Reconoció el tatuaje en el hombro del Rey Vampiro: el hombre que había buscado durante 8 años

Reconoció el tatuaje en el hombro del Rey Vampiro: el hombre que había buscado durante 8 años

PARTE 1

Durante ocho años busqué a un hombre que quizá nunca había existido.

Seguí rumores, fotografías antiguas, historias de asesinatos imposibles y nombres que cambiaban cada vez que estaba a punto de acercarme demasiado.

Pero aquella noche, cuando entré al salón de la Corte Carmesí y vi al Rey Vampiro sentado sobre un trono de obsidiana, comprendí que mi búsqueda había terminado.

No fue su rostro lo que me convenció.

Fue el tatuaje en su hombro.

Un fénix negro elevándose entre llamas rojas.

El mismo tatuaje que había tocado con mis dedos cuando tenía diecinueve años.

Ocho años antes había encontrado a un joven herido en un callejón bajo la lluvia. Tenía el cabello rubio empapado de sangre y unos ojos tan desesperadamente humanos que ignoré todo sentido común y lo llevé a mi apartamento.

Lo curé durante tres días.

Nunca me dijo su verdadero nombre.

Nunca explicó de quién huía.

Solo recuerdo que una noche, mientras cambiaba sus vendajes, vi aquel fénix.

—¿Qué significa? —le pregunté.

Él sonrió con tristeza.

—Que algunas cosas pueden levantarse de las cenizas.

A la mañana siguiente había desaparecido.

Y dos hombres aparecieron muertos detrás de mi edificio.

Sin sangre.

La policía nunca resolvió el caso.

Pero yo encontré una fotografía que él había olvidado. En ella aparecía rodeado de personas extrañamente hermosas, y en la parte posterior alguien había escrito:

Corte de las Espinas, 1847.

Aquello fue el comienzo de mi obsesión.

Ahora estaba allí.

Frente a mí.

Dorian Ashenheart.

El Rey Vampiro.

Él levantó una mano para despedir a un cortesano y su chaqueta se deslizó apenas.

Vi el fénix.

Mi corazón dejó de latir.

—Lo encontré —susurré.

Una vampira llamada Saraphina apareció a mi lado.

—Estás mirando al rey como si hubieras visto un fantasma.

—Tal vez lo hice.

Sus ojos rojos descendieron hacia mi muñeca.

La pulsera de plata.

Después hacia mi vestido, donde llevaba escondida una hoja.

—Vienes armada a una corte de vampiros. Eso es valiente… o estúpido.

Antes de que pudiera responder, todo el salón quedó en silencio.

Dorian caminaba hacia nosotros.

Cada vampiro inclinó la cabeza.

Él no miró a nadie.

Solo a mí.

Se detuvo a pocos centímetros.

Sus ojos plateados recorrieron mi rostro.

—No perteneces aquí.

Levanté la barbilla.

—Tú tampoco pertenecías aquí alguna vez.

Algo cambió en su expresión.

Me había reconocido.

Lo supe.

—¿Qué buscas? —preguntó.

—A alguien que conocí hace ocho años.

Su mandíbula se tensó.

—Ese hombre está muerto.

—No lo creo.

Tomó mi muñeca y sintió la plata.

—¿Viniste a matar al monstruo?

—Vine por la verdad.

Se inclinó hacia mi oído.

—Vuelve a casa, Isla Morvin. Olvida que viniste. Olvida que alguna vez lo conociste.

Mi sangre se congeló.

Él sabía mi nombre.

—Entonces sí eras tú.

Dorian retrocedió.

—Escolten a la humana afuera.

Los guardias avanzaron.

Sentí ocho años de rabia arder dentro de mí.

—¡El callejón! —grité—. ¡La lluvia! ¡El fénix que renace de las cenizas!

Dorian se detuvo.

Todo el salón enmudeció.

Se volvió lentamente.

Ya no parecía un rey aburrido.

Parecía un depredador acorralado.

—Llévenla a la torre norte —ordenó—. Nadie hablará con ella. Nadie la tocará.

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Yo me ocuparé personalmente.

Poco después, la puerta de mi habitación se abrió.

Dorian entró solo.

—Debiste mantenerte lejos.

—Te busqué durante ocho años.

—¿Por qué desperdiciar ocho años por alguien que conociste tres días?

Me acerqué.

—Porque esos tres días fueron reales.

Él cerró los ojos.

—Yo nunca te olvidé.

Mi corazón se detuvo.

—Entonces dime por qué huiste.

Dorian me miró.

Y por primera vez vi miedo en los ojos del Rey Vampiro.

—Porque los hombres que aparecieron muertos detrás de tu edificio…

Se acercó hasta quedar frente a mí.

—los maté yo. Y disfruté haciéndolo.

PARTE 2

No retrocedí.

Dorian parecía esperar que gritara.

Que buscara la puerta.

Que lo mirara como al monstruo que llevaba ocho años intentando convencer al mundo de que era.

—Eran cazadores —continuó—. Matias los envió para devolverme a la Corte de las Espinas. Él fue quien me convirtió.

Su voz se volvió más fría.

—Me encontró siendo un huérfano y decidió que sería divertido convertir a un humano en su mascota.

Sentí una presión dolorosa en el pecho.

—Por eso estabas huyendo.

—Sí.

—Y cuando me encontraron…

—Los despedacé.

Su mirada plateada ardió.

—Después entendí que tarde o temprano también podría hacerte daño. Así que desaparecí.

—Para protegerme.

—Para protegerte de mí.

Dorian me habló entonces de los años posteriores.

De cómo dejó de huir.

De cómo regresó a la Corte de las Espinas.

Y de cómo mató al rey Matias frente a todos sus seguidores y tomó su trono.

—El hombre que salvaste murió hace mucho —dijo—. Yo soy lo que salió de sus cenizas.

Negué.

—No.

Frunció el ceño.

—¿No?

—Si fueras solamente un monstruo, me habrías matado esta noche. No habrías ordenado que nadie me hiciera daño. Y no habrías pasado ocho años lejos por miedo a lastimarme.

Toqué su pecho.

—Sigues siendo él.

Dorian cerró los ojos.

—No sabes lo que estás diciendo.

—Te miro y veo a alguien ahogándose.

Sus ojos volvieron a abrirse.

—¿Y qué crees que eres tú?

—Aire.

Algo dentro de él se quebró.

Me abrazó.

Durante unos segundos ninguno habló.

Después me llevó hacia las profundidades del castillo, hasta un archivo protegido por puertas de hierro.

Sobre una mesa había un libro antiquísimo.

—Esta es la verdadera razón por la que tomé el trono.

Abrió una página.

Había una profecía.

Hablaba de un fénix nacido de sangre y cenizas.

De una mano mortal que salvaría un corazón inmortal.

De ocho años.

De la caída del Rey de las Espinas.

Y de una nueva era.

—La mano mortal eres tú —dijo Dorian.

Sentí frío.

—¿Y el fénix?

—Yo.

Pasó la página.

La última parte era peor.

Cuando terminara el octavo año, una oscuridad llegaría para cobrar una deuda.

Y el corazón mortal tendría que elegir si doblarse o condenar al rey y a su reino.

—Por eso querías mantenerme lejos.

—Sí.

Un enorme campanazo estremeció el castillo.

Dorian palideció.

—Nos atacan.

La Corte de las Sombras había llegado.

Me ordenó permanecer escondida.

No obedecí.

Seguí el sonido de la batalla hasta el gran salón.

Había sangre por todas partes.

Dorian luchaba rodeado por enemigos.

Entonces vi a un vampiro acercándose por detrás con una espada.

Corrí.

—¡Dorian!

Me lancé entre ambos y bloqueé el golpe con mi hoja de plata.

El impacto casi me rompió las muñecas.

Dorian reaccionó inmediatamente.

El atacante murió antes de poder lanzar un segundo golpe.

—¡Te dije que te quedaras escondida!

—De nada.

Por increíble que pareciera, Dorian rio.

Después tomó mi mano.

—No la sueltes.

Luchamos juntos.

Hasta que las enormes puertas se abrieron.

Un vampiro antiquísimo entró.

Casius.

El señor de la Corte de las Sombras.

Sus ojos negros se fijaron en mí.

—Entrégame a la mortal y permitiré que tu corte viva.

Dorian apretó mi mano.

—Nunca.

Casius sonrió.

—Entonces todos morirán. La profecía exige su sacrificio.

Me quedé inmóvil.

Sacrificio.

¿Era eso lo que significaba “doblarse”?

No.

Algo no encajaba.

—La profecía no dice que el corazón mortal deba morir —dije—. Dice que debe elegir.

Casius rio.

—Los vampiros no vivimos de elecciones. Vivimos de sangre.

Entonces comprendí.

Miré a Dorian.

—Has pasado ocho años intentando convertirte en el monstruo que ellos esperaban.

Él me observó.

—Pero el fénix no representa simplemente muerte y renacimiento. Representa transformación.

Me acerqué.

—Y mi corazón elige doblarse sin romperse. Elijo aceptar lo que eres. Tu oscuridad y tu humanidad.

Una voz anciana surgió detrás de nosotros.

—La muchacha tiene razón.

Una mujer apareció entre las sombras.

Dorian la reconoció inmediatamente.

—El Oráculo.

La anciana miró a Casius.

—Has deformado mis palabras durante siglos.

Casius palideció.

—¿Tus palabras?

Ella sonrió.

—Yo escribí la profecía.

El silencio fue absoluto.

El Oráculo explicó que nunca había existido ningún sacrificio.

El “corazón mortal” debía elegir amar a un inmortal sin someterse a él.

Y el Rey Fénix debía elegir gobernar de una forma distinta a los tiranos anteriores.

No con miedo.

Sino conservando aquello que todavía quedaba de humano en él.

Casius intentó atacar.

El Oráculo levantó una mano.

Las sombras lo envolvieron junto con sus guerreros y desaparecieron.

Uno a uno, los vampiros del salón se arrodillaron frente a Dorian.

No por miedo.

Por respeto.

Cuando todo terminó, él se volvió hacia mí.

—Pasaste ocho años buscándome. Ahora que finalmente me encontraste… ¿qué hacemos?

Sonreí.

—Descubrirlo juntos.

—Soy inmortal.

—Lo sé.

—Tú envejecerás.

—Lo sé.

—Siempre seré peligroso.

—También lo sé.

Dorian pareció genuinamente confundido.

—Entonces, ¿por qué elegirme?

Toqué su rostro.

—Porque aquella noche encontré a un hombre muriéndose bajo la lluvia que todavía tenía esperanza en los ojos. Pasé ocho años buscándola de nuevo.

Lo besé.

Y durante los años siguientes descubrimos que cumplir una profecía había sido la parte fácil.

Aprender a gobernar juntos era mucho más complicado.

Yo me convertí en la primera consorte humana de una corte vampírica.

Dorian comenzó a construir puentes entre mortales e inmortales.

Discutíamos.

Nos equivocábamos.

A veces él intentaba alejarme para protegerme.

Y yo volvía a recordarle que proteger a alguien no significa decidir por esa persona.

Pero siempre elegíamos quedarnos.

Dorian incluso modificó su tatuaje.

Alrededor del fénix añadió un corazón humano.

Años después, regresé al mismo salón donde lo había visto por primera vez.

Ahora llevaba mi propia corona.

Dorian tomó mi mano.

—¿Te arrepientes?

Miré el tatuaje que había comenzado todo.

Después miré al hombre debajo de él.

—Ni una sola vez.

Porque ocho años antes pensé que estaba buscando respuestas.

Pero estaba equivocada.

Todo ese tiempo, estaba buscándolo a él.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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