Un extraño apareció bajo la lluvia con una carta que decía que ella había sido elegida… y su vida cambió para siempre
Un extraño apareció bajo la lluvia con una carta que decía que ella había sido elegida… y su vida cambió para siempre

PARTE 1
Una noche lluviosa recibió una carta que decía que había sido elegida… y descubrió que el rey vampiro la estaba esperando
Nunca imaginé que una simple palabra pudiera cambiar mi vida para siempre.
“Elegida”.
Cuando la escuché por primera vez, no sonó como un privilegio.
Sonó como una condena.
Aquella noche llovía con tanta fuerza que las calles parecían desaparecer bajo el agua.
Yo caminaba de regreso a casa después de mi turno en el restaurante, con los zapatos mojados, el cabello pegado al rostro y una bolsa vieja donde guardaba todo lo que me quedaba.
Mi nombre es Aera Voss.
Y en ese momento de mi vida, mi único objetivo era sobrevivir.
No buscaba aventuras.
No quería secretos.
Solo quería pagar la renta y cuidar de la única persona que todavía dependía de mí: mi hermano menor, Rowan.
Había aprendido a ignorar las cosas extrañas.
Cuando alguien miraba demasiado.
Cuando una persona preguntaba demasiado sobre mi pasado.
Cuando sentía que alguien me seguía.
Era una habilidad que desarrollas cuando llevas años intentando pasar desapercibida.
Pero esa noche fue diferente.
Un automóvil negro avanzó lentamente junto a la banqueta.
No hizo ruido.
No levantó agua.
Simplemente apareció a mi lado como si hubiera estado esperando encontrarme.
Intenté no mirar.
Seguí caminando.
Pero sentí algo extraño.
La sensación de que alguien dentro del vehículo ya sabía quién era yo.
Entonces la puerta trasera se abrió.
Un hombre salió.
Era alto.
Vestía un abrigo elegante que parecía costar más que todo lo que yo tenía.
No parecía alguien que perteneciera a esa calle.
Se acercó lentamente.
—¿Señorita Voss?
Me detuve.
Escuchar mi apellido en la boca de un desconocido hizo que mi cuerpo se pusiera alerta.
—¿Cómo sabe mi nombre?
El hombre no respondió de inmediato.
Metió la mano dentro de su abrigo.
Durante unos segundos pensé lo peor.
Pero no sacó nada peligroso.
Sacó un sobre.
Era grueso.
De papel antiguo.
Tenía un sello oscuro que parecía una marca de una familia poderosa.
—Ha sido seleccionada.
No pude evitar soltar una pequeña risa nerviosa.
Sonaba absurdo.
Como una historia inventada.
—¿Seleccionada para qué?
El hombre mantuvo la misma expresión.
—Debe venir con nosotros.
Sentí que el frío de la lluvia desaparecía comparado con el miedo que empezaba a crecer dentro de mí.
Pensé en todas las historias de personas que desaparecían.
Pensé en mi madre.
En cómo un día se fue y dejó más preguntas que respuestas.
Pensé en Rowan durmiendo solo en nuestro pequeño departamento.
—¿Y si digo que no?
Por primera vez algo cambió en el rostro del hombre.
No fue enojo.
Fue una advertencia.
—No puede hacerlo.
La puerta del automóvil seguía abierta.
Y entonces escuché una voz desde el interior.
Una voz tranquila.
Profunda.
Una voz que no necesitaba levantar la fuerza para hacerse obedecer.
—Tráela.
Solo esas palabras.
Pero hicieron que un escalofrío recorriera mi espalda.
El hombre se apartó.
Y finalmente pude verlo.
El dueño de aquella voz.
Lucian Draven.
No salió del vehículo.
No lo necesitaba.
Su presencia llenaba el espacio.
Tenía el cabello negro, una expresión fría y unos ojos de un tono oscuro imposible de ignorar.
No parecían completamente humanos.
Había algo extraño en ellos.
Algo antiguo.
Algo peligroso.
Me miró como si no fuera una desconocida.
Como si hubiera esperado este momento durante mucho tiempo.
—Estás temblando —dijo.
No quería admitirlo.
Pero era verdad.
—¿Quién eres?
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
No era amable.
Era como si guardara un secreto.
—Alguien que estaba destinado a encontrarte.
El hombre me entregó el sobre.
Mis dedos rozaron el sello y sentí un pequeño dolor.
Como si el papel hubiera reaccionado conmigo.
Lucian lo notó.
Su mirada cambió.
—Ábrelo.
No quería hacerlo.
Todo dentro de mí decía que no.
Pero mis manos terminaron abriéndolo.
Dentro había una carta escrita con tinta negra.
Leí las primeras líneas.
Y sentí que el mundo dejaba de tener sentido.
Según aquella carta, mi sangre había sido marcada durante generaciones.
Y yo había sido elegida como la ofrenda para el rey Lucian Draven antes del eclipse de invierno.
Mi respiración se cortó.
No era posible.
Era una locura.
Pero entonces vi una frase que hizo desaparecer toda duda.
Mencionaban a Rowan.
Sabían de mi hermano.
Levanté la mirada con rabia.
—¿Cómo saben de él?
Lucian no apartó los ojos de mí.
—Sé todo sobre ti, Aera.
La forma en que dijo mi nombre me hizo sentir algo extraño.
Como si ya me conociera.
Como si yo hubiera sido parte de su historia antes de conocerlo.
—No puedes simplemente llevarte personas.
Su expresión permaneció tranquila.
—Puedo hacerlo.
Esa respuesta debería haberme hecho huir.
Pero lo peor fue que entendí algo.
Si ese hombre realmente era capaz de hacer lo que decía…
entonces escapar no sería fácil.
Subí al automóvil.
No porque confiara en él.
Sino porque Rowan necesitaba que regresara viva.
El vehículo comenzó a moverse.
La ciudad quedó atrás.
Las luces desaparecieron.
Y después de un largo camino entre árboles y oscuridad, vi unas enormes puertas de hierro.
Detrás de ellas estaba una construcción que no parecía una casa.
Parecía un castillo.
Lucian miró hacia mí.
—Bienvenida a mi hogar.
Las puertas se abrieron lentamente.
Y mientras entrábamos, comprendí que mi vida anterior había terminado en aquella calle bajo la lluvia.
Porque al cruzar esas puertas…
ya no estaba entrando en una mansión.
Estaba entrando en el mundo del rey vampiro.
PARTE 2
El interior del castillo era mucho más extraño de lo que imaginaba.
No era un lugar abandonado.
Era demasiado perfecto.
Los empleados esperaban en silencio.
Las luces iluminaban los pasillos de piedra.
Todo parecía preparado para mi llegada.
Eso fue lo que más miedo me dio.
No parecía una improvisación.
Parecía que me habían estado esperando.
Lucian caminaba delante de mí sin decir nada.
Hasta que finalmente pregunté:
—¿Por qué yo?
Se detuvo.
Durante unos segundos pensé que no respondería.
Pero entonces dijo:
—Porque hay cosas sobre ti que todavía desconoces.
No me gustó esa respuesta.
Pero antes de insistir, algo llamó mi atención.
Un grupo de personas estaba esperando.
No eran adultos.
Eran tres niños.
Los hijos de Lucian.
Rowan, Leela y Silas.
Tenían una apariencia tranquila, pero había tristeza en sus ojos.
Como niños que habían aprendido demasiado pronto a no confiar en nadie.
La pequeña Leela me miró con curiosidad.
—¿Te vas a ir también?
Esa pregunta me dolió.
Porque entendí que alguien ya los había abandonado antes.
Me agaché para hablar con ellos.
—No pienso irme.
Aunque todavía no sabía si podría cumplir esa promesa.
Durante esa noche descubrí que el castillo tenía reglas extrañas.
No salir después del anochecer.
No entrar al ala prohibida.
No preguntar sobre la familia.
Pero había algo que nadie me explicó.
Por qué todos parecían tener miedo.
Más tarde, los niños me llevaron a una pequeña habitación donde se escondían cuando algo ocurría.
—¿De qué se esconden?
Rowan bajó la mirada.
—Cuando él cambia.
No entendí.
Hasta que Silas habló.
—Cuando tiene hambre.
Sentí un escalofrío.
Antes de poder preguntar más, las luces comenzaron a apagarse.
Una por una.
La temperatura cambió.
Los niños dejaron de hablar.
Y entendí que aquello no era imaginación.
Algo había llegado.
Nos escondimos detrás de una pequeña puerta.
Desde una abertura vi una figura aparecer en el pasillo.
Parecía un hombre.
Pero algo estaba mal.
Era demasiado pálido.
Sus ojos tenían un brillo rojizo.
Y cuando miró hacia donde estábamos escondidos, sonrió.
—Así que ella es la nueva.
No sabía quién era.
Pero sabía que no debía estar allí.
Entonces escuché pasos detrás de él.
Lucian apareció.
Pero ya no era el mismo hombre que había conocido.
Sus ojos habían cambiado.
Ahora tenían un brillo dorado.
—Cashin.
El extraño sonrió.
—Finalmente la trajiste.
Lucian se colocó entre nosotros.
—Vete.
Pero Cashin no parecía preocupado.
Miró hacia mí.
—Ella todavía no sabe por qué está aquí.
Sentí que mi corazón se aceleraba.
Lucian no respondió.
Y ese silencio confirmó mis sospechas.
—No me contrataste como acompañante de tus hijos —dije.
Lucian me miró.
Por primera vez parecía vulnerable.
Cashin sonrió.
—Ella no sabe nada.
Entonces reveló la verdad.
Yo no estaba allí por casualidad.
No me habían elegido por mi personalidad.
Ni por mis habilidades.
Mi sangre era la razón.
Había una antigua maldición sobre la familia de Lucian.
Y yo era la única persona capaz de cambiar su destino.
Lucian intentó detenerlo.
Pero era demasiado tarde.
Ahora yo sabía que mi vida entera había estado conectada con ese mundo.
La marca que llevaba desde niña.
Los secretos de mi madre.
La razón por la que siempre había sentido que algo era diferente en mí.
Todo tenía una explicación.
Lucian se acercó lentamente.
—Aera…
Por primera vez escuché miedo en su voz.
No miedo por él.
Miedo por mí.
Entonces las luces se apagaron completamente.
Desde la oscuridad llegó una nueva voz.
Una voz que no pertenecía a Lucian.
Una voz que parecía haber estado esperando durante años.
—Lucian…
El aire se volvió pesado.
Y la voz susurró:
—Me trajiste de vuelta lo que me pertenece.
Lucian tomó mi mano.
Y en ese momento entendí la verdad más aterradora.
El rey vampiro no era el único que me estaba buscando.