Todos llamaban “defectuosa” a la Omega que no podía transformarse… hasta que el Rey Alfa la tocó y fue él quien terminó de rodillas
Todos llamaban “defectuosa” a la Omega que no podía transformarse… hasta que el Rey Alfa la tocó y fue él quien terminó de rodillas

PARTE 1
Durante tres años, Rihanna había escuchado la misma palabra.
Defectuosa.
A los dieciocho debía haber despertado su loba como cualquier miembro de la manada Ashwood.
En cambio, su primera transformación terminó en dolor, fiebre y fracaso.
Desde entonces permanecía atrapada entre dos mundos.
Demasiado humana para los lobos.
Demasiado extraña para sentirse normal.
Ronin, Selene y Declan se encargaban de recordárselo siempre que podían.
—Ratoncito —se burló Ronin cuando la encontró trabajando en la cabaña de la sanadora—. ¿Sigues fingiendo que eres útil?
Rihanna apretó la cesta de hierbas contra el pecho.
—Moira las necesita.
Ronin se la arrancó.
Después dejó caer las plantas sobre el suelo.
La pequeña vasija medicinal se rompió.
Los tres se marcharon riendo.
Rihanna se arrodilló para recoger los fragmentos.
Un pedazo de cerámica le cortó la palma.
—Niña.
La voz de su abuela Morgan llegó desde la puerta.
La anciana le vendó la mano.
Después hizo algo extraño.
—Ven conmigo. Tenemos poco tiempo.
—¿Para qué?
Morgan cerró la puerta de su pequeña cabaña y retiró una piedra de la chimenea.
Detrás había una caja de madera.
Dentro descansaban una carta escrita por la madre de Rihanna y un vial lleno de un líquido plateado que parecía contener luz de luna.
—Tu madre no murió porque fuera débil —dijo Morgan.
Rihanna levantó la mirada.
—¿Entonces por qué?
—Porque te estaba protegiendo.
Morgan reveló un secreto enterrado durante generaciones.
Su familia pertenecía a un antiguo linaje conocido como los Bendecidos por la Luna.
Lobos capaces de percibir la verdad, resistir la dominación de otros Alfas y manifestar poderes que las manadas comunes temían.
Décadas atrás, el Consejo de Alfas había decidido que eran demasiado peligrosos.
Los persiguieron.
Los obligaron a desaparecer.
Morgan sobrevivió fingiendo ser una anciana débil e insignificante.
La madre de Rihanna hizo lo mismo.
Cuando Rihanna nació, su poder era tan intenso que resultaba imposible esconderlo.
—Tu madre ató a tu loba —explicó Morgan—. Usó su propia fuerza vital para mantenerla dormida.
Rihanna sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies.
—¿Mi loba nunca estuvo rota?
—Nunca.
Las lágrimas llenaron sus ojos.
Había pasado años odiándose por algo que en realidad había sido un sacrificio de amor.
Morgan colocó el vial en su mano.
—Y esta noche todo cambiará.
—¿Por qué esta noche?
Un ruido de caballos llegó desde el exterior.
Morgan miró hacia la ventana.
—Porque el Rey Alfa ha llegado.
Kale, Rey Alfa de Luna Oscura, era prácticamente una leyenda.
Había unido los territorios del norte siendo todavía muy joven.
Su poder obligaba incluso a otros Alfas a inclinar la cabeza.
Y llevaba años buscando señales de supervivientes del linaje Bendecido por la Luna.
Rihanna palideció.
—¿Por qué me buscaría a mí?
Morgan la miró con una tristeza extraña.
—Porque tu madre tuvo una visión antes de morir.
—¿Qué visión?
—Tu compañero verdadero.
Rihanna retrocedió.
—No.
—Cuando él te reconozca, el vínculo romperá definitivamente la atadura.
—¿Y si mi loba sigue siendo una monstruosidad?
Morgan sostuvo su rostro.
—Entonces será la monstruosidad más magnífica que haya visto este mundo.
Horas después, todas las lobas solteras estaban reunidas en el gran salón.
Rihanna permanecía sola en la última fila.
Como siempre.
Entonces las puertas se abrieron.
El poder de Kale entró antes que él.
Uno tras otro, los lobos cayeron de rodillas.
Alfas.
Betas.
Guerreros.
Todos.
Excepto Rihanna.
No porque quisiera desafiarlo.
Simplemente…
su cuerpo no podía moverse.
Algo dentro de ella estaba despertando.
Kale atravesó el salón.
Ignoró a las hermosas lobas colocadas frente a él.
Sus ojos plateados encontraron directamente los de Rihanna.
Se detuvo.
—¿Quién es ella?
El padre de Rihanna, Aldrich, tragó saliva.
—Nadie importante, majestad. Mi hija. Una Omega defectuosa.
La expresión de Kale cambió.
—Nombre.
—Rihanna.
Kale caminó hacia ella.
Cuando estuvo frente a frente, habló únicamente para ella.
—Muéstrame a tu loba.
—No puedo.
Su padre intervino.
—Majestad, realmente no debería verla. Está deformada.
Kale lo silenció inmediatamente.
Después levantó una mano hacia Rihanna.
Ella retrocedió por instinto.
Esperaba dolor.
Pero los dedos del Rey Alfa apenas rozaron su mejilla.
Y el mundo explotó.
Algo se rompió dentro de Rihanna.
Una prisión construida durante veintiún años se hizo añicos.
Su loba rugió.
Esta vez no de dolor.
De libertad.
Rihanna cayó mientras su cuerpo comenzaba finalmente a transformarse.
—Tengo miedo —jadeó.
Kale sostuvo su nuca.
—No luches.
—Van a verme.
—Que miren.
La transformación terminó.
Rihanna abrió los ojos.
Todo el salón guardaba silencio.
Su cuerpo estaba cubierto por un pelaje cristalino que capturaba la luz y la devolvía en destellos plateados.
No era pequeña.
No era débil.
No era defectuosa.
Era algo que muchos creían desaparecido para siempre.
Y frente a ella, Kale también se había convertido en lobo.
Una criatura enorme y negra.
El invencible Rey Alfa.
El hombre ante quien todos se arrodillaban.
Entonces ocurrió lo imposible.
Kale bajó lentamente el cuerpo.
Expuso su cuello.
Y se inclinó ante Rihanna en absoluta sumisión.
Una voz resonó dentro de la mente de ella:
“Mi compañera.”
Rihanna miró al rey arrodillado.
Después escuchó a alguien susurrar detrás de ella:
—Bendecida por la Luna…
Y supo que, a partir de ese momento, nunca podría volver a esconderse.
PARTE 2
El salón quedó completamente inmóvil.
Entonces Morgan apareció en la puerta.
Ya no caminaba encorvada.
Sus manos no temblaban.
Sus ojos brillaban con una intensidad plateada que Rihanna jamás había visto.
—Sí —declaró—. El linaje sobrevivió.
Y delante de toda Ashwood, la anciana también se transformó.
Su loba era cristalina.
Más pequeña que Rihanna por la edad, pero poderosa e inconfundible.
Abuela y nieta.
Dos mujeres pertenecientes a un linaje que todos creían desaparecido.
Selene negó frenéticamente.
—¡Ella no es nadie!
Kale volvió a su forma humana.
—Te equivocas.
Se situó junto a Rihanna.
—Es mi compañera destinada.
Los murmullos desaparecieron.
—Es mi igual. Y si ella lo acepta algún día, será mi reina.
Rihanna sintió que el miedo intentaba regresar.
Toda su vida otras personas habían decidido lo que debía ser.
Omega.
Defectuosa.
Vergüenza.
Ahora no permitiría que “reina” se convirtiera simplemente en otra jaula.
Kale pareció comprenderlo.
No intentó marcarla.
No reclamó el vínculo.
Solo extendió su mano.
Rihanna decidió tomarla.
Después miró a los miembros de Ashwood.
—Renuncio a esta manada.
Su padre palideció.
—Rihanna…
—Me rechazaron antes de saber quién era.
Respiró profundamente.
—Ahora yo los rechazo a ustedes.
Miró a Kale.
—Elijo Luna Oscura.
Y por primera vez, aquella elección era completamente suya.
Rihanna abandonó Ashwood junto a Morgan y el convoy del Rey Alfa.
Durante el viaje, Kale le reveló otra verdad.
Había pasado años buscando Bendecidos por la Luna porque su propia abuela le había pedido proteger a los supervivientes.
Sabía que algún día el antiguo Consejo volvería a perseguirlos.
Por eso había construido alianzas.
Ejércitos.
Un reino lo suficientemente poderoso para darles refugio.
Cuando Rihanna llegó a Luna Oscura descubrió algo que jamás había experimentado.
Un hogar donde los lobos no obedecían únicamente por miedo.
Kale era poderoso.
Pero su gente también lo quería.
Durante las semanas siguientes, Rihanna comenzó a entrenar.
Magnus, el Beta de Kale, le enseñó a controlar la transformación.
Morgan le enseñó los antiguos dones de su linaje.
Rihanna descubrió que su pelaje cristalino podía protegerla.
Que podía percibir mentiras.
Que podía tocar recuerdos ancestrales.
Pero también descubrió algo más importante.
No era la única.
Tres jóvenes llamadas Nova, Astrid y Safira llegaron desde diferentes territorios.
También eran descendientes de Bendecidos por la Luna que habían sobrevivido escondiéndose.
El linaje estaba despertando.
Aquello llamó la atención del Consejo de Alfas.
Exigieron que Rihanna, Morgan y las demás comparecieran ante ellos.
Kale comprendió inmediatamente que podía ser una trampa.
Pero los antiguos acuerdos obligaban a presentarse.
En el centro del Consejo esperaba un Alfa llamado Dorian.
Morgan lo reconoció.
Décadas atrás, él había participado en la persecución que destruyó a gran parte de su familia.
Sin embargo, algo era extraño.
Dorian apenas había envejecido.
La verdad apareció lentamente.
Había utilizado magia prohibida para absorber la fuerza vital de otros lobos y prolongar su existencia.
Durante generaciones había alimentado el miedo contra los Bendecidos por la Luna porque eran capaces de revelar precisamente aquello que él necesitaba esconder.
En el juicio intentó presentar a Rihanna como una amenaza.
—Son demasiado poderosas —declaró—. No pueden ser controladas.
Rihanna respondió:
—Ese es exactamente el problema, ¿verdad?
Dorian la miró.
—¿Qué?
—No temes que seamos peligrosas.
Sus ojos comenzaron a brillar.
—Temes que podamos ver quién eres realmente.
La máscara de Dorian finalmente cayó.
Liberó el poder oscuro que había acumulado durante más de un siglo.
El anfiteatro se llenó de caos.
Pero Rihanna ya no era la muchacha que se escondía detrás de la cabaña de una sanadora.
Morgan, Nova, Astrid y Safira se colocaron junto a ella.
Cinco mujeres.
Cinco supervivientes.
Una sola voluntad.
Morgan le recordó las palabras de sus antepasados:
—Somos más fuertes juntas.
Las cuatro jóvenes formaron una constelación alrededor de Dorian.
Su poder se unió.
La luz de la luna inundó el anfiteatro.
Pero Rihanna comprendió algo inesperado.
No quería destruirlo.
Quería mostrar la verdad.
Dorian vio todos los pasos que lo habían convertido en aquello.
Había comenzado creyendo que protegía a su gente.
Después justificó una decisión terrible.
Luego otra.
Después otra.
Hasta que dejó de distinguir protección de ambición.
Cuando la oscuridad comenzó a retroceder, lo que quedó no fue un monstruo.
Fue un lobo anciano, agotado y lleno de arrepentimiento.
—Merezco desaparecer —susurró.
Rihanna negó.
—Eso sería demasiado fácil.
Dorian levantó la cabeza.
—¿Entonces qué quieres?
—Que vivas.
El anfiteatro quedó en silencio.
—Que recuerdes cada cosa que hiciste y utilices el tiempo que te queda para reparar lo que todavía pueda repararse.
Uno de los Alfas del Consejo, Sana, se levantó.
—Podrías haberlo eliminado.
—Sí.
—¿Por qué no lo hiciste?
Rihanna miró a todos.
—Porque no somos verdugos.
Su voz resonó sobre la piedra.
—Somos espejos. Mostramos la verdad. Después cada persona decide qué hará con ella.
Sana descendió de su trono.
Para sorpresa de todos, se arrodilló frente a Rihanna.
—Voto por restaurar los derechos de los Bendecidos por la Luna.
Otro Alfa votó a favor.
Después otro.
Incluso Aldrich, el padre de Rihanna, que participaba como representante de Ashwood, apoyó la decisión.
Finalmente Dorian también votó a favor.
El antiguo linaje dejó oficialmente de ser perseguido.
El nuevo Consejo fue reorganizado.
Ya no estaría compuesto únicamente por Alfas.
Tendría representantes Beta, Gamma, Delta, Omega y Bendecidos por la Luna.
A Rihanna le ofrecieron un título:
Reina Bendecida por la Luna.
Ella lo rechazó.
Kale sonrió antes incluso de escuchar su explicación.
Ya la conocía lo suficiente.
—No necesito otra corona —dijo Rihanna—. Durante veintiún años pensé que mi valor dependía de lo que otros dijeran de mí.
Miró al Consejo.
—Ahora sé quién soy.
Sana preguntó:
—Entonces, ¿qué título aceptarías?
Rihanna pensó unos segundos.
—Primera Consejera.
—¿Por qué?
—Porque un consejero no está encima de las personas.
Sonrió.
—Está junto a ellas.
La decisión fue aprobada.
Antes de partir, Aldrich se acercó a su hija.
—Sé que no puedo cambiar lo que hice.
Rihanna permaneció en silencio.
—Creí que ser duro te haría fuerte.
—Solo consiguió que aprendiera a tenerte miedo.
Él bajó la mirada.
—Lo sé.
Rihanna respiró profundamente.
—Te perdono.
Aldrich levantó los ojos.
—¿De verdad?
—Perdonar no significa fingir que nada ocurrió.
Su voz fue tranquila.
—Significa que ya no quiero cargar con ese dolor todos los días.
No prometió convertirse inmediatamente en la hija que él deseaba.
Solo aceptó empezar con pequeñas cartas.
Pequeños pasos.
Mientras el grupo preparaba el regreso, Rihanna encontró a tres niños escondidos cerca del anfiteatro.
Su manada había sido destruida por las consecuencias de la corrupción de Dorian.
No tenían familia.
No tenían hogar.
La mayor la miró con desconfianza.
—¿Por qué querrías ayudarnos? No somos nadie.
Rihanna sintió que aquellas palabras atravesaban veintiún años de recuerdos.
Se arrodilló frente a ellos.
—Yo también pensé que era nadie.
Extendió una mano.
—Hasta que alguien decidió verme.
Los tres niños regresaron con ellos a Luna Oscura.
Aquella noche Kale encontró a Rihanna observando el cielo.
—Tres niños —dijo él.
—¿Estás enfadado?
—No.
Kale tomó su mano.
—Te viste a ti misma en ellos.
Rihanna asintió.
—No sé cómo ser madre.
—Ellos tampoco necesitan una madre perfecta.
La acercó suavemente.
—Necesitan personas que no se marchen.
Rihanna apoyó la cabeza contra su pecho.
Pasaron unos segundos.
—Todavía quiero cortejarte —dijo Kale.
Ella sonrió.
—¿Incluso después de todo esto?
—Especialmente después de todo esto.
—No estoy preparada para la marca.
—Entonces no habrá marca.
Aquella respuesta significó más para Rihanna que cualquier profecía.
Kale podía reclamar un vínculo destinado.
Pero había elegido esperar su consentimiento.
—Déjame aprender a ser Primera Consejera —dijo ella—. Déjame ayudar a esos niños. Déjame descubrir quién soy cuando nadie intenta decidirlo por mí.
—Todo el tiempo que necesites.
Rihanna levantó la mirada.
—Pero quiero que sepas algo.
—¿Qué?
—Cuando esté preparada…
Se puso de puntillas y besó suavemente sus labios.
—Mi respuesta será sí.
A lo lejos, comenzaron los aullidos.
Primero uno.
Después cientos.
Alfas y Omegas.
Lobos ordinarios y Bendecidos por la Luna.
Voces diferentes uniéndose bajo el mismo cielo.
Rihanna cerró los ojos.
Toda su vida había pensado que necesitaba convertirse en otra persona para ser digna de pertenecer.
Ahora finalmente entendía la verdad.
Nunca había estado rota.
Solo había estado escondida.
Y la libertad no había comenzado cuando un Rey Alfa la eligió.
Había comenzado cuando Rihanna aprendió a elegirse a sí misma.