Un omega salvaje se negó a comer hasta que su beta encarcelado fuera alimentado primero; el rey alfa liberó a todos los prisioneros.

Un omega salvaje se negó a comer hasta que su beta encarcelado fuera alimentado primero; el rey alfa liberó a todos los prisioneros.

Parte 1

Durante tres años aprendí una verdad que casi me destruyó: cuando todos te repiten que no vales nada, llega un momento en que empiezas a creerlo.

Mi nombre es Sarah Vain. Durante mucho tiempo pensé que era una simple Omega sin importancia, una persona que el mundo podía olvidar sin que nadie notara su ausencia.

Vivía en el sótano del territorio Ashfall, encerrada entre paredes de piedra húmeda, con una pequeña celda como único hogar. El agua que me daban tenía sabor a metal y la comida apenas alcanzaba para mantenerme en pie. Pero yo podía soportarlo. Había aprendido a soportar casi todo.

Lo único que no podía soportar era ver sufrir a Marin.

Ella no era mi hermana de sangre, pero era la única persona que me había tratado como si yo importara. Cuando los demás me ignoraban, ella compartía conmigo lo poco que tenía. Cuando los guardias me castigaban, ella era quien intentaba ayudarme aunque sabía que podía recibir el mismo castigo.

Ahora estaba en la celda junto a la mía, demasiado débil para levantarse. Su respiración era lenta y cada vez más preocupante.

—Tienes que comer —le dije en voz baja.

Pero ella negó con la cabeza.

—Tú también necesitas hacerlo, Sarah.

Sonreí ligeramente porque ambas sabíamos la verdad. Ninguna quería aceptar la comida si la otra no podía tenerla.

Arriba, en el territorio, algo estaba ocurriendo. Escuché pasos. Muchos pasos. No eran los sonidos de los guardias de Ashfall. Aquellos hombres caminaban con arrogancia, disfrutando del miedo que provocaban.

Estos pasos eran diferentes.

Eran firmes. Controlados.

Alguien importante había llegado.

Me escondí en la esquina de mi celda mientras las voces se acercaban. Entonces apareció Alfa Voss, el hombre que había gobernado Ashfall durante años con crueldad y miedo.

Pero no estaba solo.

Detrás de él apareció un hombre que hizo que todo el lugar pareciera más pequeño.

Era alto, fuerte y tenía una presencia imposible de ignorar. No llevaba las ropas ceremoniales de los líderes que querían demostrar poder. Vestía sencillo, como alguien que no necesitaba demostrar quién era.

Sus ojos fueron lo primero que vi.

Eran dorados, como ámbar bajo la luz del fuego.

El Rey Alfa Kalin.

Había escuchado historias sobre él. Decían que controlaba varios territorios y que su nombre era suficiente para cambiar el destino de muchas personas.

Pero nunca imaginé que sus ojos terminarían encontrándome a mí.

Su mirada pasó por las celdas vacías, por las cadenas oxidadas y finalmente se detuvo en Marin.

El silencio cambió.

Kalin observó su estado, su rostro lastimado, su cuerpo débil.

—¿Qué es esto? —preguntó.

Voss intentó explicar que era una simple corrección, un castigo necesario.

Pero por primera vez en mucho tiempo vi algo diferente.

Vi miedo en el rostro de Voss.

Entonces no pude quedarme callada.

Con la garganta seca y casi sin fuerzas, hablé:

—Ella no ha comido en días.

Todos me miraron.

El Rey Alfa giró lentamente hacia mí.

No sé explicar lo que ocurrió en ese instante. Sentí algo dentro de mí despertar, algo que creía perdido para siempre.

Kalin se acercó a los barrotes.

—¿Quién te hizo esto?

No respondí.

Había pasado demasiado tiempo aprendiendo a guardar silencio.

Pero entonces miró mis heridas, mis marcas y mi debilidad, y su expresión cambió.

No era compasión.

Era una decisión.

Una promesa silenciosa.

Y cuando extendió la mano hacia los barrotes y dijo:

—Abran las celdas.

Su voz hizo que todos obedecieran.

Porque por primera vez en tres años, alguien con poder estaba usando su fuerza para salvarme.

Pero todavía no sabía que aquella noche no solo cambiaría mi destino.

También revelaría quién era realmente.

Parte 2

La puerta de mi celda se abrió lentamente.

Durante unos segundos no pude moverme.

Mi cuerpo estaba acostumbrado a esperar dolor cada vez que alguien se acercaba. No ayuda. No protección. Dolor.

Pero Kalin no hizo nada de eso.

Entró en la celda con cuidado y me miró como si yo fuera una persona, no un objeto olvidado.

Me sostuvo antes de que mis piernas fallaran.

Sentí su calor y algo extraño ocurrió.

Después de tantos años sobreviviendo sola, por primera vez permití que alguien cargara con mi peso.

Primero atendieron a Marin.

El médico confirmó lo que yo ya sabía: estaba muy débil, deshidratada y necesitaba cuidados inmediatos.

Mientras la trasladaban, yo solo podía pensar en una cosa.

Que estuviera viva.

Que estuviera a salvo.

Kalin observó esa preocupación en mis ojos.

—Incluso ahora piensas primero en ella —dijo.

No respondí.

No sabía qué decir.

Porque para mí no era algo especial. Marin había sido mi familia cuando nadie más quiso serlo.

Después me examinaron a mí.

Y cada palabra del médico parecía romper una parte del mundo que yo conocía.

Mis heridas no eran nuevas.

Mi cuerpo llevaba años cargando las consecuencias de lo que había vivido.

Pero la revelación más extraña llegó cuando revisaron mi conexión con mi lobo.

—No está desaparecido —dijo el médico—. Está bloqueado.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

Durante años había creído que era diferente porque no tenía un lobo. Que era débil. Que no tenía ningún valor.

Pero Kalin me miró con una seriedad que nunca había visto.

—Sarah, Voss no te mantuvo aquí porque fueras inútil.

Hizo una pausa.

—Te mantuvo aquí porque eras demasiado importante.

No quería creerlo.

Era más fácil pensar que mi vida había sido una cadena de desgracias sin sentido.

Aceptar que todo había sido planeado era mucho más doloroso.

Entonces dijo algo que cambió todo.

—¿Tu madre se llamaba Lyra?

Mi corazón se detuvo.

Ese nombre pertenecía a una parte de mi pasado que casi había olvidado.

—¿Cómo sabes el nombre de mi madre?

Kalin se acercó lentamente.

—Porque llevo siete años buscando a la última descendiente del linaje Moon Veil.

Sentí que el mundo desaparecía alrededor de mí.

Según él, mi familia no había desaparecido completamente.

Yo era la pieza que faltaba.

La persona que todos creían perdida.

Pero no entendía cómo podía ser posible.

Yo era Sarah.

La chica que limpiaba pisos.

La chica que recibía sobras.

La chica que todos ignoraban.

¿Cómo podía ser alguien importante?

Kalin explicó que mi sangre tenía una habilidad antigua. No era una fuerza para destruir, sino para sanar, conectar y equilibrar.

Por eso Voss había mantenido mi identidad oculta.

Por eso había permitido que todos me vieran como alguien sin valor.

Porque si yo descubría quién era, podía cambiar muchas cosas.

Esa noche recibí comida por primera vez en mucho tiempo.

Pero esperé.

Miré a Marin.

Ella debía comer primero.

Kalin me observó en silencio mientras yo sostenía el plato entre mis manos.

—¿Por qué haces eso? —preguntó.

—Porque alguien lo hizo por mí cuando nadie más lo hizo.

Por primera vez vi algo parecido a una sonrisa en sus ojos.

Pero la tranquilidad duró poco.

Cuando salió de la tienda, escuché su voz hablando con sus hombres.

Hablaban de Voss.

Hablaban de pruebas.

De años de engaños.

De todo lo que había ocurrido en Ashfall.

Y entonces entendí algo.

Mi historia no había terminado cuando fui rescatada.

Apenas estaba comenzando.

Porque ahora debía enfrentar la verdad sobre mi pasado.

Y el hombre que había destruido mi vida todavía seguía esperando dentro de aquel territorio.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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