Rechazada 3 veces, hasta que el rey licántropo la reclamó y entonces él…

PARTE 1

Evelyn Stone siempre supo que era diferente.

Pero en la manada Luna Creciente, ser diferente no significaba ser especial.

Significaba ser una carga.

Desde niña había aprendido a vivir con las miradas de desprecio, con los susurros detrás de su espalda y con la cruel etiqueta que todos repetían sin piedad: la omega defectuosa.

No era fuerte como los guerreros. No tenía la belleza llamativa de las otras mujeres de la manada. Y, según los sanadores, su aroma era extraño, demasiado débil para atraer a un compañero poderoso.

Para ellos, Evelyn no tenía futuro.

Pero ella todavía guardaba una pequeña esperanza.

Una promesa que su abuela Catherine le había repetido antes de morir.

“Eres especial, Evelyn. Algún día descubrirán tu verdadero valor.”

Durante años se aferró a esas palabras.

Aunque comía después de todos.

Aunque limpiaba los lugares que otros ensuciaban.

Aunque dormía sola en una pequeña habitación en el ático mientras escuchaba las risas de quienes la consideraban inferior.

Porque una parte de ella todavía creía que algún día alguien la vería de verdad.

La ceremonia de apareamiento era su última oportunidad.

Por tercera vez caminó hacia el antiguo altar de piedra de la manada.

El aire estaba lleno de tensión.

Todos sabían su historia.

La primera vez, cuando apenas tenía dieciocho años, Silas, el hijo del alfa, la rechazó delante de toda la manada.

—Eres una vergüenza. Una omega incapaz de dar descendencia fuerte —había dicho.

La segunda vez fue aún peor.

Un beta visitante parecía diferente. Durante unos segundos Evelyn creyó que él veía algo más allá de su apariencia.

Pero cuando percibió su aroma, su expresión cambió.

—No eres lo suficientemente fuerte. Necesito una compañera que pueda tener hijos poderosos.

Aquellas palabras quedaron grabadas en su corazón.

Ahora, con veintiún años, esta era su última ceremonia.

Si nadie la elegía, perdería incluso el poco lugar que tenía dentro de la manada.

Ya no sería una miembro con esperanza.

Solo sería una sirvienta invisible.

Evelyn caminó hacia el altar con la cabeza baja mientras sentía cientos de ojos sobre ella.

Entonces notó algo extraño.

En la colina cercana había una plataforma desconocida.

Banderas negras y plateadas ondeaban sobre ella.

Guerreros vestidos con armaduras oscuras vigilaban en silencio.

Nadie de la manada Luna Creciente llevaba esos símbolos.

Un miedo repentino recorrió el lugar.

—El rey está aquí —susurró una joven a su lado.

Evelyn levantó la mirada.

El rey Liken Dunken Drogo.

El nombre parecía una leyenda.

Un alfa por encima de todos los alfas.

Un hombre cuyo poder era tan grande que incluso los líderes de las manadas más fuertes inclinaban la cabeza ante él.

Evelyn sintió que su último momento de humillación sería observado por la criatura más poderosa de todos los lobos.

Intentó respirar.

Intentó mantenerse firme.

Pero entonces escuchó su nombre.

—Evelyn Stone.

La ceremonia había llegado a su final.

Con pasos temblorosos subió al altar.

Y por primera vez sintió que todo el mundo estaba esperando verla caer.

Entonces un hombre avanzó.

Era alto, atractivo y llevaba la insignia de beta de la manada Arroyo Sombrío.

—Soy Caleb —dijo con seguridad.

Por un instante, el corazón de Evelyn volvió a tener esperanza.

Él no conocía su pasado.

Quizás él podía verla como una persona.

Quizás esta vez sería diferente.

Caleb se acercó.

La observó.

Luego inclinó la cabeza y respiró profundamente para sentir su aroma.

La expresión de su rostro cambió inmediatamente.

La curiosidad desapareció.

El desprecio apareció.

—¿Qué es esto? —murmuró.

Evelyn sintió que el frío recorría su cuerpo.

Caleb retrocedió como si hubiera encontrado algo repulsivo.

Después miró a toda la multitud y habló con una voz fuerte.

—Yo, Caleb de la manada Arroyo Sombrío, rechazo a Evelyn Stone.

El silencio fue seguido por las risas.

Pero Caleb no se detuvo.

—Una criatura como ella nunca debería haber sido presentada en una ceremonia sagrada.

Las palabras golpearon más fuerte que cualquier ataque.

Defectuosa.

Inútil.

Una vergüenza.

Evelyn sintió que algo dentro de ella se rompía.

Ya no quería luchar.

Ya no quería demostrar nada.

Solo quería desaparecer.

Dio un paso atrás para abandonar el altar.

Pero antes de poder irse…

Un rugido atravesó todo el valle.

No era un sonido normal.

Era una orden.

Una fuerza antigua que hizo que todos los lobos presentes bajaran la cabeza.

La tierra misma pareció temblar.

Evelyn quedó inmóvil.

Y entonces escuchó unos pasos acercándose.

El rey Liken había dejado su trono.

Y estaba caminando directamente hacia ella.

PARTE 2

Evelyn no podía moverse.

Sentía que el mundo entero había quedado detenido.

El rey Dunken Drogo avanzaba entre la multitud como una sombra imposible de detener.

Los mismos lobos que minutos antes se habían reído de ella ahora evitaban incluso levantar la mirada.

El poder que emanaba de él era tan intenso que obligaba a todos a recordar su verdadero lugar.

Pero Evelyn no entendía una cosa.

¿Por qué él venía hacia ella?

Ella no era nadie.

Era la omega rechazada.

La mujer que todos habían considerado un error.

Cuando el rey llegó frente al altar, sus ojos plateados se encontraron con los de ella.

Y por primera vez en muchos años, Evelyn no vio desprecio.

No vio lástima.

Vio reconocimiento.

Dunken la observó en silencio durante unos segundos.

Después habló.

—El tercer rechazo no es una humillación.

Su voz era profunda y firme.

—Es la prueba de que este lugar nunca fue digno de ti.

Evelyn quedó confundida.

Nadie había hablado así de ella.

Nunca.

El rey extendió una mano hacia ella.

—Tu aroma no pertenece a un simple lobo de manada.

Todos contuvieron la respiración.

Caleb palideció.

—Pertenece a alguien de sangre antigua.

La mirada del rey se volvió hacia el beta que la había insultado.

El miedo apareció en el rostro de Caleb.

Porque de pronto comprendió algo.

Él no había rechazado una omega débil.

Había rechazado algo que nunca fue capaz de entender.

Una fuerza que estaba dormida.

Evelyn miró la mano del rey.

Tenía miedo.

Durante toda su vida había sido usada, ignorada y despreciada.

¿Cómo podía confiar ahora en alguien tan poderoso?

Pero entonces recordó algo.

Ella no estaba aceptando ser salvada.

Estaba aceptando una oportunidad.

Tomó su mano.

Y en ese instante, toda la manada entendió que el mundo acababa de cambiar.

Dunken la llevó lejos de Luna Creciente.

Lejos de las voces que la habían destruido.

Lejos de quienes habían decidido su valor sin conocerla.

Pero el nuevo hogar que encontró tampoco era sencillo.

El castillo del rey Liken era enorme, oscuro y lleno de secretos.

Todos la observaban.

Algunos con respeto.

Otros con dudas.

Muchos no podían entender cómo una simple omega había sido elegida por el rey.

Evelyn tampoco lo entendía.

Durante la primera cena con Dunken permaneció en silencio.

No sabía cómo comportarse frente a alguien tan poderoso.

No sabía si en cualquier momento él también descubriría que era “defectuosa”.

Entonces el rey hizo una pregunta inesperada.

—¿Sabes por qué te elegí?

Evelyn bajó la mirada.

—Porque mi aroma es diferente.

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Te elegí porque todos miraron tu debilidad y nadie vio tu resistencia.

Aquellas palabras tocaron una parte de ella que llevaba años herida.

Por primera vez alguien no hablaba de lo que ella no podía hacer.

Hablaba de todo lo que había soportado.

Con el tiempo, Evelyn descubrió que su aroma no era una maldición.

Era una herencia antigua.

Una línea de sangre que muchos creían desaparecida.

Los mismos que la llamaron defectuosa simplemente no tenían el conocimiento para comprenderla.

Mientras tanto, Caleb no aceptó la derrota.

La vergüenza de haber rechazado a quien ahora estaba destinada a convertirse en la reina Liken consumía su orgullo.

Comenzó a buscar una manera de destruir su nueva vida.

Quería demostrar que Evelyn era un engaño.

Que el rey había cometido un error.

Pero no sabía algo importante.

Evelyn ya no era la chica temblorosa que abandonó el altar.

La mujer que llegó al castillo del rey todavía tenía miedo.

Todavía cargaba heridas.

Pero también estaba descubriendo algo que nadie podía quitarle.

Su propio valor.

Y mientras la antigua omega comenzaba a despertar el poder que llevaba oculto en su interior, todos pronto descubrirían una verdad:

La mujer que todos rechazaron no había nacido para ser elegida por alguien.

Había nacido para cambiar el destino de todos los que la rodeaban.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward