Me rechazó por una sangre pura, así que me casé con el rey licántropo esa misma noche.

Me rechazó por una sangre pura, así que me casé con el rey licántropo esa misma noche.

PARTE 1

Durante años pensé que la noche de mi ceremonia sería el momento más feliz de mi vida.

Nunca imaginé que entraría con un vestido heredado de mi madre y saldría del mismo lugar sintiendo que todo lo que había creído sobre mi destino estaba equivocado.

Mi nombre es Saraphina Callaway, aunque casi todos me llaman Sarah, y pertenezco a la manada Crest Haven.

Desde pequeña escuché que algunas personas nacían con un vínculo especial elegido por la Luna. Un lazo que no dependía de promesas, riqueza o posición. Algo que simplemente estaba destinado a suceder.

Por eso esperé.

No busqué a nadie más.

No dudé.

Durante mucho tiempo creí que Damen Cole era esa persona.

La primera vez que estuvimos cerca sentí algo difícil de explicar. No era una emoción pasajera. Era como si una parte de mí reconociera algo que mi mente todavía no comprendía.

Así que fui paciente.

Me preparé para aquella ceremonia durante meses.

Incluso usé el vestido plateado que mi madre había cosido muchos años antes de partir. Para mí no era solo una prenda. Era un recuerdo de ella, una señal de que estaba entrando en una nueva etapa de mi vida llevando conmigo todo lo que había aprendido.

Aquella noche, cuando caminé hacia el salón principal, todos me miraban.

Mi familia.

Mis amigos.

Los miembros de la manada que me habían visto crecer.

Yo estaba tranquila. Mi lobo interior también parecía seguro. Todo indicaba que finalmente estaba llegando el momento que había esperado durante años.

Hasta que las puertas del salón se abrieron.

Y Damen entró.

Pero no estaba solo.

A su lado caminaba Vivien Ashford.

La hija de un poderoso alfa de una región cercana.

Su familia era conocida por su antigua línea de sangre y por el prestigio que tenían dentro de las manadas.

Al verla junto a él, sentí algo extraño.

No fue sorpresa.

Fue una sensación más fría.

Como si una parte de mí ya supiera lo que estaba a punto de ocurrir.

Damen caminó hasta el centro del salón.

No me miró.

Ni una sola vez.

Luego habló frente a todos.

Dijo que había tomado una decisión.

Dijo que no seguiría el vínculo que todos esperaban.

Y eligió a Vivien.

El salón quedó completamente en silencio.

Durante unos segundos sentí que el mundo se detenía.

No escuchaba las voces.

No veía los rostros.

Solo sentía cómo aquella conexión que yo había protegido durante años desaparecía poco a poco.

Pero algo dentro de mí no se rompió como esperaba.

Pensé que sentiría desesperación.

Pensé que no podría mantenerme de pie.

Pero mi lobo permaneció alerta.

Como si estuviera esperando algo.

Como si supiera que aquella historia todavía no había terminado.

Respiré profundamente.

Levanté la cabeza.

Y caminé hacia la salida.

No corrí.

No pedí explicaciones.

No le di a nadie el espectáculo de verme destruida.

Salí del salón y me senté en las escaleras de piedra frente al edificio.

La noche estaba tranquila.

Miré las estrellas sin saber qué hacer después.

Entonces escuché una voz a mi lado.

Era Elder Marin.

La mujer más antigua de nuestra manada.

Siempre había tenido una manera extraña de observar a las personas, como si pudiera ver cosas que los demás ignoraban.

En sus manos llevaba un sobre.

Me lo entregó sin decir mucho.

Cuando vi el sello, mi corazón cambió de ritmo.

Era una marca que reconocía.

Pertenecía a la Corte Lykan.

Una autoridad que pocas personas tenían la oportunidad de conocer.

Abrí la carta con cuidado.

No entendía por qué alguien de ese lugar me escribiría a mí.

Yo no era una líder.

No era una guerrera famosa.

Ni siquiera era considerada alguien importante dentro de mi propia manada.

Pero la carta tenía mi nombre.

Y venía directamente de la corte del Rey Aldrich Voss.

Lo más extraño no era haber recibido aquella invitación.

Lo más extraño era descubrir la fecha.

La carta había llegado semanas atrás.

Pero alguien había decidido ocultármela.

Miré a Marin sin poder entenderlo.

¿Por qué alguien escondería una invitación del rey?

La anciana solo observó las estrellas.

Entonces me dijo algo que cambiaría completamente mi vida.

Había una razón por la que el rey había enviado aquella carta.

Una razón que nadie en Crest Haven quería que yo descubriera.

Y si quería conocer la verdad sobre quién era realmente…

debía llegar a la Corte Lykan antes de medianoche.

Miré mi vestido plateado.

Miré el lugar donde acababan de rechazarme.

Y por primera vez en muchos años sentí que quizá había estado siguiendo el camino equivocado.

Me levanté.

Tomé la carta.

Y conduje hacia las montañas sin saber que aquella misma noche iba a descubrir que mi mayor pérdida había sido, en realidad, la puerta hacia mi verdadero destino.

Cuando las enormes puertas de la Corte Lykan se abrieron frente a mí, los guardias no preguntaron quién era.

Solo se apartaron.

Como si hubieran estado esperando mi llegada.

Caminé por los pasillos hasta llegar al salón principal.

Entonces las puertas se abrieron.

Y vi al hombre que estaba al otro lado de la habitación.

El Rey Aldrich Voss.

Pero lo que ocurrió cuando nuestras miradas se encontraron hizo que mi lobo se quedara completamente inmóvil.

Porque por primera vez en mi vida…

sentí que había encontrado algo que llevaba años buscando.

PARTE 2

Aldrich no habló inmediatamente.

Solo me observó.

Y había algo en sus ojos que me confundió.

No era sorpresa.

Era reconocimiento.

Como si hubiera esperado aquel momento durante mucho tiempo.

Me pidió que me acercara y entonces comenzó a contarme una verdad que nadie en Crest Haven conocía.

Mi historia no era tan simple como yo creía.

Durante años pensé que ser una mestiza era una debilidad.

Mi padre pertenecía a una línea humilde de lobos y mi madre parecía una humana común.

Eso era todo lo que yo sabía.

Pero Aldrich explicó que en la sangre de mi madre existía un antiguo vínculo con la familia Lykan.

Una herencia olvidada durante generaciones.

Una combinación extremadamente rara que hacía que algunas personas fueran diferentes.

No porque fueran superiores.

Sino porque tenían un tipo de conexión que casi nadie comprendía.

Entonces reveló algo que me dejó sin palabras.

Su propio lobo había sentido mi presencia muchos años atrás.

No sabía mi rostro.

No sabía dónde estaba.

Pero sabía que existía alguien como yo en algún lugar del mundo.

Por eso había buscado.

Por eso había enviado mensajes a diferentes territorios.

Y por eso finalmente había llegado aquella carta.

La carta que alguien intentó esconderme.

Me quedé en silencio.

Pensé en Damen.

Pensé en la ceremonia.

Pensé en cómo había creído que mi vida terminaba cuando él decidió elegir a otra persona.

Pero ahora comprendía algo.

Quizá no había perdido mi destino.

Quizá simplemente me habían apartado del camino equivocado.

Aldrich no me presionó.

Me dijo que podía marcharme si necesitaba tiempo.

Que mi decisión debía ser mía.

Y eso fue lo que más me sorprendió.

Por primera vez alguien no intentaba decidir por mí.

No esperaba que obedeciera.

No esperaba que aceptara algo solo porque otros lo consideraban correcto.

Me estaba dando libertad.

Y esa libertad fue lo que finalmente me permitió elegir.

Esa misma noche realizamos una antigua ceremonia bajo las estrellas.

No había una multitud observando.

No había necesidad de demostrar nada a nadie.

Solo estábamos nosotros.

Cuando el vínculo quedó confirmado, sentí algo que nunca había sentido antes.

Mi lobo, esa parte de mí que siempre parecía estar buscando algo, finalmente encontró tranquilidad.

No era emoción exagerada.

No era una ilusión.

Era paz.

A la mañana siguiente, la noticia llegó a Crest Haven.

Damen escuchó que la mujer que había rechazado frente a todos ahora estaba junto al rey Lykan.

Pero esta vez yo ya no estaba allí esperando una explicación.

Ya no necesitaba que nadie reconociera mi valor.

Porque finalmente yo misma lo había reconocido.

No regresé a la manada donde me hicieron sentir que no era suficiente.

Me quedé en un lugar donde no tenía que demostrar quién era.

Muchos pensaron que aquella noche perdí mi futuro.

Pero la verdad era diferente.

Aquella noche perdí una ilusión.

Y encontré mi verdadero camino.

Porque a veces la puerta que se cierra frente a nosotros no es el final.

A veces es la señal de que existe otra puerta esperando abrirse.

Una que siempre estuvo destinada para nosotros.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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