Para salvar a un desconocido, lo besó delante de todos sin saber que era el jefe de la mafia.
Para salvar a un desconocido, lo besó delante de todos sin saber que era el jefe de la mafia.

PARTE 1
Nunca pensé que un simple impulso de valentía pudiera destruir mi antigua vida y cambiar mi destino para siempre.
Mi nombre es Vivian Clark.
Soy arquitecta junior en una pequeña empresa de Chicago. No tenía una vida llena de lujos ni grandes aventuras. Mi mayor preocupación era pagar mis deudas, terminar mis proyectos a tiempo y volver cada noche a mi pequeño apartamento en Lincoln Park.
Aquella noche solo quería celebrar una pequeña promoción en mi trabajo.
Nada especial.
Un vaso de vino barato en un lugar demasiado elegante para mi bolsillo, unos minutos de tranquilidad y después volver a casa.
Pero jamás imaginé que al caminar por un pasillo equivocado entraría en el mundo más peligroso de Chicago.
Mientras buscaba el baño del exclusivo bar Aviary, terminé en un pasillo privado iluminado débilmente.
El ambiente cambió de inmediato.
El sonido de la música quedó lejos.
Solo podía sentir el olor del humo de cigarros caros y escuchar voces tensas.
Entonces lo vi.
Tres hombres enormes habían rodeado a un desconocido contra la pared.
Ellos parecían violentos.
Él parecía completamente tranquilo.
Vestía un traje gris perfectamente ajustado, un reloj demasiado caro y tenía una mirada fría que parecía controlar toda la situación.
Pero algo llamó mi atención.
Uno de los hombres tenía la mano dentro de su chaqueta.
Y no parecía estar buscando su teléfono.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Recordé a mi hermano Thomas.
Tres años antes lo había perdido en un incidente que nunca pude superar. Desde entonces siempre había vivido con la sensación de que tal vez pude haber hecho algo para ayudarlo.
No iba a permitir que otra persona terminara igual frente a mis ojos.
Sin pensar.
Sin medir las consecuencias.
Caminé hacia ellos.
—Cariño, te estaba buscando por todas partes —dije con una sonrisa falsa, fingiendo ser una mujer molesta que acababa de encontrar a su pareja.
Los tres hombres me miraron confundidos.
El desconocido también.
Sus ojos oscuros se clavaron en mí.
Por un segundo vi sorpresa en su rostro.
Pero rápidamente desapareció.
Me acerqué, lo tomé del cuello de su traje y susurré:
—Sígueme la corriente.
Antes de que pudiera responder, hice lo único que se me ocurrió.
Lo besé.
Esperaba que me apartara.
Esperaba que reaccionara con sorpresa.
Pero no ocurrió.
Sus manos sujetaron mi cintura y, por un instante, olvidé completamente que todo aquello era una actuación.
El hombre frente a mí no parecía una víctima asustada.
Parecía alguien que estaba acostumbrado a tener el control.
Desde detrás de mí, él hizo un pequeño movimiento con la mano.
Yo no lo vi.
Pero alguien más sí.
Un hombre escondido fuera del edificio tenía un objetivo claro.
Y Lorenzo Falconee acababa de ordenarle detenerse.
Porque aquellos tres hombres no eran simples ladrones.
Eran enviados para acabar con él.
Yo no estaba salvando a un desconocido.
Estaba interrumpiendo una ejecución.
Cuando finalmente rompí el beso, respiré con dificultad y tomé su mano.
—Vamos antes de que descubran que estoy fingiendo.
Lo arrastré fuera del bar bajo la lluvia.
Ya en la calle, recuperé mi sentido común y comencé a regañarlo.
—¿Estás loco? No puedes caminar por lugares oscuros usando un reloj que vale más que mi apartamento.
El hombre me observó en silencio.
Yo acababa de darle una lección de seguridad al hombre equivocado.
Porque ese hombre era Lorenzo Falconee.
El hombre más temido de Chicago.
Y sin saberlo, acababa de convertirme en la única persona que había logrado salvarle la vida.
Pero lo peor todavía estaba por venir.
Porque los enemigos de Lorenzo habían visto algo imposible.
Habían visto al hombre que nunca permitía que nadie se acercara…
ser protegido por una mujer desconocida que acababa de besarlo frente a ellos.
PARTE 2
Al día siguiente pensé que todo había quedado como una extraña historia que jamás volvería a repetirse.
Estaba equivocada.
Mientras trabajaba en mi escritorio, mi compañera Sarah apareció con una expresión preocupada.
—Vivian, ¿viste las noticias?
Miré la pantalla de su teléfono.
Sentí que mi sangre se congelaba.
La noticia hablaba de un enfrentamiento en la zona cercana al bar Aviary.
Tres hombres habían aparecido involucrados en un violento incidente.
Los reconocí inmediatamente.
Eran ellos.
Los hombres del pasillo.
Entonces comprendí algo aterrador.
No eran criminales comunes.
Eran parte de una organización peligrosa.
Y el hombre al que había besado tampoco era un desconocido.
Antes de poder procesarlo, todo el ambiente de la oficina cambió.
Tres vehículos negros se detuvieron frente al edificio.
Hombres con trajes oscuros entraron caminando con una seguridad que hizo que todos guardaran silencio.
Y entonces apareció él.
Lorenzo Falconee.
A plena luz del día parecía aún más intimidante.
No era solo un hombre rico.
Era alguien que hacía que todos a su alrededor sintieran miedo.
Mi jefe salió inmediatamente a recibirlo.
—Señor Falconee, no esperaba verlo hasta más tarde por la adquisición de la empresa.
Me quedé inmóvil.
¿Adquisición?
¿Falconee?
El apellido finalmente tuvo sentido.
Todos en Chicago conocían ese nombre.
Controlaban negocios, propiedades y tenían influencia en lugares donde nadie quería hacer preguntas.
Entonces Lorenzo me encontró con la mirada.
Y caminó directamente hacia mí.
—No dejaste tu número.
No sabía si sentir miedo o indignación.
—Usted es Lorenzo Falconee.
—Así es.
Se acercó a mi escritorio.
Sabía mi nombre.
Sabía dónde vivía.
Sabía incluso detalles de mi vida que nunca le había contado.
—¿Me investigó?
—Tenía que saber quién era la mujer que arruinó una operación perfectamente planeada.
Fruncí el ceño.
—Yo pensé que estaba salvándole la vida.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Y lo hiciste.
Entonces me reveló la verdad.
Los hombres del bar habían sido enviados para eliminarlo.
Él tenía todo bajo control.
Hasta que yo aparecí.
Hasta que lo llamé mi pareja.
Hasta que lo besé.
Ahora sus enemigos creían que yo era su punto débil.
Y eso me convertía en un objetivo.
—Han puesto una recompensa por ti —dijo Lorenzo con calma.
Sentí que el aire desaparecía.
—Esto es una locura.
Intenté alejarme.
—Voy a ir a la policía.
Él me miró con seriedad.
—La policía no puede protegerte.
Entonces dijo algo que cambió completamente mi realidad.
La empresa donde trabajaba ya no pertenecía a mi antiguo jefe.
Ahora pertenecía a él.
Mi apartamento estaba siendo protegido.
Mi identidad estaba siendo cambiada.
Mi vida normal había desaparecido.
—No puedes hacerme esto —susurré.
Lorenzo se acercó.
—Vivian, tú me elegiste aquella noche.
—Solo intentaba ayudarte.
—Besaste al hombre que tus enemigos quieren destruir.
Su voz bajó.
—Ahora eres la única razón por la que ellos creen que pueden llegar hasta mí.
Me llevó a su mansión.
Un lugar enorme, rodeado de seguridad y hombres armados.
No era una casa.
Era una fortaleza.
Allí descubrí que el peligro no solo venía de los enemigos de Lorenzo.
También venía de mi propio pasado.
Porque cuando mencionó a mi hermano Thomas, sentí que mi mundo se detenía.
—Tu hermano no murió en un simple accidente.
Lo miré sin poder respirar.
—¿Qué estás diciendo?
Lorenzo me explicó que Thomas había descubierto información peligrosa relacionada con una red criminal.
Había intentado revelar la verdad.
Y alguien se había asegurado de silenciarlo.
Durante tres años había vivido creyendo una mentira.
Mi dolor.
Mi culpa.
Todo estaba construido sobre un secreto.
Entonces Lorenzo recibió una llamada.
Era un mensaje de sus enemigos.
Querían reunirse.
Querían una guerra.
Él miró la pantalla y luego me miró a mí.
Por primera vez no vi al hombre poderoso.
Vi a alguien dispuesto a protegerme.
—Quédate aquí.
Pero algo dentro de mí sabía que no podía esconderme para siempre.
Porque mi vida ya no era la de antes.
Había entrado en el mundo de Lorenzo Falconee.
Y ahora debía decidir si huir del peligro…
o luchar junto al hombre que todos llamaban el diablo de Chicago.