Si pasas la noche en mi cama, Omega, te dejaré libre: La pareja destinada del Rey Alfa
Si pasas la noche en mi cama, Omega, te dejaré libre: La pareja destinada del Rey Alfa

PARTE 1
El sonido del cerrojo cerrándose detrás de mí fue más aterrador que cualquier amenaza que hubiera escuchado antes.
La puerta de hierro de la habitación del Rey Alfa Lucian Thorne acababa de quedar sellada, y por primera vez en muchos años sentí que no tenía ningún lugar al que escapar.
La habitación de Blackstone era enorme, iluminada por velas que proyectaban sombras sobre las paredes de piedra. Todo estaba perfectamente ordenado, demasiado perfecto, como si aquel lugar hubiera sido diseñado para recordar a cualquiera que entrara allí quién tenía el poder.
En el centro estaba la cama real.
Durante toda mi vida había aprendido que los símbolos del poder podían ser más peligrosos que las propias armas. Una corona, un título, una orden pronunciada por la persona correcta podían destruir una vida sin necesidad de tocarla.
Y yo era el ejemplo perfecto.
Para la corte, yo no era una persona. Era un problema que debía ser controlado. Una Omega sin una familia poderosa detrás, sin un ejército que defendiera mi nombre, sin una posición que obligara a otros a respetarme.
Durante años me mantuvieron cerca porque les era útil.
Pero esa noche todo cambió.
El consejo real había decidido mi destino. Me habían llevado hasta allí para poner a prueba una antigua promesa: si sobrevivía a aquella noche dentro de la habitación del Rey Alfa, sería liberada.
Eso era lo que Lucian había prometido delante de todos.
“Tu libertad será tuya si cumples este acuerdo.”
Sus palabras todavía resonaban en mi mente.
Pero una parte de mí no podía creerlas.
Los hombres con poder siempre prometían algo cuando tenían testigos. La verdadera pregunta era qué hacían cuando nadie los observaba.
Entonces la puerta volvió a abrirse.
Esperé ver guardias.
Esperé ver miembros del consejo.
Pero era él.
Lucian Thorne entró solo.
El hombre que gobernaba un reino entero caminaba hacia mí sin la armadura de la ceremonia. Vestía de negro, con una expresión fría y distante, pero había algo en sus ojos que no esperaba encontrar.
Cansancio.
No parecía un rey disfrutando de su victoria.
Parecía alguien cargando un peso demasiado grande.
Me quedé quieta, negándome a bajar la mirada.
Si aquella noche iba a perder mi libertad, al menos conservaría mi orgullo.
Lucian me observó durante unos segundos.
—¿Crees que te traje aquí porque quería cumplir los deseos del consejo? —preguntó.
No respondí.
Porque la respuesta ya estaba clara para mí.
—Sí —dije finalmente—. Creo que esto es solo otra forma de control.
Sus ojos cambiaron ligeramente.
No parecía enfadado.
Parecía herido.
Eso me confundió más que cualquier amenaza.
Esperaba crueldad. Esperaba arrogancia. Esperaba que demostrara que todos tenían razón sobre él.
Pero no lo hizo.
En silencio, dejó su daga ceremonial sobre una mesa. Después colocó su anillo de autoridad y su capa real junto a ella.
Uno por uno, dejó atrás los símbolos que lo convertían en intocable.
Por primera vez vi al hombre detrás del rey.
Y eso era más peligroso de lo que esperaba.
Me senté en el extremo más alejado de la cama, preparada para cualquier cosa.
Lucian no se acercó.
En lugar de eso, tomó una manta y la colocó en el suelo junto a la chimenea.
Lo miré confundida.
—¿Qué estás haciendo?
—Tú dormirás en la cama —respondió.
Una risa amarga escapó de mis labios.
—¿Y tú en el suelo para demostrar que eres un hombre honorable?
Él sostuvo mi mirada.
—No. Para demostrar que no soy como ellos.
Aquella respuesta me dejó sin palabras.
Porque por primera vez alguien no intentaba convencerme de obedecer.
Intentaba demostrarme que podía elegir.
Entonces entendí que aquella noche no era solamente una prueba para mí.
También era una prueba para él.
Y cuando estaba a punto de preguntarle por qué un Rey Alfa arriesgaría tanto por alguien como yo, escuchamos un fuerte golpe al otro lado de la puerta.
Alguien había llegado.
Y por la expresión de Lucian, supe que aquello era mucho peor que cualquier amenaza que hubiera imaginado.
PARTE 2
El silencio después del golpe fue más aterrador que el propio ruido.
Lucian cambió inmediatamente.
El hombre tranquilo que había visto segundos antes desapareció. Volvió a aparecer el rey que todos temían, pero ahora entendía algo que antes no había visto.
Su fuerza no venía de querer dominar a otros.
Venía de intentar proteger algo que estaba a punto de perder.
La puerta se abrió poco después.
Los miembros del consejo real entraron acompañados por guardias. Sus rostros mostraban una mezcla de preocupación y satisfacción, como si hubieran esperado exactamente ese momento.
El más antiguo de ellos dio un paso al frente.
—Majestad, la ley exige una respuesta.
Sentí que la habitación se hacía más pequeña.
Porque comprendí la verdad.
Ellos no habían venido por mí.
Habían venido por él.
Habían convertido mi libertad en una herramienta política para atacar al rey.
Lucian permaneció firme.
—¿Desde cuándo el consejo decide qué debo hacer con mi propia palabra?
El noble sonrió.
—Desde que su palabra puede cambiar el futuro del reino.
Mis manos se cerraron lentamente.
Durante toda mi vida había pensado que el mayor peligro era estar bajo el control de alguien poderoso.
Pero estaba equivocada.
El verdadero peligro era un sistema donde las personas podían esconder sus ambiciones detrás de las reglas.
Después de que el consejo se retiró temporalmente, Lucian me llevó a los antiguos archivos del castillo.
Allí descubrimos documentos que habían permanecido ocultos durante décadas.
No eran simples registros.
Eran pruebas de que muchas Omegas habían sido manipuladas por la corte para mantener el poder de ciertas familias.
Entonces encontré algo que me dejó sin respiración.
El nombre de Lucian estaba escrito en un documento sellado desde hacía veinte años.
El consejo sabía algo sobre él.
Algo que habían ocultado incluso al propio rey.
Lucian tomó el papel y lo leyó lentamente.
Su expresión cambió.
—Ellos sabían que esto podía ocurrir desde antes de que yo llegara al trono.
Comprendí entonces que él también había sido prisionero.
No de cadenas.
Sino de secretos.
Pero no tuvimos tiempo para pensar.
Un ruido metálico llegó desde el otro lado de la sala.
Alguien más estaba allí.
Alguien que no quería que esos documentos salieran a la luz.
Lucian se colocó delante de mí.
Esta vez no como un rey protegiendo a una Omega.
Sino como un hombre confiando en alguien que hasta esa noche había sido una desconocida.
—Quédate detrás de mí.
Negué con la cabeza.
—No esta vez.
Y por primera vez vi una pequeña sorpresa en su rostro.
Porque había dejado de verme como alguien que necesitaba ser salvada.
Había empezado a verme como una igual.
Juntos escapamos por los antiguos pasadizos del castillo, siguiendo caminos olvidados que ni siquiera los guardias conocían.
Cuando finalmente llegamos a una cámara secreta, ambos entendimos la magnitud de lo que habíamos encontrado.
El consejo no solo quería controlar mi destino.
Quería controlar toda la historia del reino.
Lucian miró los documentos en mis manos.
—Si revelamos esto, puede comenzar una guerra política.
Lo observé en silencio.
Antes habría esperado que eligiera su corona.
Pero ahora sabía que la respuesta no era tan sencilla.
—Entonces dime algo, Lucian —pregunté—. ¿Vas a proteger el trono que te dieron ellos o la verdad que intentaron esconder?
El rey guardó silencio.
Afuera, los pasos de los guardias se acercaban.
Dentro de aquella pequeña habitación, solo quedábamos nosotros dos y una decisión capaz de cambiar todo el reino.
Lucian tomó el documento sellado.
Y cuando abrió la puerta hacia el salón donde esperaba el consejo, supe que la noche más difícil todavía no había comenzado.