SOY SOLO SU ENFERMERA”, DIJO SU PROMETIDA — HASTA QUE EL JEFE DE LA MAFIA DESPERTÓ Y PIDIÓ SU MANO

Parte 1
Lo primero que hizo Nico Salvatore al abrir los ojos después del accidente no fue preguntar por su prometida.
Tampoco preguntó por su familia, por su imperio o por quién había provocado aquella noche que casi termina con su vida.
Cuando despertó en una habitación privada del hospital Santa Aurelia, rodeado de médicos, guardias y un silencio que parecía más peligroso que cualquier amenaza, solo buscó a una persona.
A Clara Evans.
La enfermera estaba a punto de ser sacada de la habitación por los hombres de seguridad de la familia Salvatore. Su uniforme estaba arrugado después de casi dos días sin dormir. Su cabello ya no estaba perfectamente recogido y sus ojos mostraban el cansancio de alguien que había luchado por mantener a otros con vida.
Pero Nico no vio una simple enfermera.
Vio a la mujer que había estado a su lado cuando todos los demás solo veían un nombre poderoso.
—Clara… —susurró con una voz débil.
Toda la habitación quedó congelada.
Al otro lado, Bianca Rinaldi, su prometida, permanecía inmóvil con un elegante abrigo blanco y joyas que brillaban bajo las luces del hospital.
Ella había llegado esperando encontrar a un hombre agradecido por verla.
—Gracias a Dios estás vivo, Nico —dijo acercándose a la cama.
Pero Nico ni siquiera miró hacia ella.
Sus ojos seguían puestos en Clara.
Durante un instante, todos recordaron quién era realmente Nico Salvatore.
No era solamente un hombre herido en una cama.
Era el heredero de una de las familias más poderosas de la costa este, un hombre conocido por su influencia, su dinero y los secretos que rodeaban su apellido.
Sin embargo, en ese momento no parecía preocupado por su poder.
Parecía preocupado por alguien más.
Por un niño.
Cuarenta y ocho horas antes, Clara Evans estaba terminando un turno agotador cuando dos ambulancias llegaron al hospital bajo una fuerte tormenta.
El primer paciente era un hombre gravemente herido dentro de un vehículo incendiado.
El segundo era un niño pequeño que apenas podía mantenerse consciente.
Clara no sabía quién era ese hombre.
No sabía que estaba atendiendo a Nico Salvatore.
No sabía que el niño que había llegado con él escondía un secreto capaz de destruir a una familia entera.
Para ella solo eran dos vidas que necesitaban ayuda.
Mientras otros cambiaban su actitud al escuchar el apellido Salvatore, Clara siguió trabajando como siempre.
Preparó medicamentos, revisó signos vitales y permaneció junto al paciente mientras todos alrededor empezaban a sentir miedo.
Entonces vio algo extraño.
En la mano de Nico había un anillo con el símbolo de un escudo.
Un símbolo que muchos en Nueva York reconocían.
—Salvatore… —susurró alguien detrás de ella.
El ambiente cambió inmediatamente.
Pero Clara no retrocedió.
Porque para ella, un hombre poderoso seguía siendo un paciente herido.
Y un niño asustado seguía siendo un niño.
Horas después, cuando el pequeño despertó en la sala infantil, Clara escuchó algo que cambiaría todo.
El niño lloraba buscando a su padre.
—El auto estaba ardiendo… papá estaba herido… y esa mujer… esa mujer quería que yo desapareciera.
Clara sintió un escalofrío.
Antes de que pudiera hacer más preguntas, escuchó unos pasos acercándose por el pasillo.
Tacones blancos.
Los mismos que había visto cuando Bianca Rinaldi entró al hospital.
Clara miró al niño, luego hacia la puerta.
Y en ese momento comprendió que el accidente de Nico Salvatore no había sido solo un accidente.
Había alguien intentando ocultar la verdad.
Y ella acababa de convertirse en la única persona que podía revelarla.
Parte 2
Clara sabía que debía contar todo lo que había descubierto.
Pero también sabía que hacerlo podía poner al niño en peligro.
Por eso tomó una decisión que cambiaría su vida.
Alteró temporalmente los registros del pequeño para proteger su identidad.
No eliminó información. No podía hacerlo. El hospital tenía cámaras, documentos y pruebas de todo.
Pero consiguió trasladarlo a una habitación más segura, lejos de las personas que querían encontrarlo.
El niño le susurró su nombre mientras ella acomodaba la manta sobre sus hombros.
—Luca.
Ese nombre quedó grabado en su mente.
Un niño escondido.
Un hombre poderoso herido.
Una prometida que parecía más preocupada por controlar la situación que por salvar una vida.
Cuando amaneció, el hospital dejó de parecer un hospital.
Los vehículos negros llenaron la entrada. Los hombres de seguridad ocuparon los pasillos y la familia Salvatore tomó el control del piso privado.
Clara continuó trabajando.
No le importaban los apellidos ni las fortunas.
Solo le importaba que Nico sobreviviera y que Luca estuviera protegido.
Pero entonces descubrió algo más.
Entre las flores enviadas por Bianca había una pequeña cámara escondida.
Una lente diminuta apuntaba directamente hacia la cama de Nico.
Clara sintió que todo encajaba.
Bianca no había llegado al hospital por preocupación.
Estaba vigilando.
Cuando Clara retiró las flores, Bianca apareció frente a ella.
La habitación quedó en silencio.
—Recuerda tu lugar, enfermera Evans —dijo Bianca con una sonrisa fría—. Tú no perteneces a este mundo.
Durante años Clara había escuchado palabras similares.
Personas ricas que confundían dinero con superioridad.
Personas poderosas que creían que los demás debían obedecer.
Pero esta vez era diferente.
Porque ahora no estaba defendiendo su orgullo.
Estaba defendiendo a un niño.
—No voy a entregarle información sobre él —respondió Clara.
Por primera vez, la sonrisa de Bianca desapareció.
Un guardia dio un paso adelante.
Parecía que Clara sería expulsada del hospital.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Nico abrió los ojos.
Su voz era débil, pero todos pudieron escucharla.
—Clara.
El guardia soltó su brazo.
Bianca giró lentamente hacia la cama.
Nico levantó la mano con dificultad y Clara se acercó.
Ella tomó su mano.
Durante unos segundos, el hombre que todos temían parecía simplemente un padre preocupado.
Entonces Nico miró a Bianca.
—Nadie vuelve a tocarla.
La habitación quedó completamente inmóvil.
Después de unos minutos, cuando quedaron solos, Clara intentó apartar su mano.
Pero Nico no la soltó.
—Mentiste por mi hijo —dijo él.
Clara sintió que el corazón se le aceleraba.
—Usted escondió a ese niño de todos.
Nico cerró los ojos.
—Porque la primera persona que preguntó por él parecía decepcionada de saber que seguía vivo.
Aquella frase cambió todo.
Clara comprendió que detrás del hombre temido por todos había un padre intentando proteger a su hijo.
Pero también comprendió algo más.
El peligro todavía no había terminado.
Porque alguien había provocado el accidente.
Alguien había intentado borrar la existencia de Luca.
Y ahora esa misma persona sabía que Clara conocía la verdad.
Esa noche, cuando Clara regresó a su pequeño apartamento en Queens pensando que podría recuperar su vida normal, vio un vehículo negro estacionado frente a su edificio.
La ventana trasera bajó lentamente.
Dentro estaba Nico Salvatore.
Herido.
Débil.
Pero completamente decidido.
—¿Qué hace aquí? —preguntó Clara sorprendida.
Nico la miró bajo la lluvia.
—Vine porque ya saben quién eres.
Ella frunció el ceño.
—¿Quiénes?
Nico guardó silencio durante unos segundos.
Luego respondió:
—Las mismas personas que intentaron acabar conmigo.
Antes de que Clara pudiera contestar, una luz se rompió detrás de ellos.
El cristal de su apartamento explotó.
Nico reaccionó de inmediato y la sujetó para protegerla.
En ese instante, Clara entendió algo aterrador:
Había salvado la vida de un hombre peligroso.
Pero ahora ese hombre era la única persona capaz de salvar la suya.