Se quedó dormida sobre el hombro de un desconocido en un tren… sin saber que era un antiguo rey vampiro y que acababa de elegirla para salvar dos mundos

Se quedó dormida sobre el hombro de un desconocido en un tren… sin saber que era un antiguo rey vampiro y que acababa de elegirla para salvar dos mundos

PARTE 1

Maya jamás imaginó que quedarse dormida sobre el hombro de un desconocido sería la decisión que cambiaría su vida para siempre.

Mucho menos imaginó que aquel hombre llevaba más de dos siglos sin permitir que nadie se acercara tanto a él.

Y definitivamente no sabía que, mientras ella dormía, alguien acababa de llamarlo “Su Majestad”.

Todo comenzó en un tren nocturno que viajaba de Praga a Viena.

Maya estaba agotada.

Había viajado a Europa para asistir a una conferencia de arqueología, pero todo había salido mal. El evento fue cancelado, perdió su alojamiento y alguien le robó la cartera.

Le quedaban un pasaporte de emergencia, una mochila y apenas suficiente dinero para llegar a Viena.

Cuando subió al tren llevaba más de un día sin dormir.

Fue entonces cuando reparó en el hombre sentado frente a ella.

Era alto, demasiado elegante para aquel vagón casi vacío. Vestía un abrigo negro impecable y llevaba un extraño anillo de plata. Pero lo verdaderamente inquietante eran sus ojos.

Grises.

Casi plateados.

—Parece agotada —dijo él finalmente—. ¿Puedo ayudarla?

—Sólo necesito llegar a Viena sin que ocurra otra catástrofe.

El desconocido sonrió ligeramente.

—Puede llamarme Dante.

Había algo extraño en él, pero también algo inexplicablemente tranquilizador.

Hablaron durante un rato.

Maya le contó que era arqueóloga y vivía en Estados Unidos. Dante, en cambio, respondió evasivamente cuando ella preguntó por su vida.

Sólo dijo que regresaba a casa después de una ausencia muy larga.

—Deberías dormir —le aconsejó.

—No duermo junto a desconocidos.

—Te prometo que mientras duermas no permitiré que nada te ocurra.

Maya soltó una pequeña carcajada.

—Eso puede ser lo más amable o lo más aterrador que un desconocido me haya dicho jamás.

Pero su cuerpo ya no podía continuar.

Sus ojos se cerraron.

El movimiento del tren terminó de vencerla y su cabeza cayó lentamente…

directamente sobre el hombro de Dante.

Él quedó inmóvil.

Podía escuchar el corazón de Maya.

Podía sentir la sangre circulando bajo su piel.

Sin embargo, aquello no era lo que más lo perturbaba.

Había algo dentro de ella.

Magia.

Una magia antiquísima que parecía haber permanecido dormida durante generaciones.

Entonces el elegante empresario sentado varias filas más atrás se levantó y caminó hacia Dante.

—Su Majestad.

Dante endureció el rostro.

—Ya no soy rey.

El hombre no era humano.

Era un hombre lobo.

Y tampoco estaba allí por casualidad.

—El Consejo lleva treinta años buscando a esa mujer —susurró señalando a Maya—. Ella es el Ancla.

Dante miró a la joven dormida.

El hombre lobo explicó que una antigua barrera mágica conocida como el Velo separaba el mundo humano del sobrenatural.

Esa barrera estaba debilitándose.

Y Maya era una de las pocas personas capaces de restaurarla.

También había quienes querían destruirla antes de que descubriera sus poderes.

—Si la encuentran primero, la matarán.

Dante observó nuevamente a Maya.

Había abandonado su corona siglos atrás. Se había aislado porque ser rey le había arrebatado todo aquello que había amado.

No quería regresar a aquel mundo.

Pero Maya se acomodó inconscientemente sobre su hombro.

Y Dante tomó una decisión.

Cuando el tren llegó a Viena, ella seguía profundamente dormida.

Así que la cargó entre sus brazos y desapareció con ella.

Maya despertó muchas horas después en una habitación desconocida.

Dante estaba allí.

—¿Dónde estoy?

—En un lugar seguro.

—¿Me secuestraste?

—Te salvé.

Entonces Maya recordó algo.

Durante semanas había sentido que alguien la vigilaba.

También había tenido sueños extraños sobre castillos, criaturas imposibles y ciudades que no reconocía.

Dante dejó de sonreír.

—Maya, necesito mostrarte algo.

Sus ojos plateados cambiaron.

Después mostró lentamente sus colmillos.

Maya retrocedió aterrorizada.

—¿Qué demonios eres?

Dante la miró directamente.

—Soy un vampiro. Y durante siglos fui su rey. Pero el verdadero problema, Maya… es descubrir qué eres tú.

PARTE 2

Maya quiso correr.

Todo cuanto había estudiado como científica le decía que aquello era imposible.

Pero los colmillos de Dante eran reales.

También sus ojos.

Y pronto descubriría que lo imposible apenas comenzaba.

Dante le mostró un antiguo manuscrito.

Le explicó que miles de años atrás humanos y criaturas sobrenaturales habían compartido el mismo mundo. Después, poderosos hechiceros crearon el Velo para separar ambas realidades.

El problema era que aquella barrera estaba muriendo.

—Tú eres un Ancla —explicó Dante—. Tu magia ayuda a mantenerla estable.

Maya sintió que el estómago se le cerraba.

—Soy arqueóloga.

—También eres mucho más.

Entonces llegó la peor parte.

Existía una facción llamada Convergencia que quería derribar el Velo para permitir que criaturas sobrenaturales dominaran nuevamente el mundo humano.

Y la manera más sencilla de conseguirlo era matar a Maya antes de que sus poderes despertaran completamente.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—Muy poco.

Las luces parpadearon.

Dante giró inmediatamente hacia la ventana.

—Nos encontraron.

El cristal explotó.

Una criatura monstruosa atravesó la habitación.

Dante se lanzó contra ella.

Maya contempló horrorizada cómo aquel hombre elegante se convertía en un depredador brutal.

Pero el demonio era extraordinariamente poderoso.

Dante comenzó a perder terreno.

Maya agarró un pesado candelabro y golpeó desesperadamente a la criatura.

Entonces ocurrió.

Una luz dorada explotó de sus manos.

El demonio gritó y se convirtió en cenizas.

Maya observó sus dedos resplandecientes.

Su poder acababa de despertar.

A partir de aquel momento ya no pudo negar la verdad.

Comenzó su entrenamiento.

Pero existía otro problema: su poder era demasiado grande e inestable.

Los aliados sobrenaturales de Dante encontraron una solución.

Un ritual podía vincularla con otro ser poderoso, permitiéndole utilizar su fuerza como apoyo.

Sin embargo, aquel vínculo sería permanente.

Compartirían emociones, pensamientos y parte de sus recuerdos.

Todos miraron a Dante.

Maya comprendió inmediatamente.

—Quieren que seas tú.

Dante permaneció en silencio.

Había vivido siglos evitando amar nuevamente a alguien.

Finalmente la miró.

—Si eliges hacerlo, caminaré contigo.

Maya aceptó.

Durante el ritual, su sangre y la de Dante se mezclaron con antigua magia.

Cuando él tomó ambas manos de Maya, el mundo pareció estallar.

Ella vio siglos de recuerdos.

Batallas.

Coronaciones.

Amores perdidos.

La terrible soledad de Dante.

Y él vio la vida de Maya: su infancia, la muerte de su madre, sus miedos, sus sueños y todos los pequeños acontecimientos que la habían convertido en aquella mujer.

En lugar de destruirlos, el vínculo los equilibró.

Durante las semanas siguientes entrenaron juntos.

Maya aprendió a controlar la energía del Velo.

Y entre ambos nació algo que ninguno había planeado.

Dante comenzó a recuperar la esperanza que había perdido siglos atrás.

Pero la Convergencia también se acercaba.

Finalmente llegó el momento decisivo.

En un antiguo círculo de piedra en los Alpes, cientos de vampiros, hombres lobo, brujas y otras criaturas se reunieron.

Maya ocupó el centro.

Cuando el Velo comenzó a abrirse pudo ver lo que esperaba al otro lado.

Ejércitos enteros de criaturas oscuras.

Miles.

Esperando entrar.

—¿Lista? —preguntó Dante.

Maya tomó su mano.

—No.

Sonrió.

—Pero hagámoslo.

Extendió su poder.

La luz dorada recorrió la barrera mientras todas las criaturas presentes prestaban su fuerza.

Los demonios golpearon el Velo.

Maya sintió que ardía por dentro.

Estaba perdiendo fuerzas.

Entonces sintió a Dante a través del vínculo.

No estás sola.

Maya reunió todo cuanto quedaba dentro de ella.

La luz explotó.

Las grietas comenzaron a cerrarse.

Una tras otra.

Hasta que el último agujero desapareció.

El Velo quedó restaurado.

Maya cayó.

Dante la atrapó antes de que tocara el suelo.

Habían detenido la Convergencia y salvado ambos mundos.

Maya abrió lentamente los ojos.

A su alrededor, vampiros, hombres lobo, brujas y criaturas que durante siglos habían desconfiado unas de otras celebraban juntas.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó.

Dante sonrió.

—Supongo que ninguno puede volver a su antigua vida.

Maya pensó en aquella noche en el tren.

Había subido creyendo que su mayor problema era una conferencia cancelada, una cartera robada y cuarenta euros en el bolsillo.

Después se había quedado dormida sobre el hombro de un desconocido.

Aquel desconocido resultó ser un rey vampiro.

Y el viaje que debía llevarla simplemente de Praga a Viena terminó conduciéndola hacia una vida que jamás habría creído posible.

Maya apoyó nuevamente la cabeza sobre el hombro de Dante.

Esta vez estaba completamente despierta.

Y esta vez sabía exactamente junto a quién había elegido quedarse.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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