Viví escondida como un sirviente mudo dentro del castillo de mi compañero destinado… hasta que el Rey Alfa me arrancó la túnica y descubrió quién era realmente

Viví escondida como un sirviente mudo dentro del castillo de mi compañero destinado… hasta que el Rey Alfa me arrancó la túnica y descubrió quién era realmente

PARTE 1

Durante cinco años, el hombre destinado a amarme creyó que yo estaba muerta.

Y durante uno de esos años, dormí a pocos pasillos de su habitación, limpié sus establos y caminé delante de él disfrazada de un muchacho mudo llamado Ross.

Mi verdadero nombre era Rosalind.

Y Gideon Valyrius, el temido Rey Alfa de las Tierras del Norte, era mi compañero destinado.

Todo comenzó cuando nuestro carruaje real fue atacado en el Paso del Pino Blanco.

Los hombres que nos emboscaron llevaban símbolos de la manada Blood Fang, pero antes de escapar escuché algo que cambió todo.

Quien había pagado por mi muerte no era un Alfa enemigo.

Era Lord Cedric, el propio tío y consejero de Gideon.

Cedric quería que Gideon se casara con Lady Vivien para asegurar una poderosa alianza política. Una compañera destinada de origen humilde como yo arruinaba sus planes.

Conseguí escapar saltando al río.

El agua helada casi me mató.

Cuando desperté, mi cuerpo estaba destrozado y mi aroma natural apenas podía percibirse.

Comprendí que regresar abiertamente al castillo sería una sentencia de muerte.

Así que me corté el cabello.

Vendé mi pecho.

Cubría mi piel con ceniza y una pasta amarga de matalobos para ocultar cualquier resto de mi olor.

Y me convertí en Ross.

Entré en Ironhold como un muchacho hambriento que pedía sobras.

Nadie sospechó nada.

Gideon tampoco.

Desde mi escondite observé en qué se había convertido el hombre que había amado.

Ya no sonreía.

Gobernaba con brutalidad.

Había pasado años persiguiendo a Blood Fang porque creía que ellos me habían asesinado.

Y ahora el consejo insistía en que debía elegir otra compañera.

Lady Vivien llegó al castillo rodeada de guardias y carruajes.

Todo parecía avanzar exactamente como Cedric había planeado.

Entonces ocurrió algo inesperado.

El sirviente personal de Gideon fue arrestado por robo.

El mayordomo Gareth necesitaba un reemplazo inmediatamente.

Y eligió al muchacho más insignificante del castillo.

A mí.

De repente tenía que preparar el baño de Gideon, encender su chimenea y dejar su ropa cada mañana.

Estar tan cerca de él era una tortura.

Su olor hacía que mi loba quisiera romper cada cadena dentro de mí.

Pero Gideon también comenzó a cambiar.

Después de años de silencio, su lobo despertó.

Sufría dolores de cabeza.

Estaba inquieto.

Y rechazaba constantemente a Vivien.

Cedric lo notó.

Entonces acusó a Ross de ser un espía de Blood Fang.

Dijo que llevaba una marca enemiga en el pecho.

Aquella noche Gideon entró furioso en sus habitaciones.

Cerró las puertas.

Me acorraló contra la pared.

—Dicen que eres un espía.

Negué desesperadamente.

—Dicen que llevas la marca de la manada que asesinó a mi compañera.

Intenté alejarme.

Él me agarró del mentón.

Cuando nuestros ojos se encontraron, sentí el vínculo estremecerse.

Gideon también lo sintió.

Pero no comprendió por qué.

—Quítate la túnica.

Mi sangre se congeló.

Si obedecía, descubriría las vendas.

Descubriría que no era un muchacho.

Y encontraría sobre mi clavícula la pequeña marca de luna creciente que pertenecía a su compañera perdida.

Negué.

—No…

Fue la primera palabra que pronuncié en un año.

Gideon quedó inmóvil.

Mi voz no sonaba como la de un muchacho.

Sus ojos dorados se estrecharon.

—Te ordené que te desnudaras.

La autoridad Alfa cayó sobre mí.

Mis manos temblaron.

No pude resistirme.

Levanté lentamente la túnica y la dejé caer.

Gideon retrocedió.

Ya no había ningún sirviente frente a él.

Había una mujer con el pecho vendado.

—¿Qué significa esto?

Se acercó.

Con una garra cortó las vendas.

La tela cayó al suelo.

Y con ella desapareció la última barrera que retenía mi verdadero aroma.

Fresia.

Tierra mojada.

Flor de luna.

El mismo aroma que Gideon llevaba cinco años buscando en sueños.

Vi cómo sus rodillas casi cedían.

Su loba rugió dentro de él.

Sus ojos bajaron hasta mi clavícula.

Hasta la luna creciente.

Después volvió a mirarme.

Y el Rey Alfa más temido del norte pronunció mi nombre como si acabara de regresar de entre los muertos.

—Rosalind…

PARTE 2

Durante un segundo ninguno de los dos se movió.

Después Gideon cayó de rodillas.

El hombre que había hecho temblar ejércitos rodeó mi cintura con los brazos y apoyó el rostro contra mí.

Sentí cómo todo su cuerpo temblaba.

—Estás viva.

No era una pregunta.

Era una oración.

Sus manos me sostenían con una delicadeza que jamás había imaginado en aquel hombre.

—Me dijeron que te habían despedazado.

Su voz se rompió.

—Encontré sangre en la nieve. Encontré el carruaje destruido. Pasé años persiguiendo a Blood Fang porque creí que te habían quitado de mí.

Hundí los dedos en su cabello.

Había soñado tantas veces con aquel reencuentro.

Pero no podía olvidar quién seguía dentro del castillo.

—Gideon, escúchame.

Levantó el rostro.

—Blood Fang no ordenó el ataque.

Su expresión cambió.

—¿Quién?

Tragué saliva.

—Cedric.

El gruñido que salió de Gideon hizo vibrar las copas sobre la mesa.

Se levantó inmediatamente.

Sus garras aparecieron.

—Voy a matarlo.

Lo sujeté del brazo.

—¡No!

Me miró como si nadie hubiera pronunciado aquella palabra delante de él en años.

—Vivien ha traído decenas de soldados de Silverlake. Cedric lleva años colocando aliados en tu consejo y en tu ejército.

Respiré.

—Si lo matas sin pruebas, dirán que perdiste la razón por el dolor. Pueden convertirlo en un golpe contra ti.

La furia seguía ardiendo en sus ojos.

Pero Gideon también era un estratega.

Comprendió.

—Entonces dime qué quieres que haga.

Aquella pregunta me sorprendió.

El Rey Alfa estaba pidiéndome un plan.

—Hazles creer que Ross fue descubierto como espía.

Gideon comenzó a entender.

—Que piensen que el muchacho está preso.

—Exactamente.

—Y mientras ellos celebran…

—Los dejamos cometer el error.

Durante los siguientes días permanecí escondida en la sección más protegida de las habitaciones reales.

El médico de Gideon trató las quemaduras que el matalobos había dejado sobre mi piel.

Mientras tanto, Gideon anunció públicamente que Ross había sido descubierto como agente de Blood Fang y esperaba su ejecución.

Cedric cayó en la trampa.

Convencido de que su secreto estaba nuevamente seguro, comenzó a presionar aún más para casar a Gideon con Vivien.

Durante una gran cena, Vivien habló delante de todos sobre la alianza entre sus tropas y las de Gideon.

Gideon ni siquiera la miró.

Sus ojos permanecieron sobre Cedric.

Entonces se levantó.

—Mañana presentaré a la Luna que gobernará Ironhold conmigo.

Vivien sonrió.

Cedric también.

Creyeron que finalmente habían ganado.

No sabían que Gideon acababa de invitarlos a presenciar su propia destrucción.

La noche siguiente, el gran salón estaba lleno.

Nobles.

Generales.

Líderes de manada.

Soldados de Silverlake.

Vivien incluso llevaba una tiara sobre el cabello.

Gideon apareció en lo alto de la gran escalera.

El salón quedó completamente en silencio.

—Durante años —dijo— me hicieron creer que mi compañera destinada había sido asesinada en el Paso del Pino Blanco.

Cedric dejó de sonreír.

—Me dijeron que nuestros enemigos habían robado la mitad de mi alma.

Gideon dio un paso hacia un enorme telón situado detrás de él.

—Pero hay traiciones que pueden esconderse bajo la nieve durante años…

Su voz bajó.

—Y aun así terminan saliendo a la luz.

El telón se abrió.

Entré.

No llevaba ceniza.

No llevaba el uniforme de Ross.

Vestía un largo traje azul oscuro bordado con pequeñas lunas plateadas.

Mi cabello dorado estaba trenzado.

Y por primera vez en años no había matalobos sobre mi piel.

Mi verdadero aroma cayó sobre el salón como una ola.

Los lobos reaccionaron inmediatamente.

Uno tras otro inclinaron la cabeza.

Algunos expusieron el cuello en señal instintiva de respeto.

La Luna había regresado.

—Contemplen a su verdadera reina —rugió Gideon.

La copa de Vivien cayó al suelo.

Cedric palideció.

—¡Es una impostora!

Desenvainó su espada.

—¡Una bruja enviada por Blood Fang! ¡Mátenla!

Algunos de los soldados de Silverlake intentaron avanzar.

Los guardias leales de Gideon ya estaban preparados.

En segundos las puertas fueron cerradas.

Las armas fueron confiscadas.

Cedric comprendió demasiado tarde que no tenía un ejército.

Solo tenía hombres rodeados.

Intentó correr hacia mí.

Gideon cambió de forma.

Una enorme bestia negra atravesó el salón.

Golpeó a Cedric y lo derribó contra el mármol.

Los gritos cesaron.

Gideon recuperó su forma humana y levantó a su tío por el cuello.

—Confiesa.

Cedric jadeó.

—No tienes pruebas.

—Rosalind escuchó a los asesinos.

—La palabra de una mujer contra…

Gideon apretó los dedos.

—También tenemos a dos hombres del Paso del Pino Blanco vivos en mis calabozos.

Cedric se quedó inmóvil.

Aquello también formaba parte de nuestro plan.

No existía ninguna salida.

—Confiesa delante del reino.

Cedric comenzó a llorar.

—Ella era una plebeya.

Un murmullo furioso recorrió el salón.

—Su existencia destruía la alianza con Silverlake.

Miró hacia Vivien.

Ella retrocedió.

—Yo no sabía nada de esto.

Cedric continuó:

—Necesitábamos que Gideon creyera que Blood Fang había sido responsable.

Gideon lo soltó.

Cedric cayó al suelo.

—Encerradlo.

Los guardias lo arrastraron fuera.

Lady Vivien fue escoltada fuera de Ironhold junto con sus soldados una vez desarmados.

Después Gideon se volvió hacia mí.

Todo el salón observaba.

Subió lentamente las escaleras.

Y cuando llegó frente a mí…

se arrodilló.

El temido Rey Alfa.

El hombre que había gobernado con brutalidad durante años.

Inclinado ante una mujer que había pasado meses limpiando sus establos vestida como un muchacho.

—Mi corazón.

Tomó mi mano.

—Mi vida.

Levantó los ojos.

—Mi reina.

Lo hice ponerse de pie.

Porque no quería un hombre permanentemente arrodillado ante mí.

Quería al compañero que me había sido arrebatado.

Y quería asegurarme de que el rey que recuperaba su corazón también recuperara su humanidad.

—No vuelvas a dejar que tu dolor gobierne este lugar —le dije en voz baja.

Gideon asintió.

—Nunca más.

—Y no habrá decisiones sobre nuestro futuro tomadas por Cedric, Vivien ni ningún consejo.

—Ninguna.

—Gobernamos juntos.

Por primera vez apareció algo parecido a una sonrisa en su rostro.

—Eso suena peligrosamente como una orden.

—Lo es.

Gideon rio.

Y el sonido sorprendió a todo el salón.

Porque muchos de aquellos hombres no habían escuchado reír a su rey en años.

Después me besó.

El vínculo que habíamos mantenido reprimido se cerró completamente.

Y alrededor de nosotros, los lobos de Ironhold comenzaron a arrodillarse.

No ante Gideon únicamente.

Ante ambos.

El texto fuente culmina con la revelación pública de Rosalind como la verdadera reina, la confesión de Cedric y Gideon inclinándose ante ella mientras la corte reconoce finalmente su vínculo.

Pero mi verdadera victoria no fue recuperar una corona.

Ni ver a Cedric encadenado.

Fue dejar de esconderme.

Durante tanto tiempo había creído que sobrevivir significaba hacerme pequeña.

Cubrir mi rostro.

Cambiar mi nombre.

Apagar mi aroma.

No hablar.

No ser vista.

Y, durante un tiempo, eso me salvó la vida.

Pero sobrevivir no era lo mismo que vivir.

Gideon había pasado años creyendo que su compañera estaba enterrada bajo la nieve.

Yo había pasado esos mismos años creyendo que mostrarme significaba morir.

Ambos habíamos vivido como fantasmas.

Ahora teníamos otra oportunidad.

No perfecta.

No sencilla.

Pero nuestra.

Y cada vez que caminaba por los establos donde Ross había dormido, recordaba al pequeño sirviente mudo que todos ignoraban.

Aquel muchacho nunca había existido.

Pero sin él, Rosalind quizá tampoco habría sobrevivido.

El reino creyó que su Rey Alfa había encontrado de nuevo a una mujer muerta.

La verdad era diferente.

Yo nunca había desaparecido.

Solo había estado esperando el momento en que por fin fuera seguro dejar de esconderme.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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