MI MADRASTRA ME ENTREGÓ AL REY ALFA PARA SALVAR A SU HIJA… PERO YO DESCUBRÍ QUIÉN ERA EL VERDADERO MONSTRUO

MI MADRASTRA ME ENTREGÓ AL REY ALFA PARA SALVAR A SU HIJA… PERO YO DESCUBRÍ QUIÉN ERA EL VERDADERO MONSTRUO

PARTE 1

Mi cumpleaños número dieciocho no tuvo pastel, regalos ni abrazos.

Tuvo una firma falsificada, un carruaje con barrotes y una madrastra que me entregó a un hombre al que todos llamaban monstruo.

Me llamo Anna Belmont.

Después de la misteriosa muerte de mi padre, Lord Arthur Belmont, mi vida dejó de pertenecerme. Vivian, mi madrastra, tomó el control de la mansión, de la fortuna familiar y prácticamente de mi existencia.

Su hija, Arabella, vivía como una princesa.

Yo vivía como un fantasma.

Entonces llegó el decreto de Winterborne.

Décadas atrás, mi familia había contraído una deuda de sangre con aquella poderosa manada de licántropos. Cuando el alfa de la línea Winterborne reclamara el pago, la hija mayor de los Belmont debía convertirse en su compañera.

El actual rey alfa era Seth Sterling.

Los rumores sobre él eran aterradores.

Decían que durante una guerra había quedado cubierto de cicatrices y con una pierna prácticamente inutilizada. Algunos aseguraban que el dolor lo había vuelto cruel, impredecible y peligroso.

La hija que debía ser entregada era Arabella.

Vivian jamás permitiría eso.

Así que alteró los registros.

Con ayuda de un brujo, modificó nuestras fechas de nacimiento y presentó mi nombre como el de la hija mayor.

—Harás esto por la familia —me dijo.

—No soy la hija mayor.

—Lo serás en los documentos.

Intenté escapar.

Me encerraron.

Y el día de mi cumpleaños me metieron por la fuerza en un carruaje.

Antes de partir, Vivian se acercó a la ventana.

—Procura mantener entretenida a la bestia. Si te elimina demasiado rápido, quizá venga a buscar a Arabella.

Durante todo el viaje estuve convencida de que iba hacia mi final.

Pero cuando conocí a Seth, descubrí algo inesperado.

No era un lunático.

Era un hombre silencioso.

Terriblemente intimidante, sí, pero completamente consciente.

Las cicatrices recorrían su cuello y su mandíbula. Su pierna derecha estaba sostenida por una estructura de hierro y cuero, y utilizaba un bastón de plata para caminar.

Cuando entré en el gran salón, preguntó:

—¿Eres Arabella Belmont?

Podría haber mentido.

No lo hice.

—No, majestad. Soy Anna. Arabella es mi hermanastra.

El salón entero quedó en silencio.

Uno de sus guerreros exigió castigar a mi familia por traición.

Seth lo detuvo.

Después caminó dolorosamente hasta quedar frente a mí.

—¿Por qué te enviaron?

Levanté la cabeza.

—Porque mi madrastra piensa que eres un monstruo y prefirió sacrificarme antes que arriesgar a su verdadera hija.

Esperé su furia.

En cambio, soltó una risa amarga.

—Entonces tenemos algo en común.

—¿Qué?

—Ambos sabemos lo que significa ser considerados prescindibles.

No me encerró.

No me obligó a compartir su habitación.

Me dio aposentos propios, comida y protección.

Y poco a poco descubrí que Seth tenía problemas mucho mayores que una novia equivocada.

Su tío Frederick estaba reuniendo seguidores para destronarlo.

Un alfa incapaz de caminar correctamente era considerado débil.

Pero había algo todavía más extraño.

Seth empeoraba.

Los licántropos sanaban rápidamente, incluso de heridas graves. Sin embargo, las lesiones de Seth parecían deteriorarse en lugar de mejorar.

Una noche escuché una conversación entre él y su comandante Gideon.

—Mi lobo apenas puede salir —dijo Seth—. Es como si algo lo estuviera ahogando.

Aquella frase no salió de mi mente.

Comencé a investigar en secreto.

Pasé horas en la biblioteca con Martha, la vieja sanadora del castillo.

Ella me explicó que la capacidad de curación de un licántropo dependía de su bestia interior.

Si alguien conseguía suprimir al lobo…

el cuerpo dejaría de sanar.

Entonces observé algo.

Los peores ataques de Seth ocurrían después de las cenas formales conmigo.

Y durante esas cenas yo siempre utilizaba el mismo vestido.

El vestido azul oscuro que Vivian había mandado confeccionar antes de enviarme allí.

Una noche lo extendí sobre mi cama.

Era demasiado pesado.

Tomé una pequeña daga.

Abrí el dobladillo.

Un polvo negro cayó sobre el suelo.

Seguí cortando.

Dentro del vestido encontré pequeñas bolsas de cuero llenas de acónito, ceniza y una sustancia oscura de olor nauseabundo.

Entre ellas había símbolos mágicos cosidos con hilo rojo.

Martha palideció al verlos.

—Anna… esto es una maldición de proximidad.

Sentí que el mundo se detenía.

Vivian no me había enviado simplemente como sustituta.

No esperaba que Seth acabara conmigo.

Había hecho algo muchísimo peor.

Me había convertido, sin que yo lo supiera…

en el arma destinada a acabar con el rey.

PARTE 2

Agarré el vestido destrozado y corrí hacia los aposentos de Seth.

Los guardias intentaron detenerme.

No los escuché.

Irrumpí en su habitación y encontré a Seth desplomado junto al fuego, cubierto de sudor.

Gideon desenvainó su espada.

—¡Detente!

—Baja el arma —ordenó Seth.

Arrojé el vestido al suelo.

—Tu enfermedad no proviene de la guerra.

Los ojos de Seth se clavaron en mí.

Abrí una de las pequeñas bolsas.

—Acónito. Magia oscura. Símbolos de supresión. Cada vez que me acercaba a ti usando este vestido, la maldición atacaba a tu lobo.

Gideon palideció.

Seth no dijo nada.

—Vivian no solo falsificó mis documentos —continué—. Me convirtió en un arma.

Ordenó quemar inmediatamente el vestido y purificar las habitaciones.

Después extendió una mano hacia mí.

—Podrías haber ocultado esto.

—¿Por qué lo haría?

—Si yo desaparecía, tú quedabas libre.

Lo miré.

—Prefiero quedarme con un rey herido antes que regresar con una familia que intentó utilizarme para destruirlo.

La recuperación comenzó casi inmediatamente.

En pocos días desapareció su tos.

Después comenzó a recuperar fuerza.

Su lobo, libre de la maldición, empezó finalmente a reparar el daño acumulado durante años.

También cambió nuestra relación.

Pasábamos noches enteras conversando.

Seth me habló del peso de gobernar.

Yo le conté cómo había sido convertida en sirvienta dentro de mi propia casa.

Éramos dos personas que habían aprendido a esperar el abandono.

Tal vez por eso comenzamos a comprendernos.

Semanas después entré en la biblioteca y me quedé inmóvil.

Seth estaba de pie.

Sin soporte.

Sin bastón.

Caminó hacia mí con firmeza.

—Me devolviste la vida.

Negué suavemente.

—Tú me diste un lugar donde nadie me trató como basura.

Cuando me besó, sentí algo que jamás había experimentado.

El vínculo entre nosotros despertó.

No era el contrato.

No era una obligación.

Era una elección.

Pero nuestra paz duró poco.

Lord Frederick llegó a Winterborne acompañado por guerreros y por Caleb Blackwood, el mismo brujo contratado por Vivian.

Frederick esperaba encontrar a un rey moribundo.

Cuando Seth salió caminando sin bastón, el miedo apareció inmediatamente en su rostro.

—Imposible…

Seth descendió los escalones.

—¿Has venido a desafiarme?

Frederick no podía retirarse sin quedar humillado.

Aceptó.

Su intento de destronar a Seth terminó rápidamente.

Pero Caleb tenía un arma diferente.

—¡Este reinado sigue siendo ilegítimo! —gritó—. ¡El pacto exige a la hija mayor de los Belmont! ¡Anna es una impostora!

Levantó las manos.

—¡Invoco el pacto antiguo! ¡Que caigan las protecciones de Winterborne!

La magia golpeó el patio.

Todos esperaban que las defensas del castillo desaparecieran.

Entonces ocurrió algo increíble.

Una luz plateada surgió bajo mis pies.

Me envolvió por completo.

Las antiguas protecciones no me rechazaron.

Me reconocieron.

Y se hicieron todavía más fuertes.

Caleb fue lanzado hacia atrás.

Yo ya sabía por qué.

Durante mis investigaciones había encontrado antiguos registros familiares.

Vivian guardaba un secreto.

Arabella nunca había sido hija de mi padre.

Antes de casarse con él, Vivian había mantenido una relación secreta con Caleb Blackwood.

Arabella era hija del brujo.

Yo no solo era la verdadera hija mayor de Arthur Belmont.

Era su única descendiente legítima.

La antigua magia jamás había sido engañada por los documentos falsificados.

Seth tomó mi mano.

—Contemplen a su verdadera reina.

El rugido de Winterborne sacudió el patio.

Frederick fue desterrado y Caleb quedó expuesto.

Pero yo todavía tenía una deuda pendiente.

Vivian.

Tiempo después regresamos juntos a la mansión Belmont.

Aquella noche Arabella celebraba una elegante fiesta de compromiso.

La música se detuvo cuando entramos.

Yo ya no llevaba aquel pesado vestido azul.

Vestía las pieles oscuras de la reina Winterborne y una sencilla diadema plateada.

A mi lado caminaba Seth.

Erguido.

Fuerte.

Vivian dejó caer su copa.

—Anna…

—Buenas noches, madrastra.

Su mirada pasó de mí a Seth.

—¿Cómo…?

Saqué los documentos.

Los registros auténticos.

La prueba de la verdadera identidad de Arabella.

La confesión que vinculaba a Caleb con el plan.

—Pensaste que me estabas enviando hacia mi final —dije—. En realidad me enviaste hacia la única persona que terminaría ayudándome a descubrir quién era.

Vivian comenzó a retroceder.

—Puedo explicarlo.

—No quiero explicaciones.

Seth dio un paso adelante.

Por autoridad de Winterborne, Vivian perdió los privilegios que había conseguido mediante fraude.

Su conspiración quedó expuesta delante de todos los nobles que tanto había intentado impresionar.

Arabella también descubrió aquella noche la verdad sobre su padre.

Yo observé la mansión donde había pasado tantos años sintiéndome invisible.

Pensé en la chica que había salido de allí dentro de un carruaje cerrado, convencida de que la llevaban a morir.

Esa chica había desaparecido.

Vivian creyó que había sacrificado a la hija que no quería para proteger a la hija que amaba.

Pero cometió un error.

Me envió directamente al hombre que necesitaba exactamente a alguien como yo.

Yo encontré al supuesto monstruo.

Él encontró a la muchacha que todos consideraban prescindible.

Y ninguno de los dos salvó al otro completamente.

Nos salvamos juntos.

Porque Seth nunca necesitó una mujer que legitimara su corona.

Y yo nunca necesité un rey que me rescatara.

Necesitábamos algo mucho más difícil de encontrar:

alguien capaz de mirarnos en nuestras peores condiciones…

y aun así decidir que valíamos la pena.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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