Todos vieron cómo le quitaban la corona a la Luna, sin saber que estaban destruyendo a la mujer que protegía su reino en secreto

Todos vieron cómo le quitaban la corona a la Luna, sin saber que estaban destruyendo a la mujer que protegía su reino en secreto

PARTE 1

La mañana en que le quitaron la corona frente a todo el reino, Casha Everheart entendió algo que nunca había querido aceptar: a veces las personas que dicen protegerte son las primeras en destruirte.

Ella estaba arrodillada frente al trono de Blackwood, rodeada de cientos de nobles que habían llegado para verla renovar su título como Luna. Las paredes del gran salón estaban cubiertas de flores blancas, las velas plateadas iluminaban el techo y todos esperaban una celebración.

Pero nadie estaba ahí para celebrarla.

Durante tres años, Casha había soportado los mismos rumores.

Que no era suficiente.

Que había fallado.

Que una Luna sin un heredero no tenía lugar en un reino donde el linaje era más importante que cualquier sentimiento.

Casha había intentado ignorarlo. Había tomado tratamientos dolorosos, visitado curanderos y pasado noches enteras rezando para que su cuerpo pudiera darle al reino aquello que todos esperaban.

Pero cada intento terminaba igual.

Silencio.

Decepción.

Más miradas de lástima.

La reina madre Victoria Blackwood caminó detrás de ella mientras todos observaban.

—Tres años han pasado —dijo con una voz fría que podía escucharse en todo el salón—. Tres años esperando una solución.

Casha bajó la mirada.

Sabía lo que venía.

Victoria tomó lentamente la corona plateada que descansaba sobre su cabeza.

Por un segundo, Casha pensó que solamente quería acomodarla.

Pero entonces sintió cómo el peso desaparecía.

El salón entero quedó en silencio.

La reina madre sostenía la corona entre sus manos.

—Blackwood no puede detener su futuro por una sola persona.

Casha levantó la mirada con incredulidad.

—El rey no autorizó esto.

—El rey está ocupado protegiendo el reino —respondió Victoria—. Alguien debe tomar decisiones difíciles.

Antes de que Casha pudiera responder, las enormes puertas del salón se abrieron.

Una joven entró caminando con un vestido plateado.

Lady Catherine Whitmore.

Una mujer de una familia poderosa, con sangre noble y una reputación perfecta.

La clase de persona que todos imaginaban como la Luna ideal.

Casha observó cómo los nobles inclinaban la cabeza ante ella.

Nadie protestó.

Nadie la defendió.

Ni siquiera aquellos a quienes ella había ayudado durante años.

Personas enfermas que había cuidado.

Familias a las que había protegido.

Todos evitaron mirarla.

Victoria colocó la corona sobre las manos de Catherine.

—El reino necesita una nueva esperanza.

En ese momento, algo extraño ocurrió.

Bajo el palacio, muy profundo en la tierra, una antigua energía comenzó a debilitarse.

Casha sintió un dolor repentino en el pecho.

Era una sensación que conocía demasiado bien.

El pozo lunar estaba fallando.

Pero nadie en aquel salón lo sabía.

Nadie sabía que durante tres años Casha había estado bajando en secreto bajo el palacio para mantener viva la magia que protegía todo Blackwood.

Nadie sabía que cada vez que curaba aquella energía oscura, perdía una parte de su propia fuerza.

Y mientras todos la llamaban inútil, ella era la razón por la que el reino seguía protegido.

Tres años antes, cuando Casha llegó al palacio, nunca imaginó que terminaría siendo rechazada por la misma familia que juró proteger.

Ella era hija de un humilde sanador.

No tenía una familia poderosa ni riquezas.

Solo tenía su corazón y su habilidad para curar.

Cuando el rey Keel Blackwood la eligió como compañera, muchos nobles pensaron que había cometido un error.

Pero Keel no escuchó a nadie.

La miró frente a todo el reino y dijo que ella era la mujer que había elegido.

Durante un tiempo, Casha creyó que eso sería suficiente.

Hasta que comenzaron las preguntas.

¿Cuándo llegaría el heredero?

¿Cuándo abrirían las puertas del futuro palacio infantil?

¿Cuándo demostraría que era digna?

Con cada mes que pasaba, la presión aumentaba.

Y la llegada de Catherine empeoró todo.

Ella no era cruel.

Ese era el problema.

Nunca atacó directamente a Casha.

Simplemente aparecía en cada lugar donde Casha se sentía inferior.

Sabía hablar de política.

Conocía las tradiciones reales.

Tenía el apellido que todos respetaban.

Mientras tanto, Casha solo tenía lo que siempre había tenido: su voluntad de ayudar.

Una noche escuchó una conversación que cambió todo.

La reina madre hablaba con algunos miembros del consejo.

—Keel necesita una mujer capaz de asegurar el futuro del reino.

Casha se quedó detrás de la puerta.

Durante años había pensado que el problema estaba en ella.

Pero ahora entendía que algunos ya habían decidido reemplazarla.

Cuando Keel regresaba a sus habitaciones, seguía siendo el hombre que la abrazaba y le prometía que nadie podría quitarle su lugar.

Pero cuando salía al consejo, era diferente.

Era el rey.

Y como rey, siempre pedía más tiempo.

—Confía en mí —le decía.

Casha quería hacerlo.

De verdad quería.

Hasta que llegó la mañana en que Keel tuvo que partir al norte por problemas en la frontera.

Antes de irse, tomó sus manos.

—Nadie tomará una decisión sobre ti sin mí.

Ella quiso creerle.

Pero seis días después, mientras él estaba lejos, todo cambió.

La reina madre convocó al consejo.

Un documento apareció con el sello del rey.

Un decreto que permitía quitarle su título.

Casha miró aquel sello durante largos minutos.

El mismo hombre que prometió protegerla parecía haber firmado su expulsión.

No lloró.

No suplicó.

Simplemente dejó la corona sobre el trono.

Después caminó hacia sus habitaciones, se quitó el vestido real y volvió a ponerse la ropa sencilla que usaba antes de llegar al palacio.

Cuando los guardias fueron por ella para sacarla del reino, pidió un último momento.

Sin que nadie la siguiera, bajó por un antiguo pasadizo.

Llegó hasta una cámara escondida bajo el castillo.

Ahí estaba el pozo lunar.

Pero ya no brillaba como antes.

El agua estaba oscura.

Una energía extraña recorría las piedras.

Casha colocó sus manos dentro.

El dolor fue inmediato.

Pero no se detuvo.

La luz comenzó a regresar poco a poco.

La magia del reino volvió a respirar.

Tres años.

Tres años entregando su fuerza para salvar a personas que nunca supieron la verdad.

Cuando terminó, salió del palacio con una pequeña bolsa.

Las enormes puertas se cerraron detrás de ella.

Nadie la llamó.

Nadie corrió para detenerla.

Y esa fue la última vez que Blackwood vio a su Luna como una reina.

Porque todavía no sabían que acababan de expulsar a la única persona que mantenía vivo su reino.

PARTE 2

Tres días después de la partida de Casha, los problemas comenzaron.

Primero fueron pequeños.

Los guardianes del bosque dejaron de sentir la conexión con su magia.

Después algunos guerreros comenzaron a perder sus habilidades.

Las cosechas que dependían de la energía lunar empezaron a marchitarse.

Los niños enfermaban con extrañas debilidades.

Pero Victoria se negó a aceptar la verdad.

Decía que el reino había sobrevivido antes de Casha y sobreviviría después de ella.

Mientras tanto, preparaban la ceremonia para convertir oficialmente a Catherine en la nueva Luna.

Pero cuando llegó el momento, algo imposible ocurrió.

La corona fue colocada sobre su cabeza.

Y no pasó nada.

Las luces plateadas del palacio se apagaron.

El suelo comenzó a temblar.

El pozo lunar rechazaba a Catherine.

En ese instante, las puertas del salón se abrieron.

Keel había regresado.

Entró cubierto por la ropa de batalla y observó el silencio del lugar.

Miró la corona en el suelo.

Miró a Catherine.

Luego buscó a una persona.

—¿Dónde está Casha?

Nadie respondió.

Cuando Victoria le explicó lo ocurrido, Keel tomó el documento con su supuesto sello real.

Lo leyó.

Después lo rompió frente a todos.

—Yo nunca firmé esto.

La verdad comenzó a salir.

El documento había sido falsificado.

El responsable era Marcus Whitmore, padre de Catherine, quien había manipulado al consejo para controlar el reino.

Keel entendió demasiado tarde lo que había permitido.

Había protegido a Casha en privado, pero había dejado que todos la destruyeran en público.

La encontró lejos del palacio, trabajando como sanadora en una pequeña aldea.

No tenía joyas.

No tenía título.

Pero seguía ayudando a las personas.

—Regresa conmigo —le pidió.

Casha lo miró con tristeza.

—¿Era yo tu Luna cuando todos discutían cómo reemplazarme?

Keel no tuvo respuesta.

Porque ella tenía razón.

Él la amaba.

Pero su silencio también la había lastimado.

Cuando intentó acercarse, Casha mostró sus manos.

Tenían marcas plateadas.

Keel quedó sorprendido.

Finalmente comprendió.

Ella no había estado enferma.

Ella había estado sacrificándose.

Casha regresó al palacio, pero no como una reina recuperando su puesto.

Volvió como una sanadora buscando la verdad.

Juntos bajaron al pozo lunar.

Ahí descubrieron algo peor.

La oscuridad no era natural.

Alguien la había provocado.

Encontraron rastros de una sustancia utilizada para debilitar la magia.

Después revisaron los antiguos registros médicos de Casha.

La verdad destruyó todas las mentiras.

Nunca había sido incapaz de tener hijos.

Su cuerpo había estado agotado porque durante años había entregado su propia energía para mantener protegido al reino.

Mientras todos la culpaban, ella estaba salvándolos.

Entonces Catherine apareció.

Ya no como rival.

Sino como alguien que también había sido utilizada.

Entregó pruebas contra su propio padre.

Marcus había planeado todo.

La expulsión de Casha.

La falsa enfermedad.

La ausencia de Keel.

Todo formaba parte de un plan para controlar la corona.

Pero antes de que pudieran detenerlo, Marcus escapó hacia los túneles inferiores.

Y destruyó una parte del pozo lunar.

La protección del reino comenzó a desaparecer.

Casha llegó hasta la cámara y vio cómo todo aquello que había protegido durante años estaba muriendo.

Por un momento recordó cada insulto.

Cada mirada.

Cada persona que permitió que la humillaran.

Podía dejar que el reino enfrentara las consecuencias.

Podía marcharse.

Pero entonces escuchó a un niño llorando en la superficie.

Y recordó quién era realmente.

No salvó Blackwood porque todos lo merecieran.

Lo salvó porque había personas inocentes que dependían de ella.

Se arrodilló junto al pozo lunar.

Keel se colocó detrás de ella.

Esta vez no la dejó cargar sola con todo.

Unieron sus fuerzas.

La luz de Casha y la energía del rey comenzaron a mezclarse.

Poco a poco, la oscuridad desapareció.

Las barreras del reino regresaron.

Los lobos recuperaron su conexión.

Y Marcus fue capturado.

Cuando la verdad fue revelada ante todo Blackwood, el reino entero descubrió la realidad.

La mujer que habían llamado débil era la razón por la que seguían existiendo.

Victoria cayó de rodillas frente a Casha.

No como reina.

Como una mujer que finalmente entendía el daño que había causado.

Casha aceptó escuchar su disculpa, pero dejó claro que recuperar la confianza tomaría tiempo.

Meses después, Casha volvió a portar la corona.

Pero esta vez no porque alguien creyera que era útil.

La llevaba porque ella misma había elegido regresar.

Keel también cambió.

Reconoció que amar a alguien no significa esconderlo cuando llegan los problemas.

Significa defenderlo cuando más lo necesita.

Un año después, una nueva vida llegó al reino.

Cuando descubrieron que Casha esperaba un hijo, la primera pregunta de Victoria no fue si sería niño o niña.

Fue si Casha estaba bien.

Porque finalmente habían aprendido la lección.

Durante años Blackwood creyó que necesitaba una heredera para sobrevivir.

Pero la verdad siempre estuvo frente a ellos.

El reino no sobrevivió gracias a la persona que heredaría la corona.

Sobrevivió gracias a la mujer que todos decidieron perder.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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