Se durmió en la cama del Rey Alfa por error, pero él no la despertó, la acercó

PARTE 1
La noche en que Sarafina Voss cometió el error que cambiaría su vida, la lluvia golpeaba el castillo de Ashenville como si el cielo quisiera derribar sus enormes muros de piedra.
No era una lluvia tranquila. Era una tormenta fría y pesada que empapaba la ropa en segundos y convertía los largos pasillos del castillo en lugares oscuros y silenciosos.
Sarafina llevaba horas trabajando.
A sus 22 años, era una nueva doncella en el castillo real. Solo llevaba unas semanas allí y todavía sentía que aquel lugar era demasiado grande para ella. Los pasillos parecían repetirse una y otra vez, las puertas eran iguales y cada rincón del castillo parecía esconder un nuevo desafío.
Había nacido en un pequeño pueblo del norte. Su madre cosía para los comerciantes y su padre reparaba carros hasta que sus manos ya no pudieron continuar. Nunca había imaginado entrar en un castillo como Ashenville.
Pero la vida la había llevado allí.
Sarafina sabía que debía mantenerse invisible.
Era una joven humilde, sin apellido importante, sin riqueza y sin una familia poderosa detrás de ella.
Además, guardaba un secreto.
No era completamente humana.
Dentro de ella existía una loba que había aprendido a esconder desde hacía años.
Desde que su antigua manada desapareció, Sarafina había decidido que lo más seguro era controlar cada emoción, cada instinto y cada reacción.
Ser diferente podía convertirse en un problema.
Por eso había aprendido a caminar en silencio, trabajar duro y no llamar la atención.
Aquella noche solo tenía una misión: entregar ropa de cama limpia al ala este del castillo.
Pero la tormenta, el cansancio y los pasillos interminables hicieron que tomara una dirección equivocada.
Cuando abrió una puerta al final del corredor, pensó que finalmente había encontrado la habitación correcta.
La habitación estaba oscura, pero era cálida.
El fuego de la chimenea todavía estaba encendido y el aroma a madera de cedro llenaba el aire.
Sarafina dejó la ropa de cama sobre un baúl cercano y respiró profundamente.
Entonces vio la enorme cama.
Era mucho más cómoda que cualquier lugar donde hubiera dormido en toda su vida.
Había pasado años durmiendo en lugares sencillos. Nunca había sentido un colchón tan suave, un silencio tan tranquilo, una sensación tan extraña de seguridad.
Solo descansaría unos segundos.
Eso se dijo a sí misma.
Solo unos segundos.
Pero el cansancio ganó.
Cerró los ojos y cayó dormida.
No escuchó cuando la puerta volvió a abrirse.
No escuchó los pasos acercándose lentamente.
No sintió cuando alguien entró en la habitación y se quedó observándola en silencio.
Tampoco sintió cuando el colchón se hundió detrás de ella.
Solo sintió calor.
Un calor diferente.
Una presencia fuerte y tranquila que hizo que su loba interior, esa parte de ella que siempre estaba alerta, por primera vez en muchos años dejara de luchar.
Cuando despertó, la tormenta seguía afuera.
Pero algo estaba mal.
Muy mal.
Sarafina abrió los ojos lentamente.
Primero sintió el peso de un brazo alrededor de su cintura.
Después sintió la respiración tranquila de alguien detrás de ella.
Su corazón se detuvo.
No estaba sola.
Durante unos segundos no pudo moverse.
Su mente comenzó a recordar todo.
La puerta equivocada.
La habitación desconocida.
La cama.
El calor.
El silencio.
Intentó alejarse lentamente.
Pero antes de llegar al borde de la cama, el brazo que la rodeaba se movió.
No con fuerza.
No como una amenaza.
Como si la persona que dormía detrás de ella no quisiera dejar escapar aquello que había encontrado.
Sarafina quedó completamente inmóvil.
Su loba reaccionó de una manera que la aterrorizó.
No sintió peligro.
Sintió calma.
Y eso era mucho más peligroso.
Porque durante años había protegido su corazón de cualquier vínculo.
Había decidido que nunca permitiría que alguien tuviera poder sobre ella.
Intentó moverse otra vez.
Pero entonces escuchó una respiración cambiar detrás de ella.
La persona estaba despertando.
Y cuando una voz baja y profunda rompió el silencio de la habitación, Sarafina sintió que todo su mundo se detenía.
—No te vayas.
Ella dejó de respirar.
Porque reconoció esa voz.
Todos en el castillo conocían esa voz.
Era la voz del hombre cuyo rostro estaba grabado en las puertas del reino.
La voz del rey alfa de Ashenville.
Caspian Drave.
Y Sarafina comprendió que había pasado toda la noche durmiendo en la cama del hombre más poderoso del reino.
PARTE 2
Sarafina permaneció inmóvil.
No sabía qué era peor: haber entrado por error en la habitación del rey o descubrir que él no parecía molesto por encontrarla allí.
Caspian no la había llamado intrusa.
No había ordenado que la expulsaran.
Solo había dicho aquellas palabras.
“No te vayas.”
Y eso la confundía más que cualquier castigo.
Finalmente, reunió valor para hablar.
—Lo siento, su majestad. Me equivoqué de habitación. Solo estaba entregando la ropa de cama y me quedé dormida.
Esperó una reacción fría.
Una orden.
Una amenaza.
Pero Caspian permaneció tranquilo.
—¿Cómo te llamas?
—Sarafina Voss.
Él repitió su nombre lentamente.
Como si quisiera recordarlo.
—Eres una loba.
El cuerpo de Sarafina se tensó.
Ese era el secreto que había protegido durante años.
El secreto que nadie debía descubrir.
—Soy una doncella —respondió con cuidado.
Caspian la miró fijamente.
—Eres ambas cosas.
El miedo apareció en su interior.
Los lobos sin manada tenían muchas dificultades para sobrevivir. Sarafina había pasado años ocultando quién era porque sabía que ser descubierta podía cambiarlo todo.
Pero entonces Caspian dijo algo que nunca esperaba escuchar.
—No voy a denunciarte.
Ella levantó la mirada.
—¿Por qué?
El rey permaneció en silencio unos segundos.
—Porque no hiciste nada malo.
Aquella respuesta la dejó sin palabras.
Sarafina había pasado gran parte de su vida esperando ser juzgada.
Esperando que alguien descubriera su secreto y decidiera que era una amenaza.
Pero aquel hombre simplemente la estaba viendo.
No como una doncella.
No como una loba.
Como una persona.
Ella se levantó rápidamente de la cama y arregló su uniforme.
Necesitaba irse antes de cometer otro error.
—Debo regresar a mis tareas.
Caspian no intentó detenerla.
Pero cuando llegó a la puerta, habló de nuevo.
—No pidas el traslado.
Sarafina se quedó quieta.
No se giró.
—¿Cómo sabe que pensaba hacerlo?
—Porque las personas que quieren escapar siempre buscan una nueva puerta.
Aquellas palabras se quedaron con ella.
Durante los días siguientes, intentó convencerse de que nada había cambiado.
Siguió trabajando.
Siguió entregando ropa de cama.
Siguió caminando por los pasillos del castillo.
Pero algo era diferente.
Ahora sabía que el rey existía más allá de los rumores.
Había visto al hombre detrás del título.
Un hombre que podía ser temido por todos, pero que en la oscuridad de una habitación había tratado a una simple doncella con respeto.
Días después, encontró un pequeño libro frente a su puerta.
Era un mapa detallado del castillo.
Cada pasillo.
Cada habitación.
Cada camino escondido.
Y en una esquina había una pequeña nota escrita:
“Para que no vuelvas a perderte.”
Sarafina sostuvo el libro entre sus manos durante mucho tiempo.
Sabía quién lo había dejado.
Y eso era precisamente lo que más le preocupaba.
Porque por primera vez en muchos años, alguien estaba intentando acercarse a ella.
Y la parte más aterradora era que su loba no quería alejarse.
Quería quedarse.
Quería confiar.
Quería creer que quizás no todos los vínculos terminaban en pérdida.
Pero Sarafina había sobrevivido construyendo muros alrededor de su corazón.
Y ahora el único hombre capaz de derribarlos era el mismo hombre al que nunca debería acercarse.
El rey alfa de Ashenville.