El Rey Vampiro encontró a una chica durmiendo sobre su tumba; lo que hizo después lo cambió todo.

El Rey Vampiro encontró a una chica durmiendo sobre su tumba; lo que hizo después lo cambió todo.

PARTE 1 

Lily Ashford había elegido un cementerio para pasar la noche por una razón dolorosamente sencilla: los muertos no hacían preguntas.

No preguntaban por qué una joven de veintitrés años llevaba semanas durmiendo en la calle. No preguntaban por qué había perdido su empleo, su departamento y casi todas sus ganas de seguir adelante. Tampoco la miraban con lástima.

Aquella noche, agotada y temblando de frío, Lily encontró una vieja lápida en el cementerio Blackwood, abrazó su mochila contra el pecho y se quedó dormida sobre la piedra.

Lo que no sabía era que aquella tumba no estaba vacía.

Y mucho menos que pertenecía a un vampiro.

Alaric llevaba casi tres siglos utilizando aquel lugar como refugio. La lápida tenía grabado el nombre de Edmund Blackwood, una identidad falsa que había creado siglos atrás. Para los humanos, allí descansaba un hombre muerto hacía cientos de años.

Pero Alaric seguía existiendo.

Cuando percibió un corazón humano latiendo directamente sobre su tumba, emergió de la oscuridad dispuesto a expulsar al intruso.

Entonces la vio.

Una muchacha de cabello castaño rojizo, ropa desgastada y mejillas marcadas por lágrimas secas. Estaba tan profundamente dormida que ni siquiera reaccionó cuando él se acercó.

Alaric frunció el ceño.

—Humana insensata.

Podría haberla abandonado.

Durante siglos había aprendido que involucrarse con los humanos solo traía dolor. Ellos envejecían. Morían. Desaparecían.

Él permanecía.

Pero cuando se volvió para marcharse, una ráfaga helada atravesó el cementerio.

Lily comenzó a tiritar violentamente.

Sus labios estaban azulados.

Alaric se detuvo.

Maldijo en voz baja y regresó.

La levantó entre sus brazos.

Lily abrió los ojos sobresaltada.

—Por favor… no llame a la policía. Me iré…

—Si te quedas aquí, morirás antes de que amanezca.

—No tengo adónde ir…

Perdió nuevamente el conocimiento.

Alaric la observó durante unos segundos y tomó una decisión que después cambiaría la existencia de ambos.

La llevó a su penthouse.

Una médica de confianza examinó a Lily y confirmó que sufría desnutrición, deshidratación y agotamiento severo. Unas noches más en aquellas condiciones podrían haberla matado.

Cuando Lily despertó, encontró comida caliente, ropa limpia y una cama que parecía pertenecer a otra vida.

También descubrió el nombre de su misterioso salvador.

Alaric Northman.

Al caer la noche, él apareció.

Era demasiado perfecto para parecer normal: cabello rubio, piel increíblemente pálida y ojos azules que parecían haber visto siglos enteros.

—¿Por qué estabas durmiendo en una tumba? —preguntó.

Lily bajó la mirada.

—Porque allí nadie me juzgaba.

Entonces le contó todo.

Sus padres habían muerto. Las deudas médicas habían consumido lo poco que quedaba. Después perdió el trabajo, luego el departamento.

Finalmente había perdido la esperanza.

—Aquella noche —confesó— no estaba segura de querer despertar.

Alaric guardó silencio.

Después dijo algo extraño.

—Hace trescientos años yo también me acosté esperando morir. Alguien me encontró y me dio otra oportunidad.

Lily soltó una pequeña risa.

—Trescientos años… Bonita metáfora.

—Sí —respondió él—. Una metáfora.

Pero su expresión decía otra cosa.

Alaric le ofreció trabajo administrando su fundación benéfica y un lugar donde vivir mientras reconstruía su vida.

Lily aceptó.

Durante las siguientes semanas comenzó a sentirse viva otra vez.

Pero también empezó a notar cosas imposibles.

Alaric jamás comía.

Nunca aparecía durante el día.

Su piel siempre estaba helada.

Y algunos empleados parecían no envejecer.

Hasta que una noche Lily escuchó accidentalmente una discusión detrás de una puerta.

—Necesita alimentarse, señor —decía Marcus—. Está muriéndose de hambre.

—No quiero asustarla.

—Ocultárselo a Lily no cambiará lo que usted es.

Lily sintió que la sangre abandonaba su rostro.

Entonces comprendió.

Buscó a Alaric y lo encontró solo bajo la luz de la luna.

Se acercó lentamente.

—Ya sé lo que eres.

Alaric se quedó inmóvil.

—¿De verdad?

Lily tragó saliva.

Y pronunció la palabra que cambiaría para siempre la relación entre ambos:

—Eres un vampiro.

PARTE 2 

Alaric no intentó negarlo.

—¿Cuánto tiempo llevas sospechándolo?

—Varias semanas.

Lily se acercó.

—Solo quiero saber una cosa. ¿Estoy en peligro contigo?

—Conmigo, nunca.

La respuesta fue inmediata.

Pero Alaric también le explicó que existían otros como él y que algunos no compartían su respeto por la vida humana.

Lily tenía otra pregunta.

—Entonces, ¿por qué me salvaste?

Alaric permaneció mirando la ciudad.

—Porque después de tres siglos estaba cansado de que nadie me conociera realmente.

Se volvió hacia ella.

—He ayudado a miles de personas desde las sombras. He construido fortunas y he visto desaparecer generaciones enteras. Pero jamás permití que alguien se acercara demasiado.

Sus ojos encontraron los de Lily.

—Entonces apareciste tú… durmiendo sobre mi tumba.

Lily vio algo que nunca había esperado encontrar en un vampiro.

Soledad.

—Y quise que alguien supiera qué soy —continuó— y decidiera quedarse de todos modos.

Lily recordó la conversación que había escuchado.

—Te estás muriendo de hambre por mí.

—Puedo soportarlo.

—¿Cuánto tiempo?

Alaric guardó silencio.

Aquello fue suficiente respuesta.

—No voy a ofrecerte mi cuello —aclaró Lily—. Pero debe existir otra forma.

Alaric finalmente confesó que había humanos que conocían su existencia y donaban sangre voluntariamente.

Simplemente había dejado de alimentarse porque temía que Lily descubriera la verdad y huyera.

Ella negó con la cabeza.

—Un monstruo no habría recogido a una desconocida congelándose sobre una tumba.

Alaric la observó sorprendido.

—¿No tienes miedo?

—Sí. Pero tener miedo no significa que tenga que abandonarte.

Aquella noche cambió algo entre ellos.

Alaric volvió a alimentarse mediante sus donantes y Lily permaneció en el penthouse.

Poco a poco comenzaron a conocerse realmente.

Él le contó que había sido convertido durante una época de enfermedad y muerte, cuando tuvo que elegir entre morir o convertirse en vampiro.

Le habló de la peor condena de la inmortalidad: ver morir a todos los que alguna vez había amado.

Lily, a cambio, habló de sus padres.

De las deudas.

De la vergüenza que había sentido viviendo en la calle.

Y del momento en que dejó de creer que su vida tuviera algún valor.

Mientras ambos compartían sus heridas, la fundación comenzó a crecer.

Lily creó programas para personas sin hogar, familias ahogadas por deudas médicas y trabajadores que habían perdido todo después de una desgracia.

Ella conocía perfectamente aquella sensación.

Había vivido allí.

Y en medio de aquellas noches trabajando juntos ocurrió algo que ninguno había planeado.

Se enamoraron.

Alaric intentó resistirse.

Lily era mortal.

Él no.

Pero finalmente dejaron de fingir.

Una noche regresaron juntos a la terraza.

—¿Te arrepientes de haberte quedado? —preguntó Alaric.

—Nunca.

Lily apoyó la cabeza contra él.

—Tú no solamente evitaste que muriera aquella noche. Me devolviste una razón para querer vivir.

Alaric tomó su rostro delicadamente.

—He vivido durante siglos, Lily. He visto reinos nacer y desaparecer. Pero nunca me había sentido tan vivo como contigo.

Las lágrimas recorrieron las mejillas de Lily.

—Yo fui a dormir sobre una tumba porque quería desaparecer.

Sonrió entre lágrimas.

—Y terminé encontrando a alguien que me enseñó a vivir.

Alaric la besó.

Pero ambos sabían que quedaba un problema imposible.

—Tú eres inmortal —dijo Lily—. Yo no.

—Existe una solución.

Ella entendió inmediatamente.

Alaric podía convertirla.

Podía ofrecerle siglos.

Quizá eternidad.

—No tienes que decidir ahora —dijo él.

Lily permaneció pensando.

Meses atrás había querido morir.

Ahora alguien le ofrecía no morir jamás.

La ironía casi la hizo reír.

Finalmente respondió:

—Pregúntamelo otra vez dentro de un año.

Alaric arqueó una ceja.

—¿Un año?

—Primero quiero vivir como humana. Quiero ayudar a más personas. Quiero descubrir quién soy ahora que tengo otra oportunidad. Después podremos hablar de la eternidad.

Alaric sonrió.

—He esperado trescientos años. Creo que puedo esperar uno más.

La fundación siguió creciendo y terminó ayudando a miles de personas, mientras Lily descubría que la noche más oscura de su existencia también había sido el comienzo de una vida completamente nueva.

Alaric nunca volvió a necesitar aquella tumba como refugio.

Había encontrado algo mejor.

Un hogar.

Y Lily nunca olvidó la noche en que se quedó dormida esperando no despertar.

Porque precisamente sobre una tumba había descubierto una verdad que jamás habría imaginado:

a veces, cuando creemos que nuestra historia terminó, apenas estamos llegando a la primera página.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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