«¡Tú no tienes hogar y yo no tengo madre!», le susurró la hija del Rey Vampiro al ser solitario.

«¡Tú no tienes hogar y yo no tengo madre!», le susurró la hija del Rey Vampiro al ser solitario.

PARTE 1

Nunca imaginé que una niña de apenas cinco años cambiaría el destino de dos reinos condenados a odiarse durante siglos.

Había perdido todo lo que tenía. Mi pequeña casa en el bosque, mi trabajo como sanadora, mi familia y hasta mi nombre. Para el pueblo donde vivía, ya no era una mujer que curaba heridas… era una traidora.

Todo comenzó cuando una noche de tormenta encontré a un extraño moribundo frente a mi puerta. Su cuerpo estaba cubierto de heridas imposibles de explicar y sus ojos brillaban con un color rojo que no pertenecía a ningún humano.

Sabía lo que era.

Un vampiro.

También sabía lo que ocurriría si alguien descubría que lo estaba ayudando. Pero en ese momento no vi a un monstruo. Vi a alguien agonizando.

Mis manos actuaron antes que mi miedo.

Lo escondí, limpié sus heridas y luché por mantenerlo con vida. Él me advirtió una y otra vez que debía alejarme.

—No sabes lo que estás haciendo —susurró mientras apenas podía respirar—. Ellos vendrán por mí.

Pero yo solo respondí:

—Entonces tendremos que esconderte hasta que estés mejor.

No sabía que aquella decisión destruiría mi antigua vida.

Los cazadores llegaron al amanecer. Entraron en mi casa con antorchas, espadas y odio en los ojos. Me acusaron de proteger a una criatura maldita. Intenté explicarles que solo había salvado una vida, pero nadie quiso escuchar.

El extraño había desaparecido.

Solo quedaron las vendas ensangrentadas y mi condena.

El pueblo me expulsó bajo la nieve, llamándome bruja y traidora. Perdí mis herramientas, mis libros de medicina y todo lo que mi abuela me había dejado.

Durante semanas sobreviví sola, caminando sin rumbo hasta llegar a una vieja estación abandonada en las montañas. Pensé que allí nadie me encontraría.

Me equivoqué.

Una tarde, mientras la nieve cubría el suelo y el frío atravesaba mi ropa, escuché unos pequeños pasos acercándose.

Me giré y vi a una niña.

Llevaba un vestido rojo bajo un elegante abrigo negro. Su rostro era demasiado pálido y sus ojos grises parecían guardar más tristeza de la que una niña debería conocer.

Detrás de ella aparecieron tres figuras: un guerrero con armadura oscura, una mujer vestida con pieles negras y otro hombre cuyos ojos brillaban en la oscuridad.

La niña me observó durante varios segundos.

Luego dijo algo que hizo que mi corazón se detuviera.

—Tú no tienes un hogar… y yo no tengo una madre. Somos iguales.

No supe qué responder.

Aquella pequeña criatura, que parecía pertenecer a un mundo completamente diferente al mío, había visto mi dolor sin que yo dijera una sola palabra.

Después extendió una bolsa de papel caliente hacia mí.

—Toma. Necesitas comer.

Antes de que pudiera agradecerle, el hombre de la armadura se acercó rápidamente.

—Selene, ¿qué te dije sobre salir del castillo?

Entonces entendí quién era ella.

La hija del rey vampiro.

El guerrero intentó llevársela, pero la niña apretó la bolsa contra su pecho.

—Ella está sola igual que yo.

Sus palabras rompieron algo en el silencio.

—Mi madre murió… mi padre se encerró en la torre… y todos fingen que no duele.

El guerrero quedó inmóvil.

Yo también.

Porque por primera vez entendí que aquella niña no era peligrosa. Era una niña perdida.

El tren llegó entre la niebla y la obligaron a marcharse. Selene lloró detrás de la ventana mientras yo permanecía sola en el andén, sosteniendo el pequeño regalo que me había dado.

Pero no sabía que aquella niña no me había encontrado por casualidad.

Días después desperté en una habitación desconocida dentro de una enorme fortaleza. Había ropa limpia junto a mi cama, botas nuevas y una nota sencilla.

Alguien me había llevado allí.

Cuando la puerta se abrió, el mismo guerrero apareció.

—El rey quiere verte.

Caminé por los pasillos del castillo sin saber que estaba entrando en el lugar más peligroso del mundo.

Cuando las enormes puertas del salón del trono se abrieron, lo vi.

El rey vampiro.

Y entonces comprendí la verdad que me dejó sin aliento.

El hombre al que había salvado aquella noche en mi casa…

era el mismo hombre que ahora estaba sentado frente a mí.

El rey me miró con una mezcla de dolor y reconocimiento.

—Tú otra vez…

Y su siguiente pregunta cambiaría mi vida para siempre.

PARTE 2

—¿Entiendes lo que has hecho? —preguntó el rey con una voz fría que llenó toda la sala.

No sabía si estaba agradecido o si quería castigarme.

Me dijo que su hija no había hablado durante días después de la muerte de su madre. Que había rechazado la comida, la compañía y cualquier intento de consuelo.

Pero después de verme en aquella estación, algo había cambiado.

—Ella te escuchó —dijo el rey—. ¿Por qué?

Bajé la mirada.

—No hice nada especial. Solo hablé con ella.

Los nobles presentes intercambiaron miradas de incredulidad.

Para ellos era imposible que una humana pudiera tocar el corazón de una criatura de la realeza vampírica.

Pero Selene apareció antes de que alguien pudiera continuar.

Corrió hacia mí y me abrazó con todas sus fuerzas.

—No le hagan daño —suplicó—. Ella es la única persona que me ve como soy.

El salón entero quedó en silencio.

Incluso el rey, un hombre que había gobernado durante siglos sin mostrar emociones, parecía destruido por esas palabras.

Finalmente tomó una decisión.

—Te quedarás en la fortaleza.

Aquella orden sorprendió a todos.

Me convertiría en la acompañante de la heredera vampira. Tendría protección, comida y un lugar donde dormir.

Pero también estaría vigilada.

Muchos en el castillo no aceptaron mi presencia.

Para ellos yo era una humana insignificante que había entrado en un mundo donde no pertenecía.

Escuché sus susurros en los pasillos.

“La humana está debilitando al reino.”

“Está usando magia para controlar a la princesa.”

Pero yo sabía la verdad.

Selene no necesitaba magia.

Necesitaba amor.

Cada día me sentaba junto a ella, le contaba historias de mi antigua vida y preparaba infusiones con las pocas hierbas que me habían quedado.

Poco a poco volvió a sonreír.

Volvió a hablar.

Volvió a vivir.

Pero mientras Selene recuperaba la alegría, un misterio comenzó a perseguirme.

Una noche encontré un antiguo retrato en una galería olvidada del castillo.

Era la reina fallecida.

La madre de Selene.

Me quedé sin respirar al verla.

Sus ojos eran exactamente iguales a los míos.

No era una simple coincidencia.

Había algo que mi pasado escondía.

Poco después, Selene me llevó a una habitación prohibida que había pertenecido a su madre. Durante años nadie había entrado allí.

Cuando crucé la puerta, una luz dorada explotó frente a mis ojos.

Vi recuerdos que no eran míos.

Vi al vampiro herido entrando en mi antigua casa.

Vi a la reina salvándome.

Vi cómo murió protegiéndonos.

Y entonces descubrí la verdad más aterradora.

Yo no era solamente una sanadora humana.

La sangre de la reina corría por mis venas.

Poseía un poder antiguo que había estado dormido durante generaciones.

Cuando regresé al presente, el rey apareció furioso.

Pero al verme comprendió algo que nunca había querido aceptar.

Su esposa no había desaparecido sin dejar nada atrás.

Había dejado una última esperanza.

El problema era que ahora todos los enemigos del reino sabrían que yo existía.

Y cuando los nobles descubrieran quién era realmente…

la guerra entre humanos y vampiros ya no podría detenerse.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward