«Traedme a la traidora», gruñó el Rey Alfa… y se quedó paralizado cuando ella se quitó el velo.

«Traedme a la traidora», gruñó el Rey Alfa… y se quedó paralizado cuando ella se quitó el velo.

PARTE 1

Durante cinco años creí que la mujer que amaba había desaparecido en el mismo incendio que destruyó a mi familia.

Por eso, cuando mis soldados llevaron ante mí al líder de una rebelión que llevaba meses desafiándome, yo solo quería respuestas.

El prisionero tenía el rostro cubierto.

Y cuando ordené que le quitaran el velo, dejé de respirar.

Me llamo Gideon Ashdown.

En aquel tiempo gobernaba las tierras del norte desde una fortaleza de piedra conocida como Iron Hold.

Yo no siempre había sido un hombre desconfiado.

Me convertí en uno.

Cinco años antes, un incendio destruyó una parte de la fortaleza donde se encontraban mi padre y varias personas cercanas a la corona.

Mi padre no salió.

Tampoco Lysandra.

Ella había sido mi amiga desde niño.

Después se convirtió en la mujer con la que pensaba compartir mi vida.

Aquella noche encontré entre los restos un medallón que le pertenecía.

Eso fue suficiente para convencerme de que nunca volvería a verla.

Desde entonces goberné de una manera distinta.

Más fría.

Más dura.

Y confiando casi únicamente en Bastion, el comandante de mi guardia, y en Lord Rodrik, mi principal consejero.

Rodrik había ayudado a mantener el reino económicamente cuando todo parecía derrumbarse.

Sus minas de plata financiaban nuestras defensas.

Por eso nunca dudé de él.

Hasta que apareció El Tejedor.

Así llamaban al desconocido que había organizado una resistencia en Oak Haven, una región boscosa del este.

Mis patrullas desaparecían.

Los cargamentos de plata eran interceptados.

Varias bases militares habían sido abandonadas después de ataques perfectamente planeados.

Nadie sabía quién dirigía aquello.

No dejaba rastro.

No aceptaba negociaciones.

Durante meses creí que se trataba de un comandante enemigo experimentado.

Cuando Bastion finalmente me envió un mensaje diciendo que habían capturado al Tejedor, ordené que lo llevaran directamente al gran salón.

Aquella noche toda la corte estaba presente.

Rodrik permanecía junto a mi trono.

—No seas indulgente —me dijo en voz baja—. Si perdonas a alguien así, otros intentarán hacer lo mismo.

Yo estaba de acuerdo.

Entonces se abrieron las puertas.

Cuatro guardias entraron escoltando a una figura delgada cubierta con una capa gris empapada.

Eso fue lo primero que me pareció extraño.

El famoso Tejedor no parecía el enorme guerrero que todos imaginábamos.

Llevaba cadenas pesadas en manos y pies.

También tenía el rostro completamente cubierto con una tela oscura.

Los soldados lo habían tratado con una sustancia que bloqueaba temporalmente la transformación de un lobo.

Por eso ni siquiera podía distinguir bien su olor.

Bastion se detuvo frente a mí.

—Oak Haven cayó. Esta es la persona que dirigía la resistencia.

Me levanté.

Pregunté quién le había proporcionado tanta plata.

Quién financiaba sus operaciones.

Quién dentro de mis tierras estaba ayudándolo.

No respondió.

Rodrik sonrió.

—Entonces no tiene nada que decir.

Algo en la manera en que pronunció aquellas palabras me molestó.

Pero mi enojo con el prisionero era demasiado grande para prestarle atención.

Me acerqué.

—Quiero verle la cara.

Bastion sujetó el velo.

Lo retiró.

Todo el salón quedó en silencio.

Frente a mí había una mujer.

Cabello negro.

Rostro agotado.

Una pequeña herida en la mejilla.

Pero fueron sus ojos los que hicieron desaparecer el gran salón, los soldados y hasta los cinco años que habían pasado.

Violetas.

Solo conocía a una persona con esos ojos.

Retrocedí.

Pensé que estaba viendo una ilusión.

Una memoria.

Algo creado por mi propia cabeza después de tantos años sin dormir bien.

La mujer levantó lentamente el rostro.

No parecía sorprendida de verme.

Yo sí estaba completamente paralizado.

Bastion pronunció mi nombre, preocupado.

No pude responderle.

Me acerqué un paso.

Luego otro.

La mujer que estaba encadenada frente a mí tenía el mismo rostro de la persona cuyo medallón yo había encontrado entre los restos de aquel incendio.

La misma persona por la que había guardado luto durante cinco años.

La misma mujer a la que alguna vez prometí que jamás dejaría sola.

Mis labios apenas pudieron pronunciar su nombre.

—Lysandra…

Y ella me miró como si llevara cinco años esperando exactamente ese momento.

PARTE 2

—Pensé que no ibas a reconocerme.

Su voz terminó de destruir cualquier duda.

Era ella.

Me acerqué sin saber si abrazarla o exigirle explicaciones.

—Yo vi aquel lugar después del incendio.

Lysandra bajó la mirada un instante.

—El incendio ocurrió, Gideon. Lo que te dijeron sobre él fue la mentira.

Rodrik se movió detrás de mí.

Lo noté.

También noté que Lysandra lo miró.

Fue apenas un segundo.

Pero ahí entendí que ella no había regresado únicamente para verme.

Ordené a todos guardar silencio.

—Habla.

Lysandra respiró profundamente.

Me explicó que la noche del incendio logró escapar por un corredor lateral segundos antes de que las puertas principales fueran bloqueadas.

No sabía quién había organizado todo.

Hasta que vio a varios hombres transportando barriles y cerrando los accesos desde dentro.

Uno de esos hombres trabajaba para Rodrik.

Mi consejero soltó una carcajada.

—Después de cinco años escondida, esta mujer puede inventar cualquier cosa.

Lysandra no respondió a la provocación.

Continuó hablando.

Había pasado años investigando las minas de plata del este.

Descubrió que una parte enorme de la producción jamás llegaba a mis almacenes.

Rodrik utilizaba ese metal para pagar grupos armados privados.

Luego vestía a algunos de esos hombres como soldados míos.

Ellos eran enviados a las comunidades que se negaban a trabajar para sus minas.

Yo había estado recibiendo informes donde esas comunidades aparecían como rebeldes.

Por eso enviaba más soldados.

Y Rodrik obtenía más control.

Sentí que el estómago se me cerraba.

—¿Y mis hombres que murieron en Oak Haven?

Lysandra me sostuvo la mirada.

—Algunos eran tuyos. Y lo lamento. Pero muchos de los que atacaron nuestras aldeas respondían a Rodrik, no a ti.

Rodrik comenzó a gritar que todo era mentira.

Demasiado rápido.

Demasiado desesperado.

Entonces Lysandra pidió que revisáramos el interior de su capa.

Bastion encontró una costura oculta.

Dentro había un pequeño libro protegido con cuero.

Era un registro de las minas.

Fechas.

Cantidades.

Nombres.

Pagos.

Bastion empezó a leer.

Yo conocía varias firmas.

También reconocí los nombres de nobles que durante años habían aparecido cerca de Rodrik.

La cara de mi consejero perdió todo color.

—Es falso.

—Entonces no tendrás problema con que lo revisemos —le dije.

Rodrik miró hacia los guardias que custodiaban a Lysandra.

Y ocurrió algo que terminó de confirmar mis sospechas.

No me miraron a mí.

Lo miraron a él.

Bastion también lo vio.

Se colocó inmediatamente entre ellos y Lysandra.

Rodrik entendió que todo había terminado.

Intentó salir del salón.

No llegó lejos.

Mis guardias le cerraron el paso.

No hubo una gran batalla como después inventaron algunas historias.

Hubo confusión.

Gritos.

Varios hombres que trabajaban para Rodrik intentaron resistirse, pero fueron desarmados.

En pocos minutos el gran salón volvió a quedar en silencio.

Rodrik terminó detenido.

Y por primera vez desde que aquella mujer había entrado, pude volver a mirar a Lysandra sin que alguien gritara una acusación.

Me acerqué.

Todavía llevaba las cadenas.

Ordené que las quitaran.

Mis manos temblaban.

Ella también estaba temblando.

—¿Por qué nunca regresaste? —pregunté.

Su respuesta fue mucho más dolorosa de lo que esperaba.

Porque no sabía en quién podía confiar.

Los hombres que habían organizado el incendio seguían dentro de mi propia fortaleza.

Si regresaba sin pruebas, podían hacerla desaparecer de nuevo.

Peor aún: podían convencerme de que ella era la traidora.

Así que se ocultó.

Cambió de nombre.

Construyó una red entre las comunidades perjudicadas por Rodrik.

El famoso Tejedor nunca había intentado quitarme el reino.

Estaba intentando impedir que me lo quitaran desde dentro.

Ahí llegó el segundo golpe.

Lysandra me confesó que había tenido oportunidades de hacerme llegar mensajes.

No lo hizo.

—Te habías convertido en un hombre que castigaba antes de escuchar —me dijo—. Yo no sabía si todavía quedaba algo del Gideon que conocía.

No pude defenderme.

Porque tenía razón.

El incendio no solo me había quitado a mi padre y, aparentemente, a ella.

También había cambiado la clase de hombre que yo era.

Había permitido que el miedo gobernara por mí.

Ordené investigar cada página del registro.

Las pruebas fueron suficientes.

Rodrik perdió su cargo y fue juzgado junto con quienes participaron en la conspiración.

También reabrimos la investigación del incendio.

Semanas después aparecieron testimonios que confirmaban la historia de Lysandra.

La emboscada que había destruido a mi familia no había sido un ataque extranjero.

Había comenzado dentro de nuestra propia casa.

Yo había pasado cinco años mirando hacia afuera, buscando enemigos.

El verdadero responsable había estado sentado a pocos pasos de mi trono.

Lysandra no regresó inmediatamente a mi lado.

Eso también sorprendió a todos.

No quería un título.

No quería que yo fingiera que los últimos cinco años podían borrarse con una ceremonia.

Necesitábamos conocernos otra vez.

Lo hicimos despacio.

Meses después volvimos al jardín donde, cuando éramos jóvenes, habíamos prometido permanecer juntos.

El viejo sauce seguía ahí.

Lysandra tocó una de sus ramas.

Yo le pregunté qué había pensado cuando Bastion le quitó el velo frente a toda la corte.

Sonrió.

—Que por fin ibas a tener que mirar la verdad a la cara.

Años después entendí que esa frase no se refería solamente a Rodrik.

También hablaba de mí.

Durante cinco años pensé que había perdido a Lysandra en un incendio.

La verdad era más complicada.

Ella había sobrevivido.

El que se había quedado atrapado entre las cenizas había sido yo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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