Todos se rieron de su vestido lleno de lodo… hasta que el Rey Alfa descubrió de quién venía aquella vieja pieza de plata.

Todos se rieron de su vestido lleno de lodo… hasta que el Rey Alfa descubrió de quién venía aquella vieja pieza de plata.

PARTE 1

La noche en que el Rey Alfa debía elegir a su futura reina, una joven llegó al gran salón cubierta de lodo de pies a cabeza.

Todos se rieron de ella.

Nadie imaginaba que llevaba escondido en el bolsillo un objeto que pertenecía a una mujer desaparecida desde hacía ocho años.

Y mucho menos que, antes de terminar la noche, el propio rey se arrodillaría frente a ella.

Scarlett había esperado aquella ceremonia durante semanas, aunque no porque creyera tener alguna posibilidad de llamar la atención del rey Derek.

Ella era una sirvienta.

Había quedado huérfana siendo muy joven y trabajaba para la poderosa familia Montgomery para pagar una antigua deuda de su madre.

Aun así, las leyes del territorio exigían que todas las mujeres solteras de cierta edad asistieran a la ceremonia.

Por eso Scarlett había reparado durante noches enteras un viejo vestido azul que había pertenecido a su madre.

No era elegante.

Pero era lo mejor que tenía.

Por primera vez en mucho tiempo, al mirarse al espejo, se había sentido bonita.

Esa sensación duró menos de una hora.

Mientras caminaba hacia el castillo bajo una lluvia helada, un carruaje pasó junto a ella.

Dentro viajaba Isabella Montgomery.

Isabella era hermosa, rica y estaba convencida de que aquella noche Derek la escogería.

El carruaje se acercó demasiado a la orilla del camino.

Una enorme salpicadura de lodo cayó sobre Scarlett.

El vestido azul quedó cubierto de manchas oscuras.

Desde la ventana llegó una carcajada.

Scarlett quiso regresar.

Pero si faltaba a la ceremonia podía recibir un castigo severo.

Así que siguió caminando.

Más adelante escuchó algo entre el viento.

Parecía una tos.

Luego un golpe de madera.

A un lado del camino encontró un pequeño carro atorado en una zanja.

Junto a él había una anciana tratando de moverlo.

Tenía la ropa empapada y temblaba tanto que apenas podía mantenerse de pie.

Varios carruajes habían pasado por ahí.

Nadie se había detenido.

Scarlett miró hacia las luces lejanas del castillo.

Si ayudaba a aquella mujer, seguramente terminaría de arruinar su vestido.

La anciana volvió a toser.

Scarlett dejó escapar un suspiro.

Bajó a la zanja.

Entre las dos intentaron mover el carro, pero una de las ruedas estaba hundida.

Scarlett tuvo que meterse directamente en el barro.

Empujó hasta que las piernas le temblaron.

Finalmente, el carro regresó al camino.

Cuando terminó, ya no quedaba prácticamente nada azul en su vestido.

La anciana la observó de una forma extraña.

Tenía unos ojos dorados demasiado intensos para alguien que parecía tan frágil.

—Esta noche es la ceremonia del rey, ¿verdad?

Scarlett asintió.

—Acabas de echar a perder tu vestido por ayudarme.

Scarlett miró su ropa.

Después se encogió de hombros.

—Si un rey solo puede reconocer a una buena reina cuando lleva un vestido limpio, entonces quizá no sea tan buen rey.

La anciana permaneció callada.

Scarlett tomó el único chal que todavía estaba relativamente seco y se lo puso sobre los hombros.

—Quédese con esto. Hace demasiado frío.

La mujer pareció sorprendida.

Entonces sacó de su ropa un pequeño objeto oscuro.

Parecía una moneda vieja.

—Guárdalo esta noche.

Scarlett intentó rechazarlo.

Pero la anciana cerró su mano sobre el objeto.

—Algún día entenderás por qué.

Scarlett levantó la mirada apenas un instante.

Cuando volvió a mirar hacia el camino, la mujer ya se alejaba entre los árboles empujando el carro con una facilidad que no parecía posible minutos antes.

Aquello le pareció extraño.

Pero estaba demasiado tarde para pensarlo.

Cuando llegó al castillo, la ceremonia ya había comenzado.

Las puertas del gran salón se abrieron.

Cientos de personas voltearon.

Scarlett quiso desaparecer.

Su cabello estaba mojado.

Su vestido parecía un trapo.

El lodo llegaba prácticamente hasta sus brazos.

Isabella fue la primera en reconocerla.

—Miren quién decidió venir.

Algunas personas soltaron pequeñas risas.

Scarlett bajó la mirada y caminó hasta el rincón más oscuro del salón.

Solo quería cumplir con su obligación y marcharse.

Entonces sonaron los cuernos reales.

El rey Derek entró.

El salón quedó en silencio.

Era conocido por ser un hombre reservado y difícil de impresionar.

Desde la desaparición de su madre, la reina Genevieve, durante una rebelión ocurrida ocho años antes, Derek desconfiaba incluso de muchas familias nobles.

Aquella ceremonia no era una fiesta para él.

Necesitaba elegir compañera y asegurar el futuro de su reino.

Las jóvenes nobles se colocaron frente a él.

Perfumes caros llenaron el salón.

Derek caminó lentamente entre ellas.

De pronto se detuvo.

Levantó la cabeza.

Había percibido algo.

Ignoró a Isabella.

Cruzó el salón.

Directamente hacia Scarlett.

Ella sintió que el corazón se le detenía.

Derek quedó frente a ella.

La miró.

Después respiró profundamente.

Por un instante, su expresión cambió.

Su lobo había reconocido a Scarlett como su compañera.

Pero inmediatamente ocurrió algo mucho más extraño.

Derek volvió a acercarse.

Había otro aroma sobre ella.

Uno que conocía perfectamente.

—¿Dónde estuviste antes de venir aquí?

Scarlett tartamudeó.

—En el camino.

—¿Con quién hablaste?

Todos observaban.

Isabella sonrió desde lejos, creyendo que Scarlett estaba a punto de meterse en problemas.

—Ayudé a una anciana —respondió Scarlett—. Su carro estaba atorado.

Los ojos del rey cambiaron.

—¿Qué anciana?

Scarlett recordó entonces el objeto.

Metió la mano en el bolsillo.

—Ella me dio esto.

Abrió la palma.

Derek tomó la vieja pieza de plata.

La limpió lentamente con el pulgar.

El salón quedó completamente inmóvil.

Debajo de años de suciedad apareció un símbolo.

La insignia privada de la desaparecida reina Genevieve.

El rostro de Derek perdió todo color.

Y ante la mirada de cientos de nobles, el Rey Alfa cayó de rodillas frente a la sirvienta cubierta de lodo.

—Dime dónde encontraste a esa mujer.

PARTE 2

—En el camino del bosque —respondió Scarlett—. Cerca de los acantilados.

Derek se levantó inmediatamente.

Ya no parecía interesado en la ceremonia.

Ordenó que nadie abandonara el castillo hasta su regreso.

Después tomó una gruesa capa y la colocó sobre los hombros de Scarlett.

Isabella intentó protestar.

—Majestad, esa muchacha podría estar mintiendo.

Derek ni siquiera la miró.

Minutos después, Scarlett estaba cabalgando con el rey y varios guardias hacia el lugar donde había encontrado a la anciana.

La tormenta empeoraba.

Cuando llegaron a la zanja, todavía podían verse las marcas del pequeño carro.

Los rastreadores siguieron las huellas hacia el bosque.

Terminaron frente a una vieja casa de piedra casi escondida entre los árboles.

Había luz en el interior.

Derek desmontó.

Scarlett vio algo que nunca esperaba ver en un rey tan temido.

Le temblaban las manos.

Entraron.

La anciana estaba sentada junto a una pequeña chimenea, bebiendo algo caliente.

Ni siquiera pareció sorprendida.

—Tardaste bastante.

Derek se quedó paralizado.

La mujer levantó la mirada.

Aquellos ojos dorados eran los mismos que Scarlett había visto junto al camino.

El rey dejó caer lentamente la mano con la que sostenía su espada.

—¿Mamá?

La anciana sonrió.

Luego tomó un paño húmedo y comenzó a limpiar la suciedad gris que cubría su rostro.

Debajo apareció una mujer mayor, mucho más delgada que en los antiguos retratos del castillo, pero imposible de confundir.

Era Genevieve.

La reina que todos creían desaparecida para siempre.

Derek caminó hacia ella como si todavía no pudiera creerlo.

Durante ocho años había vivido convencido de que jamás volvería a verla.

Scarlett permaneció junto a la puerta.

De pronto comprendió por qué aquella mujer olía diferente.

Y también por qué le había entregado la insignia.

Pero había algo que todavía no entendía.

—¿Por qué permaneció escondida tantos años?

Genevieve dejó de sonreír.

—Porque los hombres que intentaron tomar el reino nunca fueron el verdadero problema.

Derek frunció el ceño.

La rebelión había sido sofocada años atrás.

Los responsables conocidos ya no representaban una amenaza.

Genevieve negó con la cabeza.

—Ellos solo hicieron el trabajo visible.

La verdadera traición había empezado dentro del castillo.

La noche de la rebelión, varias puertas que debían estar protegidas habían aparecido abiertas.

Guardias de confianza habían recibido órdenes falsas.

Y alguien había financiado a los atacantes.

Genevieve había conseguido escapar.

Pero comprendió rápidamente que regresar sin pruebas solo provocaría otro intento contra la familia real.

Por eso desapareció.

Durante años vivió con identidades distintas y observó en silencio a quienes rodeaban a su hijo.

Scarlett sintió un escalofrío.

—Entonces… ¿quién estaba detrás de todo?

Genevieve miró directamente a Derek.

—El hombre que controla buena parte de los graneros del reino.

Scarlett tardó un segundo en comprender.

Derek no.

Su expresión se endureció.

—Montgomery.

La reina asintió.

El padre de Isabella.

El hombre que durante años había intentado acercar cada vez más a su familia al trono.

De pronto muchas cosas tenían sentido.

Aquella misma noche su hija esperaba convertirse en reina.

Si Derek elegía a Isabella, la familia Montgomery tendría acceso directo a las decisiones del reino.

Pero había algo más.

Scarlett miró a Genevieve.

—¿Entonces usted estaba junto al camino por casualidad?

La reina soltó una pequeña sonrisa.

—No.

Ése fue el segundo secreto de aquella noche.

Genevieve sabía que se celebraría la ceremonia.

Había decidido observar a las mujeres que entrarían al castillo.

Se disfrazó como una anciana pobre y colocó el carro junto al camino.

Una tras otra, las familias nobles habían pasado frente a ella.

Nadie se detuvo.

Isabella tampoco.

Scarlett había sido la única.

—Yo quería descubrir qué clase de mujer podía estar al lado de mi hijo —dijo Genevieve—. No necesitaba conocer su apellido. Solo quería saber qué haría cuando pensara que nadie importante estaba mirando.

Scarlett bajó la vista.

—Yo no sabía quién era usted.

—Precisamente.

Genevieve se acercó.

—Por eso tu decisión tuvo valor.

Scarlett sintió que se le cerraba la garganta.

Había llegado a la ceremonia avergonzada porque todos podían ver el lodo sobre su vestido.

Ahora comprendía que aquel lodo era precisamente la razón por la que la reina confiaba en ella.

Derek la observaba en silencio.

Scarlett recordó la forma extraña en que él había reaccionado al acercarse en el salón.

—Hay otra cosa que no entiendo.

Derek respiró lentamente.

Genevieve sonrió.

—Creo que esa explicación le corresponde a mi hijo.

Derek se acercó a Scarlett.

—Cuando llegué a tu lado en el salón, reconocí tu aroma.

Scarlett sintió que el rostro se le calentaba.

Había oído historias sobre aquello.

Los lobos hablaban de un vínculo que no podía confundirse con ningún otro.

—¿Soy…?

—Mi compañera.

Scarlett retrocedió medio paso.

—Pero soy una sirvienta.

Derek negó con la cabeza.

—Eso describe el trabajo que te obligaron a hacer. No quién eres.

A Scarlett le costaba procesarlo.

Aquella mañana había despertado pensando que su mayor preocupación sería pasar desapercibida durante una fiesta.

Ahora estaba frente al Rey Alfa, mientras la reina desaparecida le decía que había superado una prueba que ni siquiera sabía que existía.

Regresaron al castillo antes del amanecer.

Cuando Genevieve atravesó las puertas del gran salón, el efecto fue inmediato.

Varias personas retrocedieron.

Lord Montgomery dejó caer su copa.

Isabella se quedó completamente pálida.

Eso fue suficiente para que Derek comprendiera que su madre decía la verdad.

Genevieve presentó documentos, cartas y nombres que había reunido durante años.

Los aliados que aún quedaban dentro del reino fueron identificados.

La familia Montgomery perdió su posición mientras se investigaban sus acciones y sus bienes quedaron bajo control del reino.

Isabella insistió en que no conocía todos los planes de su padre.

Genevieve no pidió que pagara por los actos de otra persona.

Pero también recordó algo que había visto con sus propios ojos.

Isabella había pasado junto a ella en el camino.

Y había seguido de largo.

Derek decidió retirarle los privilegios reales de los que su familia había disfrutado.

Scarlett, en cambio, recibió algo que nunca había imaginado.

Libertad.

Las deudas que la habían mantenido trabajando para los Montgomery fueron revisadas.

Resultaron haber sido infladas durante años.

Quedaron anuladas.

Pero Scarlett no aceptó inmediatamente ocupar un lugar al lado del rey.

Y Derek no la obligó.

Durante los meses siguientes se conocieron de verdad.

Ella comenzó a trabajar con Genevieve ayudando a reorganizar los servicios de asistencia durante los meses más duros del invierno.

Derek descubrió que Scarlett discutía con él cuando creía que estaba equivocado.

Eso, para sorpresa de todos, parecía gustarle.

Cuando finalmente llegó la primavera, el castillo celebró una ceremonia mucho más sencilla.

Scarlett volvió a usar azul.

Esta vez su vestido era nuevo.

Antes de entrar al salón, se detuvo junto a Genevieve.

La reina le mostró una pequeña pieza de plata restaurada.

La antigua insignia.

—Creo que esto te pertenece más a ti que a mí.

Scarlett negó con la cabeza.

—No. Quédese con ella.

Entonces sonrió.

—Yo ya recibí bastante aquella noche.

Genevieve levantó una ceja.

—¿El rey?

Scarlett miró hacia Derek, que la esperaba al otro lado de las puertas.

—No.

Recordó la lluvia.

El vestido arruinado.

Las risas.

El carro atrapado.

Y a una anciana a quien todos habían considerado demasiado insignificante como para detenerse.

—Descubrí que nunca sabes quién está mirando cuando decides qué tipo de persona quieres ser.

Años después, cuando la historia empezó a contarse entre las familias del reino, muchos dijeron que Scarlett había encontrado una reina escondida en el bosque.

Ella siempre lo corregía.

La reina nunca había estado realmente perdida.

Solo estaba esperando descubrir quién sería capaz de detenerse por alguien que parecía no tener nada que ofrecer.

 

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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