“Solo Fue Práctica de Cama”, Se Burló el Heredero de la Mafia — Sin Saber Que Ella Entendía Italiano
“Solo Fue Práctica de Cama”, Se Burló el Heredero de la Mafia — Sin Saber Que Ella Entendía Italiano

PARTE 1
La noche antes de graduarme de la preparatoria, pensé que Izen Luciano por fin me había elegido.
Llevaba diez años enamorada de él. Habíamos crecido juntos, y aunque su padre era uno de los hombres más poderosos de nuestra ciudad, yo nunca le tuve miedo. Cuando todos se alejaban de Izen, yo me quedaba. Por eso, cuando aquella noche me habló de un futuro juntos y me prometió que algún día estaría a su lado cuando heredara el imperio familiar, le creí.
A la mañana siguiente, todavía aferrada a esa ilusión, escuché a Izen hablando con mi hermano adoptivo, Lucas.
Ellos cambiaron al italiano porque creían que yo no entendía una palabra.
Lo que no sabían era que llevaba meses estudiándolo en secreto.
—¿Entonces Cintia será mi futura cuñada? —bromeó Lucas.
Izen soltó una risa.
—No exageres. Solo quería saber si todavía me seguía ciegamente. La que realmente me interesa es Silvia Dawson.
Sentí que el pecho se me vaciaba.
Silvia era la capitana de las porristas, hermosa, popular y exactamente el tipo de chica que Izen presumiría frente a todo el mundo.
Lucas siguió riéndose.
Izen añadió algo peor:
—Cintia lleva años detrás de mí. Siempre estará ahí. Aunque me divierta un poco, cuando me canse, seguirá esperándome.
Bajé la mirada para que ninguno de los dos viera cómo me había destruido aquella frase.
Izen incluso se acercó después y me trató con la misma ternura falsa de siempre, como si yo no acabara de escuchar la verdad. Ellos estaban convencidos de que su conversación seguía siendo un secreto.
Me encerré en el baño y lloré hasta que ya no me quedaron lágrimas.
Horas más tarde, mi mejor amiga Aba me llamó por video desde el baile de graduación.
—Cintia… tienes que ver esto.
Giró la cámara.
En medio de la pista estaba Izen.
Y abrazada a él, Silvia.
Todo el mundo aplaudía mientras ellos se besaban frente a la escuela entera.
Lo entendí de golpe: yo nunca había sido su elección. Solo era la persona que él daba por segura.
Esa misma noche abrí mi computadora.
Durante años había planeado ir a Caltech porque Izen quería estudiar allí y me había hecho creer que seguir juntos era importante. Yo tenía notas para aspirar a algo más, pero había reducido mis propios sueños para no alejarme de él.
Retiré mi solicitud.
Y envié una nueva a MIT.
Después bloqueé a Izen.
Cambié la clave de mi casa.
Guardé en cajas todos sus regalos.
Y me fui con Aba durante el verano, decidida a no volver a ser la chica que organizaba toda su vida alrededor de un hombre que ni siquiera la respetaba.
Pasaron casi dos meses.
Por primera vez desde niña, aprendí a despertar sin revisar si Izen me había escrito.
Él intentó llamarme desde números desconocidos. Se enfureció cuando descubrió que lo había bloqueado. Incluso me recordó que habíamos prometido ver juntos la aurora boreal.
No respondí como antes.
Mi plaza en MIT fue confirmada.
Mis padres aceptaron guardar el secreto.
Yo pensaba irme a la universidad sin volver a verlo.
Pero al regresar a casa tuve que asistir a la fiesta de graduación organizada por la familia Luciano, porque nuestros padres todavía mantenían negocios juntos.
Izen estaba allí.
También Silvia.
Intenté mantenerme lejos, pero la señora Luciano me tomó de la mano y empezó a hablar con cariño sobre el futuro.
—Cuando ustedes dos se vayan a la universidad, tendrán que cuidarse mutuamente.
Izen me miró.
Antes de que yo pudiera decir nada, Silvia sonrió y comentó:
—Eso será difícil. Cintia se va bastante lejos.
El salón pareció quedarse en silencio.
Izen giró lentamente hacia mí.
—¿Qué quiso decir con eso?
Respiré hondo.
—Que no voy a Caltech.
Su rostro cambió por completo.
—Entonces… ¿a dónde vas?
Lo miré directamente.
—A MIT.
Y por primera vez en diez años, vi verdadero miedo en los ojos de Izen.
PARTE 2
Izen me sujetó por los hombros.
—¿Por qué cambiaste de universidad sin decírmelo?
Me liberé de sus manos.
—Porque es mi vida.
Pareció no comprender la respuesta.
Durante años yo había acomodado mis horarios, mis planes y hasta mis sueños alrededor de él. Para Izen, aquello se había vuelto tan normal que nunca imaginó que un día pudiera detenerme.
—Pero habíamos quedado en ir juntos.
—Tú decidiste ir a Caltech. Yo decidí MIT.
—Lo hiciste por Silvia.
Negué lentamente.
—No. Silvia simplemente me ayudó a entender algo que debí comprender hace años.
Su mandíbula se tensó.
—¿Qué cosa?
—Que no soy tu propiedad.
Silvia permanecía a unos metros, incómoda ante una conversación que claramente no entendía.
Yo sí entendía demasiado.
Antes de irme de la fiesta escuché otra vez a Izen hablando con Lucas y varios amigos en el balcón. Seguía convencido de que mi distancia era temporal.
—Cintia siempre vuelve —dijo—. Puede enfadarse todo lo que quiera. Cuando termine de divertirme, seguirá ahí.
Aquella frase acabó con lo poco que quedaba de mis sentimientos.
Días después me fui a MIT.
Y algo extraordinario ocurrió.
Empecé a vivir.
Por primera vez tenía amigos que no me conocían como “la chica de Izen Luciano”. Nadie esperaba que abandonara una clase para solucionar sus problemas. Nadie medía mi valor por mi relación con él.
Fue allí donde conocí a Miles.
Al principio solo éramos compañeros.
Miles era tranquilo, inteligente y atento. Cuando hablaba conmigo, realmente escuchaba. Nunca asumía que yo abandonaría mis planes por los suyos.
Yo todavía tenía miedo de enamorarme.
Miles nunca me presionó.
—Podemos ser amigos todo el tiempo que necesites —me dijo.
Y cumplió su palabra.
Mientras tanto, Izen comenzó a aparecer otra vez.
Primero fueron llamadas.
Después mensajes.
Luego regalos.
Finalmente llegó personalmente al campus.
—Vine a verte.
—No tenías que hacerlo.
—Puedo visitarte seguido. No estamos tan lejos.
Antes, habría interpretado esas palabras como la prueba de amor que había esperado durante diez años.
Ahora solo me cansaban.
Justo entonces apareció Miles.
—Cintia, ¿nos vamos?
La expresión de Izen cambió.
—¿Quién es él?
Por primera vez reconocí algo que jamás había visto en sus ojos cuando yo estaba detrás de él.
Celos.
Me acerqué a Miles.
—Ya teníamos planes.
Izen me miró como si esperara que yo abandonara a Miles en cuanto él chasqueara los dedos.
No lo hice.
—Por favor, no vuelvas a buscarme —le dije—. Ya no soy la niña que se queda esperando hasta que tú decidas prestarle atención.
Tomé la mano de Miles y me alejé.
Con el tiempo, Miles y yo comenzamos una relación.
No fue perfecta.
Pero era tranquila.
Yo podía decir que no.
Podía elegir.
Podía respirar.
Izen, en cambio, parecía obsesionarse cada vez más con recuperar aquello que nunca había valorado mientras lo tenía.
Rechacé sus invitaciones.
Le devolví sus regalos sin abrirlos.
Hasta que ocurrió algo que cruzó todos los límites.
Una noche, varios hombres vinculados a la familia Luciano interceptaron a Miles fuera del campus y lo agredieron.
Cuando me enteré, fui directamente a buscar a Izen.
—¿Mandaste hacerle eso?
—¡No!
—Eran tus hombres.
—Uno de ellos actuó por su cuenta.
—Entonces escucha muy bien. Que haya sido tu orden o no ya no importa. Tu mundo está entrando en mi vida otra vez.
Izen parecía desesperado.
—Cintia, solo dame otra oportunidad. Ya sé que cometí un error con Silvia.
Me reí sin humor.
—¿Crees que Silvia fue el problema?
En ese momento uno de sus subordinados comenzó a disculparse.
Lo hizo en italiano.
Izen lo interrumpió inmediatamente.
—Habla inglés. Cintia no entiende italiano.
Todo quedó en silencio.
Lo miré.
Por primera vez pude decir aquella verdad sin que me doliera.
—No hace falta.
Izen frunció el ceño.
—¿Qué?
—Siempre he entendido italiano.
El color desapareció de su rostro.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace años.
Entonces lo vi recordar.
La mañana después de nuestra graduación.
Lucas.
Las risas.
Todo aquello que habían dicho creyendo que yo no comprendía.
—Cintia…
—Escuché cuando dijiste que Silvia era la mujer que realmente querías. Escuché cuando dijiste que yo siempre estaría esperándote. Escuché cuando hablaste de mí como si fuera algo que podías usar y guardar para después.
Izen abrió la boca.
No salió ningún sonido.
La arrogancia que siempre lo había protegido desapareció.
—Yo no sabía que entendías…
—Exactamente.
Lo miré directamente.
—Si hubieras sabido que entendía, no habrías dicho esas cosas delante de mí. Pero eso no significa que no las pensaras.
La revelación de que Cintia había entendido durante años las conversaciones en italiano es precisamente lo que finalmente obliga a Izen a enfrentar la magnitud de sus propias palabras.
Izen bajó la mirada.
—Era un idiota.
—Sí.
—Pensé que siempre estarías conmigo.
—Ese fue tu problema. Nunca me elegiste. Solo estabas seguro de que yo te elegiría a ti.
Sus ojos se humedecieron.
—Te quiero ahora.
Aquellas palabras habrían sido capaces de cambiar mi mundo meses atrás.
Ya no.
—Quizá sí. Pero llegaste demasiado tarde.
Me acerqué un paso.
—No vuelvas a acercarte a Miles ni a mí. Nuestras familias seguirán cruzándose y seré educada cuando tenga que verte. Pero eso es todo.
Izen levantó una mano, como si quisiera detenerme.
Yo retrocedí.
—Esta es la última vez que eliges por mí.
Me di la vuelta.
A cierta distancia estaba Miles esperándome.
No había intentado escuchar nuestra conversación.
No parecía preocupado por saber qué había dicho Izen.
Simplemente sonrió cuando me vio acercarme.
Tomé su mano.
—¿No quieres saber qué hablamos?
Miles pensó unos segundos.
—Al principio sí.
—¿Y ahora?
—Ahora solo quiero saber si tienes hambre.
Solté una carcajada mientras las lágrimas empezaban a caer.
Miles me las secó suavemente.
Detrás de nosotros, Izen seguía inmóvil.
Por primera vez, él era quien esperaba mientras yo me alejaba.
Nunca volví a verlo después de aquel día. En la historia original, Cintia termina tomando la mano de Miles y marchándose definitivamente mientras Izen permanece atrás, incapaz de recuperarla.
Durante diez años creí que amar significaba esperar a que alguien finalmente reconociera mi valor.
Estaba equivocada.
El día que dejé de seguir a Izen no perdí al amor de mi vida.
Fue el día en que, por primera vez, elegí mi propia vida.