Una pobre camarera llama a un rey vampiro y le dice que su hijo está inconsciente en la calle

El niño del callejón llevaba un anillo con un número secreto; cuando Mara llamó, descubrió que acababa de salvar al hijo de un rey vampiro

PARTE 1

La lluvia caía con tanta fuerza que Mara apenas podía ver el final del callejón.

Había terminado un doble turno como mesera, le dolían los pies y llevaba en el bolsillo unas cuantas propinas que ni siquiera alcanzaban para pagar la renta. Solo quería llegar a casa, quitarse los zapatos y dormir.

Entonces vio al niño.

Estaba acurrucado contra una pared de ladrillos, inmóvil bajo la lluvia.

—¿Oye? ¿Estás bien?

Mara corrió hacia él y se arrodilló en el pavimento mojado.

El pequeño tendría unos diez años. Vestía un chaleco de terciopelo oscuro con botones de plata y pantalones que parecían hechos a mano. Su piel era tan pálida que casi parecía transparente.

Mara buscó su pulso.

Nada.

Probó otra vez.

Nada.

Sin embargo, el cuerpo estaba tibio.

—No puede ser…

Cuando intentó acomodarlo, descubrió que el niño apretaba algo con fuerza en una mano.

Era un anillo de oro.

Sobre la superficie había un extraño escudo: una corona atravesada por espinas alrededor de una piedra roja.

Al girarlo, Mara encontró algo todavía más extraño.

Un número telefónico estaba grabado en el interior.

Su sentido común le decía que llamara a una ambulancia. Pero aquel número parecía haber sido colocado allí precisamente para una emergencia.

Marcó.

Una voz masculina respondió.

—Diga.

No sonaba como alguien sorprendido por una llamada nocturna.

Sonaba como alguien acostumbrado a dar órdenes.

—Encontré a un niño inconsciente en un callejón. No tiene pulso, pero está tibio. Tenía este anillo…

Hubo un silencio.

—Descríbalo.

Mara obedeció.

—Cabello oscuro. Muy pálido. Ropa elegante…

—Sus ojos.

—Están cerrados.

—Ábralos.

Mara levantó cuidadosamente uno de sus párpados y dejó escapar un grito ahogado.

El iris era ámbar, pero pequeñas motas doradas se movían dentro como brasas.

—Son… dorados.

La respiración del hombre cambió.

—No se mueva. No llame a nadie más. Vamos por él.

La llamada terminó.

Pocos minutos después, dos automóviles negros entraron en el callejón sin sirenas.

Cinco figuras descendieron.

Todos eran demasiado altos, demasiado elegantes y se movían con una coordinación que hizo que Mara retrocediera.

Uno de ellos se arrodilló junto al niño.

Sus ojos eran plateados.

—Usted llamó al rey.

Mara sintió un escalofrío.

—¿Al rey de qué?

El hombre ignoró la pregunta mientras colocaban al pequeño dentro de una cápsula médica.

—Encontró vivo al príncipe Adrien. Esta noche salvó al heredero.

Antes de marcharse, le advirtió:

—Vaya a casa. Cierre la puerta. Alguien vendrá por usted.

Mara no durmió.

Horas después, una mujer de traje negro llamó a su apartamento.

—El rey desea verla. Adrien despertó y está preguntando por usted.

Aquello fue suficiente para que Mara aceptara.

La llevaron hasta una antigua catedral y descendieron por escaleras ocultas hasta una enorme cámara subterránea que parecía un palacio enterrado bajo la ciudad.

Allí la esperaba el hombre de la llamada.

Lucien.

El rey.

Sus ojos azul hielo se fijaron en ella.

—Cuénteme exactamente cómo encontró a mi hijo.

Mara relató todo.

Cuando mencionó el anillo, Lucien se puso de pie.

—¿Lo tocó directamente?

—Claro. Tuve que abrirle la mano.

Por primera vez, el rostro del rey perdió su serenidad.

Miró las manos de Mara.

No había heridas.

No había quemaduras.

Nada.

Lucien se acercó lentamente.

—Eso es imposible.

—¿Por qué?

El rey bajó la voz.

—Porque el escudo real está encantado. Al contacto con un humano debería haberle quemado la piel hasta el hueso.

Mara sintió que el estómago se le hundía.

Antes de que pudiera responder, se escucharon pasos apresurados.

Adrien apareció corriendo desde un pasillo, esquivó a una enfermera y se lanzó directamente a los brazos de Mara.

—¡Regresaste! —sollozó el niño—. Sabía que regresarías.

Mara lo abrazó por instinto.

Entonces levantó la mirada.

Lucien observaba a su hijo aferrado a aquella humana desconocida.

Y por primera vez…

el rey vampiro parecía tener miedo.

PARTE 2

—Adrien —dijo Lucien con una calma forzada—. ¿Cómo sabes su nombre?

El niño levantó los ojos.

—No lo sé. Solo sé que ella está a salvo. Cuando está cerca… se siente como estar en casa.

Aquella respuesta cambió todo.

Adrien había sido secuestrado y envenenado con plata encantada, una sustancia que los vampiros creían desaparecida desde hacía siglos. Alguien había querido matar al heredero, y Mara era ahora la única testigo.

Lucien no podía decidir si era una salvadora… o parte del plan.

La dejó regresar a casa, pero la normalidad duró poco.

Al día siguiente, mientras Mara servía café, un hombre con sudadera gris dejó sobre una mesa una extraña moneda de plata.

Cuando ella la recogió, comprendió que llevaba el mismo símbolo del anillo.

Aquella noche Lucien llamó.

—Aléjese de las ventanas. Esa moneda la ha marcado. Ahora los cazadores saben dónde está.

El ataque comenzó segundos después.

Hombres enmascarados entraron por el balcón.

Mara logró escapar arrojando la propia moneda contra uno de ellos. La plata quemó su rostro.

Los guardias de Lucien llegaron justo a tiempo.

En el automóvil que la llevó lejos de allí estaba Adrien.

—Te dije que vendrían —susurró—. Puedo sentir cuando estás en peligro.

La llevaron al verdadero castillo vampírico, oculto más allá de caminos que ningún humano podía encontrar.

Allí, Mara fue presentada ante la corte.

Muchos exigieron que la expulsaran.

Otros querían interrogarla.

Lady Bex incluso insinuó que debía morir.

Pero el vínculo entre Mara y Adrien era imposible de ignorar.

Un anciano del consejo pronunció finalmente la sospecha que nadie quería decir:

—Una conexión así solo puede existir si comparten sangre.

Aquella misma noche, Adrien llevó a Mara por un pasadizo secreto hasta una antigua biblioteca.

Allí encontraron un diario.

Entre sus páginas había fotografías de Elena, la madre de Adrien, junto a una mujer mucho más joven.

Mara sintió que el mundo se detenía.

La reconoció.

Era May Chun.

Su propia madre.

Elena había sido su tía.

Mara y Adrien eran familia.

Entonces todo adquirió sentido.

La razón por la que podía tocar el escudo.

La conexión entre ellos.

Los sueños del niño.

Y también el motivo por el que los cazadores perseguían a Mara.

Lucien apareció en la biblioteca antes de que pudieran seguir leyendo.

Esta vez no pudo ocultar la verdad.

La familia Chun había pertenecido a una antigua estirpe de cazadores. Algunos miembros habían utilizado a Elena para atacar a Lucien y ella murió después de ser envenenada.

Antes de morir, pidió al rey que perdonara a su hermana May.

May abandonó a los cazadores y crió a Mara como una niña normal.

Pero años después, cazadores renegados la encontraron.

El accidente en el que supuestamente había muerto nunca había sido un accidente.

La asesinaron porque se negó a revelar un secreto.

La fórmula para fabricar plata encantada.

—Por eso me buscan —murmuró Mara.

Lucien asintió.

Los cazadores ya habían producido una pequeña cantidad. La habían probado con Adrien.

Y alguien dentro del castillo estaba ayudándolos.

Mara aceptó colaborar para descubrir al traidor.

Regresó a la ciudad fingiendo estar sola mientras los guerreros vampiros la seguían desde las sombras.

El hombre de la cafetería apareció.

—Hija de May Chun —le dijo—. Tu madre robó algo que nos pertenece.

Cuatro cazadores la rodearon.

Entonces Lucien dio la orden.

La calle estalló en una batalla.

Los vampiros atacaron desde los tejados mientras los cazadores respondían con cuchillos y flechas de plata.

Lucien salvó a Mara de una puñalada con su propia mano, aunque el metal quemó su piel.

Uno de los cazadores capturados alcanzó a confesar:

—Muelle 19… están fabricando armas… y alguien del castillo entregará al heredero esta noche.

Antes de revelar más, una flecha lo silenció.

Adrien.

Mara sintió que se le helaba la sangre.

Regresaron al castillo.

La habitación del niño estaba destrozada.

Adrien había desaparecido.

Lo encontraron en el gran patio, rodeado por cientos de vampiros.

Un poderoso general llamado Cases lo mantenía prisionero.

Había sido él.

El traidor.

Durante meses había conspirado con los cazadores porque consideraba que Lucien se había vuelto débil por amar a una humana y permitir que la sangre Chun entrara en la familia real.

—Este heredero está contaminado —declaró ante toda la corte—. Y tú ya no mereces gobernarnos.

Lucien estaba dispuesto a lanzarse sobre él, pero Mara avanzó primero.

—Sí, soy humana —dijo frente a cientos de depredadores—. No tengo su velocidad ni su fuerza. Pero cuando Adrien estaba muriendo en un callejón, fui yo quien se detuvo a ayudarlo. Y mientras ustedes discutían sobre pureza y poder, un traidor vendía su reino a los cazadores.

Entonces apareció la prueba.

Los archivos demostraban que Cases había realizado varios viajes secretos a la ciudad justo antes de cada ataque.

La corte comenzó a volverse contra él.

Cases comprendió que había perdido.

Apretó la garganta de Adrien.

—Entonces el niño muere conmigo.

Pero había cometido un error.

Había subestimado al príncipe.

Adrien arrancó un cuchillo de plata del cinturón del general y se lo clavó.

Cases gritó y soltó al niño.

Lucien apareció delante de él.

—Esto no ha terminado —escupió el traidor.

—Sí —respondió el rey—. Terminó.

Un movimiento.

Un instante.

Y Cases cayó.

Después, Lucien se volvió hacia toda la corte.

—Mara Chun está bajo protección real. Quien la amenace tendrá que responder ante mí.

Nadie volvió a discutir.

Días después, Mara contemplaba el amanecer desde un balcón del castillo.

Su apartamento había sido destruido por los cazadores. Su antiguo trabajo y su antigua vida parecían pertenecerle a otra persona.

Lucien le ofreció dos opciones.

Podían borrar sus recuerdos, darle dinero y una nueva identidad para comenzar en cualquier parte del mundo.

O podía quedarse.

Convertirse en guardiana de Adrien.

Ser su vínculo con el mundo humano.

Mara encontró al niño junto a ella.

—Quiero que te quedes —admitió Adrien—. Pero sé que es egoísta.

Mara apretó su mano.

Había pasado casi toda su vida sintiendo que no pertenecía a ningún sitio.

Ahora tenía familia.

—Me quedo.

Adrien la abrazó.

Más tarde, Lucien terminó de contarle el último secreto.

La fórmula de la plata encantada nunca había sido escrita.

May la había ocultado dentro de una antigua canción de la familia Chun.

La misma nana que Elena cantaba a Adrien cuando era bebé.

Por eso el niño soñaba con su madre cantándole.

Por eso los cazadores lo habían secuestrado.

Esperaban obligarlo a recordar la melodía completa.

—¿Entonces me permites quedarme porque soy útil? —preguntó Mara.

—No —respondió Lucien inmediatamente—. Te quedas porque Adrien te necesita. Porque has demostrado quién eres cuando nadie te estaba mirando… y porque a Elena le habrías caído bien.

Mara sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Ojalá hubiera conocido a mi tía.

—Puedo contarte sobre ella. Y también sobre tu madre. Cuando estés preparada.

Lucien miró hacia el bosque.

—Este mundo seguirá siendo peligroso. Los cazadores regresarán. La corte intentará ponerte a prueba. Adrien tendrá enemigos mientras sea heredero.

Mara sonrió.

—Entonces será mejor que aprenda a pelear.

Por primera vez, Lucien también sonrió.

—Bienvenida a la familia, Mara Chun.

Adrien apareció corriendo.

—¿Entonces es verdad? ¿Te quedas?

Mara abrió los brazos y el niño se lanzó hacia ella.

—Sí. Me quedo.

Mientras el sol nacía sobre las montañas y el antiguo castillo despertaba bajo sus pies, Mara comprendió que aquella noche lluviosa no había encontrado simplemente a un niño herido en un callejón.

Había encontrado la verdad sobre su madre.

Había recuperado una familia que creía perdida.

Y había descubierto un lugar por el que, por primera vez en su vida, estaba dispuesta a luchar.

Su antigua vida había terminado.

Pero su verdadera historia apenas comenzaba.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward