Rey Vampiro se queja de que ella lo está asfixiando; ella oye la conversación y le da todo el espaci

Rey Vampiro se queja de que ella lo está asfixiando; ella oye la conversación y le da todo el espaci

PARTE 1

Don Damián Valdés era el rey de los vampiros de la Ciudad de México, un hombre al que nadie se atrevía a desafiar. Tenía poder, riqueza y una eternidad por delante.

Pero había algo que no podía controlar.

El amor de Sofía.

—Me estás asfixiando —le había dicho Damián a una de sus antiguas amantes.

Sofía había escuchado aquellas palabras escondida entre las sombras de una elegante gala.

Y en ese instante comprendió que el hombre por quien lo había dado todo ya no quería tenerla cerca.

Sofía Millán no pertenecía al mundo de Damián.

Ella trabajaba como camarera en una cafetería nocturna de la colonia Roma. Él vivía en un lujoso penthouse frente a Chapultepec y gobernaba un reino oculto formado por criaturas que los humanos ni siquiera sabían que existían.

Se habían conocido cuando Damián la salvó de un asalto. Desde entonces, Sofía había construido su vida alrededor de él.

Lo esperaba.

Lo cuidaba.

Le preparaba su sangre favorita.

Y, sobre todo, lo amaba.

Pero últimamente Damián parecía cansado de ella.

Una noche, cuando Sofía llegó agotada a casa, intentó abrazarlo por detrás.

—Te extrañé —susurró—. Pensé que podríamos cenar juntos.

Damián se apartó.

—Sofía, necesito estar solo.

Ella intentó sonreír.

—Puedo prepararte algo. O simplemente quedarme aquí contigo.

Los ojos del vampiro se endurecieron.

—¡Déjame en paz!

Sofía se quedó inmóvil.

Nunca había escuchado tanta frialdad en su voz.

—Solo quería cuidarte.

—No necesito que me cuides. No necesito té, ni comida, ni que preguntes cómo estoy cada cinco minutos. Necesito espacio.

Ella bajó la mirada.

—Está bien.

Pero no estaba bien.

Aun así, Sofía decidió creer que Damián simplemente estaba bajo demasiada presión.

Hasta que descubrió algo que jamás debió escuchar.

Damián asistiría a una gala organizada por la poderosa familia Velasco. Sofía sabía que existía una amenaza contra él, así que decidió acudir en secreto para protegerlo.

Se puso un sencillo vestido negro y una máscara.

Cuando llegó al salón, vio a Damián rodeado por vampiros de la alta sociedad.

Y junto a él estaba Vanessa.

Una vampiresa elegante, antigua y hermosa que había sido amante de Damián mucho antes de que Sofía existiera.

Sofía se escondió detrás de una columna.

Entonces escuchó su nombre.

—¿Todavía sigues con la camarerita? —preguntó Vanessa con una sonrisa cruel.

Damián guardó silencio durante unos segundos.

—Sofía es… buena.

Vanessa soltó una pequeña carcajada.

—Lo bueno termina aburriendo.

Damián miró su copa.

—Me está asfixiando.

El corazón de Sofía se detuvo.

—Está en todas partes —continuó él—. Siempre está preguntando dónde estoy, qué necesito, si comí, si estoy cansado. No tengo espacio.

Vanessa sonrió.

—Entonces córtala de tu vida.

Damián cerró los ojos.

—No es tan sencillo. Ella no tiene a nadie. Construyó todo su mundo alrededor de mí.

Vanessa inclinó la cabeza.

—Eso es patético.

Sofía sintió que algo dentro de ella se rompía.

Pero Damián todavía no había terminado.

—Estoy cansado de sentir que tengo que cuidarla. Quiero volver a casa y encontrarla vacía.

Aquellas palabras fueron suficientes.

Sofía salió del salón bajo la lluvia sin que nadie la detuviera.

No lloró.

No gritó.

Simplemente tomó su teléfono, bloqueó a Damián y eliminó todas las fotografías que tenían juntos.

Después volvió al penthouse para recoger sus pertenencias.

No tomó los vestidos caros.

No tomó las joyas.

Dejó sobre el tocador el anillo de compromiso, la tarjeta bancaria y la llave del apartamento.

Incluso sacó del refrigerador el termo con sangre que siempre preparaba para Damián.

Lo vació en el fregadero.

Antes de marcharse, tomó una hoja de papel.

Escribió únicamente tres frases:

“Te escuché esta noche. Ya no te asfixiaré. La enredadera ha sido cortada.”

Dejó la nota en medio de la cocina.

Luego tomó su vieja maleta y desapareció.

Cuando Damián regresó, esperaba encontrar el habitual ruido de Sofía.

Pero encontró silencio.

Un silencio absoluto.

Al principio creyó que ella simplemente estaba dormida.

Después vio la nota.

La leyó una vez.

Luego otra.

Su rostro cambió.

Corrió al dormitorio.

El lado del armario donde estaban las cosas de Sofía estaba completamente vacío.

Solo quedaba el anillo.

—No… —murmuró.

Intentó llamarla.

Número bloqueado.

Volvió a llamar.

Nada.

Por primera vez en décadas, Damián sintió miedo.

Había pedido espacio.

Y Sofía se lo había dado.

Pero no sabía que aquella vez ella no estaba intentando castigarlo.

Estaba aprendiendo a vivir sin él.

Y cuando Damián comprendió que realmente podía perderla, ya era demasiado tarde.

Porque Sofía no había desaparecido simplemente de su casa.

Había desaparecido de su mundo.

Y el rey vampiro no tenía la menor idea de dónde encontrarla.

PARTE 2 — EL REY QUE PERDIÓ SU CORAZÓN

Damián buscó a Sofía durante semanas.

Nada.

Ni una llamada.

Ni un mensaje.

Ni siquiera una señal de que seguía pensando en él.

Al principio intentó convencerse de que ella regresaría.

Después empezó a comprender que había cometido un error mucho más grave de lo que imaginaba.

El penthouse se había convertido en una prisión.

Ya no había música.

Ya no había olor a vainilla.

Ya no escuchaba los pasos de Sofía corriendo para recibirlo.

Todo estaba perfectamente ordenado.

Y precisamente por eso se sentía insoportablemente vacío.

Damián dejó de alimentarse correctamente. La sangre ya no le sabía igual. Dormía poco y pasaba horas mirando una vieja taza de cerámica que Sofía había olvidado en un estante.

Saúl, su jefe de seguridad, intentó ayudarlo.

—Podemos localizarla.

—No.

—Podemos usar rastreadores.

—No.

Damián sabía que perseguirla sería repetir exactamente el mismo error.

Si quería recuperarla, tendría que encontrarla sin obligarla a regresar.

Mientras tanto, Sofía había cambiado.

Se cortó el cabello, dejó atrás los vestidos de lujo y comenzó a trabajar en un pequeño bar de Tepito.

Allí nadie sabía quién era.

Para todos, simplemente era Sandra.

Una mujer tranquila que servía bebidas y jamás hablaba de su pasado.

Había aprendido algo importante durante su relación con Damián.

Los monstruos podían oler el miedo.

Así que decidió no demostrarlo.

Hasta que una noche tres vampiros entraron al bar.

Sofía los reconoció inmediatamente.

Eran miembros del clan de Monterrey.

Y el hombre que los dirigía era Camilo, uno de los enemigos más peligrosos de Damián.

Camilo observó a Sofía durante varios minutos.

—Tú no eres una humana normal.

Ella mantuvo la calma.

—Solo soy camarera.

Camilo sonrió.

—Entonces, ¿por qué hueles a protección de alto nivel?

Sofía sintió que su corazón comenzaba a acelerarse.

Antes de poder responder, la puerta del bar se abrió.

Saúl apareció.

Sus ojos encontraron los de Sofía.

No necesitó decir su nombre.

Camilo entendió inmediatamente.

—Valdés…

La sonrisa del vampiro se volvió peligrosa.

—Así que tú eres la mujer que el rey perdió.

Sofía retrocedió.

Camilo la sujetó antes de que pudiera escapar.

—Ve y dile a tu amo que encontré algo mucho más valioso que su territorio.

Saúl levantó las manos.

—Déjala.

—Dile que si quiere recuperarla, tendrá que venir personalmente.

Entonces la puerta volvió a abrirse.

Esta vez nadie habló.

Damián entró.

No llevaba traje.

No llevaba corona.

Solo un abrigo negro empapado por la lluvia.

Parecía agotado.

Sus ojos encontraron inmediatamente a Sofía.

Ella apenas lo reconoció.

Había perdido peso. Su rostro estaba pálido y sus ojos tenían una tristeza que nunca antes había visto.

Camilo apretó el brazo alrededor del cuello de Sofía.

—Un paso más y la mato.

Damián se detuvo.

—No la toques.

—¿Y qué harás?

Damián miró a Sofía.

—Lo que sea necesario.

Camilo soltó una carcajada.

—¿El gran Damián Valdés está dispuesto a negociar por una humana?

Damián no respondió.

Finalmente dijo:

—Toma mi territorio.

Camilo dejó de sonreír.

—¿Qué?

—Toma parte de mi reino. Toma mi posición. Incluso toma la corona si quieres.

Sofía lo miró sorprendida.

—Solo déjala ir.

Camilo comprendió entonces algo que nadie había entendido antes.

Sofía no era la debilidad de Damián.

Era su corazón.

Y ese descubrimiento lo hizo todavía más peligroso.

Pero Sofía actuó primero.

Con toda la fuerza que tenía, golpeó el pie de Camilo con su pesada bota.

El vampiro aflojó el agarre durante una fracción de segundo.

Fue suficiente.

Damián desapareció de donde estaba y apareció frente a ellos.

En un instante, Camilo salió despedido contra una mesa.

Saúl se lanzó contra los otros vampiros.

El bar explotó en caos.

Pero Damián solo veía a Sofía.

Cuando finalmente estuvieron solos, ninguno habló.

Sofía cruzó los brazos.

—¿Me encontraste?

Damián respiró profundamente.

—He estado buscándote desde que te fuiste.

—Tú querías espacio.

—Sí.

—Entonces lo tienes.

Damián bajó la mirada.

—Y descubrí que no era espacio lo que necesitaba.

Sofía permaneció en silencio.

—¿Qué necesitabas?

Damián tragó saliva.

—Valor.

Ella frunció el ceño.

—¿Valor?

—Valor para aceptar cuánto te amo.

El rey vampiro se arrodilló frente a ella.

El mismo hombre que hacía temblar a clanes enteros estaba ahora de rodillas sobre el suelo sucio de un bar.

—Te llamé una carga porque tenía miedo —confesó—. Tenía miedo de necesitarte demasiado. Pensé que alejarte demostraría que era fuerte.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Pero cuando te fuiste descubrí que no era fuerte. Solo estaba solo.

Sofía sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—Me rompiste, Damián.

—Lo sé.

—Y no puedo volver a ser la mujer que era.

Damián asintió.

—No quiero que vuelvas a ser ella.

Sofía lo miró sorprendida.

—Quiero conocer a la mujer en la que te convertiste.

Por primera vez, ella sonrió.

Pero no corrió hacia él.

No lo abrazó.

Solo se acercó y apoyó una mano sobre su mejilla.

—No volveré al penthouse para vivir como una mascota.

—Está bien.

—No abandonaré mi trabajo.

—Está bien.

—Tendré mi propio dinero.

—Lo que quieras.

—Y nunca volverás a decirme que te asfixio cuando simplemente estoy intentando amarte.

Damián cerró los ojos.

—Nunca.

Sofía retiró lentamente la mano.

—Entonces podemos intentarlo.

Damián abrió los ojos.

—¿Intentarlo?

—Sí. Pero esta vez tendremos dos vidas, no una.

El vampiro sonrió.

—Entonces aprenderé a vivir en ambas.

Damián había creído que recuperar a Sofía significaba llevarla nuevamente a su mundo.

Ahora comprendía que el verdadero amor significaba entrar también en el mundo de ella.

No necesitaba una mujer que lo obedeciera.

Necesitaba una mujer que pudiera mirarlo a los ojos y decirle que estaba equivocado.

Y Sofía ya no era la joven que esperaba junto a la ventana.

Era más fuerte.

Más independiente.

Y, precisamente por eso, Damián la amaba todavía más.

El rey vampiro había pasado siglos conquistando territorios.

Pero la batalla más importante de su existencia no había sido contra otro clan.

Había sido contra su propio orgullo.

Y aquella batalla casi le costó lo único que realmente importaba.

Su corazón.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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