Todos ignoraron a esta Omega hasta que fue la única persona capaz de descubrir quién estaba traicionando al Alpha King

Todos ignoraron a esta Omega hasta que fue la única persona capaz de descubrir quién estaba traicionando al Alpha King

PARTE 1

La noche en que todos pensaban que el rey más poderoso del norte perdería a una desconocida, ocurrió algo que nadie dentro de la fortaleza pudo explicar.

Una mujer que había llegado sin apellido importante, sin ejército y sin reconocimiento terminó siendo la única persona capaz de descubrir un secreto que podía cambiar el destino del reino.

Pero antes de que todos conocieran su verdadero valor, Lillian Mercer solo era vista como una simple sanadora enviada lejos de su hogar.

Lillian llegó a Black Ridge después de un largo viaje entre nieve y caminos peligrosos. Llevaba una pequeña bolsa de cuero con algunas hierbas y sus pocas pertenencias.

En su antiguo hogar, Frost Hollow, siempre había sentido que estaba un paso detrás de los demás.

Era una Omega y muchos creían que eso significaba que nunca podría destacar.

Cuando la enviaron a la fortaleza, Lillian pensó que simplemente estaban buscando a alguien que pudiera hacer tareas que otros no querían.

Pero ella no sabía que ese viaje cambiaría completamente su vida.

Al llegar a la enfermería real, la recibió Miriam Cole, una sanadora con muchos años de experiencia.

Miriam no perdió tiempo juzgándola por su rango.

Solo le preguntó si sabía preparar remedios, cuidar heridas y observar detalles.

Por primera vez en mucho tiempo, alguien valoraba lo que podía hacer antes de decidir quién era.

Durante sus primeras horas en Black Ridge, Lillian comenzó a trabajar en silencio.

Organizaba medicinas, limpiaba instrumentos y ayudaba a los pacientes.

Fue entonces cuando ocurrió algo extraño.

Una joven soldado estaba recibiendo un tratamiento preparado por otro sanador, pero Lillian sintió que algo no estaba bien.

No sabía explicar cómo lo sabía.

Solo tenía esa sensación que había tenido desde niña, como si pudiera notar pequeños detalles que otros ignoraban.

Pidió revisar la medicina.

Al principio nadie entendió por qué.

Pero cuando cambiaron el remedio, la condición de la joven comenzó a mejorar.

Miriam quedó sorprendida.

¿Cómo había descubierto algo que nadie más había notado?

Lillian simplemente respondió que había prestado atención.

Sin saberlo, alguien había observado toda la escena.

Un hombre vestido con ropa oscura permanecía cerca de la puerta de la enfermería.

No llevaba corona ni símbolos reales.

Parecía un soldado más.

Pero cuando salió del lugar, los guardias bajaron la cabeza al verlo pasar.

Era Ronin Westgrave, el Alpha King de Black Ridge.

El hombre que muchos describían como frío e imposible de acercar.

Sin embargo, Lillian todavía no sabía quién era.

Ella solo recordaba al extraño que había visto ayudar a un soldado preocupado por su familia.

Esa misma noche, descubrió la verdad.

El hombre que había estado caminando entre los enfermos sin escoltas era el rey.

Y algo dentro de ella cambió.

Porque no había visto a un gobernante preocupado por su imagen.

Había visto a alguien que se detenía junto a personas olvidadas cuando nadie estaba mirando.

Cuando Ronin y Lillian finalmente hablaron, él le preguntó por qué había sido enviada desde Frost Hollow.

Ella pudo haber inventado una respuesta elegante.

Pero decidió decir la verdad.

Le explicó que otros sanadores eran considerados más importantes y que ella era la persona que podían dejar ir.

Ronin la miró durante unos segundos.

Luego dijo algo que Lillian nunca había escuchado antes.

Que el error no estaba en ella.

El error había sido de quienes no supieron verla.

Por primera vez, alguien no la trataba como alguien reemplazable.

Pero justo cuando comenzaba a confiar en él, Lillian notó algo extraño.

Ronin se llevó una mano al costado durante un instante.

Fue un movimiento pequeño.

Casi invisible.

Pero ella lo vio.

—Su majestad… usted está herido.

El rostro del rey cambió.

No parecía molesto.

Parecía preocupado.

Como si Lillian hubiera descubierto algo que llevaba mucho tiempo intentando ocultar.

Él intentó marcharse, pero ella encontró algo en el suelo.

Un pequeño broche plateado que pertenecía a sus medicinas.

Al acercarlo, sintió un olor extraño.

No era una medicina normal.

Había algo diferente.

Algo que no debía estar ahí.

Esa noche, Lillian decidió seguir investigando.

Y cuando entró a la biblioteca buscando respuestas, encontró a Ronin solo, junto a una botella de medicina abierta y varios libros antiguos.

El rey parecía agotado.

Entonces ella comprendió que el problema no era una vieja herida.

Alguien estaba haciendo algo dentro de Black Ridge.

Y cuando Lillian levantó la botella entre sus manos, descubrió que el mismo aroma extraño que había encontrado en el broche estaba dentro del remedio del rey.

Alguien había tocado la medicina de Ronin después de haber sido preparada.

Pero la pregunta más aterradora era otra:

¿Quién dentro de la fortaleza tenía acceso suficiente para acercarse al rey sin levantar sospechas?

PARTE 2

Lillian sabía que debía avisar inmediatamente a Miriam.

Pero antes necesitaba entender qué estaba pasando.

No podía acusar a nadie sin pruebas.

Así que revisó cuidadosamente la botella, el sello y los registros de la enfermería.

Miriam confirmó sus sospechas.

La medicina era correcta.

El problema estaba en que alguien había abierto el recipiente después de salir de la enfermería y había añadido algo desconocido.

No era un accidente.

Alguien había manipulado el tratamiento del rey.

Y lo más preocupante fue que encontraron otro caso similar.

Un guardia llamado Thomas había recibido un remedio de recuperación enviado por la misma ruta.

Su estado era extraño.

No tenía una enfermedad clara, pero su cuerpo reaccionaba como si algo estuviera afectándolo.

Cuando compararon ambos frascos, encontraron la misma señal.

Los sellos habían sido abiertos y cerrados cuidadosamente para ocultarlo.

Ya no era una sospecha.

Era un patrón.

Cuando Lillian presentó sus descubrimientos ante el consejo real, algunos miembros dudaron de ella.

Para ellos seguía siendo una Omega recién llegada.

Pero Ronin no permitió que ignoraran sus palabras.

Le pidió que terminara de explicar todo.

Lillian no acusó a nadie.

Solo mostró los hechos.

Los frascos alterados.

Los registros incompletos.

Las rutas de entrega.

Y por primera vez, muchos tuvieron que escucharla.

Poco después encontraron algo importante.

Un registro había sido borrado.

El nombre desaparecido pertenecía a la zona occidental de la fortaleza, justo el camino utilizado para entregar medicinas al rey.

Pero antes de que pudieran descubrir quién estaba detrás de todo, llegó el día de una importante ceremonia en Black Ridge.

Toda la corte estaba reunida.

Los líderes de diferentes territorios habían llegado a la fortaleza.

Ronin estaba en el centro del salón cuando Lillian volvió a sentir esa extraña sensación.

Algo no estaba bien.

Entre los guardias había un hombre cuyo uniforme parecía correcto, pero había pequeños detalles diferentes.

Su posición.

Su manera de moverse.

Y sobre todo, ese mismo olor.

El aroma amargo que había encontrado en la medicina.

Lillian buscó a los guardias reales, pero no había tiempo.

El hombre comenzó a acercarse al rey.

Ella no pensó.

Solo actuó.

Corrió hacia Ronin y lo apartó del camino.

En ese instante, sintió algo frío en su brazo.

Una pequeña cantidad de líquido había alcanzado su piel.

El mismo compuesto que habían encontrado en la medicina.

Su cuerpo comenzó a debilitarse.

Ronin la atrapó antes de que cayera.

Por primera vez, el rey que siempre parecía tener el control perdió la calma.

La llevó personalmente a la enfermería.

Miriam confirmó que Lillian había recibido una exposición mucho más fuerte que la que Ronin había sufrido durante días.

Necesitaban tiempo.

Pero el tiempo se estaba acabando.

Mientras la fortaleza quedaba cerrada para encontrar al responsable, Ronin permaneció junto a Lillian.

Ella no entendía por qué un rey arriesgaba tanto por alguien como ella.

Entonces él le dijo la verdad.

No estaba ahí por obligación.

Estaba ahí porque Lillian había sido la única persona que vio el peligro cuando todos los demás estaban mirando hacia otro lado.

Esa noche, Miriam encontró un antiguo libro en los archivos reales.

Hablaba de una conexión poco conocida entre dos personas con un vínculo especial.

Una conexión capaz de compartir fuerza cuando una vida estaba en peligro.

Pero también tenía un riesgo.

Podía afectar a ambos.

Ronin no dudó.

Pero Lillian sí.

No quería que él arriesgara todo por ella.

Sin embargo, él no intentó decidir por ella.

Le dio la elección.

Y eso fue lo que finalmente hizo que Lillian confiara.

Aceptó.

Sus manos se unieron.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Después, una cálida energía recorrió la habitación.

Las luces comenzaron a parpadear.

Y justo cuando parecía que Lillian se alejaba, abrió los ojos.

Había resistido.

No fue un milagro.

Fue una oportunidad.

Y ella decidió aprovecharla.

Días después, la investigación reveló la verdad.

Un miembro cercano al consejo había utilizado a un asistente para alterar las medicinas y debilitar lentamente al rey.

La evidencia fue suficiente.

El responsable perdió su posición y fue llevado ante la justicia del reino.

Pero para Lillian, lo más importante no fue que finalmente reconocieran su valor.

Fue descubrir que nunca había sido insignificante.

Tiempo después, abrió una casa de sanación en Black Ridge donde personas rechazadas por otros podían aprender y recibir ayuda.

Ronin siguió a su lado.

No porque un destino antiguo lo obligara.

Sino porque ambos habían elegido estar juntos.

Y cada invierno, cuando la nieve cubría las torres de Black Ridge, Lillian recordaba aquella primera noche.

La noche en que llegó pensando que nadie notaría su presencia.

Sin imaginar que sería ella quien terminaría viendo lo que todos los demás habían pasado por alto.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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