Tras una noche con su hermana, el Rey Alfa regresó, pero el Rey Licántropo se llevó a su Luna y a sus gemelos.
Tras una noche con su hermana, el Rey Alfa regresó, pero el Rey Licántropo se llevó a su Luna y a sus gemelos.

PARTE 1
Nunca imaginé que la persona que más protegería mi corazón sería la misma que intentaría destruir mi vida.
Durante años fui conocida como Evelyn Hawthorne, la Luna de Storm Haven, esposa del Rey Alfa Cassian y madre de los gemelos Rowan e Ivy. Muchos pensaban que mi mayor privilegio era llevar la corona junto a él.
Pero nadie sabía cuántas veces había tenido que esconder mis heridas detrás de una sonrisa.
Aquella mañana, estaba de pie frente a la mesa de mármol del salón privado del palacio, sosteniendo entre mis dedos un pequeño pendiente de piedra lunar roto.
Pertenecía a Celeste.
A mi hermana.
El gancho de plata estaba doblado y todavía quedaba un pequeño mechón de su cabello atrapado en la joya. No necesitaba más pruebas. Mi corazón ya sabía la verdad antes de que mis ojos la aceptaran.
Cassian había estado con ella.
Mi propio esposo había traicionado nuestro vínculo con la persona que llevaba mi misma sangre.
Sobre la mesa estaba el anillo de Luna junto a una carta sellada por el consejo. El silencio del palacio parecía más frío que nunca.
Entonces la puerta se abrió.
Cassian entró acompañado de Celeste.
Él llevaba la misma ropa de la noche anterior. Su expresión intentaba ser firme, pero por un instante vi algo parecido a la vergüenza en sus ojos.
Solo duró un segundo.
Después volvió a ser el rey.
—Fue solo una noche —dijo.
Sus palabras fueron peores que cualquier golpe.
Lo miré sin poder creerlo.
—¿Sabías que era Celeste?
Cassian guardó silencio.
Ese silencio respondió por él.
Sentí el vínculo de pareja arder dentro de mi pecho como una cadena de hierro. Había imaginado ese momento cientos de veces. Había imaginado gritar, romper cosas, exigir explicaciones.
Pero no hice nada.
Simplemente dejé el pendiente sobre la mesa.
—Lo sabías —susurré.
Cassian apretó la mandíbula.
Entonces colocó una carta frente a mí.
Era una supuesta prueba con mi firma de sangre. Según aquel documento, yo había planeado huir con Rowan e Ivy hacia otro reino y desafiar la autoridad de Cassian.
Levanté la mirada después de leer unas líneas.
—Esto es falso.
Pero Cassian no respondió.
Su expresión me dijo que ya había elegido creer la mentira.
Antes de que pudiera defenderme, la puerta interior se abrió.
Celeste apareció usando la túnica negra de Cassian.
Mi propia hermana llevaba la ropa de mi esposo.
—Evelyn… yo nunca quise que esto pasara —dijo con lágrimas falsas en los ojos.
La observé retorcer el pequeño anillo que llevaba en el dedo.
Siempre hacía eso cuando mentía.
Cassian se colocó entre nosotras.
—Esto no puede hacerse público. El consejo ya está preocupado por la estabilidad del reino.
Lo miré fijamente.
No estaba preocupado por mí.
No estaba preocupado por nuestro matrimonio.
Estaba preocupado por su corona.
—Quieres que guarde silencio —dije.
—Quiero que seas razonable.
Esa frase terminó de romper algo dentro de mí.
Entonces alguien llamó a la puerta.
Un mensajero del consejo entró acompañado por guardias reales.
Dejó un documento sobre la mesa.
—Por orden del Consejo de la Corona, Evelyn Hawthorne queda suspendida como protectora de los herederos mientras se investiga una acusación de traición.
No sentí miedo.
Sentí rabia.
Hasta que escuché un pequeño sonido detrás de mí.
El juguete de madera de Rowan cayó al suelo.
Mis hijos habían escuchado todo.
Ivy estaba abrazada a su hermano, temblando.
Cassian ordenó que los llevaran a la habitación infantil.
Me puse delante de los guardias.
—No.
Su voz de Alfa llenó la habitación.
—No me obligues a usar mi autoridad contra ti.
El dolor del vínculo casi me hizo caer, pero levanté la cabeza.
—Si me ordenas entregar a mis hijos después de acostarte con mi hermana, nunca volverás a tocar mi alma.
El silencio fue absoluto.
Entonces tomé el documento del consejo.
Y vi algo que nadie más había notado.
La fecha.
La orden había sido preparada dos días antes de que Cassian entrara en la habitación de Celeste.
Antes de la supuesta evidencia.
Antes de mi acusación.
La traición no había comenzado con una infidelidad.
La infidelidad había sido una pieza de un plan mucho más grande.
Alguien necesitaba que Cassian cometiera ese error.
Alguien necesitaba que yo quedara destruida.
Me quité lentamente el anillo de Luna y lo coloqué sobre la orden del consejo.
Después tomé la daga ceremonial de Cassian.
Corté mi palma.
Mi sangre cayó sobre la piedra lunar.
El documento comenzó a brillar.
—Bajo la antigua ley del santuario de siete noches —dije—, reclamo protección para mí y para mis hijos.
La luz llenó la habitación.
Tomé la mano de Rowan y cargué a Ivy.
Cassian dijo mi nombre.
No como rey.
Como mi pareja.
Pero no me giré.
Porque por primera vez en mi vida entendí algo:
si quería salvar a mis hijos, tendría que dejar atrás todo lo que una vez llamé hogar.
PARTE 2
Salí del palacio con mis hijos mientras la luz del santuario todavía ardía detrás de nosotros.
No llevaba joyas.
No llevaba vestidos reales.
No llevaba nada que perteneciera a Cassian.
Solo llevaba a mis hijos y la voluntad de mantenerlos vivos.
En la puerta de Moongate, seis guardias bloquearon nuestro camino.
El capitán Jonas Reed nos esperaba con una orden en la mano.
—Por mandato del rey, los herederos deben permanecer en Storm Haven.
Le entregué el documento del consejo.
—Lee la tercera cláusula.
Jonas lo hizo.
Su rostro cambió.
La ley del santuario protegía a una madre y a sus hijos hasta que existiera un verdadero tribunal.
El consejo había intentado usar el miedo para quitarme mis derechos.
Jonas bajó lentamente su arma.
—No tomes el camino del norte —susurró—. Hay rastreadores siguiéndolos. Llevan plata.
Entonces comprendí que aquello ya no era una simple acusación.
Querían eliminarnos.
Entramos en el Bosque Silver Pine.
El vínculo con Cassian comenzó a desgarrarse mientras me alejaba del territorio del reino. Cada paso era como sentir una herida abierta dentro del pecho.
Pero seguí caminando.
Por Rowan.
Por Ivy.
Por mí.
Los rastreadores nos encontraron antes de llegar a la frontera.
Un ataque salió desde los árboles.
Empujé a Rowan hacia adelante y tomé mi daga.
Entonces vi una flecha de plata volando directamente hacia Ivy.
No pensé.
Solo corrí.
La flecha atravesó mi hombro.
El dolor me cegó.
Cuando cayó en la nieve, vi algo que hizo que mi sangre se congelara.
En el metal estaba grabado el símbolo de Cassian.
Su propio ejército había intentado matarnos.
Con la última fuerza que tenía, rompí la flecha y obligué a mis hijos a continuar.
Llegamos al puente abandonado de la frontera.
Los perseguidores estaban detrás.
Sabía que el puente no soportaría mucho peso.
—Uno por uno —ordené.
Rowan cruzó primero.
Ivy después.
Cuando los dos estuvieron al otro lado, los lobos alcanzaron el puente.
La madera se quebró.
Salté.
Mis dedos quedaron atrapados en el borde del barranco.
Pensé que caería.
Hasta que una pequeña mano tomó la mía.
—Te tengo, mamá.
Era Rowan.
Mi hijo me estaba salvando.
Con sus pequeñas fuerzas consiguió ayudarme a subir.
Horas después llegamos a la frontera de Ironvale.
Pero allí nos esperaba otro ejército.
Pensé que todo había terminado.
Entonces las puertas negras se abrieron.
Apareció el Rey Lykan Theren Blackidge.
Miró mi herida.
Miró a mis hijos.
Y preguntó:
—¿Cruzas esta frontera por tu propia voluntad?
Miré hacia atrás.
Hacia el reino que me había traicionado.
Después miré a mis hijos.
—Sí.
—¿Solicitas santuario para ti y para ellos?
Respiré profundamente.
—Lo solicito.
Theren colocó su sello sobre la puerta.
La antigua ley despertó.
Entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
El colgante de luna de mis hijos comenzó a brillar.
Las marcas de Rowan e Ivy aparecieron como dos lunas gemelas.
Theren cayó de rodillas.
—Estos niños no son solamente herederos de Storm Haven.
Su voz cambió.
—Son descendientes del linaje perdido de Moonbridge.
Por primera vez comprendí que mi huida no había sido una derrota.
Había sido el comienzo de algo mucho más grande.
Mientras yo descubría la verdad sobre mi sangre, en Storm Haven Cassian finalmente recibió las pruebas.
El embarazo de Celeste era falso.
Las cartas contra mí habían sido falsificadas.
Los rastreadores habían recibido órdenes usando su propio sello.
Cassian comprendió demasiado tarde que no solo había perdido mi confianza.
Había sido utilizado.
Pero cuando quiso arreglarlo, ya era demasiado tarde.
Porque mientras él descubría la verdad…
Lord Sever y Celeste preparaban un golpe contra el trono.
Y cuando las banderas negras de Ironvale aparecieron frente a las puertas de Storm Haven, yo regresé.
No como la esposa de un rey.
No como una Luna que pedía perdón.
Regresé como Evelyn Hawthorne.
La mujer que había sobrevivido a la traición.
La madre que había protegido a sus hijos.
Y la heredera de un poder que todos habían intentado enterrar.
Porque aquella vez…
no volvía para recuperar mi lugar.
Volvía para reclamar la verdad.