Otra Omega arruinó su marca 37 veces: el 38, el compañero embarazada de Alpha se fue

PARTE 1
Nunca imaginé que llegaría el día en que abandonaría al hombre por quien había sacrificado todo.
Durante cinco años, fui conocida como la futura Luna de la manada Blackwood.
Todos creían que mi destino estaba escrito.
Sería la compañera de Alpha Garrett Blackwood.
Gobernaría a su lado.
Construiríamos una familia.
Pero nadie sabía que detrás de ese título había una mujer que llevaba años sintiéndose invisible.
Todo comenzó con algo que parecía insignificante.
Un simple documento.
Willow Ashford, la nueva secretaria de Garrett, había enviado por error nuestra solicitud de ceremonia de marcación como si fuera una solicitud de disolución del vínculo de pareja.
La primera vez pensé que solo era un accidente.
Willow se disculpó con lágrimas en los ojos.
“Lo siento, Alpha Garrett. Fue mi culpa. Me puse nerviosa al ver la palabra compañeros y marqué la opción equivocada.”
Garrett la miró con paciencia.
“No pasa nada. Todos cometemos errores.”
Después se volvió hacia mí y tomó mi mano.
“Raven, debes ser más comprensiva. Ella es nueva.”
En ese momento intenté convencerme de que no era importante.
Pero luego ocurrió otra vez.
Y otra.
Hasta llegar a la número treinta y siete.
Treinta y siete veces.
Treinta y siete documentos equivocados.
Treinta y siete veces viendo cómo Willow bajaba la cabeza con una expresión inocente mientras Garrett la defendía.
Cada vez que yo intentaba hablar, él decía que estaba exagerando.
Que estaba siendo injusta.
Que como futura Luna debía tener más paciencia.
Pero lo que él no sabía era que yo ya no estaba preocupada solamente por mí.
Llevaba días sintiéndome débil.
No podía comer.
Las náuseas eran constantes.
Pensé que Garrett lo notaría.
Pensé que el hombre que decía amarme se daría cuenta de que algo estaba cambiando.
Pero nunca preguntó.
Nunca vio que llevaba una nueva vida dentro de mí.
Nuestro cachorro.
El médico me había advertido que debía descansar y evitar ciertas hierbas fuertes porque podían poner en peligro el embarazo.
Pero Garrett llegó aquella noche con una caja de madera.
“Te traje algo especial.”
Dentro había una hierba rara que había conseguido en el mercado negro.
“Dicen que fortalece la constitución de los lobos.”
Cuando abrió la caja, el fuerte aroma llenó la habitación.
Sentí que mi estómago se revolvía.
Esa hierba podía hacerle daño a nuestro cachorro.
Y él ni siquiera lo sabía.
Porque nunca se había tomado el tiempo de preguntarme qué me estaba pasando.
Lo miré esperando alguna señal.
Algún arrepentimiento.
Alguna preocupación.
Pero solo vi satisfacción.
Creía que había arreglado todo con un regalo.
Como siempre.
Entonces algo dentro de mí finalmente se rompió.
Tomé la caja lentamente.
“Gracias, Garrett.”
Él sonrió, creyendo que yo había vuelto a perdonarlo.
Entró a su despacho y cerró la puerta.
Me quedé sola en aquella habitación que alguna vez llamé hogar.
Durante años había luchado por nuestro amor.
Pero esa noche entendí algo.
No estaba perdiendo a Garrett.
Porque hacía mucho tiempo que él ya había dejado de elegirme.
Caminé hasta el baño.
Abrí la caja.
Y sin dudarlo, arrojé la hierba al inodoro.
Presioné el botón.
Mientras el agua se llevaba aquel regalo, sentí que también se llevaba la última parte de mi amor por él.
A la mañana siguiente, Garrett me besó la frente antes de salir.
“Voy a la sede de la manada. Cuando termine, pasaré tiempo contigo.”
No abrí los ojos.
No respondí.
Esperé hasta escuchar la puerta cerrarse.
Entonces tomé mi teléfono.
Había un número que no había marcado en años.
El de mi padre.
Cuando escuché su voz, todas mis defensas desaparecieron.
“Padre…”
Hubo silencio.
“Quiero volver a casa.”
Después de unos segundos, su voz cambió.
“Raven… ¿qué hizo Garrett?”
Cerré los ojos mientras acariciaba mi vientre.
“No me hizo nada.”
Mentí.
Porque la verdad era mucho más dolorosa.
“Solo estoy cansada.”
Mi padre no preguntó más.
Solo respondió:
“Entonces vuelve. Esta siempre será tu casa.”
Colgué.
Y por primera vez en cinco años recordé quién era realmente.
Yo no era una simple huérfana como Garrett creía.
Yo era la hija del Alpha y la Luna de la manada más poderosa del norte.
Había abandonado mi identidad por amor.
Había dejado atrás mi familia.
Mi poder.
Mi futuro.
Todo por él.
Pero ahora todo había terminado.
Abrí la red interna de la manada.
Y allí estaba la prueba que terminó de destruir cualquier esperanza que quedaba.
Una publicación de Willow.
Fotos de ella entrenando junto a Garrett.
Sus cuerpos demasiado cerca.
Su sonrisa demasiado segura.
El mensaje decía:
“Convencí al Alpha para entrenar conmigo.”
Sentí una punzada en el pecho.
Entonces entendí.
Mientras yo estaba sufriendo sola con nuestro cachorro…
Garrett estaba ocupado creando recuerdos con otra mujer.
Guardé mis cosas.
Y caminé hacia el consejo de ancianos para presentar mi solicitud de salida de la manada.
Pero cuando el anciano Roger vio el documento, su expresión cambió completamente.
“Raven… ¿qué significa esto?”
Respiré profundamente.
“Significa que me voy.”
Antes de que pudiera decir algo más…
La puerta se abrió.
Garrett entró.
Y en su cuello llevaba una marca de lápiz labial que no era mía.
PARTE 2
Garrett se quedó mirándome mientras los ancianos guardaban silencio.
Sus ojos siguieron mi mirada hasta la marca roja en su cuello.
Por un instante pareció incómodo.
“Esto ocurrió durante el entrenamiento con Willow.”
Su explicación llegó demasiado rápido.
Antes, una simple duda mía habría sido suficiente para preocuparlo.
Ahora solo parecía querer justificar lo injustificable.
El anciano Roger suspiró.
“Garrett, llegas en buen momento. Raven quiere abandonar la manada.”
El rostro de Garrett cambió.
“¿Qué?”
Me miró como si hubiera escuchado algo imposible.
“¿Quieres irte por lo ocurrido con la solicitud?”
Sonreí ligeramente.
Era increíble.
Después de todo lo vivido, él todavía pensaba que ese era el problema.
“No estoy enojada.”
Levanté el documento.
“Simplemente estoy cansada.”
Garrett tomó mi mano.
“Si necesitas descansar, puedes irte de vacaciones.”
Vacaciones.
Esa palabra casi me hizo reír.
Cada vez que intentaba descansar, recibía otro mensaje sobre una nueva solicitud equivocada de Willow.
Cada vez que intentaba hablar con él, aparecía una nueva emergencia relacionada con ella.
Pero Garrett nunca lo vio.
Porque su preocupación siempre estaba en otro lugar.
“¿Sabes qué es lo más triste?”
Lo miré a los ojos.
“Durante mucho tiempo pensé que Willow estaba intentando reemplazarme.”
Hice una pausa.
“Pero ahora entiendo que tú fuiste quien le abrió la puerta.”
Garrett frunció el ceño.
Antes de que pudiera responder, Willow apareció.
Entró con una expresión inocente.
“Alpha, necesito ayuda con este contrato.”
Y como siempre…
Garrett cambió completamente.
Se acercó a ella.
Le explicó el documento con paciencia.
Una paciencia que yo había dejado de recibir hacía mucho tiempo.
Entonces escuché algo que nunca olvidaré.
“Willow, si aceptas este proyecto, tendrás acceso a los recursos de la manada.”
Me quedé quieta.
Durante cinco años había sido la futura Luna.
Pero nunca había tenido ese poder.
Y ahora él se lo entregaba a ella sin pensarlo.
Willow me miró.
Sus ojos tenían una pequeña sonrisa de victoria.
“Raven, espero que no estés molesta.”
No respondí.
Porque ya no importaba.
Mi corazón había dejado de luchar.
Esa noche asistí al banquete de la manada.
No porque quisiera.
Sino porque sabía que sería la última vez.
Vi cómo todos aplaudían a Willow.
Vi cómo Garrett caminaba junto a ella.
Vi cómo recibía los honores que yo nunca tuve.
Y comprendí que ya no pertenecía allí.
Cuando terminó la celebración, Garrett incluso quiso acompañar a Willow porque había bebido demasiado.
Me preguntó:
“¿Te importa?”
Negué con la cabeza.
“No.”
Y esa fue la primera vez que dije la verdad.
Ya no me importaba.
Mientras ellos se alejaban, yo tomé mis maletas y salí de la manada.
Mi padre ya me esperaba.
Antes de subir al avión, recibí un último mensaje de Garrett.
Decía que esta vez él mismo arreglaría la ceremonia.
Que la solicitud número treinta y ocho sería perfecta.
Miré la pantalla durante unos segundos.
Luego escribí mi última respuesta.
“Está bien.”
“Ya no importa.”
“Me fui de la manada.”
“Garrett, nunca volveremos a vernos.”
Después lo bloqueé.
Por primera vez en años…
Elegí mi propia vida.
Y mientras el avión desaparecía en la oscuridad, Garrett finalmente regresó a nuestra casa.
Pero cuando abrió la puerta…
Encontró algo que jamás esperaba.
Una casa vacía.
Sin mi aroma.
Sin mis cosas.
Sin mí.
Y en el cajón de la habitación encontró un documento que cambiaría todo.
Un informe médico.
Sus manos comenzaron a temblar cuando leyó las palabras.
“Embarazo positivo.”
Garrett quedó completamente inmóvil.
Porque por primera vez comprendió la verdad.
No solo había perdido a su compañera.
Había perdido a la madre de su cachorro.
Y la mujer que había amado durante cinco años…
Ya no estaba esperando que él la eligiera.