Todos los guerreros del reino murieron… y la única persona que salvó al príncipe fue la chica que todos ignoraban

Todos los guerreros del reino murieron… y la única persona que salvó al príncipe fue la chica que todos ignoraban

PARTE 1

La noche en que todos pensaron que el reino de Ethalgard había perdido a su futuro rey, nadie imaginó que la persona que salvaría la sangre real sería alguien a quien todos ignoraban.

Celia Oak Haven no era una guerrera. No tenía un apellido importante, no pertenecía a una familia poderosa y dentro de la jerarquía de su manada ocupaba el lugar más bajo.

Era una Omega.

Para muchos, eso significaba que debía mantenerse en silencio, servir a los demás y aceptar que nunca tendría un lugar entre los grandes nombres del reino.

Pero aquella noche helada, en un camino perdido entre montañas, Celia se convirtió en la única esperanza de un reino entero.

Todo comenzó cuando el príncipe Kalin Harlaw regresaba a la capital después de una misión en las tierras del norte.

El heredero del trono viajaba acompañado por cien de los guerreros más fuertes de Ethalgard. Eran soldados elegidos por su fuerza, disciplina y lealtad. Nadie creía posible que alguien pudiera enfrentarse a ellos.

Pero el enemigo no estaba afuera.

El traidor viajaba junto a ellos.

El camino de regreso atravesaba Bloodridge Pass, un estrecho paso rodeado de enormes árboles y montañas cubiertas de niebla. La lluvia congelada caía con fuerza y hacía difícil ver más allá de unos metros.

A varios kilómetros de ahí, Celia buscaba plantas medicinales entre las rocas.

Era una de las pocas habilidades que le habían permitido sobrevivir. Mientras otros entrenaban para luchar, ella aprendía a reconocer hierbas, raíces y remedios antiguos.

Entonces sintió algo extraño.

La tierra comenzó a vibrar.

No era un terremoto.

Eran pasos.

Muchos pasos.

Celia subió lentamente por una pendiente de barro hasta mirar hacia el camino principal.

Lo que vio cambió su vida para siempre.

Los cien guerreros del príncipe estaban siendo atacados.

Desde los acantilados caían flechas especiales que atravesaban sus defensas. El ataque había sido preparado con cuidado. No era una batalla justa. Era una trampa.

Y alguien dentro del grupo había entregado la información.

Celia observó aterrada cómo los soldados intentaban resistir mientras el príncipe Kalin seguía peleando a pesar de estar herido.

Incluso debilitado, su presencia era imponente.

Era el tipo de hombre que hacía que todos obedecieran sin necesidad de levantar la voz.

Pero entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

El comandante Gideon Croft, el hombre en quien Kalin más confiaba, caminó hacia él.

No parecía herido.

No estaba intentando protegerlo.

En su mano llevaba una espada con un brillo extraño.

Kalin lo miró confundido.

Durante años había creído que Gideon era como un padre para él.

Pero el comandante solo tenía una respuesta.

La corona pronto cambiaría de dueño.

El príncipe intentó defenderse, pero una herida previa lo había debilitado demasiado. El veneno que corría por su cuerpo le quitaba fuerza rápidamente.

El último recuerdo que muchos tuvieron de Kalin fue verlo caer por el borde del barranco y desaparecer entre la oscuridad.

Gideon ordenó encontrarlo.

No quería dejar ninguna posibilidad de que sobreviviera.

Desde lo alto, Celia sintió miedo.

Su instinto le decía que debía correr.

Ella no podía enfrentarse a soldados.

No podía pelear contra asesinos.

No podía salvar a un príncipe.

Pero cuando miró hacia el lugar donde Kalin había desaparecido, algo dentro de ella cambió.

Tal vez porque sabía que nadie más iría por él.

Tal vez porque, aunque todos la consideraban débil, ella sabía algo que los demás no entendían.

Sobrevivir también era una forma de fuerza.

Celia bajó por el barranco.

La búsqueda no fue fácil. Entre las piedras y el agua helada encontró señales del príncipe hasta que finalmente lo vio.

Kalin estaba atrapado entre dos grandes rocas cerca del río.

Apenas respiraba.

La herida que tenía era grave y su cuerpo estaba perdiendo la batalla contra el veneno.

Por un momento, Celia pensó que había llegado demasiado tarde.

Pero entonces el príncipe abrió los ojos.

Su mirada todavía tenía la fuerza de un alfa acostumbrado a mandar.

—Vete —murmuró él con dificultad.

Celia escuchó los sonidos de los hombres acercándose.

Los estaban buscando.

—Si me voy, usted muere —respondió ella.

Era la primera vez que hablaba así con alguien de la realeza.

Kalin intentó levantarse, pero apenas podía moverse.

Celia sabía que no podía cargarlo.

Él era mucho más grande y fuerte que ella.

Pero encontró una manera.

Puso su brazo sobre sus hombros y comenzó a avanzar.

Cada paso era más difícil que el anterior.

El príncipe apenas podía mantenerse de pie, y Celia sentía que sus fuerzas se acababan.

Aun así, siguió caminando.

Porque si fallaba, el futuro del reino moriría con ellos.

Después de avanzar durante horas, encontró un lugar que pocos conocían: una cueva escondida detrás de una cascada.

Ahí podrían ocultarse.

Pero al revisar la herida de Kalin, Celia entendió la gravedad del problema.

El veneno seguía avanzando.

No tenía herramientas de un médico real.

No tenía ayuda.

Solo tenía sus conocimientos y las plantas que llevaba consigo.

—Voy a sacar esto —dijo ella mientras preparaba todo.

Kalin la miró sorprendido.

Una Omega pequeña estaba a punto de hacer lo que muchos guerreros entrenados no habrían tenido el valor de intentar.

Ella retiró la hoja, trató la herida y utilizó los remedios que conocía.

El proceso fue agotador.

Durante horas luchó para mantenerlo con vida.

Pero cuando parecía que finalmente tendrían una oportunidad…

Celia escuchó algo afuera.

Un sonido que hizo que todo su cuerpo se congelara.

Perros de rastreo.

Los hombres de Gideon los habían encontrado.

Y estaban justo al otro lado de la cascada.

Celia miró al príncipe inconsciente.

Luego miró hacia la entrada de la cueva.

Por primera vez entendió la verdadera dimensión del problema.

No solo estaba intentando salvar a un hombre.

Estaba protegiendo el último camino para evitar que un traidor tomara todo el reino.

Y los enemigos estaban a segundos de entrar.

PARTE 2

Celia sabía que no podía esconderse para siempre.

Los perros seguían buscando el rastro de Kalin. Los soldados se acercaban cada vez más y la cueva ya no era un refugio seguro.

Pero ella conocía esas montañas mejor que cualquier soldado.

Había pasado años buscando plantas en esos mismos bosques.

Sabía qué caminos ocultaban sonidos.

Sabía qué aromas podían confundir a un rastreador.

Y sabía que su mayor ventaja no era la fuerza.

Era el conocimiento.

Con rapidez preparó una mezcla usando los recursos que encontraba alrededor de la cueva. No era un arma para atacar a nadie.

Era una forma de crear confusión y ganar tiempo.

Cuando los rastreadores llegaron a la cascada, perdieron el rastro.

Los soldados buscaron durante un largo rato, pero finalmente se alejaron creyendo que Kalin había escapado por el río.

Celia se quedó en silencio hasta que dejó de escuchar sus pasos.

Solo entonces permitió que sus manos dejaran de temblar.

Durante los siguientes días no abandonó al príncipe.

Kalin tuvo fiebre.

Su cuerpo luchaba contra el veneno y varias veces Celia pensó que lo perdería.

Pero ella continuó.

Ajustó los remedios.

Cuidó sus heridas.

Se quedó despierta mientras él dormía.

Hasta que finalmente una mañana, los ojos grises del príncipe volvieron a abrirse.

Kalin estaba vivo.

Y por primera vez en mucho tiempo, alguien lo había tratado no como un heredero del trono, sino como una persona.

Cuando vio a Celia dormida junto a la pared de la cueva, entendió algo que nunca había considerado.

En su mundo, el poder siempre había pertenecido a quienes tenían fuerza.

A los guerreros.

A los nobles.

A los alfas.

Pero una Omega había hecho lo imposible.

Había encontrado al príncipe perdido.

Lo había salvado.

Y había enfrentado peligros que muchos hombres jamás habrían soportado.

Cuando Celia despertó, esperaba miedo o rechazo.

En cambio, encontró respeto.

Kalin necesitaba regresar a la capital.

Pero antes debía descubrir quién había organizado la traición.

Durante el ataque había visto algo extraño.

La hoja que lo hirió tenía un símbolo grabado.

No pertenecía a los clanes enemigos.

Pertenecía a alguien mucho más cercano.

Alguien dentro del propio reino.

Cuando Celia le mostró la espada que había recuperado, el rostro de Kalin cambió.

El símbolo pertenecía a Lord Reginald Harrington, uno de los hombres más cercanos al rey.

El verdadero enemigo no buscaba dinero.

Buscaba el trono.

Kalin comprendió que si regresaba por la entrada principal, estaría caminando hacia una trampa.

Entonces necesitó algo que nunca había valorado antes.

El conocimiento de una Omega.

Celia conocía los pasillos secretos del castillo.

Los caminos usados por sirvientes.

Los túneles olvidados.

Los lugares que los poderosos nunca se molestaron en mirar.

Durante años todos habían ignorado ese mundo.

Y ahora ese mundo era la única ventaja del príncipe.

Después de varios días de viaje, ambos llegaron nuevamente a Ethalgard.

La fortaleza estaba llena de soldados.

En el gran salón, Harrington ya había comenzado su mentira.

Anunciaba la muerte de Kalin.

Decía que era necesario tomar el control del reino para mantener el orden.

Todos escuchaban.

Hasta que una voz interrumpió la ceremonia.

Una voz que nadie esperaba volver a escuchar.

Las puertas se abrieron.

Kalin apareció.

El silencio llenó el salón.

Harrington quedó paralizado.

El heredero que creían muerto estaba frente a todos.

Pero el príncipe no regresó solo.

A su lado caminaba Celia.

La misma joven que todos habían ignorado.

El traidor intentó negar la verdad.

Intentó convencer a todos de que Kalin era un impostor.

Pero la presencia del verdadero heredero era imposible de ocultar.

La mentira comenzó a caer.

La traición quedó expuesta.

Después de recuperar el control del reino, muchos esperaban que Kalin volviera a las viejas tradiciones.

Que eligiera una alianza con una familia poderosa.

Que olvidara a la pequeña Omega que lo encontró en el fondo de un barranco.

Pero ocurrió algo que nadie esperaba.

Frente a toda la corte, Kalin reconoció la verdad.

Los cien guerreros más fuertes no pudieron salvarlo.

Los hombres con más poder lo traicionaron.

La persona que caminó hacia la oscuridad para rescatarlo fue Celia.

Y por eso, ante todos, decidió darle el lugar que siempre había merecido.

No porque fuera la más fuerte físicamente.

Sino porque había demostrado algo que el reino había olvidado.

El verdadero valor no siempre nace en los lugares más altos.

A veces aparece en alguien que todos dejaron de mirar.

Y desde aquel día, cuando alguien en Ethalgard hablaba de fuerza, ya no recordaban solamente las grandes batallas.

También recordaban a la joven Omega que encontró a un príncipe perdido en la oscuridad y cambió el destino de todo un reino.

 

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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