Sus padres la vendieron por su «sangre vacía», hasta que un rey vampiro solitario la eligió.

Sus padres la vendieron por su «sangre vacía», hasta que un rey vampiro solitario la eligió.

PARTE 1

Nunca imaginé que una mañana tranquila pudiera convertirse en el día en que perdería toda mi vida.

Me llamo Avery Quinn, y durante mucho tiempo pensé que mis mayores problemas eran mi salud, el cansancio constante y esa extraña sensación de que algo dentro de mí no funcionaba como debería. Los médicos siempre decían que no encontraban nada malo, pero yo sabía que había algo diferente en mí.

Aquella mañana desperté con la misma debilidad de siempre. El frío parecía venir de mi propio cuerpo, no del invierno que golpeaba las ventanas. Mientras me preparaba para enfrentar otro día, escuché las voces de mis padres desde abajo.

No quería escuchar.

Pero sus palabras me obligaron.

—Ella está vacía —dijo mi padre con una voz llena de preocupación.

Sentí que el mundo se detenía.

“Vacía”.

Esa palabra comenzó a repetirse en mi cabeza como una sentencia. Sabía lo que significaba. Había leído sobre personas como yo, individuos con una rara condición llamada sangre vacía, una anomalía que los convertía en algo extremadamente peligroso para otros seres.

Bajé a la cocina intentando fingir que no había escuchado nada.

Mis padres evitaron mirarme.

El silencio era peor que cualquier confesión.

Entonces mi padre finalmente habló.

—Tenemos que hablar, Avery.

Antes de que pudiera responder, un vehículo se detuvo frente a nuestra casa. Después escuché pasos acercándose a la puerta.

Cuando mi padre abrió, entraron una mujer con bata blanca y un hombre con traje oscuro.

—Soy la doctora Helena Ward —dijo ella—. Hemos estado siguiendo tu caso durante algún tiempo.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Mi caso.

No mi vida.

No mi nombre.

Mi caso.

El hombre del traje mostró una pantalla donde aparecían mis datos médicos, mis análisis y toda mi información personal reducida a números.

Entonces mi padre pronunció las palabras que destruirían todo lo que creía saber:

—El santuario de Lock aceptó recibirte. Allí estarás protegida.

Lo miré sin poder creerlo.

—¿Protegida… o encerrada?

Nadie respondió.

Pero la verdad estaba en sus rostros.

Mis propios padres ya habían tomado una decisión sobre mi futuro.

Y lo peor aún estaba por venir.

Porque cuando la doctora me explicó quién era realmente Damian Lockach, entendí que mi sangre no solo era extraña…

Era algo que podía cambiar el equilibrio entre humanos y vampiros para siempre.

PARTE 2

El viaje hacia el santuario fue el momento más largo de mi vida.

Miraba por la ventana del vehículo mientras las calles conocidas desaparecían poco a poco. Cada kilómetro me alejaba de la persona que había sido y me acercaba a un mundo que jamás había imaginado.

Mi familia me había entregado.

Esa era la única verdad que podía aceptar.

Cuando llegamos a Lock Manor, esperaba encontrar una prisión oscura, un lugar lleno de cadenas y miedo. Pero lo que apareció frente a mí fue una enorme mansión rodeada de árboles antiguos, elegante y silenciosa.

Era hermosa.

Y eso me aterraba más.

Porque una jaula también podía estar cubierta de oro.

Un joven llamado Noah fue quien me recibió. Sus movimientos eran demasiado perfectos y su mirada dejaba claro que no era humano.

—Soy Noah Lock —dijo—. Te llevaré a tu habitación.

No sabía si confiar en él, pero había algo diferente en su forma de hablarme. No me miraba como un objeto.

Me miraba como una persona.

Mi habitación era más grande que cualquier lugar donde hubiera vivido antes. Había ropa preparada para mí, libros, comida y todo lo necesario.

Demasiada preparación.

Ellos me estaban esperando desde hacía mucho tiempo.

Esa noche apenas pude dormir. Mi mente estaba llena de preguntas.

¿Por qué mi sangre era tan importante?

¿Por qué un vampiro poderoso como Damian Lockach estaba interesado en mí?

Al día siguiente finalmente llegó el momento.

Noah me condujo por los pasillos hasta una enorme puerta de madera.

Tocó una vez.

Una voz profunda respondió desde el interior:

—Adelante.

Entré.

Y entonces lo vi.

Damian Lockach no era como los monstruos que imaginaba. No llevaba una apariencia aterradora. Era elegante, tranquilo y tenía una presencia que hacía que toda la habitación pareciera pertenecerle.

Sus ojos se clavaron en mí.

Por un instante pensé que podía ver cada miedo que escondía.

—Avery Quinn —dijo lentamente—. Finalmente estás aquí.

Me mantuve firme.

—¿Por qué me trajiste?

Damian permaneció en silencio durante unos segundos.

Después caminó hacia mí y dijo algo que jamás esperaba escuchar:

—Porque tú no tienes sangre vacía.

Fruncí el ceño.

—Todos dicen que la tengo.

Su mirada se volvió seria.

—Eso es lo que ellos creen.

Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo.

—Entonces, ¿qué tengo?

Damian se acercó y bajó la voz.

—Una sangre que desapareció hace siglos.

Una sangre que muchos matarían por poseer.

Y en ese momento comprendí que mi mayor peligro no era estar encerrada en aquel lugar.

Mi verdadero peligro era descubrir quién era realmente.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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