«Señor, ¿puede fingir ser mi papá?», le susurró el huérfano ciego al rey vampiro.

«Señor, ¿puede fingir ser mi papá?», le susurró el huérfano ciego al rey vampiro.

PARTE 1

Durante tres siglos pensé que mi corazón había dejado de sentir cualquier emoción humana.

Mi nombre es Adrien Blackwood.

Para los humanos soy un hombre rico, poderoso y misterioso que controla negocios importantes en la ciudad. Nadie sabe mi verdadera edad. Nadie conoce los secretos que escondo detrás de mi rostro joven.

Soy un vampiro.

Un ser que ha vivido demasiado tiempo viendo cómo generaciones enteras nacen, aman y desaparecen mientras yo permanezco igual.

Con los años aprendí algo: los sentimientos solo traen dolor.

Por eso construí una vida perfecta basada en la distancia. Sin amigos. Sin familia. Sin vínculos.

Hasta aquella noche lluviosa en un callejón oscuro.

La lluvia golpeaba las calles de la ciudad mientras caminaba entre las sombras. El olor a piedra mojada y sangre llenaba el aire. Acababa de terminar otra noche más alimentándome de alguien que merecía su destino. Un criminal que había destruido vidas inocentes.

Pero ni siquiera eso me producía satisfacción.

Después de trescientos años, incluso la eternidad podía sentirse vacía.

Entonces escuché algo.

Un sonido que no pertenecía a la noche.

Pasos pequeños.

Rápidos.

Desesperados.

Una niña corría por el callejón mientras alguien la perseguía. Su respiración era débil, pero había algo extraño en ella. Aunque parecía perdida y aterrada, sus movimientos eran precisos.

Me oculté entre las sombras observándola.

La niña tenía unos ocho años. Su ropa estaba rota, su cabello mojado por la lluvia y su cuerpo demasiado delgado para soportar aquel frío.

Pero lo que más llamó mi atención fueron sus ojos.

No miraban hacia ningún lugar.

Era ciega.

Sin embargo, caminaba por aquel callejón como si pudiera verlo todo.

Se detuvo de repente.

Giró su rostro directamente hacia mí.

—Sé que estás ahí —susurró.

Me quedé inmóvil.

Nadie podía encontrarme cuando yo no quería ser encontrado.

—Puedo escuchar tu respiración.

Aquellas palabras despertaron algo que creía muerto dentro de mí.

Antes de responder, dos hombres aparecieron al final del callejón.

—Ahí estás, pequeña —dijo uno de ellos con una sonrisa cruel—. La señora Hatcher estará furiosa contigo.

La niña retrocedió.

—No quiero volver.

El hombre más grande soltó una risa desagradable.

—No es tu decisión.

Entonces entendí.

Aquellos hombres no estaban buscando a una niña perdida.

La estaban cazando.

—Diez latigazos por escapar —dijo el otro hombre sacando un objeto metálico de su bolsillo—. Quizá esta vez aprendas la lección.

Sentí algo que no había sentido en décadas.

Rabia.

No por mí.

Por ella.

La niña estaba asustada, pero no lloraba. Se mantenía firme como si hubiera aprendido hacía mucho tiempo que nadie vendría a salvarla.

Entonces ocurrió algo que jamás olvidaré.

Ignoró completamente a sus perseguidores y dio un paso hacia mi escondite.

—Señor…

Su pequeña voz atravesó la lluvia.

—¿Puede fingir ser mi papá solo por un minuto?

Durante trescientos años nadie me había pedido algo así.

Yo era un monstruo.

Un rey entre criaturas de la oscuridad.

Pero aquella niña no me veía como un monstruo.

Me veía como alguien que podía protegerla.

Los hombres comenzaron a reír.

—¿Tu papá? Esa niña pertenece al orfanato White Chapel. Tenemos documentos.

Salí lentamente de las sombras.

La lluvia caía sobre mi rostro mientras caminaba hacia ellos.

—Creo que hay un malentendido.

Los hombres dejaron de reír.

La niña permaneció tranquila.

Como si supiera exactamente quién era yo.

Uno de ellos mostró un arma.

—Aléjate. Esto no es asunto tuyo.

Entonces vi algo que hizo despertar mi lado más oscuro.

Un moretón debajo del ojo de la niña.

Una marca de alguien que había sido lastimada muchas veces.

Mis colmillos comenzaron a aparecer.

Mi hambre despertó.

Pero esta vez no era hambre de sangre.

Era hambre de justicia.

Miré a los hombres y pronuncié una frase que cambiaría mi existencia para siempre:

—Ella acaba de pedirme que sea su padre…

Di un paso hacia ellos.

—Y cometieron el peor error de sus vidas al hacerle daño.

Lo que ninguno de ellos sabía era que aquella pequeña niña no solo había encontrado un protector.

También había encontrado el único ser en el mundo capaz de destruir todo por ella.

Y yo todavía no sabía que esa niña guardaba un secreto que cambiaría mi destino para siempre.

PARTE 2

Los hombres no tuvieron tiempo de entender lo que estaba ocurriendo.

El primero intentó levantar su arma, pero para mí sus movimientos eran demasiado lentos.

En un instante estaba frente a él.

Tomé su muñeca antes de que pudiera disparar y la presión de mis dedos fue suficiente para hacerlo soltar el arma con un grito.

El segundo intentó atacarme por la espalda.

No llegó ni siquiera a tocarme.

Durante siglos había aprendido a controlar mi fuerza, a ocultar mi verdadera naturaleza delante de los humanos.

Pero aquella noche ya no tenía motivos para fingir.

No cuando una niña inocente estaba detrás de mí.

Le pedí a Lily que cubriera sus oídos.

Ella obedeció inmediatamente.

Eso me sorprendió.

No preguntó por qué.

No lloró.

Simplemente confió en mí.

Cuando todo terminó, el callejón quedó en silencio.

La lluvia seguía cayendo, pero los latidos de aquellos hombres habían desaparecido.

Me limpié la sangre de los labios y miré a la niña.

Ella bajó lentamente las manos.

—¿Ya se fueron?

—Sí —respondí.

Lily respiró tranquila.

—Gracias por fingir ser mi papá.

Aquellas palabras me golpearon más fuerte que cualquier arma.

No había fingido.

Al menos ya no.

Me arrodillé frente a ella.

—¿Cuánto tiempo llevabas en ese lugar?

Ella tardó unos segundos en responder.

—Tres años, dos meses y catorce días.

La precisión de su respuesta me sorprendió.

No era una niña común.

Había contado cada día esperando escapar.

Y alguien había permitido que sufriera durante todo ese tiempo.

—Lily —dije suavemente—. ¿Quieres venir conmigo?

Ella quedó en silencio.

—¿A dónde?

Miré la oscuridad del callejón.

A mi alrededor solo había muerte y recuerdos vacíos.

Pero por primera vez en siglos, una palabra apareció en mi mente.

Hogar.

—A casa.

Tomé su pequeña mano y ella la sostuvo sin miedo.

Eso fue lo más extraño de todo.

Ella sabía que yo era diferente.

Podía sentirlo.

Cuando subimos al automóvil, apoyó su mano sobre mi pecho.

Frunció el ceño.

—Tu corazón no suena como los demás.

Me quedé completamente quieto.

Ningún humano había descubierto eso jamás.

—Tengo una condición —mentí.

Lily inclinó la cabeza.

—¿Por eso estás triste?

No supe qué responder.

Aquella niña podía ver cosas que nadie más veía.

No con sus ojos.

Con algo más profundo.

Cuando llegamos a Blackwood Manor, observó el enorme lugar en silencio.

—Es grande.

—Sí.

—Pero parece vacío.

Sus palabras fueron simples.

Pero eran ciertas.

Durante siglos aquella mansión había sido mi refugio.

Ahora parecía una tumba.

Elena, mi asistente de confianza, apareció sorprendida al verme acompañado.

Nunca había llevado a un humano allí.

Mucho menos a una niña.

—Tenemos una invitada —dije.

Ella entendió que no debía hacer preguntas.

Preparó una habitación para Lily, comida y ropa nueva.

Esa noche me quedé sentado junto a su cama mientras ella dormía.

Por primera vez en mucho tiempo sentí algo extraño.

Paz.

Pero sabía que no duraría.

El consejo vampírico pronto descubriría lo ocurrido.

Y especialmente Julian Vain.

Mi antiguo rival.

Un vampiro ambicioso que llevaba años esperando una oportunidad para quitarme poder.

Si descubría que había protegido a una niña humana…

No tendría ninguna duda de que intentaría usarla contra mí.

A la mañana siguiente, mientras Lily exploraba los jardines con Elena, sentí una presencia.

Alguien estaba intentando atravesar mis defensas.

Reconocí esa energía inmediatamente.

Julian.

Había venido por mí.

Pero entonces comprendí algo peor.

No estaba aquí solamente por los asesinatos del callejón.

Sabía que Lily estaba conmigo.

Salí hacia los límites de mi propiedad y lo encontré esperando junto a la entrada.

Julian sonrió.

—Adrien… siempre pensé que tu mayor debilidad sería tu orgullo.

Sus ojos brillaron con malicia.

—Pero jamás imaginé que sería una niña humana.

Lo miré sin responder.

Porque en ese momento entendí una verdad que cambiaría todo.

Durante trescientos años había protegido mi reino.

Mis riquezas.

Mi nombre.

Pero ahora tenía algo mucho más importante que perder.

Y si alguien intentaba tocar a Lily…

Tendría que enfrentarse al monstruo que todos habían olvidado que yo era.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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