Nadie pasaba la prueba del Alfa, hasta que la Omega rechazada se atrevió
Nadie pasaba la prueba del Alfa, hasta que la Omega rechazada se atrevió

PARTE 1
Durante toda mi vida me dijeron que una omega como yo no tenía derecho a soñar.
En la manada Blackwood, mi lugar estaba claro: limpiar el barro de las botas de los guerreros, bajar la cabeza cuando un alfa pasaba y agradecer cada migaja que me daban.
Mi nombre era Serafina Cross, aunque para la mayoría solo era “la omega de la cocina”.
Nadie veía mis heridas. Nadie veía las noches en las que trabajaba hasta que mis manos sangraban por los productos de limpieza. Nadie sabía que cada insulto que recibía lo guardaba en silencio, porque en Blackwood una omega que respondía podía perder mucho más que su orgullo.
Podía perder la vida.
Por eso, cuando escuché que el Alfa Declen Sterling había tomado una decisión imposible, pensé que había escuchado mal.
Las pruebas para encontrar a su compañera ya no serían solo para las lobas de familias nobles.
Cualquier hembra de la manada podía participar.
Aquellas palabras cambiaron algo dentro de mí.
No quería una corona. No quería vestidos caros ni sentarme junto a un trono.
Solo quería mi libertad.
La deuda que mis padres habían dejado después de morir me mantenía atrapada en la casa de la manada. El consejo había usado esa deuda como una cadena invisible durante años. Pero las reglas de las pruebas tenían una pequeña oportunidad: cualquiera que superara la primera ronda podía pedir un favor.
Y yo solo necesitaba uno.
Salir de allí.
Cuando llegué al registro, todos se rieron.
Mi ropa vieja, mis manos marcadas por el trabajo y mi olor a limpiador hicieron que todos entendieran de inmediato quién era yo.
Una omega.
Una sirvienta.
Una persona que, según ellos, no pertenecía allí.
El encargado del registro incluso intentó rechazarme, diciendo que la orden del alfa no podía aplicarse a alguien como yo.
Pero había leído el decreto.
Y por primera vez en muchos años, levanté la voz.
—La regla dice cualquier hembra. Sin excepción.
El silencio cayó sobre todos.
No porque me respetaran.
Sino porque no podían creer que una omega se atreviera a desafiar a alguien de mayor rango.
Entonces apareció Liam, el beta del alfa.
Él confirmó que yo tenía razón y obligó al encargado a registrarme.
Recibí mi número.
Un simple pedazo de plástico que para todos significaba una derrota anunciada.
Pero para mí significaba una oportunidad.
Entré al gimnasio junto a cientos de candidatas. Todas tenían entrenadores, apellidos importantes y años de preparación.
Yo solo tenía una cosa.
La experiencia de sobrevivir.
Entonces las puertas se cerraron.
La primera prueba parecía sencilla.
Solo teníamos que permanecer de pie.
Hasta que el Alfa Declen Sterling entró.
Su presencia cambió el aire.
Su aura no era como la de otros alfas. No era una sensación de respeto o protección.
Era una fuerza que aplastaba.
Una por una, las candidatas comenzaron a caer.
Las más fuertes. Las más orgullosas. Las mujeres que habían llegado convencidas de que serían la futura luna de Blackwood.
Todas terminaron de rodillas.
Yo también sentí que mi cuerpo quería rendirse.
Sentí sus pensamientos golpeando mi mente.
“Eres débil.”
“No eres nada.”
“Arrodíllate.”
Pero esas palabras no eran nuevas para mí.
Las había escuchado toda mi vida.
La diferencia era que antes no tenía elección.
Ahora sí.
Apreté los puños y seguí de pie.
Entonces él llegó frente a mí.
El hombre más poderoso de la manada estaba mirándome directamente.
—Número 407 —dijo con una voz que parecía atravesar mi alma—. Omega.
No levanté la mirada al principio.
Mirar a un alfa directamente era una provocación.
Pero él ordenó:
—Mírame.
Lo hice.
Y en ese instante sentí que mi mundo se detenía.
Su poder chocó contra el mío.
Él esperaba verme caer.
Esperaba verme romperme como todas las demás.
Pero no sabía algo.
No podía destruir a alguien que ya había aprendido a vivir hecha pedazos.
—¿Por qué sigues de pie? —preguntó.
Mi cuerpo temblaba.
Mi respiración era dolorosa.
Pero respondí:
—Porque no tengo nada que perder.
El silencio fue absoluto.
Por primera vez, el Alfa Declen Sterling parecía no saber qué decir.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Su aura desapareció.
Cuando las luces volvieron, solo doce mujeres seguían de pie.
Y una de ellas era la omega que todos habían considerado inútil.
Pero mientras yo intentaba recuperar el aliento, no sabía que aquel momento había despertado algo mucho más peligroso que una simple prueba.
Porque el Alfa Declen Sterling ya no me estaba mirando como una sirvienta.
Me estaba mirando como un misterio.
PARTE 2
Después de la primera prueba pensé que tendría un momento para descansar.
Me equivoqué.
En Blackwood nadie regalaba oportunidades.
Las doce supervivientes fuimos llevadas al siguiente desafío inmediatamente. Mi cuerpo todavía sentía el peso del aura de Declen, pero no podía mostrar debilidad.
No después de haber llegado tan lejos.
Durante el traslado, las otras candidatas me miraban como si yo fuera un error que debía ser corregido.
Especialmente Celeste.
Ella era todo lo que yo nunca había sido: poderosa, rica y criada para creer que algún día estaría al lado del alfa.
Para ella, que una omega siguiera en la competencia era una humillación.
—Disfruta tu suerte mientras puedas —me susurró—. Esto terminará pronto.
No respondí.
Había aprendido algo durante años de servir a los demás.
A veces el silencio era más peligroso que una amenaza.
La segunda prueba fue una carrera por el territorio salvaje de Blackwood.
No era una simple prueba física.
Había trampas, terrenos peligrosos y ninguna regla contra sabotear a las demás.
Desde el principio intentaron eliminarme.
Me hicieron caer en el barro.
Pisaron mi mano.
Intentaron dejarme atrás.
Pero ellas habían entrenado para ganar una competencia.
Yo había entrenado para sobrevivir una vida entera.
Mientras ellas aprendían técnicas de combate con maestros privados, yo cargaba cajas pesadas durante horas.
Mientras ellas descansaban en habitaciones cómodas, yo limpiaba hasta la madrugada.
El dolor no era algo nuevo para mí.
Era mi rutina.
Poco a poco fui avanzando.
No porque fuera la más fuerte.
Sino porque sabía continuar cuando todos los demás ya habían decidido rendirse.
Al final llegué a la meta casi sin fuerzas.
Pensé que nadie lo había notado.
Pero entonces vi unas botas negras frente a mí.
Levanté la mirada.
Era Declen.
El alfa no estaba mirando a las otras ganadoras.
Me estaba mirando a mí.
Tomó mi mano herida y observó las marcas que habían dejado en ella.
—Estás lastimada.
Intenté apartarme.
—Estoy bien.
Pero él no soltó mi mano.
Y entonces ocurrió algo extraño.
Su expresión cambió.
Como si hubiera sentido algo imposible.
Como si mi contacto hubiera despertado una memoria que ninguno de los dos entendía.
Después ordenó que me atendieran.
Pero antes de irse, me miró una última vez.
Esa mirada me siguió hasta la cena de la siguiente prueba.
Allí descubrí que las batallas de Blackwood no siempre eran con fuerza.
A veces eran con palabras.
El consejo intentó hacerme quedar en ridículo con preguntas sobre política, comercio y estrategia.
Pensaban que una omega que había pasado su vida limpiando habitaciones no podía saber nada.
Pero olvidaron algo.
Los sirvientes escuchan.
Los sirvientes observan.
Durante años había limpiado la biblioteca donde los líderes discutían sus planes. Había servido bebidas mientras los miembros del consejo revelaban secretos.
Yo sabía más de Blackwood de lo que ellos imaginaban.
Entonces llegó la prueba de sangre.
Una piedra antigua que revelaba el verdadero linaje de cada candidata.
Las demás tocaron la piedra y recibieron luces normales.
Cuando llegó mi turno, todos esperaban una decepción.
Pero al poner mi mano sobre el cristal, ocurrió algo imposible.
La piedra brilló con una luz blanca que llenó toda la habitación.
Después se rompió.
El silencio fue aterrador.
El consejo perdió el color del rostro.
Declen se acercó lentamente.
Me tomó la muñeca y descubrió una marca que había estado oculta durante años.
Un sello.
Un sello colocado para bloquear mi verdadero poder.
Entonces comprendí que mi vida entera había sido una mentira.
Nunca fui una omega débil.
Alguien había hecho que pareciera una.
Pero antes de poder descubrir quién había robado mi identidad, el peligro llegó.
Aquellos que temían mi verdadero poder decidieron eliminarme antes de que pudiera convertirme en la compañera del alfa.
Y la persona que creía que estaba de nuestro lado reveló su verdadera cara.
La traición llegó desde el lugar menos esperado.
Y por primera vez en mi vida, mi loba interior despertó completamente.
Porque ya no estaba luchando por escapar.
Ahora estaba luchando para descubrir quién había intentado destruirme desde niña.