Nos adentramos demasiado en la Sierra de Oaxaca… y un hombre nos dijo que solo cuatro podían regresar

Nos adentramos demasiado en la Sierra de Oaxaca… y un hombre nos dijo que solo cuatro podían regresar

PARTE 1

El hombre apareció detrás de nosotros sin que ninguno escuchara sus pasos.

Estábamos a varias horas del pueblo, en una zona de la Sierra de Oaxaca donde ya no había senderos claros, y lo primero que pensé fue que se trataba de alguien que vivía por ahí.

Hasta que vi su expresión.

Y después escuché algo moverse entre los árboles, justo a nuestra espalda.

Yo tenía 25 años cuando pasó esto.

En aquella época trabajaba como guía turístico y conocía bastante bien varias zonas de Oaxaca. Estaba acostumbrado a caminar por cerros, recorrer caminos largos y meterme a lugares donde la mayoría de los visitantes no llegaba.

Además del trabajo, el senderismo era mi pasatiempo favorito.

Tenía cuatro amigos con la misma afición. Los fines de semana buscábamos rutas nuevas, cuevas o caminos antiguos que aparecían apenas marcados en algunos mapas.

Nunca habíamos tenido un problema serio.

Por eso aquel día cometimos el error de sentirnos demasiado confiados.

Salimos temprano.

Nuestra intención era subir más de lo habitual y explorar una parte de la sierra que ninguno conocía.

El clima estaba nublado.

Aunque eran aproximadamente las diez de la mañana, había zonas donde los árboles eran tan altos y cerrados que parecía mucho más tarde.

Recuerdo que incluso hice una broma.

Dije que, si seguíamos avanzando, íbamos a necesitar las lámparas antes del mediodía.

Nos reímos.

Una hora después ya nadie hacía bromas.

Comencé a escuchar pasos detrás de nosotros.

No eran constantes.

Caminábamos unos minutos y escuchaba ramas quebrándose.

Me detenía.

El ruido también se detenía.

Volteaba.

Nada.

Pensé que podía ser un animal.

Después noté que uno de mis amigos también miraba constantemente hacia atrás.

—¿Escuchaste algo? —le pregunté.

Me dijo que no.

Pero por su cara supe que estaba mintiendo.

Seguimos avanzando.

Un poco después, una de las muchachas dijo exactamente lo que ninguno quería admitir.

—Siento que alguien viene detrás.

Los cinco nos detuvimos.

Nos quedamos completamente callados.

Y entonces lo escuchamos.

Un paso.

Otro.

Hojas moviéndose.

Parecía alguien caminando lentamente a pocos metros de nosotros.

Miramos entre los árboles.

No había nadie.

Intentamos darle una explicación lógica.

Tal vez algún campesino.

Tal vez alguien recogiendo leña.

Incluso podía ser otro grupo de excursionistas.

Continuamos.

El problema fue que los sonidos comenzaron a acercarse.

Después escuchamos un silbido.

Uno de mis amigos respondió por instinto.

No recibió respuesta.

Unos minutos más tarde volvieron a silbar.

Esta vez desde nuestra derecha.

Después desde atrás.

Ahí empecé a sentir que algo estaba mal.

Yo conocía bastante bien el monte.

Los sonidos rebotan.

Los animales se mueven.

La imaginación también puede jugarte malas pasadas.

Pero aquello parecía estar siguiéndonos.

Decidimos que ya habíamos avanzado suficiente.

Estábamos a punto de regresar cuando una rama crujió detrás.

Los cinco volteamos.

Había un hombre parado en medio del camino.

No sé explicar cómo llegó hasta allí.

Un segundo antes no había nadie.

Era un hombre mayor, de barba descuidada, sombrero gastado y ropa oscura.

Sostenía un cigarro.

Lo que más recuerdo son sus ojos.

Nos observaba como si nosotros hubiéramos entrado a su casa sin permiso.

Nos preguntó qué hacíamos ahí.

Le expliqué que éramos excursionistas.

Que no buscábamos problemas.

Que solamente nos habíamos metido demasiado lejos explorando.

No pareció convencido.

Dio un paso hacia nosotros.

—Por aquí no deberían andar.

El tono cambió completamente el ambiente.

Ya no parecía una conversación.

Parecía una advertencia.

Intenté mantener la calma.

Le dije que podíamos regresar inmediatamente.

Entonces escuchamos un gruñido.

Venía de atrás.

Giré la cabeza.

Entre los árboles apareció algo que inicialmente pensé que era un jaguar.

Era grande.

Oscuro.

Caminaba lentamente hacia nosotros.

Pero había algo raro en su cuerpo. Con la poca luz no lograba distinguir bien su forma.

Uno de mis amigos retrocedió.

La criatura avanzó otro paso.

El hombre no mostró ninguna preocupación.

Ni siquiera la miró.

Era como si aquel animal estuviera acostumbrado a permanecer junto a él.

Le pregunté si era suyo.

El hombre sonrió.

Después nos dijo que podíamos marcharnos.

Sentí alivio durante apenas un segundo.

Porque inmediatamente agregó una condición.

Los cinco no podíamos bajar del cerro.

Uno tenía que quedarse.

Pensé que estaba intentando asustarnos.

Le dije que eso no iba a ocurrir.

Nadie se iba a quedar.

El hombre volvió a sonreír.

Entonces la criatura se acercó detrás de nosotros.

Y mientras gruñía, escuchamos claramente algo que ninguno ha podido olvidar:

entre aquellos sonidos de animal comenzó a escucharse la carcajada de un hombre.

PARTE 2

Nos miramos durante apenas un instante.

No hizo falta hablar.

Yo levanté una mano e hice la señal.

Corrimos.

Cada uno tomó una dirección diferente.

No fue algo planeado con precisión. Simplemente entendimos que, si permanecíamos juntos frente a aquel hombre y aquella cosa, no sabíamos qué podía pasar.

Me metí entre los árboles.

Escuchaba ramas romperse detrás de mí.

No volteé.

Eso fue lo más extraño.

El sonido parecía cambiar.

A veces escuchaba el jadeo de un animal grande.

Después escuchaba una risa.

Luego pasos que parecían humanos.

Corrí más rápido.

La zona estaba llena de piedras, raíces y plantas. Tropecé varias veces, pero seguí.

En algún momento dejé de escuchar aquello.

Me escondí detrás de un tronco y traté de controlar la respiración.

No sabía dónde estaban mis amigos.

Tampoco sabía si estaba avanzando hacia el pueblo o internándome todavía más en el monte.

Esperé.

Nada.

Comencé a moverme siguiendo la pendiente hacia abajo.

Después de varios minutos escuché a alguien llamarme.

Era uno de mis amigos.

Nos encontramos.

Poco después apareció otra persona del grupo.

Finalmente logramos reunirnos los cinco en una zona mucho más abierta donde entraba más luz.

Una de las muchachas estaba llorando.

Tenía el pantalón roto en la pierna y una marca larga en la piel.

Dijo que algo había pasado muy cerca de ella mientras corría y que había sentido un golpe.

Por fortuna podía caminar.

Ninguno quiso detenerse a investigar.

Encontramos una ruta que reconocíamos y comenzamos a bajar.

Durante todo el trayecto esperé escuchar nuevamente la risa.

No ocurrió.

Tampoco volvimos a ver al hombre.

Cuando finalmente llegamos a una zona habitada, todavía intentábamos convencernos de que existía una explicación.

Tal vez había sido un animal.

Tal vez el hombre simplemente quería echarnos de su propiedad.

Quizá el miedo había hecho que interpretáramos los sonidos de una forma diferente.

Eso era lo que yo quería creer.

Bajamos a comer algo antes de regresar.

Nos sentamos en un pequeño establecimiento y comenzamos a hablar de lo ocurrido.

No estábamos contando una historia paranormal.

Solamente intentábamos entender qué clase de persona vivía allá arriba y qué animal podía haber estado con él.

En una mesa cercana había un señor mayor.

Había estado escuchándonos.

Después de varios minutos se acercó.

Nos preguntó exactamente por dónde habíamos subido.

Le describí la ruta.

El hombre dejó de sonreír.

—¿Hasta allá llegaron?

Le dije que sí.

Nos preguntó cómo era el hombre que habíamos encontrado.

Mencioné el sombrero.

La barba.

El cigarro.

Su manera de hablar.

Después describimos al animal.

El señor se quedó mirándonos en silencio.

Finalmente nos dijo algo que cambió completamente la manera en que recuerdo aquella experiencia.

Según él, la gente de los poblados cercanos evitaba esa parte de la sierra.

No porque fuera imposible caminar por ahí.

Tampoco porque hubiera jaguares.

La razón era otra.

Desde hacía años se hablaba de dos hombres que vivían apartados en aquella zona.

Algunas personas los consideraban brujos.

Otros preferían llamarlos de otra manera.

Pero casi todos coincidían en lo mismo:

no era buena idea entrar en su territorio.

Le pregunté por el animal.

El señor me respondió que probablemente no habíamos visto ningún animal normal.

Según las historias que él había escuchado desde niño, aquellos hombres podían presentarse de formas diferentes.

A veces los veían caminando como cualquier persona.

Otras veces los habitantes juraban haber encontrado animales extraños en los mismos caminos.

Yo me reí nerviosamente.

Le dije que seguramente eran leyendas.

El hombre no discutió conmigo.

Solo me hizo una pregunta.

—Si de verdad querían escapar de ese lugar, ¿por qué creen que pudieron hacerlo?

Ninguno respondió.

Entonces dijo algo todavía más inquietante.

Conocían perfectamente la montaña.

Si realmente hubieran querido alcanzarnos, nosotros no habríamos tenido ninguna ventaja.

Nosotros creíamos que habíamos escapado.

Según él, posiblemente nos habían permitido bajar.

Aquella frase fue peor que cualquier historia sobre brujos.

Porque tenía sentido.

Mientras corríamos, la criatura había estado muy cerca.

Yo podía escucharla.

Después, simplemente dejó de perseguirme.

Como si hubiera decidido detenerse.

Como si todo hubiera sido una advertencia.

Durante mucho tiempo dejé de hacer senderismo.

Seguí trabajando, pero nunca volví a entrar despreocupadamente en un lugar solo porque apareciera en un mapa o porque pareciera interesante.

Aprendí algo que todavía les digo a quienes disfrutan explorar la sierra:

no todos los caminos están abandonados.

A veces uno piensa que está descubriendo un lugar donde nadie vive.

Pero quizá alguien ya está ahí.

Quizá te está observando desde mucho antes de que tú puedas verlo.

Han pasado muchos años desde aquella mañana.

Nunca regresé a buscar al hombre.

Nunca intenté comprobar si aquellas historias eran ciertas.

No me interesa hacerlo.

Solo hay una cosa que todavía me causa escalofríos.

Los cinco recordamos exactamente la misma risa.

Y ninguno ha podido explicar cómo un animal que corría detrás de nosotros podía reír con la voz de un hombre.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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