¿Tienes novio?”, preguntó el capo. Ella respondió “Todavía no”. El jefe de la mafia sonrió y dijo algo que cambiaría su vida para siempre.

¿Tienes novio?”, preguntó el capo. Ella respondió “Todavía no”. El jefe de la mafia sonrió y dijo algo que cambiaría su vida para siempre.

PARTE 1

La sangre de Lorenzo Moretti cayó sobre el mantel blanco, pero él no parecía sentir los cristales clavados en su mano.

Sus ojos permanecían fijos en Camilla Williams, la chef pastelera de curvas generosas que acababa de decirle que otro hombre estaba intentando conquistarla.

Camilla comprendió entonces que aquella conversación no era un coqueteo inocente.

El hombre más peligroso de Chicago acababa de interesarse en ella.

Camilla tenía veintiocho años y dirigía el equipo de repostería de Elite Epicurean, una de las empresas de catering más exclusivas de la ciudad. Había aprendido a amar su cuerpo después de pasar años escuchando comentarios crueles sobre su talla.

Aquella noche trabajaba en un evento privado celebrado en el Hotel Drake. Oficialmente se trataba de una reunión empresarial. En realidad, los invitados pertenecían a varias organizaciones criminales.

Camilla permanecía junto a la mesa de postres, concentrada en sus trufas y cannoli, cuando las puertas del salón se abrieron.

Lorenzo Moretti entró acompañado por varios hombres.

Vestía un traje oscuro y llevaba una pequeña mancha de sangre en el cuello de la camisa. Todos guardaron silencio cuando atravesó la sala.

Lorenzo se detuvo frente a Camilla y tomó una trufa.

—¿Las preparaste tú?

—Sí.

Probó el chocolate sin apartar la mirada de ella.

—¿Cómo te llamas?

—Camilla Williams.

—¿Tienes novio, Camilla?

La pregunta la sorprendió.

Aidan Gallagher, uno de los gerentes de su empresa, llevaba semanas invitándola a salir. Habían acordado reunirse para tomar café.

—Todavía no —respondió.

El vaso de Lorenzo se rompió dentro de su mano.

Camilla retrocedió al ver la sangre.

—Necesita atención médica.

Tomó una servilleta limpia y la envolvió alrededor de su palma. Lorenzo permitió que lo ayudara, aunque su expresión seguía cargada de una intensidad inquietante.

—Sea quien sea ese hombre, ten cuidado —dijo antes de marcharse.

Camilla casi no durmió. A la mañana siguiente intentó convencerse de que Lorenzo la olvidaría.

En la cocina de Elite Epicurean, Aidan se acercó mientras ella decoraba pastelillos.

—¿Todo salió bien en el evento?

—Fue una noche extraña.

—Escuché que conociste a Lorenzo Moretti. ¿Mencionó algo sobre los muelles o algún cargamento?

Camilla levantó la mirada.

—¿Por qué me preguntas eso?

Aidan sonrió y cambió de tema.

—Olvídalo. Mañana tenemos nuestra cita. Pensaba pedirte oficialmente que fueras mi novia.

La incomodidad de Camilla no desapareció.

A varios kilómetros de allí, Lorenzo observaba un informe preparado por su jefe de seguridad. Había ordenado investigar únicamente si Aidan representaba un riesgo relacionado con el evento.

Los resultados fueron inesperados.

El número de seguridad social de Aidan había sido emitido recientemente. Su historial laboral era falso y su supuesto empleo como gerente formaba parte de una identidad encubierta.

—Es un agente federal —explicó Dante, el hombre de confianza de Lorenzo—. Pero no está trabajando dentro de un operativo autorizado. Fue suspendido por ocultar pruebas y mantiene contactos con la familia Russo. Creemos que vende información a ambos lados.

Lorenzo contempló una fotografía donde Aidan sostenía la muñeca de Camilla.

—¿Por qué se acercó a ella?

Dante colocó otra carpeta sobre el escritorio.

—Elite Epicurean trabaja para varios de nuestros socios. Gallagher cree que Camilla escucha conversaciones durante los eventos. Lleva semanas fingiendo interés romántico para conseguir información.

Lorenzo cerró la carpeta.

Una peligrosa calma se instaló en su rostro.

—Entonces Camilla no tiene una cita —dijo—. Tiene una reunión con un hombre que planea utilizarla como carnada.

PARTE 2

Camilla llegó al café con un vestido color esmeralda que la hacía sentirse segura y radiante.

Aidan ya la esperaba. Al principio habló de temas triviales, pero pronto volvió a mencionar el evento.

—Necesito que recuerdes si Moretti habló de cargamentos, almacenes o rutas portuarias.

Camilla dejó su taza.

—Me dijiste que esto era una cita.

—Lo es, pero esa información podría ser importante.

—¿Importante para quién?

Aidan intentó tomarle la mano. Camilla la retiró.

—¿Realmente trabajas en Elite Epicurean?

La expresión del hombre cambió.

Antes de que respondiera, Lorenzo entró acompañado únicamente por Dante. No bloqueó las salidas ni se acercó a Camilla. Dejó una carpeta sobre la mesa.

—Lee la primera página —dijo.

Camilla encontró la fotografía oficial de Aidan, su historial en una agencia federal y varios registros de pagos recibidos de la familia Russo.

—¿Esto es verdad? —preguntó.

Aidan se levantó.

—Puedo explicarlo. Moretti es un delincuente. Necesitaba acercarme a su red y tú eras el medio más sencillo.

La respuesta terminó de destruir cualquier esperanza de Camilla.

—¿Todo fue mentira?

—No todo. Pero debes entender que se trataba de mi trabajo.

—Tu trabajo no te daba derecho a utilizar mis sentimientos.

Aidan intentó acercarse. Lorenzo se interpuso, pero Camilla levantó una mano.

—Ninguno de los dos va a decidir por mí.

Miró primero a Aidan.

—No vuelvas a comunicarte conmigo.

Después se volvió hacia Lorenzo.

—Y tú no volverás a investigarme, seguirme ni comprar la empresa donde trabajo para tenerme cerca.

Lorenzo sostuvo su mirada.

—Entendido.

Camilla abandonó el café por su cuenta.

Durante los días siguientes, Aidan envió disculpas y explicaciones. Ella guardó los mensajes, pero no respondió.

Lorenzo respetó su distancia. Solo le hizo llegar, por medio de un abogado, una copia completa de las pruebas contra Aidan. Camilla podía entregarlas a las autoridades o destruirlas.

Decidió presentarlas ante la oficina de asuntos internos.

La investigación reveló que Aidan había filtrado información confidencial y colaboraba con una organización rival para incriminar a otros agentes. Al darse cuenta de que Camilla había declarado contra él, comenzó a amenazarla.

Esta vez fue ella quien llamó a Lorenzo.

—Necesito protección temporal —dijo—. Pero bajo mis condiciones.

—Dime cuáles son.

—Tendré mi propia habitación, mi teléfono y libertad para hablar con mis abogados. Nadie entrará sin mi permiso.

—Acepto todas.

Camilla se trasladó durante unos días a una propiedad vigilada en las afueras de Chicago. Para combatir la ansiedad, utilizó la amplia cocina y comenzó a hornear.

Cada noche Lorenzo regresaba después de trabajar, se sentaba al otro lado de la isla y probaba lo que ella había preparado.

No la tocaba ni la presionaba.

—¿Por qué rompiste aquel vaso? —le preguntó Camilla.

Lorenzo observó la cicatriz reciente de su mano.

—Porque sentí celos y reaccioné como un hombre acostumbrado a que nadie le imponga límites.

—Eso no es romántico. Es una señal de alarma.

—Lo sé.

Su respuesta sincera la sorprendió.

—Si alguna vez queremos conocernos de verdad —continuó Camilla—, tendrás que comprender que no soy una posesión.

—No volveré a llamarte mía.

—Bien. Tal vez entonces podamos empezar por nuestros nombres.

La tranquilidad no duró.

Aidan descubrió la ubicación de la propiedad gracias a uno de sus contactos corruptos. Llegó acompañado por varios hombres de la familia Russo, convencido de que podía capturar a Lorenzo y obligar a Camilla a retirar su declaración.

Las alarmas se activaron.

Lorenzo condujo a Camilla hacia una habitación de seguridad, pero antes de que la puerta se cerrara, Aidan apareció al final del pasillo.

—Ven conmigo, Camilla —ordenó—. No tienes que proteger a este criminal.

—No estoy protegiéndolo. Estoy protegiéndome de ti.

La máscara amable de Aidan desapareció.

—Siempre fuiste un blanco fácil. Pensé que una mujer como tú estaría agradecida de que alguien fingiera desearla.

El insulto despertó viejas heridas, pero Camilla ya no era la mujer insegura que él había conocido.

—Mi cuerpo nunca fue el problema —respondió—. El problema fue que tú confundiste mi bondad con debilidad.

Camilla cerró la puerta de seguridad y utilizó el sistema interno para alertar a la policía. También envió las imágenes de las cámaras directamente a asuntos internos.

Afuera, los guardias de Lorenzo lograron contener a los atacantes sin perseguirlos ni ejecutar una venganza. Cuando las autoridades llegaron, encontraron a Aidan armado y rodeado de pruebas de su colaboración con la familia Russo.

Fue arrestado por corrupción, conspiración, amenazas y abuso de autoridad.

Después del ataque, Lorenzo abrió la puerta de seguridad. Tenía una herida en el hombro, pero permanecía en pie.

Camilla salió y examinó la lesión.

—Necesitas un médico.

—Primero quería saber si estabas bien.

—Estoy asustada, pero estoy bien.

Lorenzo extendió una mano y esperó.

Camilla decidió tomarla.

—Esto no significa que te pertenezca.

—Significa que confías en mí lo suficiente para sostener mi mano. No pediré más.

Durante los meses siguientes, Aidan fue condenado y varios funcionarios corruptos quedaron expuestos. Elite Epicurean atravesó una crisis porque algunos directivos conocían la infiltración y habían permitido que utilizara a sus empleados.

Camilla reunió a varios inversionistas y compró una participación importante de la compañía. Con su experiencia culinaria y administrativa, convirtió el negocio en una empresa independiente y transparente.

Lorenzo ofreció financiarla, pero ella rechazó el dinero.

—Quiero construir esto por mí misma.

—Entonces solo estaré disponible si pides consejo.

Su relación avanzó con paciencia. Hubo cenas, discusiones y límites que Lorenzo tuvo que aprender a respetar. Camilla no ignoraba quién era él ni justificaba su pasado. Lo impulsó a separar sus empresas legítimas de las actividades que dependían de amenazas y violencia.

Una tarde, después de presentar los mejores resultados financieros de la historia de Elite Epicurean, Camilla encontró a Lorenzo esperándola fuera de la sala de juntas.

—¿Qué haces aquí?

—Esperando a la mujer que construyó su propio imperio.

Camilla sonrió.

Lorenzo no había destruido el mundo para convertirla en una reina.

Ella ya lo era.

Lo único que él tuvo que aprender fue a caminar a su lado sin intentar reclamar su corona.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward