La omega que fue traicionada por su compañero terminó frente al mismísimo Rey Alfa
La omega que fue traicionada por su compañero terminó frente al mismísimo Rey Alfa

PARTE 1
El día que cumplí dieciocho años debía ser el más feliz de mi vida.
En cambio, fue el día en que James, el hombre que el destino había señalado como mi compañero, me miró a los ojos y destruyó todas las promesas que me había hecho.
—No podemos seguir juntos, Emily —dijo con una frialdad que todavía puedo recordar—. Voy a unirme a Victoria.
Victoria era la hija del Anciano Principal de nuestra manada. Hermosa, rica y, sobre todo, poderosa.
El Alfa había muerto inesperadamente y el Anciano Principal tendría una enorme influencia para elegir a su sucesor. James había tomado su decisión: prefería convertirse en Alfa antes que quedarse conmigo, una simple omega sin fortuna y con una madre gravemente enferma.
Al día siguiente tuve que soportar algo todavía peor.
Su fiesta de compromiso.
Desde un rincón del salón observé a James bailar con Victoria mientras todos los felicitaban. Cada sonrisa suya parecía una nueva bofetada.
Bebí más de lo debido y terminé saliendo del lugar casi sin poder caminar.
En las escaleras, uno de mis tacones se rompió.
Pensé que caería al suelo, pero unos brazos fuertes me atraparon.
Levanté la mirada.
Nunca había visto unos ojos azules como aquellos.
—¿Está bien? —preguntó el desconocido.
Intenté caminar, pero mi tobillo me hizo gemir.
Sin pedirme permiso, aquel hombre me levantó entre sus brazos y me llevó hasta un automóvil negro.
Horas después descubrí su identidad.
Michael Edward Carter.
El Rey Alfa.
El hombre más poderoso entre las manadas del continente.
Y, para empeorar las cosas…
el tío de James.
Aquella noche hubo entre nosotros una conexión imposible de explicar. Mi loba interior reaccionaba a Michael de una forma que jamás había reaccionado a James.
Pero cuando todo parecía llevarnos demasiado lejos, sonó mi teléfono.
Era el hospital.
La condición de mi madre había empeorado.
Corrí hasta allí y recibí una noticia devastadora: necesitaban una enorme cantidad de dinero para continuar su tratamiento.
Mi madre había quedado enferma años atrás después de recibir una herida de plata mientras protegía a James de unos lobos renegados.
Y durante años, la familia de James había ayudado con sus gastos médicos.
Ahora él había retirado todo el apoyo.
A la mañana siguiente apareció en el hospital.
—Puedo pagar cada tratamiento —me dijo.
Durante un segundo sentí alivio.
Hasta escuchar su condición.
—Después de casarme con Victoria, conviértete en mi amante.
Sentí náuseas.
—Jamás.
James sonrió.
—Entonces espero que estés preparada para perder a tu madre.
Me alejé temblando.
En mi bolsillo encontré la tarjeta de Michael.
Desesperada, fui a buscarlo.
Entré en su oficina y, humillada por mi situación, le confesé que necesitaba dinero.
—Haré cualquier cosa.
Michael me observó durante varios segundos.
Luego cubrió mis hombros con mi abrigo.
—Nunca vuelvas a rebajarte de esa manera —dijo—. Tus problemas son temporales. Tu dignidad no debería serlo.
No me dio el dinero como esperaba.
Salí destrozada.
Horas después vi un anuncio de empleo en un club nocturno.
Pagaban muy bien.
Acepté.
Aquella misma noche estaba sobre un escenario soportando las miradas de desconocidos cuando reconocí dos rostros entre el público.
James y uno de sus amigos.
El amigo lanzó un montón de billetes sobre el escenario.
—Baila para nosotros.
Necesitaba aquel dinero para mi madre.
Pero cuando intentó sobrepasarse conmigo, lo aparté.
James finalmente intervino.
Pensé que iba a defenderme.
Me equivoqué.
—Emily —susurró—. Todavía puedes aceptar mi propuesta.
—Prefiero morir.
Su expresión cambió.
Entonces vio una pequeña marca en mi cuello, recuerdo de aquella noche con Michael.
Sus ojos se volvieron rojos.
—Has estado con otro hombre.
Me agarró del brazo.
—¿Quién fue?
No respondí.
—¡Dime quién se atrevió a tocar a la mujer que me pertenece!
Lo miré directamente.
Ya no tenía miedo.
—Créeme, James… no quieres saberlo.
—¡DÍMELO!
Respiré profundamente.
Y pronuncié el nombre que hizo desaparecer su sonrisa.
—Tu tío.
Me acerqué un poco más.
—Michael.
PARTE 2
El silencio que cayó sobre el club fue absoluto.
James me miró como si acabara de hablar en otro idioma.
Luego soltó una carcajada.
—Mientes.
—No.
—Michael jamás tocaría a una omega como tú.
Aquellas palabras ya no me hicieron daño.
Porque en ese momento apareció un hombre vestido de negro junto a la entrada.
—Señorita Emily —anunció—. El Rey Alfa la está esperando.
Los rostros alrededor de James cambiaron.
Salí del club y encontré un automóvil negro detenido frente a la puerta.
Michael estaba dentro.
Cuando subí, observó mi ropa y el dinero que llevaba entre las manos.
—¿Qué habrías permitido que te hicieran esta noche si yo no hubiera llegado?
Bajé la mirada.
—Cualquier cosa que me permita salvar a mi madre.
Su expresión se endureció.
—Nunca vuelvas a decir eso.
Michael me llevó a su residencia.
Entonces me hizo una propuesta completamente distinta a la de James.
Pagaría por adelantado el tratamiento de mi madre.
Pero yo tendría que trabajar para él.
Había investigado mi pasado académico y sabía que estudiaba medicina herbal.
Su empresa estaba desarrollando tratamientos para heridas provocadas por plata.
Necesitaban asistentes.
Acepté inmediatamente.
Durante las siguientes semanas, mi vida cambió.
Pasaba los días entre laboratorios, documentos y reuniones. Michael era exigente, pero nunca me humillaba.
Por primera vez alguien veía algo en mí que no estaba relacionado con mi rango de omega.
Veía mi inteligencia.
Mis conocimientos.
Mi capacidad.
Y poco a poco también descubrí al hombre detrás del título de Rey Alfa.
Una noche me pidió acompañarlo a un gran banquete de las manadas.
Cuando entré junto a él, cientos de personas se inclinaron respetuosamente.
Yo todavía intentaba acostumbrarme a aquel mundo cuando escuché una voz conocida.
—Miren quién está aquí.
James.
Se acercó sonriendo.
—¿Ahora vienes a estas fiestas buscando hombres ricos?
Intenté ignorarlo.
Pero continuó.
—Dijiste que habías estado con Michael. ¿Dónde está entonces? Tal vez simplemente te usó y te abandonó.
Varias personas comenzaron a mirar.
Entonces James pronunció algo imperdonable sobre mí y mi madre.
Mi mano reaccionó antes que mi mente.
¡Paf!
La bofetada resonó por todo el salón.
James se llevó una mano a la mejilla.
—¿Te atreves a golpearme?
—Y volveré a hacerlo si continúas insultándome.
Furioso, empezó a decir delante de todos que yo era una mujer sin dignidad que se acercaba a hombres poderosos por dinero.
Los murmullos crecieron.
Entonces me lanzó otra amenaza.
—Arrodíllate, discúlpate y acepta ser mi amante. Pagaré nuevamente el tratamiento de tu madre.
Lo miré.
—Jamás volveré a arrodillarme ante ti.
Una voz profunda apareció detrás de nosotros.
—Me alegra escuchar eso.
James palideció.
Michael caminó entre la multitud.
—Tío…
—Emily es mi invitada —respondió Michael—. Y acabas de faltarle el respeto delante de mí.
James intentó decir que todo había sido una broma.
Michael simplemente lo miró.
—Discúlpate.
Por primera vez vi a James bajar la cabeza delante de mí.
—Lo siento, Emily.
Creí que aquello terminaría allí.
Pero Michael tomó mi mano.
Me llevó hasta el escenario.
—Esta noche quiero anunciar algo.
Todos guardaron silencio.
—Nuestra compañía ha conseguido un avance importante en un tratamiento destinado a combatir los daños provocados por la plata.
Sentí que las piernas me temblaban.
Michael me miró.
—Y una de las personas fundamentales en ese avance ha sido Emily.
El salón explotó en murmullos.
Las mismas personas que minutos antes me habían despreciado ahora me observaban con admiración.
James parecía incapaz de respirar.
Aquella noche comprendí algo.
Mi valor jamás había dependido de que un hombre me eligiera.
Durante los días siguientes, la reputación de James comenzó a derrumbarse.
Victoria terminó su compromiso con él.
Su posibilidad de convertirse en Alfa prácticamente desapareció.
Pero él todavía no había terminado.
Poco después su familia invitó a Michael y a mí a su mansión con la excusa de ofrecer una disculpa formal.
Aceptamos.
James nos recibió con una sonrisa demasiado amable.
—Quiero dejar el pasado atrás.
Sirvió una copa de vino especialmente para Michael.
Pero cuando destapó la botella percibí un olor extraño.
Mi formación en hierbas y sustancias medicinales hizo que lo reconociera inmediatamente.
Cuando Michael levantó la copa, se la quité.
—No bebas.
Todos me miraron.
Olí nuevamente el líquido.
Mi sangre se heló.
—Esto contiene una sustancia tóxica para los lobos.
La sonrisa de James desapareció.
Michael dejó de fingir tranquilidad.
—¿Qué has hecho?
James comenzó a reír.
Era una risa desesperada.
—¡Me quitaste todo!
Señaló a Michael.
—Yo iba a convertirme en Alfa. Tenía el compromiso, el apoyo del Anciano Principal… ¡todo!
Luego me señaló.
—Hasta que ella apareció contigo.
Michael hizo una señal.
Sus guardias entraron inmediatamente.
James retrocedió.
—Si yo no puedo ser Alfa, tú tampoco deberías seguir siendo Rey.
En cuestión de minutos, la mansión quedó rodeada por guerreros.
James fue arrestado y su familia perdió gran parte de su influencia dentro de las manadas por haber permitido aquella conspiración.
Cuando todo terminó, Michael ordenó que me llevaran a casa.
Antes de subir al vehículo, me sujetó suavemente del brazo.
—Hoy me salvaste la vida.
—Tú salvaste primero la de mi madre.
Michael sonrió.
—Entonces estamos empatados.
Al día siguiente fui a trabajar esperando encontrar un ambiente extraño.
Michael estaba sentado detrás de su escritorio como siempre.
—Emily.
—¿Sí?
—Quiero ofrecerte otro puesto.
Fruncí el ceño.
—¿Otro trabajo?
Se levantó y caminó hacia mí.
—Aunque técnicamente no sería un trabajo.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Entonces qué es?
Michael respiró profundamente.
Por primera vez desde que lo conocía, el poderoso Rey Alfa parecía nervioso.
—Quiero que seas mi compañera.
Me quedé paralizada.
—¿Estás hablando en serio?
—Completamente.
Negué con la cabeza.
—Michael, soy una omega. Tú eres…
—No vuelvas a hacer eso.
—¿Qué cosa?
—Decidir cuánto vales basándote en tu rango.
Tomó mis manos.
—Me enamoré de la mujer que estuvo dispuesta a enfrentarse al mundo entero por salvar a su madre. De la estudiante brillante que encontró soluciones que algunos de nuestros mejores investigadores no pudieron encontrar. De la mujer que se negó a vender su dignidad incluso cuando estaba desesperada.
Sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas.
—Yo también me enamoré de ti.
Michael sonrió.
Y entonces mi loba interior, silenciosa durante tantos meses, finalmente reaccionó.
No con dolor.
No con miedo.
Con reconocimiento.
Aquel vínculo que había creído tener con James nunca había sido el final de mi historia.
Solo había sido la herida que necesitaba atravesar para descubrir quién era realmente.
Mi madre recibió el tratamiento que necesitaba y comenzó a recuperarse.
Yo continué trabajando en medicina herbal hasta convertirme en una de las investigadoras más respetadas de nuestra comunidad.
Y James, el hombre que una vez me había dicho que una omega como yo jamás podría estar al lado de alguien poderoso, tuvo que vivir viendo cómo la mujer que había despreciado se levantaba sin él.
Pero esa no fue mi verdadera victoria.
Mi victoria fue mucho más sencilla.
Finalmente comprendí que nunca había necesitado convertirme en la amante de un Alfa.
Ni mendigar amor.
Ni demostrarle nada a James.
Porque cuando dejé de permitir que otros decidieran cuánto valía…
por primera vez fui capaz de elegir mi propio destino.