El Rey Alfa sobrevivió a todas las guerras, pero una noche con un pequeño Omega le robó el corazón.

El Rey Alfa sobrevivió a todas las guerras, pero una noche con un pequeño Omega le robó el corazón.

PARTE 1

Allaric Voss llevaba cuatro días sin dormir realmente.

No era simplemente cerrar los ojos durante unas horas. Era algo mucho más profundo: la ausencia completa de descanso, esa sensación de que la mente seguía funcionando incluso cuando el cuerpo pedía detenerse. Mientras el Imperio Cauldron dormía tranquilo, su rey permanecía despierto, cargando sobre sus hombros decisiones que podían cambiar el destino de millones de personas.

Aquella madrugada estaba de pie frente a una enorme mesa de guerra rodeado por los once estrategas militares más importantes del imperio. La crisis en la frontera oriental avanzaba más rápido de lo esperado, y todos habían sido llamados de emergencia porque había algo que solo Allaric había visto.

Él ya había revisado los informes varias veces.

Había comparado movimientos de tropas, registros antiguos y patrones que nadie más había considerado. Mientras los demás apenas intentaban entender la situación, él ya conocía la respuesta.

—La información está equivocada —dijo con calma.

La sala quedó en silencio.

El general Harlo, un hombre que había servido a tres reyes y conocía perfectamente el carácter de Allaric, levantó la mirada.

—¿Equivocada cómo?

Allaric caminó hasta el mapa del imperio.

—La retirada de las tropas enemigas no comenzó hace seis días. Comenzó hace once. Y esa diferencia cambia todo.

Sus palabras hicieron que todos comprendieran la gravedad del problema.

Si tenía razón, el enfrentamiento en la frontera no ocurriría dentro de dos días como indicaban los informes oficiales. Ocurriría mucho antes.

El rey señaló tres posiciones estratégicas.

—Los refuerzos deben llegar esta misma noche.

Nadie discutió.

No porque tuvieran miedo de él, sino porque todos sabían que Allaric no hablaba sin tener una razón. Era un hombre que había sobrevivido a diecisiete guerras y había construido su reinado sobre decisiones difíciles.

Pero nadie en aquella sala sabía el precio que pagaba.

Nadie veía cómo sus manos temblaban algunas mañanas después de tantas noches sin descanso. Nadie sabía que detrás de aquella apariencia perfecta existía un hombre agotado que había olvidado cómo sentirse tranquilo.

Después de terminar la reunión, Allaric regresó a sus habitaciones privadas. Eran enormes, como correspondía a un rey, pero casi no quedaba nada de la decoración original. Había eliminado todo aquello que no sentía suyo.

Solo conservaba un escritorio, algunos libros, una mesa pequeña y una cama colocada frente al este para recibir la primera luz del amanecer.

Se sentó y volvió a abrir un archivo que llevaba meses evitando.

El documento hablaba del Distrito Omega.

Era una investigación sobre años de falta de recursos, fondos desviados y decisiones administrativas diseñadas para pasar desapercibidas. Alguien había creado un sistema tan complejo que solo una persona extremadamente detallista podría descubrirlo.

El nombre de la analista aparecía al final del informe.

Myraen.

Una mujer del departamento de análisis de bienestar civil.

Allaric había leído aquel documento varias veces. Desde el primer momento comprendió que quien lo había escrito era alguien diferente. No había acusaciones exageradas ni emociones innecesarias. Solo números, pruebas y una verdad imposible de ignorar.

Alguien había descubierto algo que muchos poderosos preferían mantener oculto.

Por eso el rey tomó una decisión.

Prepararía una protección especial para que el informe no desapareciera dentro de los canales administrativos habituales.

Su pluma avanzó lentamente sobre el papel mientras redactaba la orden.

Y por primera vez en mucho tiempo, mientras trabajaba, sintió algo distinto al vacío.

No era felicidad.

No era descanso.

Era la sensación de que todavía existía algo por lo que luchar.

Sin saberlo, al otro lado de la ciudad, una mujer llamada Myraen estaba a punto de entrar en una historia que cambiaría completamente su vida.

Y ninguno de los dos sabía que sus caminos estaban a punto de cruzarse.

PARTE 2

Myraen siempre había tenido una habilidad poco común: encontrar lo que otros no querían ver.

Desde joven había aprendido que los números nunca mentían. Las personas podían ocultar intenciones, cambiar versiones o manipular palabras, pero una cifra colocada en el lugar correcto podía revelar una verdad completa.

Todo comenzó años atrás, cuando encontró un supuesto error financiero que parecía pequeño. Pero después de analizarlo durante horas descubrió que no era un error.

Era una decisión.

Alguien había movido recursos de una cuenta destinada al bienestar público hacia fondos que nadie supervisaba correctamente.

Desde entonces aprendió una lección importante: la verdad podía ser peligrosa cuando incomodaba a las personas equivocadas.

Por eso trabajaba con cuidado.

Durante meses investigó los movimientos del Distrito Omega. Comparó documentos de nueve departamentos diferentes, revisó archivos antiguos y encontró un patrón que había permanecido oculto durante diecisiete años.

No era una simple falla administrativa.

Era un sistema creado para desaparecer lentamente recursos que pertenecían a ciudadanos comunes.

Cuando terminó su investigación, tenía un informe de cuarenta y siete páginas con cientos de referencias cruzadas.

Pero ahora tenía un problema.

¿A quién podía entregarlo sin que desapareciera?

Por eso decidió visitar a Marcus Webb, el único funcionario en quien confiaba completamente.

Después de escucharla, Marcus entendió inmediatamente el peligro.

—Si lo envías por los canales normales, puede desaparecer antes de llegar a las personas correctas —le explicó.

La única opción era entregar el informe directamente al área de revisión de la corona.

Myraen sabía lo que eso significaba.

Estaba entrando en el corazón del poder.

Con el documento dentro de su bolso, caminó por los pasillos de la Ciudadela Real intentando mantener la calma. Estaba tan concentrada que no vio a la persona que venía en dirección contraria.

El choque fue inevitable.

Sus documentos y sus bolígrafos cayeron al suelo.

Ella se arrodilló rápidamente para recogerlos, avergonzada por su descuido.

Entonces una mano apareció frente a ella.

Un hombre había recogido uno de sus bolígrafos.

Myraen levantó la mirada.

Algo en aquel hombre era diferente.

No parecía un funcionario común. No necesitaba demostrar autoridad. Su presencia llenaba el pasillo sin esfuerzo.

Él le entregó el bolígrafo.

—No ocurrió nada —dijo tranquilamente.

Ella le agradeció y continuó su camino sin imaginar quién era realmente.

No sabía que acababa de chocar con el hombre que gobernaba todo el imperio.

No sabía que aquel desconocido era Allaric Voss.

El mismo rey que había leído su informe.

El mismo hombre que estaba intentando proteger la verdad que ella había descubierto.

Minutos después, Myraen entregó oficialmente el documento.

Salió de la Ciudadela sin saber qué ocurriría después.

Pero en el despacho real, Allaric recibió la confirmación de que el informe había llegado.

Por primera vez en años, algo había despertado dentro de él.

No era una obligación.

No era una guerra.

Era la posibilidad de que todavía existieran personas capaces de hacer lo correcto incluso cuando nadie las estaba mirando.

Y cuando abrió nuevamente el informe de Myraen, el rey que había perdido la capacidad de descansar comprendió algo que nunca había esperado:

Quizás el imperio no necesitaba solamente un rey fuerte.

Quizás también necesitaba a alguien dispuesto a recordarle por qué seguía luchando.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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