Omega halló a un bebé en la nieve con un lobo gigante — no sabía que era hijo del Rey Alfa

PARTE 1

Nunca imaginé que una simple caminata por el bosque cambiaría mi vida para siempre.

Antes de aquella noche, yo era invisible.

Una omega sin manada. Una mujer que sobrevivía sola en una pequeña cabaña al borde del territorio, alguien a quien nadie buscaba y cuya existencia parecía no importar a nadie.

Había aprendido a no esperar nada del mundo.

Porque cuando no tienes familia, poder ni protección, la única regla es sobrevivir.

Pero aquella noche de invierno, el destino decidió encontrarme.

La tormenta había cubierto todo de blanco. El viento golpeaba los árboles con tanta fuerza que parecía querer arrancar sus raíces. La nieve caía sin descanso y apenas podía ver el camino frente a mí.

Solo había salido para revisar mis trampas.

No esperaba encontrar nada más que frío y silencio.

Hasta que escuché un sonido.

Un llanto.

Me detuve inmediatamente.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Un bebé en medio de un bosque congelado no era una coincidencia.

Podía ser una trampa.

Podía ser peligro.

Pero también podía ser alguien que necesitaba ayuda.

Y aunque toda mi vida había aprendido a protegerme, nunca pude ignorar a alguien indefenso.

Seguí el sonido entre la nieve hasta que lo vi.

Primero vi al lobo.

Era enorme.

Más grande que cualquier animal que hubiera visto en mi vida.

Su pelaje blanco brillaba bajo la luz de la luna y sus ojos dorados estaban clavados en mí.

Cualquier persona habría huido.

Pero yo sentí algo extraño.

No había odio en sus ojos.

No había intención de atacarme.

Había tristeza.

Como si aquel animal también estuviera esperando que alguien salvara lo que protegía.

Entonces vi lo que estaba debajo de su cuerpo.

Un bebé.

Estaba envuelto en mantas finas, demasiado elegantes para pertenecer a alguien del bosque. Su piel estaba fría y sus pequeños labios tenían un tono azulado.

Me arrodillé sin pensarlo.

—Dios mío…

El lobo se apartó lentamente.

No gruñó.

No intentó detenerme.

Simplemente me dejó acercarme.

Como si me estuviera entregando una responsabilidad.

Tomé al bebé entre mis brazos y en ese instante sentí algo que no pude explicar.

Su aroma.

Pino.

Ceniza.

Algo antiguo.

Algo que hizo que mi corazón reconociera algo que mi mente no entendía.

Entonces encontré la nota.

Un pequeño pedazo de pergamino escondido entre sus mantas.

Solo tenía tres palabras.

“Protégelo o muere”.

Mis manos comenzaron a temblar.

Aquello no era un abandono accidental.

Alguien había dejado ese mensaje.

Alguien quería que alguien encontrara al niño.

Pero ¿por qué yo?

¿Por qué una omega sin nombre?

¿Por qué una mujer sin poder?

No tenía respuestas.

Solo sabía una cosa.

El bebé estaba vivo.

Y no iba a dejarlo morir.

Lo llevé a mi cabaña mientras el lobo blanco caminaba a mi lado.

No se separó de nosotros ni un solo momento.

Cuando llegamos, encendí el fuego y coloqué al niño cerca del calor.

Poco a poco recuperó el color.

Su respiración se volvió más tranquila.

Y por primera vez en mucho tiempo sentí algo diferente.

No estaba sola.

Durante esa noche apenas dormí.

Cada vez que el bebé lloraba, lo tomaba en mis brazos.

Cada vez que abría los ojos, el lobo blanco me observaba.

Parecía estar evaluándome.

Como si quisiera saber si realmente era digna de protegerlo.

A la mañana siguiente escuché rumores del pueblo.

Soldados habían llegado al territorio.

Buscaban a alguien.

Cuando pregunté qué ocurría, una mujer me respondió en voz baja:

—Dicen que el heredero del rey Alfa desapareció.

Sentí que el mundo se detenía.

El bebé.

Las ropas elegantes.

El lobo blanco.

Todo encajaba.

Aquel pequeño niño no era cualquiera.

Era el hijo del hombre más poderoso del reino.

El príncipe perdido.

El heredero del rey Alfa.

Y yo acababa de esconderlo en mi cabaña.

Entonces escuché algo afuera.

Pasos.

No eran pasos de un animal.

Eran pasos humanos.

El lobo blanco se levantó inmediatamente.

Su cuerpo se tensó.

Alguien se acercaba.

Tomé al bebé y lo escondí detrás de mí.

Agarré mi viejo cuchillo, aunque sabía que apenas serviría contra un enemigo real.

La puerta comenzó a abrirse lentamente.

Y una voz que jamás pensé volver a escuchar pronunció mi nombre.

—Sé que estás ahí.

Mi sangre se congeló.

Porque aquella voz pertenecía a alguien de mi pasado.

Alguien que conocía mi debilidad.

Alguien que podía destruirme.

Y ahora estaba frente a mi puerta.

PARTE 2

No tuve tiempo de pensar.

El pasado había regresado.

Y esta vez yo no estaba sola.

El hombre que estaba afuera era Gare.

Años atrás había sido una de las razones por las que aprendí a desconfiar del mundo.

Siempre había visto a las omegas como seres inferiores.

Como herramientas.

Como algo que podía usar cuando quisiera.

Pero esa noche yo ya no era la misma chica asustada que él recordaba.

Ahora tenía a alguien que proteger.

—Vete —dije mientras apretaba el cuchillo.

Su risa fue fría.

—Sigues teniendo esa actitud incluso cuando estás en peligro.

El lobo blanco comenzó a gruñir.

Gare dejó de sonreír.

Sus ojos se dirigieron hacia el animal.

—Así que los rumores eran ciertos.

No respondí.

Pero él ya había entendido.

—Encontraste algo valioso en el bosque.

Mi corazón se aceleró.

—No sabes de qué hablas.

—Claro que sí.

Dio un paso adelante.

—Hay una recompensa enorme por información sobre el heredero perdido del rey Alfa.

El silencio llenó la habitación.

Entonces el bebé comenzó a llorar.

Gare sonrió.

Había encontrado la respuesta.

—Ahí está.

El miedo intentó dominarme.

Pero antes de que pudiera moverme, el lobo blanco atacó.

Fue tan rápido que apenas pude verlo.

Se lanzó contra Gare con una fuerza imposible.

El hombre cayó sobre la nieve mientras el animal lo obligaba a retroceder.

Después de unos momentos, el lobo regresó.

Estaba cubierto de sangre, pero seguía de pie.

No había terminado.

Solo había enviado un mensaje.

Aquella noche entendí algo.

El lobo no estaba protegiendo solamente al bebé.

También me estaba protegiendo a mí.

Pero sabía que esto no acabaría ahí.

Gare volvería.

Y la próxima vez traería más hombres.

No tuve que esperar mucho.

Al amanecer llegaron.

Pero no eran soldados comunes.

El aire cambió cuando él apareció.

El rey Alfa.

Era exactamente como las historias decían.

Imponente.

Frío.

Poderoso.

Su presencia llenó la pequeña cabaña.

Sus ojos grises encontraron los míos.

Después miraron al bebé.

Por un instante, toda la dureza de su rostro desapareció.

Solo quedó un padre viendo a su hijo.

—¿Dónde lo encontraste? —preguntó.

No respondí inmediatamente.

Había pasado días cuidándolo.

Había llorado conmigo.

Había aprendido mi voz.

No podía simplemente entregarlo y desaparecer.

—Lo encontré abandonado en la nieve.

La expresión del rey cambió.

—¿Abandonado?

Le entregué la nota.

Cuando la leyó, sus manos se cerraron con fuerza.

Reconocía la escritura.

Eso significaba que alguien dentro de su propio reino había intentado matar a su heredero.

—Vendrás conmigo —dijo finalmente.

Lo miré sorprendida.

—¿Qué?

—El príncipe te reconoce. El lobo te reconoce. Y ahora mis enemigos también sabrán que existes.

No quería admitirlo, pero tenía razón.

Si me quedaba allí, estaría en peligro.

Y el bebé también.

Acepté.

Pero no sabía que entrar al palacio sería más peligroso que cualquier tormenta.

Porque dentro de aquellas paredes no encontraría seguridad.

Encontraría secretos.

Traiciones.

Y un rey que no confiaba en nadie.

Cuando crucé las puertas del palacio con el pequeño príncipe en mis brazos, entendí una cosa:

Había salvado al heredero del reino.

Pero quizá nadie me había preparado para lo que ocurriría cuando el rey descubriera que su hijo ya me había elegido a mí.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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