EL DÍA QUE MI MARIDO ME ABANDONÓ EN EL HOSPITAL PARA CELEBRAR EL EMBARAZO DE SU EX, CANCELÉ UNA TRANSFERENCIA DE 900.000 EUROS—PERO CUANDO ÉL DESCUBRIÓ QUIÉN ERA EL VERDADERO DUEÑO DE SU EMPRESA, YA ERA DEMASIADO TARDE
**PARTE 2: LA NIÑA OCULTA EN LA VILLA**
—¿Dónde está mi hermana? —repetí, sin apartar los ojos de Adrián. La llamada continuaba en altavoz, pero al otro lado solo se oía una respiración entrecortada. Después, la joven volvió a hablar: —Estoy en la villa junto al mar. Natalia me encerró en una habitación cuando escuchó llegar a la policía. No sé cuánto tiempo podré esconderme. El abogado golpeó la puerta de nuevo mientras los agentes exigían entrar. Adrián se lanzó hacia mí para arrebatarme el teléfono, pero retrocedí y abrí la puerta del dormitorio.
—¡Aquí está! —grité. Dos policías irrumpieron en la habitación y lo redujeron antes de que pudiera llegar al pasillo. Mi marido forcejeó mientras aseguraba que todo era una confusión, pero el miedo en su rostro lo traicionaba. —Elena, no escuches a esa muchacha —suplicó—. Está enferma. Natalia la ha manipulado. —¿Cómo sabes quién es si nunca te he hablado de ella? Adrián dejó de resistirse. Los agentes intercambiaron una mirada y le pidieron que entregara el segundo teléfono. Mi abogado entró detrás de ellos con una carpeta llena de documentos. —La policía de la costa ya está registrando la villa —me explicó—. Han encontrado una habitación con cámaras, historiales médicos y fotografías tomadas durante años. También hay documentos relacionados con la desaparición de su hermana. Uno de los agentes recibió una llamada y activó el altavoz. —La menor ya está a salvo —informó una voz—. En realidad, tiene veinticuatro años. Se encontraba encerrada en un cuarto interior. La mujer que estaba con ella ha intentado escapar por la parte trasera. Mis piernas temblaron. Mi hermana había desaparecido con siete años. Yo tenía entonces doce. Durante años me había culpado por haberla dejado sola unos minutos frente a una tienda mientras compraba agua. Mi madre nunca me culpó, pero su vida se destruyó desde aquel día. —Quiero verla —dije. El agente asintió. Antes de salir, Adrián comenzó a reír de forma nerviosa. —Cuando descubras la verdad, desearás no haber abierto esa memoria. Me detuve frente a él. —Lo único que deseo es no haberte conocido. En el trayecto hacia la villa, mi abogado me explicó que la auditoría había revelado transferencias realizadas desde la empresa hacia varias cuentas controladas por Natalia y por mi suegra. Durante cinco años habían desviado más de un millón de euros. La villa no era una residencia para inversores. Era el centro desde donde vigilaban mis movimientos, falsificaban documentos y buscaban la forma de quedarse con mi herencia. —¿Y mi madre? —pregunté—. La joven dijo que Adrián sabía quién la había matado. El abogado permaneció en silencio unos segundos. —Los informes oficiales indican que su madre murió en un accidente de tráfico. Pero entre los archivos de su tía hay una grabación tomada días antes de aquel accidente. Su madre había descubierto que la familia de Adrián estaba relacionada con la desaparición de su hija pequeña. Sentí que me faltaba el aire. —Yo aún no conocía a Adrián. —Precisamente. Ellos la conocían a usted mucho antes de que él se acercara. Cuando llegamos a la villa, varios vehículos policiales rodeaban la entrada. Una mujer esposada estaba sentada junto a una ambulancia. Era Natalia. Ya no parecía la mujer segura de la fotografía. Tenía el cabello desordenado y la mirada perdida. Cuando me vio, comenzó a gritar: —¡Tu marido lo organizó todo! ¡Yo solo hice lo que me ordenaron! Los agentes la obligaron a subir a un coche. Cerca de la puerta principal había una joven envuelta en una manta térmica. Tenía el cabello oscuro, el rostro pálido y una pequeña cicatriz junto a la ceja izquierda. Era la misma cicatriz que mi hermana se había hecho al caer de una bicicleta cuando tenía cinco años. Nos miramos sin decir nada. Yo temía acercarme y descubrir que era otra mentira. Entonces ella levantó una mano y pronunció una frase que solo nosotras conocíamos: —Cuando las luces se apaguen, cuenta hasta siete y yo volveré. Era lo que yo le decía durante las tormentas para que no tuviera miedo. Corrí hacia ella y la abracé. Mi hermana se aferró a mí con tanta fuerza que ambas terminamos llorando en el suelo. —Pensé que estabas muerta —susurré. —Me cambiaron el nombre —respondió—. Me dijeron que tú y mamá me habíais abandonado. Durante años viví con una mujer que trabajaba para la madre de Adrián. Cuando intenté escapar, me encerraron aquí. Hace dos meses encontré fotografías tuyas y comprendí que seguías viva. —¿Por qué Natalia estaba contigo? Mi hermana bajó la mirada. —Porque ella también fue criada por esa mujer. Natalia no es la antigua novia de Adrián. Es su media hermana. La revelación me dejó helada. En ese momento, un inspector salió de la villa con una caja metálica. Dentro había cintas de vídeo, cartas y un cuaderno perteneciente a mi madre. —Hemos encontrado esto detrás de una pared falsa —dijo—. También hallamos pruebas de que el accidente de su madre fue provocado. La persona que dio la orden aparece identificada en varias grabaciones. —¿Adrián? El inspector negó con la cabeza. —No. Su madre. Antes de que pudiera reaccionar, un agente corrió desde el jardín. —La sospechosa acaba de llamar desde el hospital. Dice que tiene información sobre el crimen y exige hablar con Elena. Mi teléfono sonó en ese mismo instante. Era mi suegra. Contesté con las manos temblorosas. Su voz llegó fría y serena: —Si quieres saber por qué secuestramos a tu hermana y matamos a tu madre, ven sola al antiguo almacén de la empresa. Tengo el testamento verdadero de tu tía. Y te aseguro que, cuando lo leas, ya no querrás recuperar tu fortuna.
Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only.
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No real person or organization is intended to be portrayed.