¿Tienes pareja Le susurré que no al Rey Alfa y estalló en celos
PARTE 1
El salón de baile olía a perfume caro y a miedo. Yo permanecía pegada a la pared, deseando volverme invisible, mientras las jóvenes de las grandes manadas desfilaban con vestidos brillantes ante Dominic Ashford, el rey alfa del norte.
Me llamo Celia Thorn, tengo veintitrés años y pertenezco a Pinewood, una manada tan pequeña que apenas aparece en los mapas. Mi padre me había enviado a aquella reunión porque necesitábamos aliados, recursos y una voz ante la corona. Pero yo nunca había sabido llamar la atención. Prefería los archivos, los mapas y los libros de historia a los bailes.
Por eso creí que se trataba de un error cuando el consejero Brennon pronunció mi nombre.
—El rey desea que te unas a la fila de recepción.
Siete lobas elegantes esperaban frente a Dominic. Yo ocupé el último lugar, sintiéndome como una niña disfrazada. Él avanzó por la fila con expresión aburrida hasta detenerse ante mí.
Era más intimidante de cerca: alto, vestido de negro, con ojos color ámbar y una presencia que hacía temblar a mi loba interior.
—Celia Thorn, de Pinewood —dijo—. Hija de Gregory Thorn.
—Así es, majestad.
—Eres muy joven.
—Tengo la misma edad que tenía su madre cuando se convirtió en reina.
El silencio cayó sobre el salón. Esperé una reprimenda, pero la comisura de su boca se levantó.
—Has estudiado la historia de mi familia.
—He estudiado toda la historia. Si queremos decidir adónde vamos, debemos saber de dónde venimos.
Algo cambió en su mirada. Después hizo una pregunta que no había formulado a ninguna otra candidata:
—¿Tienes pareja?
—Aún no.
Su cuerpo se tensó de inmediato.
—¿Aún no? ¿Estás esperando a alguien?
La posesividad de su tono hizo que todos volvieran la cabeza.
—No hay nadie —respondí—. Soy la muchacha extraña de una manada olvidada. Los hombres de Pinewood creen que leo demasiado y sonrío muy poco.
Dominic me observó como si acabara de encontrar algo que llevaba años buscando.
—Cenarás a mi derecha.
Aquello desató una tormenta de rumores. Durante la cena, Dominic admitió que no entendía por qué la idea de otro hombre a mi lado le provocaba unos celos tan intensos. Luego anunció que yo permanecería como invitada en el palacio.
—No puede retenerme aquí —protesté—. Mi padre y mi manada me necesitan.
—No te obligaré. Te pido dos semanas para descubrir qué está ocurriendo entre nosotros. Después podrás marcharte si eso es lo que deseas.
Contra toda lógica, acepté.
Los primeros días fueron una mezcla de miradas robadas y silencios. Dominic preguntaba constantemente por mí, pero apenas se acercaba. Yo comenzaba a creer que se arrepentía de haberme elegido cuando, una mañana, escuché voces frente a mi habitación.
—La muchacha está destruyendo su juicio —decía Brennon—. El rey ha cancelado reuniones y ha ofendido a varios alfas por una don nadie de Pinewood.
—Quizá ella significa más de lo que usted comprende —respondió Jackson, el guardia de Dominic.
—En menos de dos semanas se habrá ido, como todas las demás. Y cuando eso ocurra, yo me aseguraré de que nunca vuelva a cruzar estas puertas.
Me acerqué demasiado para escuchar mejor.
En ese instante, la manija giró y la puerta se abrió de golpe.
Brennon quedó frente a mí. Por la expresión de sus ojos comprendí que sabía que lo había escuchado todo.
PARTE 2
—Señorita Thorn —dijo Brennon, ocultando la sorpresa bajo una sonrisa vacía—. Espero que sus aposentos sean satisfactorios.
—Lo son. Aunque si tiene objeciones sobre mi presencia, debería planteárselas al rey en lugar de conspirar frente a mi puerta.
El consejero endureció la mandíbula y se marchó sin responder. Jackson esperó hasta que desapareció antes de confesarme que Dominic preguntaba por mí todos los días.
—No la evita porque haya perdido el interés —explicó—. La evita porque nunca había temido perder a nadie.
Dominic apareció unos minutos después. Había oído la discusión y estaba furioso, pero yo ya no pensaba permitir que decidiera por ambos.
—Acordamos usar estas dos semanas para conocernos —le dije—. No podremos hacerlo si tú te escondes en el consejo y yo permanezco encerrada como un secreto incómodo.
Él tomó mi mano.
—Ven conmigo.
Me condujo por pasadizos ocultos hasta un jardín salvaje detrás del palacio. Allí, junto a un arroyo, me habló de su madre, la única persona ante quien había podido mostrarse vulnerable. Ella había fallecido cuando él tenía dieciséis años, dejándolo solo con una corona demasiado pesada.
—Te miro y mis prioridades cambian —confesó—. Me haces desear una vida que nunca creí posible, pero no sé si para ti soy algo más que un problema que debes soportar.
—Pienso en ti constantemente —admití—. Y eso me aterra.
Dominic apoyó la frente contra la mía.
—Yo también tengo miedo.
Nuestro primer beso fue lento y vacilante. No hubo órdenes ni promesas precipitadas; solo dos personas reconociendo una conexión imposible de ignorar.
—Dos semanas no serán suficientes —murmuró.
—No —respondí—. No lo serán.
A partir de aquel día dejó de ocultarme. Me invitó a las reuniones del consejo y me pidió que expresara mis opiniones. Brennon intentó humillarme proponiendo negar recursos a Pinewood por su supuesta irrelevancia.
—Pinewood protege los pasos orientales —repliqué—. Abandonarla dejaría expuesta toda la frontera. Una manada pequeña no es una manada inútil.
Dominic aprobó los recursos y exigió a Brennon separar sus prejuicios de sus recomendaciones. Por primera vez comprendí que mi conocimiento podía ayudar no solo a mi hogar, sino a todo el reino.
Cuando las dos semanas terminaron, Dominic me pidió que me quedara a su lado. Yo solo puse una condición: regresar a Pinewood para hablar personalmente con mi padre.
Gregory escuchó mi historia sentado conmigo en el viejo porche de nuestra casa.
—¿Lo amas? —preguntó.
—Creo que sí. Pero convertirme en reina significa enfrentarme cada día a quienes creen que no soy digna.
Mi padre me reveló entonces que mi madre había abandonado una unión poderosa para elegirlo a él, un hombre sin riquezas ni influencia.
—Me dijo que escoger el amor por encima de la seguridad fue lo más valiente que hizo —recordó—. Si Dominic te permite ser quien realmente eres, no dejes que el miedo decida por ti.
Regresé al palacio al día siguiente. Dominic abrió la puerta del carruaje antes de que se detuviera por completo y me abrazó con desesperación.
—Quédate conmigo —pidió—. No como invitada ni como una distracción. Sé mi reina.
—Sí —respondí—. Pero gobernaremos juntos.
Tres días después anunció nuestra unión desde el balcón principal. Algunos guardaron silencio, incluido Brennon, pero la mayoría respondió con un aullido de aprobación que hizo vibrar las paredes.
Mi coronación no acabó con las dificultades. Tuve que enfrentar desprecios, demostrar mis capacidades y aprender que una reina no podía depender únicamente de la protección del rey.
Meses después llegó la prueba definitiva: varios lobos comenzaron a desaparecer en los territorios orientales. No quedaban huellas, señales de lucha ni rastros que seguir.
El consejo propuso abandonar las manadas fronterizas para proteger el centro del reino. Yo estudié los mapas durante noches y descubrí que las desapariciones seguían una ruta deliberada hacia el sur.
—No son ataques al azar —advertí—. Alguien está probando nuestras defensas y el próximo objetivo será este asentamiento.
Propuse tender una trampa. Dominic aceptó la estrategia, pero se opuso a que yo acompañara a los guerreros.
—No puedo llamarme reina si observo desde un palacio mientras mi gente desaparece —le dije—. Confía en mí como yo confío en ti.
Esperamos durante horas bajo la luna llena. Finalmente, unas criaturas oscuras surgieron entre los árboles. Se movían como sombras, con ojos verdes y cuerpos que parecían desvanecerse dentro de la nieve. Eran espectros enviados por una facción que pretendía debilitar el reino desde sus fronteras.
Cuando entraron en el asentamiento, nuestros guerreros cerraron todas las salidas. La batalla fue breve y confusa, pero el plan funcionó. Capturamos a varios espectros y obligamos al resto a retirarse.
Al amanecer, Dominic me encontró entre los supervivientes y me estrechó contra su pecho.
—No vuelvas a hacerme pasar por esto.
—No prometo quedarme atrás —contesté—. Pero siempre volveré contigo.
La información obtenida de los prisioneros permitió desmantelar la conspiración. Incluso Brennon tuvo que reconocer públicamente que mi estrategia había salvado a las manadas orientales.
Un año después de aquella reunión en la que había intentado desaparecer contra una pared, volví a situarme junto a Dominic en el gran balcón. Pinewood prosperaba, las fronteras estaban unidas y los lobos que antes dudaban de mí ahora pronunciaban mi nombre con respeto.
—¿Te arrepientes de haber cambiado tu vida tranquila por todo este caos? —me preguntó Dominic.
Pensé en mi padre, en mi madre y en la muchacha invisible que había sido.
—Ni por un instante. Este es exactamente el lugar donde debo estar.
Dominic me besó mientras el patio estallaba en aullidos. Yo había llegado como una don nadie de una manada olvidada. No me convertí en reina por mi apellido ni por una alianza conveniente, sino porque un rey vio mi valor antes que yo misma y porque, cuando llegó el momento de elegir, tuve el coraje de dejar de esconderme.
