Una omega rechazada alimentaba a un cachorro a diario; un día, cuatro lobos negros llegaron hasta su cabaña.

Una omega rechazada alimentaba a un cachorro a diario; un día, cuatro lobos negros llegaron hasta su cabaña.

PARTE 1

La nieve cubría todo a su alrededor, pero Rowena Harding ya no sentía el frío.

O quizá sí lo sentía… pero después de meses viviendo sola, siendo rechazada por todos, el dolor del invierno ya no era lo que más le pesaba.

Lo que realmente dolía era recordar que su propio clan la había abandonado.

Tres meses antes, Rowena había sido llevada ante los ancianos del clan Ashen Veil. Frente a todos los que una vez llamó familia, Lord Caspian había roto el vínculo que los unía.

—Eres una carga para nosotros —había dicho con desprecio—. Eres débil. Ya no perteneces a este clan.

Después de esas palabras, Rowena fue expulsada con apenas una pequeña bolsa de comida, una capa vieja y algunas herramientas para sobrevivir.

Nadie creyó que pudiera resistir el invierno.

Y durante un tiempo, ella tampoco estuvo segura de lograrlo.

Vivía en una pequeña cabaña abandonada en las montañas Frost Peak. Reparó el techo con sus propias manos, cortó leña hasta que sus dedos quedaron llenos de heridas y aprendió a sobrevivir con casi nada.

Su única compañía era una vieja cabra llamada Beatrice, el único ser vivo que no la había abandonado.

Cada día era una batalla.

Pero Rowena había aprendido algo importante: incluso aquellos que habían sido olvidados merecían una oportunidad.

Y esa creencia cambiaría su destino para siempre.

Una tarde, mientras buscaba leña bajo una tormenta de nieve, escuchó un sonido extraño.

No era el viento.

Era un pequeño gemido.

Rowena se detuvo y siguió aquel débil sonido hasta encontrar un arbusto cubierto de hielo.

Allí estaba.

Un pequeño cachorro de lobo negro, medio enterrado en la nieve.

Su cuerpo temblaba.

Apenas respiraba.

Rowena se arrodilló rápidamente y apartó la nieve que cubría su pequeño cuerpo.

Entonces notó algo extraño.

No era un lobo común.

Sus patas eran demasiado grandes, su energía era diferente y había algo en sus ojos cerrados que parecía demasiado inteligente para ser un simple animal.

Era un cachorro de lobo cambiante.

Una criatura que podía pertenecer a un clan poderoso.

Y eso significaba peligro.

Rowena sabía que ayudarlo podía traer problemas.

Sus provisiones apenas alcanzaban para ella y Beatrice.

Alimentar a un cachorro hambriento significaría compartir lo poco que tenía.

Pero cuando el pequeño cuerpo comenzó a enfriarse entre sus manos, recordó lo que se sentía ser abandonada.

Recordó estar sola.

Recordó que nadie había venido a salvarla.

Entonces tomó una decisión.

Se quitó su propia capa y envolvió al cachorro.

—No voy a dejarte aquí —susurró—. Aunque nadie nos quiera, todavía podemos sobrevivir.

Lo llevó hasta la cabaña y pasó toda la noche intentando mantenerlo con vida.

Le dio leche de cabra.

Calentó su cuerpo junto al fuego.

Lo sostuvo entre sus brazos mientras la tormenta golpeaba las paredes de madera.

Horas después, cuando casi había perdido la esperanza, ocurrió algo imposible.

El cachorro abrió lentamente los ojos.

Eran dorados.

Brillaban como si escondieran una historia mucho más grande que él.

La pequeña criatura la miró fijamente y, en lugar de alejarse, apoyó su cabeza contra su mano.

Rowena sonrió por primera vez en mucho tiempo.

—Te llamaré Bramble —susurró—. Porque te encontré atrapado entre las espinas.

Ella no sabía que aquel nombre quedaría grabado en la historia.

No sabía que el pequeño lobo que acababa de salvar no era un cachorro perdido.

Era el heredero de uno de los linajes más poderosos del norte.

Y mientras Rowena compartía su último alimento con él, muy lejos de allí, cuatro enormes lobos negros atravesaban la tormenta buscando desesperadamente a alguien que habían perdido.

Porque el padre del cachorro acababa de descubrir una pista.

Su hijo seguía vivo.

Y el rastro terminaba exactamente en la pequeña cabaña de una Omega desterrada.

PARTE 2

Durante las siguientes semanas, la vida de Rowena cambió por completo.

El pequeño Bramble crecía más rápido de lo normal.

Lo que antes era una pequeña bola de pelo temblorosa ahora era un joven lobo fuerte, inteligente y extremadamente protector.

Rowena seguía sin entender qué clase de criatura había salvado.

Solo sabía que Bramble parecía comprender cada palabra que ella decía.

Cuando salía a buscar leña, él intentaba seguirla.

Cuando sentía frío, él se acostaba junto a ella para darle calor.

Cuando escuchaba ruidos afuera, se colocaba entre ella y la puerta.

Para Rowena, aquel lobo se convirtió en la familia que nunca había tenido.

Pero su pequeña tranquilidad no duraría mucho.

Un día, un antiguo rastreador del clan Ashen Veil apareció frente a su cabaña.

Era Bradock, un hombre conocido por perseguir a los más débiles.

Al verla, sonrió.

—Así que todavía sigues viva.

Rowena sintió miedo, pero no retrocedió.

Bradock exigió llevarse a Beatrice y registró la cabaña.

Entonces vio a Bramble.

Su expresión cambió.

Ya no parecía burlón.

Parecía preocupado.

—Ese lobo no pertenece a estas tierras.

Rowena se colocó delante del cachorro.

—No te lo llevarás.

Bradock sonrió con crueldad.

Pero antes de poder avanzar, un rugido profundo atravesó el bosque.

Bramble salió de la cabaña.

Y por primera vez, Rowena vio la verdadera naturaleza del animal que había cuidado.

Sus ojos dorados brillaban con una fuerza imposible.

Bradock dio un paso atrás.

—Eso… no es un simple cachorro.

El hombre comprendió algo que Rowena todavía ignoraba.

La sangre del pequeño lobo era demasiado poderosa.

Días después, una tormenta aún más fuerte llegó a las montañas.

Rowena pensó que el peligro había pasado.

Se equivocaba.

Esa noche escuchó aullidos.

No eran lobos comunes.

Eran sonidos profundos que hacían temblar la tierra.

Cuando miró por la ventana, vio cuatro enormes lobos negros avanzando entre la nieve.

Eran gigantes.

Sus cuerpos estaban cubiertos de cicatrices.

Y al frente caminaba uno mucho más grande que los demás.

Sus ojos brillaban con un intenso color rojo.

Rowena sintió que el miedo le recorría todo el cuerpo.

Aquellos eran los lobos de los que hablaban las leyendas.

Los guerreros del norte.

Bramble corrió hacia la puerta moviendo la cola.

Como si conociera a esas criaturas.

Como si hubiera estado esperando ese momento.

Entonces el enorme lobo líder se detuvo frente a la cabaña.

Y comenzó a cambiar.

Los huesos se transformaron.

El pelaje desapareció.

En pocos segundos, un hombre apareció frente a la puerta.

Era alto, poderoso y llevaba la marca de un antiguo linaje.

Golpeó la madera con una fuerza que hizo temblar la cabaña.

—Abre la puerta, Omega.

Su voz atravesó la tormenta.

—He venido por lo que me pertenece.

Rowena apretó con fuerza la herramienta que tenía en sus manos.

No sabía quién era aquel hombre.

No sabía por qué Bramble parecía tan feliz de verlo.

Y no sabía que estaba frente al padre del cachorro que había salvado.

El hombre que gobernaba los territorios del norte.

El hombre que había cruzado montañas enteras para encontrar a su hijo.

Su nombre era Logan Cromwell.

Y acababa de descubrir que una Omega rechazada por todos había hecho lo que ningún guerrero, médico o rey pudo lograr.

Había salvado al heredero de los lobos negros.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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