Viví 7 años junto al rey vampiro que nunca me tocó… hasta que descubrí la razón que cambió todo

Viví 7 años junto al rey vampiro que nunca me tocó… hasta que descubrí la razón que cambió todo

PARTE 1

Durante siete años viví en un castillo junto al hombre más poderoso de nuestro mundo… pero para él era como si yo no existiera.

Todos pensaban que era una reina afortunada. Tenía una corona, una habitación llena de lujos y un esposo que podía darle cualquier cosa.

Pero había algo que nadie podía darme.

Su amor.

Me llamo Alina Noctis, y durante mucho tiempo pensé que el rey vampiro que me convirtió en inmortal simplemente se arrepentía de haberme elegido.

Porque cada mañana despertaba sola.

Cada noche cenaba frente a un asiento vacío.

Y aunque Lysander Noctis estaba a pocos metros de mí, sentía que existía una distancia imposible de cruzar.

La gente del reino tenía sus propias teorías.

Algunos decían que un vampiro antiguo como él nunca debió casarse con una humana.

Otros aseguraban que yo había cometido algún error y que por eso el rey me mantenía lejos.

Pero yo conocía una verdad más dolorosa:

Lysander me miraba cuando creía que yo no podía verlo.

En los pasillos oscuros del palacio, a veces sentía sus ojos sobre mí.

No era una mirada de desprecio.

Era algo diferente.

Parecía tristeza.

Como si quisiera acercarse… pero algo se lo impidiera.

Antes de convertirme en reina, yo era una joven humana que vivía una vida sencilla.

Conocí a Lysander durante una noche en la que ninguno de los dos sabía realmente quién era el otro.

Bailamos, hablamos durante horas y, por primera vez en siglos, él parecía alguien diferente.

No era un rey.

No era una criatura temida.

Era simplemente un hombre que había encontrado algo que creía perdido para siempre.

Pero unos meses después, mi vida cambió completamente.

Una tragedia llegó a mi pueblo y Lysander me encontró cuando apenas podía mantenerme en pie.

Tenía dos opciones: alejarse y dejar que mi destino siguiera su curso o darme una nueva vida junto a él.

Eligió salvarme.

Me convirtió en vampiro.

Después me convirtió en su esposa.

Y luego hizo algo que nunca entendí.

Se alejó.

Me dio una corona, pero no su mano.

Me dio eternidad, pero no compañía.

Durante años intenté entenderlo.

Organicé cenas privadas.

Busqué conversaciones.

Intenté recordar al hombre amable que había conocido aquella noche.

Hasta que un día reuní valor y fui hasta su despacho.

—¿Por qué me elegiste si no puedes soportar estar cerca de mí? —le pregunté.

Lysander permaneció de espaldas.

Durante unos segundos pensé que finalmente iba a decirme la verdad.

Pero solo respondió:

—Eres mi reina. Tienes todo lo que necesitas.

Aquella respuesta me rompió más que cualquier insulto.

Porque yo no quería un castillo.

No quería joyas.

No quería una posición.

Lo único que quería era sentir que mi propio esposo me veía.

Después de esa noche dejé de intentarlo.

Aprendí a vivir con la soledad.

Pero había algo que no podía olvidar.

La forma en que Lysander me observaba cuando pensaba que yo no estaba mirando.

Como si estuviera luchando contra algo dentro de él.

Como si cada paso que daba alejándose de mí fuera una batalla.

Hasta que una noche todo cambió.

Yo estaba en la biblioteca del palacio, leyendo bajo la luz de unas velas, cuando escuché una voz detrás de mí.

—Deberías descansar.

Me quedé inmóvil.

Era Lysander.

Y llevaba meses sin hablar conmigo más de unas pocas palabras.

Levanté la mirada.

—¿Necesitas algo, majestad?

Vi algo extraño en sus ojos cuando pronuncié ese título.

Como si le doliera que ya no lo llamara por su nombre.

Entonces dio un paso hacia mí.

Uno solo.

Pero después de siete años de distancia, parecía imposible.

—Tenemos un problema —dijo con una voz diferente.

Por primera vez no parecía un rey.

Parecía un hombre asustado.

—Ella ha regresado.

Fruncí el ceño.

—¿Quién?

Lysander tardó unos segundos en responder.

Y cuando lo hizo, sentí que todo mi mundo cambiaba.

—Morgana.

Ese nombre pertenecía a una antigua enemiga que muchos creían desaparecida.

Una criatura que había dejado una amenaza sobre Lysander hacía siglos.

—¿Qué quiere? —pregunté.

Él me miró directamente.

Y entonces entendí que el problema no era el reino.

Era yo.

—Viene por ti.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

—¿Por qué yo?

Lysander apretó los puños.

Y después de siete años de silencio, dijo algo que nunca imaginé escuchar.

—Porque ella sabe que eres la única persona en este mundo que no puedo perder.

Por primera vez en años, vi miedo en los ojos del rey vampiro.

Pero todavía no sabía que detrás de su silencio había un secreto mucho más grande que una simple amenaza.

Un secreto que explicaría por qué había pasado siete años alejándome de la persona que más amaba.

PARTE 2

—¿Amarme? —pregunté con una mezcla de dolor y enojo—. ¿Después de siete años tratándome como una desconocida?

Lysander no respondió inmediatamente.

Por primera vez vi que su enorme control estaba desapareciendo.

El hombre que podía gobernar un reino entero parecía no saber cómo enfrentar una sola pregunta mía.

—Crees que esto fue fácil para mí —dijo finalmente.

Negué con la cabeza.

—No. Creo que fue fácil para ti decidir por los dos.

Sus ojos cambiaron.

Porque sabía que tenía razón.

Entonces me contó la verdad que había escondido durante todo ese tiempo.

Mucho antes de conocerme, una poderosa hechicera vampiro llamada Morgana había creado una maldición contra él.

Una maldición que decía que si algún día encontraba a su verdadero amor y se entregaba completamente a esa persona, esa persona perdería poco a poco su fuerza hasta desaparecer.

Por eso Lysander hizo algo que él creía que era un sacrificio.

Me mantuvo lejos.

Pensó que si nunca se acercaba demasiado, podría protegerme.

Pensó que una vida sin su amor era mejor que arriesgarse a perderme.

Pero nunca entendió algo importante.

También me estaba destruyendo.

—Debiste dejarme elegir —le dije.

Lysander bajó la mirada.

El rey más temido del mundo parecía derrotado.

—Tenía miedo.

Esa confesión me sorprendió.

Porque durante años pensé que no sentía nada.

Pero la verdad era otra.

Sentía demasiado.

El problema era que su miedo había hablado más fuerte que su amor.

Morgana había regresado con una condición.

Lysander debía abandonar nuestro matrimonio y unirse a ella.

Si se negaba, ella usaría las leyes antiguas del reino para dejarme sin protección.

Pero esta vez no estaba dispuesta a quedarme esperando.

—No soy una persona que necesita que alguien decida por mí —le dije—. Soy tu esposa. Si vamos a enfrentar esto, será juntos.

Por primera vez en siete años, Lysander tomó mi mano.

Y no la soltó.

Pero el tiempo estaba en nuestra contra.

Descubrimos que la maldición estaba conectada con la sangre de Morgana dentro de él.

La única forma de romperla era realizar un antiguo ritual que requería algo más poderoso que la magia.

Confianza.

Algo que ambos habíamos perdido.

Durante el ritual vi recuerdos que nunca había conocido.

Vi a Lysander parado frente a mi puerta durante noches enteras, queriendo entrar pero obligándose a marcharse.

Vi cómo me observaba desde lejos.

Vi su miedo.

Pero él también vio mi dolor.

Vio las noches en que lloré pensando que no era suficiente.

Vio cómo poco a poco dejé de esperar algo de él.

Ambos tuvimos que aceptar una verdad incómoda:

Nos amábamos.

Pero también nos habíamos lastimado.

Entonces apareció Morgana.

Intentó convencerme de que nunca podría confiar nuevamente en Lysander.

Y por un momento sus palabras casi funcionaron.

Porque era verdad.

Lysander había cometido errores.

Pero también era verdad que yo ya no era la misma mujer que llegó al castillo años atrás.

Ya no era alguien esperando ser elegida.

Era alguien capaz de elegir.

Miré a Lysander y dije:

—Me lastimaste. Pero no permitiré que mi dolor sea utilizado para destruirnos.

La magia comenzó a cambiar.

Porque la maldición no necesitaba un amor perfecto.

Necesitaba un amor verdadero.

Uno donde dos personas aceptaran sus errores y aun así decidieran caminar juntas.

El ritual funcionó.

La conexión de Morgana desapareció.

Y por primera vez en siglos, Lysander quedó libre.

Pero la historia no terminó ahí.

Porque Morgana todavía tenía seguidores.

Llegó al palacio esperando encontrar a un rey debilitado y una reina sola.

Pero encontró algo diferente.

Nos encontró juntos.

Esta vez no estaba detrás de él.

Estaba a su lado.

Y cuando Morgana vio que ya no podía separarnos, comprendió su mayor error.

Había creído que la distancia destruiría nuestro amor.

Pero esos siete años también me habían enseñado algo.

Que amar a alguien no significa perderse a uno mismo.

Después de todo lo ocurrido, Lysander y yo tuvimos que reconstruir nuestra relación desde cero.

No como rey y reina.

Sino como dos personas que finalmente aprendieron a escucharse.

Años después, cuando alguien me preguntaba por qué el rey vampiro había pasado tanto tiempo lejos de su esposa, siempre respondía lo mismo:

Porque a veces el amor no desaparece cuando alguien se aleja.

A veces permanece esperando hasta que dos personas tienen el valor de enfrentarlo juntos.

Y todavía hoy, cuando camino por los pasillos del antiguo palacio, recuerdo aquella noche en la biblioteca.

La noche en que descubrí que el hombre que parecía no amarme…

en realidad llevaba siete años luchando para no perderme.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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