Una Omega encontró a una niña llorando en la nieve; la niña la agarró y la marca del Rey Alfa apareció en su muñeca.

Una Omega encontró a una niña llorando en la nieve; la niña la agarró y la marca del Rey Alfa apareció en su muñeca.

PARTE 1

El dolor estalló en mi muñeca como si me hubieran colocado un hierro al rojo vivo sobre la piel.

Caí de rodillas en la nieve, gritando, mientras la diminuta mano del bebé seguía aferrada a mí con una fuerza imposible.

Cuando el fuego desapareció, contemplé la marca negra que acababa de surgir en mi brazo.

Era un lobo feroz rodeado por una corona de espinas.

El sello personal del rey Alistair Lancaster.

Me llamo Rowena Fairchild y, hasta aquella noche, solo había sido una omega de la Manada Silverpine. Mientras los alfas comían junto al fuego, los de mi rango recogíamos leña en el bosque durante las tormentas. Nuestro líder, Bram, nos trataba como sirvientes y castigaba cualquier señal de desobediencia.

Por eso había aprendido a pasar inadvertida.

Pero aquel invierno de 1243 escuché el llanto de un bebé entre los pinos.

Seguí el sonido hasta un barranco y encontré un carruaje destrozado. Los guardias que lo acompañaban yacían inmóviles sobre la nieve. Todos llevaban el escudo de la Casa Lancaster.

Junto a los restos había una mujer con un vestido de terciopelo. Había protegido con sus brazos a un niño envuelto en seda azul. El pequeño temblaba y sus labios estaban perdiendo el color por el frío.

—Ya estás a salvo —le susurré mientras lo levantaba.

En cuanto tocó mi piel, apareció el sello.

Las antiguas historias decían que aquella marca solo surgía cuando la magia real reconocía a la compañera destinada de un monarca. No entendía por qué el niño la había despertado en mí, pero sabía que el rey tenía enemigos.

Envolví al bebé en una capa y cubrí mi muñeca con un trozo de tela. Después huí hacia mi cabaña antes de que regresaran los atacantes.

Durante tres días lo alimenté con leche de cabra. Lo llamé Callum, aunque pronto descubrí que aquel era realmente su nombre.

Las noticias llegaron a Oak Haven: unos rebeldes habían atacado una caravana real y secuestrado al único hijo del rey Alistair. Su esposa había muerto el año anterior y el pequeño Callum era el único heredero de la Corona de Obsidiana.

Quise entregarlo, pero una omega encontrada con el niño desaparecido sería acusada antes de poder explicar la verdad.

En la cuarta mañana, un cuerno de guerra estremeció la aldea.

El rey había llegado.

Oculté a Callum bajo una manta y salí hacia la plaza. Todos los lobos estaban arrodillados cuando Alistair apareció sobre un enorme caballo negro. Vestía pieles oscuras y una armadura de plata. Su aura era tan poderosa que resultaba difícil respirar.

Comenzó a caminar entre nosotros, siguiendo el aroma de su propia sangre.

Cuando se acercó, la marca bajo mis vendajes comenzó a arder.

Callum soltó un gemido.

El rey se detuvo y me miró.

—Acércate, omega.

Bram intentó intervenir, llamándome ladrona, pero Alistair lo silenció con un rugido. Después sujetó mi muñeca y arrancó las vendas.

La plaza entera contuvo el aliento al ver el sello real.

El rey me observó, atónito. Luego descubrió la cara del bebé oculto en mi espalda.

—Callum —murmuró con la voz quebrada.

Le entregué a su hijo, esperando ser castigada. Alistair lo estrechó contra su pecho con una ternura inesperada.

Bram cayó de rodillas.

—Majestad, esa omega debió robarlo. Permítame ejecutarla por ocultar al heredero.

El rey levantó lentamente la cabeza.

La emoción desapareció de su rostro y fue sustituida por una furia capaz de congelar la sangre.

—¿Ejecutar a la mujer que lleva el sello de mi corona? —gruñó—. Acabas de pedir la muerte de tu futura reina.

Y antes de que Bram pudiera suplicar, Alistair lo sujetó por el cuello.

PARTE 2

Bram quedó suspendido sobre la nieve, forcejeando inútilmente contra la mano del rey.

—La diosa no comete errores —declaró Alistair—. Rowena mantuvo vivo a mi hijo mientras tú permanecías sentado frente a tu chimenea, ignorando la sangre derramada en tus tierras.

Con una sola orden lo despojó de su rango y lo expulsó de los territorios del norte. Después volvió hacia mí.

Yo seguía temblando, incapaz de comprender lo ocurrido.

—¿Cómo te llamas?

—Rowena, majestad.

Alistair levantó suavemente mi rostro. Una corriente cálida recorrió mi cuerpo cuando sus dedos tocaron mi piel.

—Cuando Callum te eligió, la magia de mis antepasados reconoció tu valor. Ya no perteneces a Silverpine. Vendrás conmigo al Castillo Valerius.

—No sé cómo ser reina —confesé—. Solo soy una sirvienta. Su corte me destruirá.

Una sonrisa peligrosa apareció en sus labios.

—Que lo intenten.

Viajamos hacia la capital en una caravana protegida por la guardia real. Callum se negaba a dormir en brazos de otra persona, de modo que permaneció junto a mí durante todo el trayecto.

Alistair me explicó que sospechaba de la duquesa Camila, gobernante de los territorios del sur. Llevaba años intentando casar a su hija con él y controlar la sucesión. La emboscada había ocurrido poco después de que el rey rechazara definitivamente aquella alianza.

—La corte es un nido de víboras —me advirtió—. No te alejes de mí.

Miré al niño dormido sobre mi pecho.

—Sobreviví al bosque y a Bram. También sobreviviré a sus nobles.

Alistair me observó con una mezcla de sorpresa y admiración.

—No lo dudo, mi reina.

El Castillo Valerius se alzaba sobre un acantilado, construido con piedra negra. Cuando entré en su gran salón, cientos de cortesanos me miraron con desprecio.

La duquesa Camila esperaba frente al trono. Era una mujer elegante, de cabello plateado y ojos tan fríos como los de una serpiente.

—Qué alivio que el príncipe siga vivo —dijo—. Veo que también trajiste una nueva niñera.

Alistair tomó mi mano y levantó la muñeca para mostrar la marca.

—Ella no es una niñera. Es Rowena Lancaster, mi compañera destinada y la próxima reina. Quien la ofenda responderá ante mi espada.

La sonrisa de Camila se tensó.

Durante las semanas siguientes, los ataques comenzaron a parecer accidentes. Encontré veneno en una copa de vino. Alguien manipuló la silla de montar de mi caballo. Varias doncellas se negaron a obedecerme y después afirmaron haber recibido órdenes de la duquesa.

Alistair interrogaba a los prisioneros capturados tras la emboscada, pero todavía no tenía pruebas suficientes para acusarla.

Camila decidió actuar antes de que pudiera encontrarlas.

Durante la noche del solsticio, yo estaba sola en la habitación de Callum cuando las puertas se cerraron con llave. El fuego se apagó y tres hombres enmascarados aparecieron con dagas cubiertas de veneno.

Camila entró detrás de ellos.

—Habría preferido matarte únicamente a ti —dijo—. Pero el niño también debe morir para que mi familia herede la Corona.

Deposité a Callum dentro de su cuna reforzada y me interpuse entre él y los asesinos.

La omega asustada que había vivido en Oak Haven todavía existía dentro de mí, pero ya no controlaba mis decisiones.

—Da otro paso y no saldrás viva de esta habitación.

Camila rio.

—Mátalos.

El primer hombre atacó mi garganta. Esquivé su daga y la marca de mi muñeca se encendió. Una fuerza desconocida inundó mis músculos. Lo golpeé y cayó antes de poder levantarse.

Tomé un candelabro de bronce y desarmé al segundo. El tercero logró cortarme el brazo, pero lo empujé contra la chimenea.

Camila sacó un estilete de la manga y corrió hacia la cuna.

Me lancé delante de ella.

La hoja se hundió en mi hombro. El dolor me nubló la vista, pero conseguí sujetarla por el cuello. Mis uñas se transformaron en garras.

—Nunca volverás a tocar a mi hijo.

Las puertas salieron despedidas de sus goznes.

Alistair apareció con los ojos completamente oscurecidos por su lobo. El capitán de la guardia y una docena de soldados entraron detrás de él y redujeron a los atacantes.

—Lleven a Camila a las mazmorras —ordenó el rey—. Será juzgada al amanecer.

Los guardias encontraron documentos en sus habitaciones que demostraban que había contratado a los rebeldes, organizado la emboscada y pagado a varios sirvientes para asesinarme.

Camila perdió sus títulos y fue condenada por traición. Sus cómplices fueron arrestados y los territorios del sur quedaron bajo el control de la Corona.

Alistair corrió hacia mí y cayó de rodillas. Aunque Callum estaba ileso, yo sangraba sobre la alfombra.

—Debí protegerte mejor —dijo mientras me estrechaba entre sus brazos.

—Llegaste a tiempo.

—No quiero volver a verte luchar sola.

—Entonces no me encierres detrás de tus guardias. Enséñame a luchar a tu lado.

Alistair guardó silencio durante un instante y luego sonrió.

—Esa es una petición digna de una reina.

Me recuperé y comencé a estudiar las leyes, la historia del reino y el manejo de armas. No intenté ocultar que había sido una omega. Al contrario, utilicé esa experiencia para cambiar las normas que permitían a líderes como Bram tratar a los lobos de menor rango como propiedades.

Meses después, durante mi coronación, me arrodillé frente al trono con Callum en brazos. Alistair colocó la corona sobre mi cabeza y después, rompiendo siglos de protocolo, se arrodilló delante de mí.

—Tú salvaste a mi hijo y preservaste mi reino —dijo—. Pero jamás te pediré que me pertenezcas. Quiero que me elijas libremente.

Miré al temido rey que había recorrido medio territorio buscando a su bebé. Ya no vi al guerrero despiadado del que hablaban las leyendas. Vi a un padre que había estado a punto de perderlo todo y a un hombre dispuesto a reconocer como igual a alguien que el mundo consideraba insignificante.

—Te elijo —respondí.

Alistair besó la marca de mi muñeca y el sello brilló con una luz dorada.

Los nobles inclinaron la cabeza.

Callum comenzó a reír entre nosotros, como si comprendiera que aquel reino había cambiado gracias a su pequeña mano.

Yo había entrado en el bosque como una omega destinada a morir de frío.

Salí de él cargando al heredero, marcada por la Corona y unida al alfa más temido del norte.

Pero no fue la magia la que me convirtió en reina.

Fue haber protegido una vida cuando nadie estaba mirando.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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