El Rey Vampiro tenía a todo el reino postrado ante él… excepto a la única mujer que verdaderamente deseaba.

El Rey Vampiro tenía a todo el reino postrado ante él… excepto a la única mujer que verdaderamente deseaba.

PARTE 1 

Todo el reino se arrodillaba ante el rey Dmitri.

Generales, nobles, embajadores y soldados bajaban la cabeza cuando él aparecía. Durante cinco siglos, el Rey Vampiro había gobernado Ravenrest con una autoridad tan absoluta que bastaba una mirada suya para silenciar un salón entero.

Pero aquella mujer entró en su sala del trono… y ni siquiera hizo una reverencia.

—Me mandó llamar, Su Majestad.

Trescientos nobles contuvieron la respiración.

Dmitri había condenado hombres por faltas menores. Sin embargo, en lugar de ordenar que la ejecutaran, observó a la desconocida.

Tenía el cabello oscuro recogido, ropa elegante pero práctica y unos ojos grises completamente indiferentes a su poder.

—¿Doctora Cassandra Winter?

—La misma.

—Me dijeron que eres la mejor médica del reino.

—Eso depende de quién se lo haya dicho.

Algunos cortesanos palidecieron.

Dmitri entrecerró los ojos.

—También te dijeron por qué estás aquí.

—Insomnio. Pesadillas. Falta de apetito.

Cassandra cruzó los brazos.

—Aunque ésos son los problemas menores.

—¿Menores?

—Su médico lleva tiempo dándole belladona mezclada con opio. No lo está curando. Lo está envenenando lentamente.

El silencio se volvió insoportable.

Los ojos de Dmitri brillaron de rojo.

—¿Te atreves a cuestionar a mis médicos?

—Me atrevo a impedir que un vampiro de quinientos años muera por culpa de un incompetente.

Nadie respiró.

Entonces sucedió lo imposible.

Dmitri sonrió.

—Todos fuera.

Cuando quedaron solos, el rey descendió lentamente del trono.

—Eres la humana más valiente que he conocido.

—O la más estúpida.

—Quizá ambas.

—Suelen venir juntas.

Dmitri soltó una pequeña carcajada.

Cassandra consiguió el puesto.

Durante los días siguientes eliminó los antiguos medicamentos, reorganizó las rutinas del rey y convirtió parte de su biblioteca privada en una improvisada clínica.

Pero cuanto más estudiaba a Dmitri, menos sentido tenía su enfermedad.

Su corazón funcionaba correctamente.

Sus reflejos eran perfectos.

Su cuerpo era extraordinariamente fuerte.

Sin embargo, apenas dormía.

No comía.

Se aislaba durante horas.

Y cada noche soñaba que caía hacia un vacío sin fondo.

Finalmente Cassandra dejó sus notas sobre la mesa.

—Usted no está enfermo.

Dmitri levantó la mirada.

—Entonces ¿qué tengo?

—Depresión.

El libro que sostenía se cerró de golpe.

—Eso es imposible.

—No. Ser inmortal no lo vuelve inmune al dolor.

Cassandra se inclinó hacia él.

—Algo ocurrió antes de que comenzaran las pesadillas. ¿Qué fue?

Dmitri guardó silencio.

Por primera vez, ella no vio al monstruo del que hablaban las leyendas.

Vio a un hombre agotado.

—Se llamaba Margaret —confesó finalmente.

Había sido una diplomática humana enviada para resolver un conflicto político. Inteligente, desafiante y tan poco impresionada por Dmitri como Cassandra.

El rey se había enamorado.

Durante un breve periodo, después de siglos de soledad, había sido feliz.

Hasta que Margaret regresó a su reino prometiendo volver.

Nunca lo hizo.

—Entonces vaya a buscarla —dijo Cassandra.

Dmitri la miró sorprendido.

—¿Y si me rechaza?

—Al menos dejará de pasar la eternidad preguntándose qué habría sucedido.

Dmitri aceptó.

Cassandra incluso lo ayudó a preparar el viaje.

Pero mientras veía al hombre partir en busca de otra mujer, descubrió una verdad que no quería reconocer.

Deseaba que Margaret lo rechazara.

Dmitri regresó días después.

Destrozado.

Margaret estaba feliz sin él.

Lo quería, pero no quería compartir una eternidad con un vampiro.

Aquella noche, Dmitri pidió quedarse solo.

A la mañana siguiente, un sirviente golpeó desesperadamente la puerta de Cassandra.

—Doctora… el rey está muriendo.

Ella corrió hasta sus aposentos.

Dmitri yacía sobre la cama. Su piel se había vuelto gris y sus ojos apenas conservaban el rojo sobrenatural que los caracterizaba.

Cassandra tomó su mano.

Estaba helada.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—¡Dmitri!

El rey la miró con una tranquilidad aterradora.

—Los vampiros sobrevivimos no solamente gracias a la sangre. También necesitamos voluntad.

Cassandra sintió que algo se rompía dentro de ella.

—¿Qué estás diciendo?

Dmitri cerró lentamente los ojos.

—Que después de quinientos años… he decidido dejar de vivir.

PARTE 2 

—¡No!

Cassandra lo tomó por los hombros.

—No puedes rendirte porque una mujer decidió no compartir su vida contigo.

Dmitri abrió débilmente los ojos.

—¿Por qué te importa tanto?

La pregunta la paralizó.

Porque Cassandra conocía la respuesta.

Ya no estaba luchando solamente por un paciente.

Estaba luchando por el hombre del que se había enamorado.

Pero todavía no podía admitirlo.

—Porque soy tu médica.

Durante los días siguientes permaneció a su lado.

Lo obligó a alimentarse.

Le habló durante horas.

Le contó historias sobre su infancia, sus pacientes y todas las veces que había sentido miedo de fracasar.

Poco a poco, Dmitri comenzó a luchar.

Su respiración recuperó fuerza.

El color regresó a su rostro.

Y finalmente pudo levantarse nuevamente.

Pero Cassandra había cometido un error.

Había pasado demasiado tiempo junto a un hombre que llevaba cinco siglos observando a las personas.

Dmitri había descubierto su secreto.

Cuando ella se disponía a abandonar su habitación, escuchó su voz.

—Sé por qué te quedaste.

Cassandra se congeló.

—Eres mi paciente.

—No.

Dmitri se acercó.

—Estás enamorada de mí.

Cassandra no respondió.

—Me ayudaste a buscar a Margaret aun sabiendo que podía perderme —continuó él—. Y cuando decidí morir, luchaste por mí como si perderme fuera a destruirte.

Ella finalmente se volvió.

—Aunque fuera verdad, no importa.

—¿Por qué?

—Porque soy humana.

Cassandra tragó saliva.

—Voy a envejecer. Voy a morir. Tú seguirás exactamente igual.

Dmitri tomó su mano.

—Entonces tendré el privilegio de amarte durante todos los años que tengas.

Aquellas palabras destruyeron la última defensa de Cassandra.

Lo besó.

Desde entonces su relación cambió completamente.

El rey temido por todo el reino comenzó a sonreír nuevamente.

Sus pesadillas desaparecieron.

Cassandra continuó trabajando como médica y jamás permitió que Dmitri utilizara su título para controlar su vida.

Parecía que finalmente habían encontrado un equilibrio.

Hasta que Cassandra descubrió algo imposible.

Mientras analizaba unas muestras de sangre encontró alteraciones en las células de Dmitri.

Repitió las pruebas.

El resultado fue idéntico.

Cuando Dmitri entró al laboratorio, ella estaba pálida.

—Tenemos un problema.

—¿Qué ocurre?

Cassandra colocó los resultados frente a él.

—Tu sangre está cambiando.

—Soy vampiro. Mi sangre siempre es extraña.

—No estoy bromeando.

Cassandra respiró profundamente.

—Tus células están interactuando con las mías.

Dmitri dejó de sonreír.

—¿Qué significa?

—Creo que tu cuerpo está convirtiéndome.

El Rey Vampiro permaneció inmóvil.

No había realizado ningún ritual.

No la había mordido para transformarla.

Pero la cercanía prolongada entre ambos había creado un vínculo biológico sobrenatural.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó.

—Quizá uno o dos años.

Cassandra lo miró directamente.

—Después de eso seré como tú.

Dmitri retrocedió horrorizado.

—No.

—Dmitri…

—¡No!

Por primera vez ella vio miedo auténtico en sus ojos.

—Yo no te pedí permiso para quitarte tu humanidad.

—Tampoco lo hiciste deliberadamente.

—No importa.

Dmitri se alejó.

—Mereces una vida humana. Mereces decidir si quieres hijos, envejecer, tener una carrera y algún día descansar. No quiero condenarte a mi existencia.

Cassandra se levantó.

—¿Y mi decisión?

Él guardó silencio.

—Pasaste siglos quejándote de estar solo —continuó ella—. Ahora tienes tanto miedo de perderme que estás intentando decidir por mí.

—No entiendes lo que significa vivir eternamente.

—Entonces enséñame.

Dmitri la miró.

—¿Estás eligiendo esto?

—Estoy eligiéndote a ti.

Dmitri decidió utilizar todo su poder para ralentizar la transformación, permitiéndole conservar su humanidad tanto como fuera posible.

Mientras tanto, Cassandra siguió trabajando.

Abrió clínicas.

Atendió humanos y vampiros.

Cuestionó antiguas leyes.

Y terminó convirtiéndose en una figura capaz de unir dos mundos que durante siglos habían vivido separados.

Finalmente llegó la noche que ambos sabían que llegaría.

Cassandra despertó.

Algo era diferente.

Podía escuchar conversaciones detrás de paredes de piedra.

Podía distinguir cada partícula de polvo flotando en la oscuridad.

Su corazón ya no latía como antes.

Se levantó lentamente.

Dmitri la esperaba fuera de la habitación.

Sus ojos se encontraron.

Él entendió inmediatamente.

—Hola —susurró.

Cassandra sonrió nerviosamente.

—Supongo que ocurrió.

Dmitri extendió una mano.

—Bienvenida a la eternidad.

—¿Es horrible?

Él sonrió.

—Pregúntamelo dentro de quinientos años.

Cassandra tomó su mano.

Durante siglos, todos se habían arrodillado ante Dmitri.

Ella había sido diferente desde el primer día.

Había entrado en su salón sin bajar la cabeza, había cuestionado sus órdenes, diagnosticado su tristeza y salvado su vida cuando él mismo había decidido abandonarla.

Y ahora tampoco caminaba detrás de él.

Caminaba a su lado.

Dmitri había pasado quinientos años creyendo que necesitaba encontrar a alguien dispuesto a someterse a su eternidad.

Estaba equivocado.

Necesitaba encontrar a alguien suficientemente valiente para compartirla sin arrodillarse jamás.

Cassandra entrelazó sus dedos con los suyos.

—¿Juntos?

Dmitri la miró como si después de cinco siglos finalmente hubiera encontrado aquello que ningún reino podía ofrecerle.

—Siempre.

Y mientras la primera luz atravesaba las ventanas de Ravenrest, el Rey Vampiro comprendió finalmente la única verdad que cinco siglos de poder nunca habían conseguido enseñarle:

un reino entero podía arrodillarse ante él, pero solamente la mujer que se negó a hacerlo había logrado conquistar su corazón.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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