Por lo que tenía entre las piernas, el Rey Alfa era burlado en secreto hasta que un Omega preg

PARTE 1
Rebecca Pitts siempre había creído que su mayor habilidad era pasar desapercibida.
En un palacio donde los nobles competían por poder, riquezas y reconocimiento, ella había aprendido a caminar en silencio, bajar la mirada y cumplir con su trabajo sin llamar la atención.
Era solo una omega.
Una sirvienta encargada de la lavandería real.
Alguien que la mayoría de la corte consideraba invisible.
Pero todo cambió el día que escuchó un rumor que llevaba años creciendo entre los muros del reino.
Decían que el rey Alfa Jordan Becca tenía una debilidad.
Decían que, aunque era el hombre más poderoso de Barentor, había algo que nunca podría conseguir.
Un heredero.
Los nobles susurraban que el trono estaba condenado. Algunos incluso empezaban a imaginar qué familia podría ocupar el lugar del rey cuando su linaje desapareciera.
Pero Rebecca había observado algo que nadie más parecía notar.
Los rumores no tenían sentido.
Había visto al rey enfrentarse a generales, políticos y enemigos sin mostrar miedo.
Había visto cómo todos se inclinaban ante él.
Un hombre así no permitiría que una mentira tan peligrosa creciera durante años sin una razón.
Por eso, contra todo sentido común, pidió una audiencia con el rey.
Cuando entró al salón privado de Jordan, esperaba encontrar arrogancia.
Esperaba encontrar furia.
Esperaba que el rey la castigara por atreverse a hablar.
Pero no encontró nada de eso.
Jordan era incluso más intimidante de lo que decían las historias. Su presencia llenaba la habitación. Su mirada parecía capaz de descubrir cualquier mentira.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó él con voz profunda.
Rebecca tragó saliva.
Cualquier otra persona habría bajado la cabeza y pedido perdón.
Pero ella decidió decir la verdad.
—Porque los rumores sobre usted son peligrosos.
El silencio cayó sobre la sala.
Nadie hablaba así del rey.
Jordan se acercó lentamente.
—¿Estás diciendo que todos están equivocados?
Rebecca sintió que su corazón golpeaba con fuerza.
—Estoy diciendo que todos están viendo solo una parte de la historia.
Por primera vez, algo cambió en la expresión del rey.
No era enojo.
Era interés.
Durante años había escuchado a personas intentar ganarse su favor. Había escuchado mentiras disfrazadas de respeto y halagos disfrazados de lealtad.
Pero aquella pequeña omega frente a él no parecía querer nada.
No buscaba poder.
No buscaba convertirse en alguien importante.
Solo había hablado porque creía que algo estaba mal.
Y eso despertó la curiosidad del rey.
—¿Cuál crees que soy? —preguntó Jordan.
Rebecca no respondió inmediatamente.
La pregunta parecía sencilla, pero sentía que escondía algo mucho más profundo.
Finalmente dijo:
—Creo que usted no es como todos creen.
Los ojos de Jordan se oscurecieron.
Se acercó un poco más.
—Ten cuidado, pequeña omega.
Rebecca sintió un escalofrío.
—¿Por qué?
La voz del rey bajó hasta convertirse casi en un susurro.
—Porque ahora eres la única persona en este reino que podría entender la verdad sobre mí.
Aquellas palabras cambiaron todo.
Rebecca comprendió que aquella conversación ya no trataba sobre rumores.
Trataba sobre un secreto.
Un secreto tan poderoso que podía destruir años de mentiras y cambiar el destino del reino.
Al día siguiente, las puertas del salón del trono se abrieron.
Pero esta vez no era una audiencia privada.
Todo el reino parecía estar esperando.
Los nobles estaban reunidos.
Los miembros del consejo observaban con curiosidad.
Los sirvientes susurraban en los pasillos.
Todos querían saber por qué el rey había convocado públicamente a una simple omega.
Rebecca caminó hacia el centro del salón sintiendo cientos de miradas sobre ella.
No sabía qué esperaba Jordan de ella.
No sabía si estaba a punto de ser humillada.
O castigada.
Entonces las puertas principales se abrieron.
El sonido de unas botas golpeando el suelo de mármol hizo que toda la sala quedara en silencio.
Jordan Becca entró.
La corte entera se inclinó.
El rey caminó hasta el trono y tomó asiento.
Después de un largo momento, sus ojos se dirigieron directamente hacia Rebecca.
—Rebecca Pitts.
Ella inclinó la cabeza.
—Sí, mi rey.
—Ayer afirmaste que los rumores sobre mí eran falsos.
La sala quedó completamente silenciosa.
Jordan continuó:
—Hoy tendrás la oportunidad de repetir esas palabras delante de todo el reino.
Rebecca sintió que el peso de la decisión caía sobre sus hombros.
Si hablaba mal, podría destruir la reputación del rey.
Si decía la verdad, podría convertirse en enemiga de todos los nobles.
Pero entonces recordó algo.
Ella no había hablado para proteger a Jordan.
Había hablado porque sabía que una mentira podía destruir un reino entero.
Respiró profundamente.
Y levantó la mirada.
—Los rumores sobre el rey son falsos.
La corte explotó en murmullos.
Pero Jordan levantó una mano y todos callaron.
Rebecca continuó:
—El problema no es que al rey le falte algo.
Hizo una pausa.
Todos esperaban.
—El problema es que todos creen conocer una verdad que nunca comprobaron.
El anciano del consejo dio un paso adelante.
—¿Y qué sabe una omega sobre asuntos reales?
Rebecca lo miró con calma.
Y entonces pronunció la frase que hizo que toda la sala contuviera el aliento:
—Sé que el rey tiene más de lo que ustedes creen.
El silencio fue absoluto.
Jordan no parecía sorprendido.
De hecho…
una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Porque quizás Rebecca acababa de decir exactamente lo que él esperaba.
PARTE 2
La corte tardó varios segundos en reaccionar.
Después llegó el caos.
Los nobles comenzaron a hablar al mismo tiempo. Algunos se burlaban. Otros estaban indignados. Algunos miraban a Rebecca como si fuera una amenaza.
Pero Jordan permaneció tranquilo.
Demasiado tranquilo.
El rey bajó lentamente del trono y caminó hasta colocarse junto a Rebecca.
Ese simple movimiento hizo que todos guardaran silencio.
Porque todos entendieron algo.
Jordan no estaba protegiéndola.
La estaba respaldando.
—Durante años —dijo el rey mirando a la corte— han repetido rumores sobre mi incapacidad.
Los rostros de varios nobles cambiaron.
Nadie esperaba que él hablara del tema directamente.
—Me llamaron incompleto. Débil. Defectuoso.
Su voz era tranquila, pero cada palabra tenía peso.
—Y ninguno tuvo el valor suficiente para preguntarme la verdad.
El anciano del consejo intentó intervenir.
—Su majestad, solo buscábamos estabilidad para el reino.
Jordan lo miró.
—¿Crees que destruir la confianza en tu propio rey trae estabilidad?
Nadie respondió.
Entonces Jordan volvió a mirar a Rebecca.
—Diles por qué los rumores son peligrosos.
Rebecca dudó.
Pero finalmente habló.
—Porque una mentira repetida durante mucho tiempo puede convertirse en un arma.
Los nobles escucharon.
—Si todos creen que el trono es débil, aquellos que desean poder comenzarán a moverse.
La expresión de Jordan mostró aprobación.
Rebecca no era una guerrera.
No tenía un ejército.
No pertenecía a una familia poderosa.
Pero estaba viendo el tablero político mejor que muchos de los consejeros presentes.
Y eso era precisamente lo que hacía que algunos la temieran.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Un noble llamado Marcus Halvin dio un paso adelante.
—Esto es absurdo.
Su voz estaba llena de desprecio.
—Una omega sin apellido no puede estar cerca del trono.
Rebecca bajó ligeramente la mirada.
Pero Jordan habló antes de que pudiera responder.
—Su nombre es Rebecca Pitts.
La voz del rey se volvió fría.
—Y es la única persona en esta sala que tuvo el valor de decirme la verdad.
Marcus apretó la mandíbula.
—Está cometiendo un error.
Jordan sonrió levemente.
—Me estás confundiendo con alguien que teme equivocarse.
El noble retrocedió.
Pero antes de irse lanzó una mirada peligrosa hacia Rebecca.
Ella comprendió que el verdadero peligro apenas comenzaba.
Más tarde, cuando el palacio quedó en silencio, Rebecca intentaba procesar todo lo ocurrido.
En un solo día había pasado de ser una sirvienta invisible a convertirse en la persona más observada del reino.
Entonces escuchó un golpe en su puerta.
Era tarde.
Demasiado tarde para una visita.
—¿Quién es? —preguntó.
Una voz profunda respondió:
—Soy yo.
Rebecca quedó inmóvil.
Jordan.
El rey Alfa estaba frente a su pequeña habitación.
Cuando abrió la puerta, él entró y observó el lugar sencillo donde ella vivía.
La cama pequeña.
La silla vieja.
La ausencia de lujos.
—Aquí es donde vives —dijo.
Rebecca sonrió ligeramente.
—Nunca esperé más.
La expresión del rey cambió.
—Eso puede cambiar.
Ella lo miró confundida.
—¿Por qué está aquí?
Jordan permaneció en silencio unos segundos.
Luego dijo:
—Porque mañana tomaré una decisión que cambiará tu vida.
Rebecca sintió que su corazón se aceleraba.
—¿Qué decisión?
El rey dio un paso más cerca.
—Si te elijo…
Hizo una pausa.
—Si te convierto en mi reina…
La habitación quedó completamente silenciosa.
Rebecca dejó de respirar por un instante.
Porque sabía lo que significaba.
No solo sería la mujer al lado del hombre más poderoso del reino.
También sería el objetivo de todos aquellos que querían verlo caer.
Jordan la miró fijamente.
—¿Estarás a mi lado?
Rebecca observó sus ojos.
Por primera vez no vio al rey.
Vio al hombre detrás del título.
Un hombre que llevaba años cargando una mentira que nadie se atrevía a cuestionar.
Ella respondió:
—Sí.
Jordan permaneció en silencio.
Entonces Rebecca añadió:
—Pero creo que esa no es la verdadera pregunta.
Él levantó una ceja.
—¿No?
Ella negó lentamente.
—Creo que quiere saber si yo lo elegiría a usted.
Por primera vez, el rey pareció perder la seguridad absoluta que siempre mostraba.
—¿Y lo harías?
Rebecca sonrió suavemente.
—Sí.
Durante un momento, solo existieron ellos dos.
Hasta que un ruido rompió el silencio.
Un grito llegó desde el patio.
Después otro.
Luego el sonido del acero chocando.
La expresión de Jordan cambió inmediatamente.
El rey desapareció.
El Alfa apareció.
Rebecca se giró hacia la ventana y vio antorchas moviéndose rápidamente en la oscuridad.
Guardias corriendo.
Sombras entrando al palacio.
Jordan tomó la puerta.
—Quédate aquí.
Pero Rebecca entendió algo.
Aquello no era un simple ataque.
Era una respuesta.
Alguien no quería que el rey revelara la verdad.
Y ahora ella estaba en el centro de esa guerra.
Porque si Jordan la elegía…
no solo cambiaría su destino.
Cambiaría el destino de todo el reino.