SE SENTÓ EN UNA BODA… HASTA QUE EL REY ALFA DIJO: “FINGE ESTAR CONMIGO”

PARTE 1

Nunca imaginé que el día más humillante de mi vida terminaría convirtiéndose en el momento que cambiaría mi destino para siempre.

Me llamo Isa Thorn, y aquella noche entré sola al gran salón del castillo Thornhaven sabiendo exactamente lo que iba a encontrar: al hombre que había prometido amarme para siempre casándose con otra mujer.

Había trescientas personas reunidas para celebrar la felicidad de Donovan Ashford y Lady Celest Blackwood. Trescientas personas que sabían mi historia. Trescientas miradas que parecían atravesarme como si yo fuera un recuerdo incómodo que nadie quería mencionar.

Aun así, caminé con la cabeza alta.

Mi madre había preparado para mí un vestido verde oscuro con pequeños hilos de plata que brillaban bajo la luz de las velas. No era un vestido de una dama noble, no tenía joyas costosas ni telas importadas, pero era mío. Y por una noche, eso tendría que ser suficiente.

Me senté en una mesa alejada, intentando desaparecer sin demostrarlo.

Los murmullos comenzaron casi de inmediato.

“Es ella, la mujer que Donovan dejó.”

“Qué vergüenza que haya venido sola.”

“Ahora se entiende por qué eligió a Lady Celest.”

Cada palabra dolía, pero no les di el placer de verme rota.

Porque yo ya había llorado todo lo que podía llorar.

Durante meses había intentado convencerme de que perder a Donovan no significaba perder mi valor. Pero era difícil creerlo cuando él había elegido a alguien como Celest.

Ella era hermosa, rica, elegante. Era hija de una familia noble, tenía conexiones y sabía moverse en un mundo al que yo nunca había pertenecido.

Yo solo era Isa Thorn.

Una traductora de antiguos manuscritos.

La hija de un carpintero y una tejedora.

Una mujer que encontraba más felicidad entre libros antiguos que en fiestas llenas de nobles.

Y quizá ese había sido siempre mi problema.

Donovan había llegado a mi vida cuando yo menos lo esperaba. Lo conocí en los archivos reales, cuando buscaba documentos antiguos para ayudar al negocio de su familia.

Me escuchó hablar sobre historia y lenguas olvidadas. Me hizo sentir interesante. Me hizo creer que alguien como él podía verme de verdad.

Cuando me pidió matrimonio, pensé que finalmente había encontrado a alguien que entendía quién era yo.

Pero seis meses antes de la boda, destruyó todo.

“Isa, eres maravillosa, pero Celest puede darme una vida diferente. Una posición, una familia poderosa, un futuro mejor.”

Esas palabras todavía vivían dentro de mí.

No me dijo que yo era mala.

Me dijo algo mucho peor.

Me dijo que yo no era suficiente.

Liberé a Donovan del compromiso sin hacer una escena. Le dije a todos que había sido una decisión mutua.

Mentí para proteger mi dignidad.

Y después me escondí entre mis libros, intentando reconstruir una parte de mí que ya no existía.

Por eso recibí aquella invitación de boda.

Podría haberme quedado en casa.

Debería haberlo hecho.

Pero una parte de mí se negó a permitir que Donovan y Celest pensaran que me habían destruido.

Así que fui.

Pasaron las horas. Los brindis comenzaron. Todos levantaron sus copas por el amor y la felicidad de los recién casados.

Yo también levanté la mía.

Aunque por dentro sentía que algo se rompía lentamente.

Entonces ocurrió algo extraño.

No lo vi acercarse.

No escuché los pasos.

Solo sentí que una sombra cubría mi mesa.

Levanté la mirada.

Y mi respiración se detuvo.

Frente a mí estaba el rey Alaric Grey.

El hombre más poderoso del reino.

Un rey del que todos hablaban, una figura casi legendaria, acompañado por cinco enormes lobos negros cuyos ojos dorados observaban todo a su alrededor.

El salón entero quedó en silencio.

Trescientas personas dejaron de hablar.

Porque el rey no había caminado hacia la mesa principal.

No había buscado a los nobles más importantes.

Había venido hasta mí.

—Este asiento está ocupado —dijo con una voz profunda—. ¿O puedo sentarme?

Pensé que estaba soñando.

—Su majestad… sí. Está libre.

El rey tomó asiento frente a mí.

Y entonces hizo algo que nadie esperaba.

Sirvió dos copas de vino y levantó la suya.

—Por sobrevivir a las obligaciones sociales más agotadoras.

Por primera vez en toda la noche, una pequeña risa escapó de mí.

Una risa real.

Él sonrió.

—Deberías hacer eso más a menudo. Te queda mejor que la tristeza.

Me quedé sorprendida.

¿Cómo podía saber que estaba triste?

Pero entonces miró hacia la mesa principal.

—Tu antiguo prometido no deja de mirarte. Todos hablan de la mujer que vino sola a la boda del hombre que la abandonó.

Sentí mi rostro arder.

Quise desaparecer.

Pero el rey continuó.

—Tengo una propuesta para ti.

Lo miré confundida.

—¿Una propuesta?

Alaric se inclinó ligeramente hacia mí.

—Por esta noche, deja de ser la mujer a la que abandonaron.

Sus ojos dorados brillaron bajo la luz de las velas.

—Sé mi invitada. Mi compañera. Deja que todos vean que no eres alguien digno de lástima.

Hizo una pausa.

—Eres alguien que llamó la atención de un rey.

No podía entenderlo.

¿Por qué un hombre como él haría algo así por una mujer como yo?

Entonces dijo algo que cambió todo:

—Sé quién eres, Isa Thorn. Sé que eres una de las pocas personas capaces de leer el Antiguo Lion. Sé del trabajo que has hecho en los archivos. Sé que eres brillante.

Mi corazón se detuvo.

Porque por primera vez en mucho tiempo…

Alguien no estaba mirando lo que me faltaba.

Estaba viendo lo que yo era.

Y sin saberlo todavía, aquella decisión de sentarme junto al rey esa noche iba a cambiar completamente mi vida.

PARTE 2

Acepté.

No porque creyera que aquello podía convertirse en algo real.

No porque pensara que un rey podía mirar a una mujer como yo y sentir algo verdadero.

Acepté porque estaba cansada de sentirme invisible.

Solo quería recordar cómo se sentía ser vista.

El cambio fue inmediato.

Los sirvientes llegaron con mejor comida y un vino reservado para la mesa real. Los músicos cambiaron la melodía. Y los mismos nobles que minutos antes susurraban sobre mi humillación comenzaron a preguntarse quién era realmente.

“¿Por qué el rey está con ella?”

“¿Qué habrá visto en esa mujer?”

Por primera vez aquella noche, los murmullos no eran de lástima.

Eran de curiosidad.

Pero yo no estaba pensando en ellos.

Estaba hablando con Alaric.

Descubrimos algo extraño: teníamos mucho más en común de lo que imaginábamos.

Yo hablaba de manuscritos antiguos y profecías olvidadas.

Él hablaba de eventos que había vivido personalmente durante siglos.

Porque Alaric no era un rey común.

Había vivido cientos de años.

Había visto generaciones enteras desaparecer.

Y detrás de toda aquella autoridad había una soledad que reconocí inmediatamente.

Durante el baile, cuando su mano tomó la mía, sentí algo que no esperaba.

No estaba fingiendo.

No me trataba como una mujer rota.

Me trataba como alguien importante.

Cuando Donovan finalmente se acercó para hablar conmigo, esperaba encontrar a la misma Isa que había dejado atrás.

Se equivocó.

—Isa, necesito saber si estás bien.

Lo miré con calma.

—¿Ahora te importa?

Su expresión cambió.

Intentó decir que quería protegerme, que el rey podía hacerme daño, que aquello era solo un juego.

Pero sus palabras ya no tenían poder sobre mí.

—Tú elegiste tu camino, Donovan. Elegiste la posición, la riqueza y las conexiones.

Di un paso hacia él.

—No puedes abandonarme y después aparecer fingiendo que quieres salvarme.

Por primera vez, Donovan no supo qué responder.

Se marchó.

Y yo descubrí algo importante.

No necesitaba que nadie me eligiera para tener valor.

Más tarde, Alaric y yo caminamos por los jardines del castillo.

Bajo la luz de la luna, lejos de todos los ojos que nos observaban, dejó de ser el rey.

Solo fue un hombre.

Me habló de sus miedos.

Del miedo de vivir demasiado tiempo.

Del miedo de amar a alguien y verla desaparecer mientras él seguía existiendo.

Y yo le confesé mis propios temores.

Que siempre había sentido que no era suficiente.

Que siempre había sido la mujer tranquila que nadie notaba.

Entonces Alaric tomó mi mano.

—Isa, el fracaso de Donovan no define tu valor.

Sus palabras me llegaron más profundo que cualquier promesa de amor.

Porque él no estaba intentando convencerme de ser otra persona.

Me estaba recordando quién era.

Antes de despedirnos, me preguntó si podía volver a verme.

No como parte de un acuerdo.

No como una actuación.

Sino realmente.

—En 450 años —dijo— eres la primera persona que me ha hecho querer arriesgarme otra vez.

Acepté.

Y cuando regresé a casa, mis padres supieron inmediatamente que algo había cambiado.

Mi madre me abrazó al verme sonreír.

Mi padre tomó mis manos y me preguntó si aquel rey realmente me veía.

Yo sonreí.

—Sí.

Por primera vez alguien no veía mi apellido, mi posición o lo que podía ofrecer.

Veía a Isa.

Al día siguiente, mientras trabajaba en los archivos reales, recibí una carta.

El sello del rey estaba grabado en la cera.

Mis manos temblaron al abrirla.

“Espero continuar nuestra conversación esta noche. No vengas como una súbdita. Ven como Isa.”

Sonreí.

Pero antes de poder responder, escuché una voz detrás de mí.

Una voz que conocía demasiado bien.

—Isa… tenemos que hablar.

Me giré lentamente.

Donovan estaba allí.

Pero esta vez no venía para disculparse.

Venía porque había descubierto algo que podía cambiarlo todo.

Y por la expresión de su rostro…

Sabía que aquella conversación no sería sobre el pasado.

Sería sobre el futuro que él acababa de perder.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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