendo con aquel vacío.
No buscaba salvarme.
Solo quería dejar de sentir.
La tormenta se volvió más intensa. Mis fuerzas comenzaron a abandonarme y apenas podía ver el camino frente a mí.
Entonces sentí algo caliente.
Un calor extraño en medio de aquella noche congelada.
Abrí los ojos lentamente.
Al principio no entendí lo que estaba viendo.
Un enorme lobo negro estaba junto a mí.
Su pelaje era oscuro como la noche y su cuerpo rodeaba el mío, protegiéndome del frío. Era imposible. Los lobos solitarios no salvaban a otros. Los renegados eran considerados peligrosos, criaturas que habían perdido todo vínculo con las manadas.
Pero aquel lobo no me atacó.
Me había mantenido con vida.
Sus ojos se encontraron con los míos.
Eran dorados.
No como los de Damian.
Estos ojos no tenían orgullo ni desprecio.
Tenían algo que no esperaba volver a encontrar.
Compasión.
Intenté moverme, pero mi cuerpo no respondió.
El lobo se levantó lentamente y salió de la cueva donde me había protegido.
Pensé que se iría.
Pensé que había sido solo un momento de bondad antes de desaparecer.
Pero regresó.
Traía comida.
Y entonces ocurrió algo que jamás había visto.
El lobo cambió.
En un instante, donde antes había una enorme criatura negra, apareció un hombre.
Era más alto que Damian, con cicatrices que hablaban de batallas antiguas y una presencia que llenaba la pequeña cueva.
Pero lo que más me sorprendió fueron sus ojos.
Los mismos ojos dorados.
—Come primero —dijo.
Su voz era profunda y tranquila.
No me preguntó quién era.
No me juzgó.
Simplemente cuidó de mí.
Después de días sintiéndome como alguien que no valía nada, aquel extraño había hecho algo que mi propia pareja no hizo.
Me había elegido.
—¿Por qué me ayudaste? —pregunté.
Él permaneció en silencio durante un momento.
Luego respondió:
—Porque todos merecen la oportunidad de decidir si quieren vivir o morir.
Sus palabras me golpearon más fuerte que cualquier insulto.
Porque sabía la verdad.
Él sabía que yo no había llegado hasta allí por accidente.
Sabía que estaba intentando rendirme.
—No quiero morir —susurré finalmente.
El hombre de ojos dorados me miró fijamente.
—Entonces descansa, pequeña loba.
Por primera vez en muchos días, sentí que alguien no esperaba nada de mí.
No mi rango.
No mi belleza.
No lo que podía ofrecer.
Solo quería que siguiera viva.
Y cuando cerré los ojos aquella noche, sin saber quién era realmente mi salvador ni qué secretos escondía, una extraña sensación apareció en mi corazón.
Porque tal vez la luna no se había equivocado al unir destinos.
Tal vez simplemente había querido mostrarme que la persona que te salva no siempre es aquella que el destino eligió para ti.
A veces…
es aquella que decide elegirte cuando todos los demás ya te han abandonado.
