Todos pensaron que Hannah era débil… hasta que la luna reveló la verdad.

Todos pensaron que Hannah era débil… hasta que la luna reveló la verdad.

PARTE 1

Durante años, todos en Silver Creek estuvieron seguros de una cosa: Hannah Reed era la única chica que nunca tendría un lobo.

La noche de su ceremonia de transformación, más de doscientas personas observaron en silencio mientras ella esperaba que algo dentro de ella despertara.

Pero no ocurrió nada.

Bajo la luz de la luna, con el vestido blanco rozando la hierba fría y los antiguos símbolos brillando alrededor del círculo sagrado, Hannah cerró los ojos y buscó esa conexión que todos los demás encontraban con facilidad.

Una segunda presencia.

Una fuerza salvaje.

Un vínculo que demostrara que ella pertenecía.

Pero solo encontró silencio.

Era su tercer intento.

Y para muchos, eso era suficiente para confirmar lo que siempre habían pensado.

Hannah estaba rota.

Los murmullos comenzaron alrededor del círculo. Algunas personas bajaron la mirada por vergüenza. Otras simplemente sonrieron como si hubieran esperado ese momento durante años.

Entre todos ellos estaba Mason Cole, un joven de una familia importante del clan.

Durante meses habían hablado de una posible unión entre sus familias.

Pero esa noche, frente a todos, Mason decidió dejar claro lo que pensaba.

Para él, una mujer sin lobo no podía ser una compañera digna.

Sus palabras fueron tranquilas, pero dolieron más porque todos las escucharon.

Hannah sintió que el mundo entero la estaba juzgando.

Sin embargo, antes de irse, vio a una niña pequeña llorando cerca del círculo. Había dejado caer un pequeño amuleto de madera con forma de luna.

Mientras todos observaban, Hannah fue la única que se acercó.

Recogió el amuleto y se lo devolvió.

La niña la miró confundida.

—¿De verdad estás rota? —preguntó inocentemente.

Hannah sintió un nudo en la garganta.

Después de tantos años escuchando lo mismo, aquella pregunta parecía más dolorosa que cualquier insulto.

Pero sonrió.

—No estoy rota. Solo soy diferente.

Esa noche, Hannah volvió a casa intentando convencerse de que no necesitaba la aprobación de nadie.

Pero entonces escuchó voces en el estudio de su padre.

Al principio pensó que era una conversación normal.

Hasta que escuchó su propio nombre.

Se acercó lentamente a la puerta.

Dentro estaban su padre Thomas, su madrastra Margaret y el anciano líder del clan.

Hablaban de una deuda que amenazaba con destruir Silver Creek.

Pero había otra solución.

Una solución que hizo que Hannah dejara de respirar por un instante.

El príncipe Ethan Blackwood necesitaba una esposa.

Y la familia Reed tenía que ofrecer a una mujer de su sangre.

Margaret fue la primera en decirlo.

—Entonces debe ir Hannah.

Hannah se quedó inmóvil.

No estaban buscando protegerla.

No estaban intentando ayudarla.

La estaban entregando.

Entró al estudio y vio un documento sobre la mesa con el sello real de Blackwood.

Su nombre ya estaba escrito.

Todo estaba decidido antes de preguntarle.

Su padre evitó mirarla.

Le explicó que si rechazaban la propuesta, todo el clan perdería sus tierras y su futuro.

Hannah miró el papel.

Toda su vida había sido tratada como alguien que no tenía valor.

Ahora, de repente, su familia había encontrado un uso para ella.

Firmó porque no tenía otra opción.

A la mañana siguiente dejó Silver Creek.

Durante el viaje hacia el castillo Blackwood, vio cómo desaparecían los campos donde había crecido y aparecían montañas cubiertas de niebla.

Nadie la acompañó.

Nadie intentó detenerla.

Cuando llegó al castillo, esperaba encontrar un lugar frío y cruel.

Pero el príncipe Ethan fue amable.

Demasiado amable.

La recibió con una sonrisa perfecta, preguntó por su viaje y actuó como si realmente estuviera interesado en conocerla.

Por un momento, Hannah pensó que quizá se había equivocado con él.

Hasta que las puertas de la habitación privada se cerraron.

La sonrisa desapareció.

Ethan le explicó que la boda sería pronto.

No era una celebración.

Era un acuerdo.

Luego comenzó a hacer preguntas extrañas.

Le preguntó si alguna vez había sentido algo durante una luna llena.

Si alguna vez había ocurrido algo diferente con su sangre.

Hannah no entendía por qué un príncipe estaba interesado en detalles que nadie más había preguntado.

Esa noche no pudo dormir.

Mientras caminaba por los pasillos del castillo, escuchó una conversación detrás de una puerta.

Ethan estaba hablando con otro hombre.

Y entonces escuchó algo que hizo que su corazón se acelerara.

La habían elegido por una razón.

No porque fuera inútil.

No porque fuera la última opción.

Sino porque su familia ocultaba algo.

Hannah retrocedió antes de ser descubierta y terminó frente a una antigua galería.

Allí encontró un retrato que la dejó completamente inmóvil.

Era una mujer de otra época.

Cabello claro.

Ojos grises.

Un rostro casi idéntico al suyo.

Debajo del cuadro había un símbolo que también aparecía en su contrato de matrimonio.

Y justo cuando Hannah acercó la mano para tocarlo, escuchó pasos detrás de ella.

La encargada del castillo apareció y cambió de expresión al verla frente al retrato.

—Señorita Reed… hay cosas en este castillo que es mejor dejar en silencio.

Hannah miró nuevamente la pintura.

Porque por primera vez en su vida, tuvo una sensación aterradora:

Tal vez el problema nunca había sido que ella no tenía un lobo.

Tal vez alguien había querido que todos creyeran eso.

PARTE 2

La campana del castillo sonó tres veces.

La expresión de la mujer cambió inmediatamente.

—El rey ha regresado.

A la mañana siguiente, todo Blackwood parecía diferente.

Los sirvientes caminaban con más cuidado.

Los guardias estaban más atentos.

Incluso Ethan parecía menos seguro que antes.

Hannah pronto conoció al hombre del que todos hablaban.

Adrien Blackwood, el rey alfa.

Había escuchado historias sobre él durante años.

Decían que era frío, imposible de impresionar y que nadie se atrevía a desafiarlo.

Pero cuando un joven guardia fue acusado de abandonar su puesto porque había salido a buscar a su hijo perdido, Hannah vio algo inesperado.

Adrien no castigó primero.

Preguntó.

Escuchó.

Y tomó una decisión basada en la verdad.

Por primera vez, Hannah dudó de los rumores.

Ese mismo día, mientras ayudaba a una sirvienta que había dejado caer unas telas, no notó que Adrien la observaba desde lejos.

Él sí notó algo extraño.

Una sensación que nunca había experimentado.

Como si algo dentro de él reconociera a Hannah.

Pero nadie entendía por qué.

Porque oficialmente, ella era solo la futura esposa de Ethan.

Esa misma noche, la boda fue adelantada.

Nadie preguntó a Hannah si quería casarse.

Simplemente prepararon el vestido y la llevaron al salón principal.

Mientras caminaba hacia el altar, recordó todas las veces que le dijeron que no era suficiente.

Sin lobo.

Sin futuro.

Sin valor.

Ethan tomó su mano y le pidió que sonriera.

Pero antes de que pudiera responder, las puertas del salón se abrieron.

Adrien entró.

Todos quedaron en silencio.

Entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

Cuando sus ojos se encontraron, Hannah sintió algo dentro de ella moverse por primera vez.

No era miedo.

Era una presencia dormida.

El altar comenzó a reaccionar.

Una luz plateada recorrió las antiguas marcas de piedra.

Adrien miró a Ethan.

Y ordenó detener la ceremonia.

El príncipe perdió la calma.

Porque parecía que aquello no era una sorpresa para él.

Era algo que había estado esperando.

Cuando Ethan intentó tomar el contrato, una pequeña herida en la mano de Hannah dejó caer una gota de sangre sobre el altar.

El castillo entero pareció despertar.

Los antiguos símbolos comenzaron a brillar.

Los ancianos se quedaron sin palabras.

Y entonces llegó la verdad.

Hannah no era una mujer sin lobo.

Era la última descendiente del linaje del lobo plateado.

Durante generaciones, su familia había escondido ese poder para protegerla.

Su madre lo sabía.

Había dejado una nota explicando que el lobo de Hannah no estaba perdido.

Estaba dormido.

Pero había algo peor.

Ethan también lo sabía.

No la había elegido porque fuera débil.

La había buscado porque necesitaba su sangre para despertar una antigua fuente de poder.

La noche siguiente, Ethan desapareció.

También desapareció la corona real.

Y dejó un mensaje:

Hannah debía ir sola al antiguo templo lunar si quería salvar a quienes había tomado como rehenes.

Adrien intentó detenerla.

Pero Hannah finalmente entendió algo.

Toda su vida otros habían decidido por ella.

Su familia decidió que era una carga.

El clan decidió que era inútil.

Ethan decidió que era una herramienta.

Esta vez, ella elegiría.

Fue al templo.

Allí encontró a Ethan junto a la antigua piedra lunar.

Él creía que el poder le pertenecía.

Pero cuando Hannah colocó su mano sobre la piedra, ocurrió lo contrario.

La luz respondió a ella.

No al título.

No a la corona.

A ella.

Entonces descubrió la verdadera razón por la que el antiguo poder estaba desapareciendo.

No era porque faltara fuerza.

Era porque durante generaciones habían convertido los vínculos destinados a unir a los lobos en cadenas para controlar a otros.

Hannah tuvo una elección.

Mantener las antiguas reglas.

O destruirlas completamente.

Miró a Adrien cuando él llegó al templo.

Él podría haberle pedido que eligiera por el reino.

Pero no lo hizo.

Solo dijo:

—Sea cual sea tu decisión, debe ser tuya.

Y esas palabras cambiaron todo.

Porque por primera vez alguien con poder no intentaba controlar su destino.

Hannah eligió un nuevo camino.

Un mundo donde el destino pudiera mostrar una conexión, pero nunca obligar a nadie a aceptarla.

La luz plateada llenó el templo.

Las antiguas reglas cambiaron.

Los vínculos creados por miedo desaparecieron.

Los vínculos elegidos libremente permanecieron.

Semanas después, Hannah regresó bajo la misma luna donde una vez todos la habían llamado diferente.

Pero esta vez nadie se burló.

Nadie susurró.

Su padre finalmente admitió que había fallado al protegerla.

Y Hannah no olvidó el pasado.

Pero tampoco permitió que el pasado definiera su futuro.

Esa noche, en el templo lunar, Adrien extendió su mano.

No como rey.

No como alfa.

No como alguien que reclamaba algo que creía suyo.

Simplemente como un hombre esperando una respuesta.

Hannah recordó todas las veces que otros habían elegido por ella.

Y esta vez sonrió.

Porque finalmente entendió la verdad:

Nunca necesitó que alguien la escogiera para demostrar su valor.

Ella siempre había tenido valor.

Su lobo no había estado perdido.

Solo había estado esperando el momento en que Hannah estuviera lista para elegirse a sí misma.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward