Quien diablos golpeó a mi esposa gritó el Rey Vampiro y todo el restaurante quedó en silencio

Su Jefa la Abofeteó Frente a Todos Sin Saber que Era la Esposa Secreta del Rey Vampiro… Pero Cuando Javier Blackwood Se Levantó de las Sombras, Ya Era Demasiado Tarde para Evitar una Guerra

PARTE 1

Sofía Jiménez solo quería sobrevivir aquella cena.

Necesitaba el empleo.

Necesitaba la experiencia para conseguir su licencia de arquitecta.

Y necesitaba soportar unas horas más a Carla Saldaña, la mujer que llevaba tres años recordándole que, dentro de aquella firma, Sofía no era más que una asistente reemplazable.

La cena se celebraba en Obsidiana, uno de los restaurantes más exclusivos de la Ciudad de México.

Carla hablaba con clientes mientras Sofía tomaba notas, ordenaba documentos y soportaba comentarios humillantes.

—No sé por qué seguimos pagándole —dijo Carla riendo—. Supongo que por caridad.

Sofía bajó la cabeza.

Entonces ocurrió el accidente.

Al sacar unos planos, golpeó una copa.

El vino tinto cayó sobre la blusa de seda de Carla.

—¡Idiota!

—Lo siento. Yo pagaré la limpieza.

—Ni siquiera podrías pagar los botones.

Carla se levantó.

La insultó frente a todos.

Después la agarró del brazo.

—Eres una vergüenza para esta empresa.

Sofía intentó soltarse.

Carla perdió el equilibrio.

Y aquello fue suficiente.

Levantó la mano.

¡Paf!

La bofetada resonó por todo el restaurante.

Sofía se llevó una mano a la mejilla.

Las lágrimas aparecieron por pura humillación.

Entonces la temperatura descendió.

Las velas temblaron.

Los cubiertos comenzaron a vibrar.

Desde un reservado oscuro se levantó un hombre que nadie había visto aparecer.

Alto.

Cabello negro.

Traje oscuro.

Ojos violetas llenos de una furia casi inhumana.

Los multimillonarios de la sala lo reconocieron antes que Sofía levantara la cabeza.

Javier Blackwood.

Un hombre que llevaba décadas evitando apariciones públicas.

Uno de los empresarios más poderosos de México.

Y algo mucho más antiguo que un empresario.

Javier observó la marca roja sobre el rostro de Sofía.

—¿Quién demonios puso una mano sobre mi esposa?

Carla palideció.

—¿Su… esposa?

Miró a Sofía.

—Debe haber un error. Ella es mi asistente. No es nadie.

La expresión de Javier se volvió aterradora.

—Sofía.

Ella caminó hasta él.

Javier acarició suavemente su mejilla herida.

—Me duele —susurró ella.

—Lo sé.

Después miró a Carla.

—Acabas de despedirte a ti misma.

Carla intentó reír.

Javier sacó su teléfono.

En pocos minutos ordenó iniciar la adquisición de Saldaña y Asociados.

También reveló que Blackwood Holdings controlaba empresas, bancos y propiedades que sostenían buena parte del imperio profesional de Carla.

—No puede destruir mi carrera por una bofetada.

Javier mostró apenas los colmillos.

—Puedo destruir mucho más por mucho menos.

Luego sacó a Sofía del restaurante.

Dentro de la limusina llegó la verdadera discusión.

Porque Javier no era un desconocido.

Era su marido.

Tres años antes, Sofía lo había salvado de morir quemado por el sol después de un accidente.

Sin conocer su verdadera naturaleza, lo había arrastrado hasta la sombra.

Durante su recuperación, Javier había creado involuntariamente con ella un antiguo vínculo vampírico equivalente a un matrimonio.

Pero Sofía se negó a convertirse en una reina encerrada en un palacio.

Quería trabajar.

Ser arquitecta.

Construir algo propio.

Habían acordado vivir separados.

Hasta aquella noche.

—Ahora todos saben quién eres —dijo Javier—. Ya no estás segura.

—No puedes encerrarme.

—No pienso perderte.

Al día siguiente, Javier cumplió su amenaza.

Blackwood Holdings compró el control de la empresa.

Carla fue expulsada.

Y Sofía descubrió que, por las antiguas leyes del vínculo, ella poseía la mitad de los bienes de Javier.

La firma que la había tratado como basura ahora le pertenecía.

—Construye lo que quieras —dijo Javier.

Sofía pensó unos segundos.

—Quiero construir refugios para personas que no tienen dónde ir.

Javier sonrió.

—Entonces construiremos los mejores.

Ninguno de los dos vio al hombre que los observaba desde un edificio cercano.

Víctor Durán.

El enemigo más antiguo de Javier.

Sacó su teléfono.

—Los rumores son ciertos.

Sonrió mostrando los colmillos.

—El rey tiene una reina… y es humana.

Hubo un breve silencio.

Entonces dio la orden:

—Captúrenla esta noche.

PARTE 2

Sofía todavía no sabía que alguien había puesto precio a su vida.

Aquella noche debía asistir junto a Javier a la Gala de la Luna de Sangre.

Para los humanos, era un evento benéfico.

Para el mundo sobrenatural, era una cumbre política.

Todos los grandes clanes estarían presentes.

Cuando Sofía apareció con un vestido azul oscuro y las joyas de la antigua Casa Blackwood, Javier la observó en silencio.

—Es demasiado —dijo ella.

—Es necesario.

—¿Para impresionar a tus enemigos?

—Para recordarles quién eres.

Sofía lo miró.

—Tengo miedo.

—Bien. El miedo mantiene viva a la gente inteligente.

Después añadió:

—Pero esta noche no eres mi debilidad.

Eres mi esposa.

Eso te convierte en la persona más peligrosa de la sala.

En la gala, cientos de criaturas observaron a Sofía.

Entonces apareció Víctor Durán.

Tomó su mano y aspiró cerca de su muñeca.

—Qué aroma tan frágil.

Javier gruñó.

—Suéltala.

Víctor obedeció, riendo.

—¿Puedes protegerla de todo?

Sus ojos se desviaron.

Sofía siguió aquella mirada.

Carla estaba allí.

Despeinada.

Desesperada.

Mirándola con odio.

—¿Qué hace ella aquí?

—Es mi invitada —respondió Víctor.

De repente, todas las luces se apagaron.

Sofía sintió una mano alrededor de su cintura.

No era Javier.

Un paño cubrió su boca.

Después…

oscuridad.

Cuando despertó, estaba encadenada dentro de una vieja planta empacadora de carne.

Víctor caminaba frente a ella con un escalpelo.

—Durante siglos he intentado matar a Javier Blackwood.

Fuego.

Decapitación.

Sol.

Nada funciona.

Se inclinó.

—Pero luego cometió un error.

Se vinculó contigo.

Sofía sintió frío.

—¿Qué significa?

—Que comparten dolor.

Víctor sonrió.

—Si te lastimo, él lo siente.

Si te mato…

él también muere.

Carla apareció desde las sombras.

Había ayudado a secuestrarla creyendo que Víctor le devolvería su carrera.

—Me quitaste todo —dijo Carla.

—Yo no destruí tu vida —respondió Sofía—. Lo hizo tu crueldad.

Víctor cortó el brazo de Sofía.

Ella gritó.

A kilómetros de distancia, Javier sintió el dolor.

Minutos después, la enorme puerta metálica del edificio explotó.

Javier apareció entre humo y polvo.

Ya no parecía humano.

Sus ojos eran completamente negros.

—Víctor.

El vampiro colocó el escalpelo sobre la garganta de Sofía.

—Un paso más y muere.

Javier se detuvo.

Entonces Víctor ordenó encender unas lámparas especiales capaces de imitar la radiación solar.

Javier cayó de rodillas.

Su piel comenzó a quemarse.

Sofía sintió su dolor a través del vínculo.

—¡Carla! —gritó—. ¡Apágalas!

Carla observó horrorizada.

—Yo solo quería mi trabajo.

—Víctor no dejará testigos.

Víctor giró hacia Carla.

—No toques esa palanca, inútil.

Aquella palabra cambió algo.

Durante años Carla había utilizado la misma palabra contra Sofía.

Ahora la escuchaba dirigida hacia ella.

—No soy inútil.

Apagó las luces.

Víctor la golpeó y la lanzó contra unas cajas.

Pero la distracción bastó.

Javier atacó.

Los dos vampiros atravesaron una pared.

Sofía logró romper parte de la silla y liberarse.

Corrió tras ellos.

Víctor estaba ganando.

Javier seguía debilitado por la luz artificial.

Entonces Sofía miró alrededor.

No tenía velocidad sobrenatural.

Ni fuerza vampírica.

Pero era arquitecta.

Entendía cargas.

Pesos.

Tensiones.

Sobre Víctor había un enorme sistema industrial de ganchos.

Sofía encontró el panel.

—¡Víctor!

Él levantó la cabeza.

—¿Qué quieres?

Sofía pulsó un botón.

—Jaque mate.

El pesado gancho descendió y atrapó a Víctor, levantándolo varios metros.

Javier se incorporó.

Sangrando.

Quemado.

Pero vivo.

Miró a Sofía.

—Eres magnífica.

Después caminó hacia Víctor.

—El consejo sabrá que fue mi reina quien te derrotó.

Víctor murió aquella noche.

Pero Sofía todavía tenía decisiones que tomar.

Primero fue a ver a Carla.

Javier quería matarla.

Sofía se negó.

Le entregó un sobre.

Dentro había un boleto solo de ida a Guanajuato, seis meses de alquiler y un empleo básico en una oficina municipal de Celaya.

—¿Me estás desterrando?

—Te estoy dando una segunda oportunidad.

Carla comenzó a llorar.

—¿Por qué?

Sofía se levantó.

—Porque yo no soy tú.

Le dejó claro que jamás podría regresar a la Ciudad de México ni revelar lo ocurrido.

Después se marchó.

También regresó a la antigua Saldaña y Asociados.

Pero esta vez entró como propietaria.

Don Humberto corrió a recibirla.

—Señora Blackwood…

—Sofía está bien.

Ella reorganizó la empresa.

Ascendió a empleados ignorados.

Eliminó proyectos corruptos.

Y comenzó a diseñar el refugio con el que siempre había soñado.

Pero la prueba final llegó cuando los líderes sobrenaturales aparecieron en el penthouse Blackwood.

Todos querían saber una cosa:

¿La relación con una humana había debilitado a Javier?

Una vampira llamada Aura sonrió.

—Escuchamos que Víctor tuvo al rey de rodillas.

Miró a Sofía.

—Y que fue la humana quien lo derrotó.

Javier estaba a punto de responder.

Sofía colocó una mano sobre su pecho.

—Escucharon correctamente.

Caminó frente a los antiguos.

—Víctor cometió un error. Pensó que tener latido me convertía en presa.

Los miró uno por uno.

—Javier es rey por sangre y por ley.

Hizo una pausa.

—Pero yo soy reina por derecho de conquista.

Nadie habló.

—Yo derroté a su enemigo.

Sofía sonrió.

—¿Alguien quiere probar si fue suerte?

El silencio fue absoluto.

Después, uno de los líderes inclinó la cabeza.

—Las rutas comerciales reconocen a la reina.

Aura hizo una reverencia.

—Los aquelarres reconocen a la reina.

Finalmente, Marcos, uno de los vampiros más antiguos, también inclinó la cabeza.

—Larga vida a la Casa Blackwood.

No habían descubierto una debilidad.

Habían descubierto una alianza.

Más tarde, Javier y Sofía quedaron solos en el balcón.

—Los aterrorizaste —dijo él.

—Necesito que me respeten. Si voy a vivir en tu mundo, no puedo esconderme detrás de ti.

—Nunca estuviste detrás de mí.

Javier sacó una pequeña caja.

Dentro había un anillo negro de obsidiana atravesado por una veta roja.

—El primer anillo que te di ocultaba quién eras.

Tomó la mano de Sofía.

—Este hará lo contrario. Cada criatura que te vea sabrá que compartes mi poder.

Sofía contempló el anillo.

Aceptarlo significaba renunciar definitivamente al anonimato.

No volvería a ser simplemente una arquitecta viviendo en un pequeño apartamento.

Sería Sofía Blackwood.

Arquitecta.

Propietaria.

Humana.

Y reina de un mundo lleno de monstruos.

Tomó el anillo.

—Ya no tengo miedo de la oscuridad.

Se lo colocó.

Sintió inmediatamente el vínculo con Javier: su fuerza, su miedo, su amor y aquella devoción antigua que él jamás había sabido expresar correctamente.

Sofía sonrió.

Después imitó la voz grave que Javier había utilizado en el restaurante:

—¿Quién demonios puso una mano sobre mi esposa?

Javier rio por primera vez aquella noche.

La levantó en brazos.

—Que lo intenten otra vez.

Sofía arqueó una ceja.

—¿Eso es una amenaza?

—Una invitación.

Las puertas del balcón se cerraron detrás de ellos.

Abajo, la Ciudad de México continuaba iluminada, sin saber que sobre sus calles acababa de cambiar una dinastía.

La antigua Sofía había pasado años intentando ser invisible para sobrevivir.

La nueva Sofía ya no necesitaba esconderse.

Porque finalmente había entendido algo:

Javier podía darle dinero.

Un imperio.

Protección.

Incluso una corona.

Pero el poder que realmente había cambiado su vida no provenía de él.

Era suyo.

Había estado dentro de ella desde el principio.

Carla había creído que una bofetada pondría a Sofía en su lugar.

En realidad, aquella bofetada fue lo que finalmente obligó al mundo entero a descubrir cuál era su verdadero lugar: al lado del rey, gobernando con él.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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