Vuelve a huir, mi Omega, le gruñó el rey Alfa antes de marcarla
Vuelve a huir, mi Omega, le gruñó el rey Alfa antes de marcarla

PARTE 1
Nunca corrí para salvarme.
Corrí porque necesitaba demostrarme que todavía era dueña de mi propia vida.
Porque cuando todos te dicen que naciste para obedecer, llega un momento en que la única forma de responder es desaparecer.
Mi nombre es Nora.
Y durante toda mi vida fui considerada una vergüenza.
Una Omega sin poder.
Una mujer destinada a bajar la cabeza frente a los Alfas, aceptar órdenes y agradecer cualquier pequeño gesto de misericordia.
En mi mundo, una Omega no tenía derecho a elegir.
No tenía derecho a soñar.
Y mucho menos tenía derecho a escapar.
Pero yo lo hice.
Dejé atrás la fortaleza donde había vivido como una sombra y me interné en los bosques del norte, sabiendo que tarde o temprano vendrían por mí.
Porque nadie escapa del rey.
Especialmente cuando el rey es Cin, el Alfa más temido de todos los territorios.
Durante semanas preparé mi huida.
Guardé pequeños trozos de comida.
Memoricé los caminos.
Estudié los cambios de guardia.
Esperé la tormenta perfecta.
Pero olvidé algo importante.
El invierno también era un enemigo.
La nieve cubría mis huellas, pero también robaba lentamente mi fuerza.
Mis dedos estaban entumecidos.
Mis piernas apenas respondían.
Cada respiración quemaba mi garganta como si tragara cristales.
Aun así seguí avanzando.
Porque regresar significaba volver a una jaula.
Y prefería morir en la nieve antes que vivir otra vez como una prisionera.
Entonces escuché el sonido.
Un aullido.
Después otro.
Y otro más.
Mi corazón se detuvo.
Los lobos.
No eran animales normales.
Eran los cazadores del rey.
Se movían entre los árboles sin hacer ruido, rodeándome poco a poco.
La parte de mí que siempre había sobrevivido me gritaba que corriera.
Pero ya no había hacia dónde ir.
Llegué al borde de un enorme barranco.
Abajo, un río congelado atravesaba el valle.
Al otro lado estaba la libertad.
Por un instante pensé en saltar.
Quizás morir era mejor que volver.
Pero entonces sentí algo detrás de mí.
Una presencia.
Un peso invisible que hizo que todo mi cuerpo se tensara.
El aire cambió.
El olor llegó antes que la voz.
Madera de cedro.
Hierro.
Una fuerza salvaje imposible de ignorar.
—Finalmente te encontré.
Me giré lentamente.
Y allí estaba él.
No como una leyenda.
No como un monstruo.
Sino como un hombre.
Cin estaba frente a mí, cubierto por la nieve, con la mirada de alguien que había peleado demasiadas batallas.
No parecía furioso.
Parecía agotado.
Pero eso era aún más aterrador.
Porque un enemigo enfadado podía cometer errores.
Un enemigo cansado solo quería terminar la lucha.
—Aléjate de mí —dije, intentando ocultar el miedo en mi voz.
Él observó el barranco detrás de mí.
—No vas a saltar.
—No sabes nada de mí.
Cin dio un paso adelante.
—Sé que prefieres morir antes que volver.
Sus palabras me golpearon.
Porque eran ciertas.
Por primera vez alguien no veía una Omega débil.
Veía la razón detrás de mi desesperación.
Pero eso no cambiaba nada.
Él seguía siendo el rey.
Y yo seguía siendo su fugitiva.
—Volverás conmigo —dijo.
Negué con la cabeza.
—Antes moriré.
Por un instante, algo cambió en sus ojos.
No era ira.
Era dolor.
Y antes de que pudiera entenderlo, desapareció.
Un segundo después estaba frente a mí.
Su mano rodeó mi cintura y me levantó como si no pesara nada.
Luché.
Golpeé su pecho.
Intenté escapar.
Pero era como pelear contra una montaña.
—Suéltame.
Cin acercó su rostro al mío.
—No entiendes lo que estás haciendo, Nora.
—Entiendo perfectamente.
Lo miré con toda la rabia que había guardado durante años.
—Estoy intentando ser libre.
Entonces sus ojos cambiaron.
Y con una voz baja que hizo temblar incluso al bosque entero, dijo:
—La libertad que buscas puede matarte.
No entendí sus palabras hasta que vi su expresión.
No me estaba llevando de vuelta para castigarme.
Me estaba llevando de vuelta porque algo mucho más peligroso estaba ocurriendo.
Algo que ni siquiera el rey podía controlar.
Y cuando sus dedos rozaron mi cuello, sentí que mi destino acababa de cambiar para siempre.
Porque Cin no me había encontrado por casualidad.
Me había encontrado porque yo era la única persona que podía destruir el mundo que él había construido.
PARTE 2
Pensé que el peor destino era volver al castillo.
Me equivoqué.
El verdadero peligro era descubrir por qué el rey Alfa había arriesgado todo para encontrarme.
Cin me llevó hasta la fortaleza del norte sin ponerme cadenas.
Eso fue lo primero que me confundió.
Un prisionero debería ser tratado como un prisionero.
Pero él me cargó durante todo el camino.
No permitió que ningún soldado me tocara.
No permitió que nadie se acercara demasiado.
Cuando las enormes puertas de la fortaleza se abrieron, todos quedaron en silencio.
Los guerreros dejaron de hablar.
Los sirvientes bajaron la mirada.
Porque todos entendieron algo.
El rey había regresado con una Omega.
Y no era una esclava.
Era alguien importante.
Dentro de mis aposentos intenté escapar otra vez.
Busqué ventanas.
Puertas.
Cualquier oportunidad.
Pero entonces Cin apareció.
Esperaba amenazas.
Esperaba crueldad.
Esperaba escuchar que una Omega como yo debía obedecer.
Pero él solo dejó una taza de agua sobre la mesa.
—Estás enferma.
Lo miré con desprecio.
—¿Ahora finges preocuparte?
Cin guardó silencio.
Y por primera vez vi algo detrás del título de rey.
Vi a un hombre cansado.
Un hombre atrapado.
—Crees que soy libre porque tengo una corona —dijo.
Su voz era baja.
—Pero una corona también puede ser una prisión.
No quería escucharlo.
Porque aceptar sus palabras significaba reconocer que quizás no éramos tan diferentes.
Ambos estábamos atrapados.
Yo por mi nacimiento.
Él por su poder.
Pero antes de poder responder, alguien golpeó la puerta.
Era Rowena.
Una Alfa de sangre pura que durante años había sido considerada la futura compañera del rey.
Su voz estaba llena de desprecio.
—¿De verdad traerás a una Omega fugitiva al ala real?
Sentí cómo la vergüenza intentaba regresar.
La misma sensación de siempre.
Ser pequeña.
Ser inferior.
Pero esta vez no bajé la cabeza.
Antes de que pudiera responder, la voz de Cin atravesó la habitación.
—Aléjate de esta puerta.
El silencio fue inmediato.
No era una petición.
Era una orden.
Rowena retrocedió.
Y entonces comprendí algo.
El rey que todos temían no me estaba protegiendo porque fuera débil.
Me estaba protegiendo porque había elegido hacerlo.
Más tarde, Cin volvió con una ropa diferente.
No era la ropa de una sirvienta.
Era ropa digna de alguien que debía estar a su lado.
—¿Qué significa esto? —pregunté.
Él me miró directamente.
—Significa que mañana entrarás al gran salón.
Mi corazón se aceleró.
—¿Para qué?
Cin tardó unos segundos en responder.
—Para que todos vean que no eres una fugitiva.
Se acercó lentamente.
—Eres la mujer que el rey eligió.
Sentí que el mundo se detenía.
Porque durante toda mi vida había luchado para que alguien reconociera mi valor.
Y ahora el hombre más poderoso del norte estaba dispuesto a enfrentarse a todos por mí.
Pero también sabía la verdad.
Aceptar ese lugar significaba entrar en una guerra.
Una guerra contra la tradición.
Contra la manada.
Contra todos aquellos que creían que una Omega como yo no podía estar al lado de un rey.
Y cuando las puertas del gran salón se abrieron al día siguiente, cientos de ojos se clavaron en mí.
Algunos llenos de odio.
Otros de sorpresa.
Pero todos tenían la misma pregunta:
¿Por qué el rey había elegido precisamente a Nora?
Entonces Cin tomó mi mano frente a toda la manada.
Y pronunció unas palabras que cambiarían mi destino para siempre.