«Me casaré con cualquiera de tus hijas», declaró el Rey Vampiro… ¡y entonces entró la menor!

«Me casaré con cualquiera de tus hijas», declaró el Rey Vampiro… ¡y entonces entró la menor!

PARTE 1

La noche en que el rey vampiro llegó a la mansión Harwick, todos pensaron que una de las hijas mayores sería elegida.

Nadie imaginó que la joven que había pasado casi toda su vida encerrada en una torre sería la única capaz de cambiar el destino de un reino entero.

Todo comenzó cuando Lord Casius Harwick recibió una carta con un sello oscuro que nadie en su familia quería ver. El mensaje era breve: el rey Thoron Nightshade visitaría su hogar esa misma noche y sus tres hijas debían estar presentes.

Casius había enfrentado guerras, enemigos y problemas políticos durante años, pero aquella carta consiguió ponerlo nervioso.

Porque todos sabían quién era Thoron.

No era un simple noble.

Era el gobernante del reino de la noche, un ser que había vivido durante siglos y cuyo poder hacía que incluso los hombres más orgullosos bajaran la mirada.

—¿Qué puede querer de nuestra familia? —preguntó su esposa, preocupada.

Casius no tenía una respuesta.

Solo sabía que negarse a recibirlo podía traer consecuencias que nadie en la mansión estaba preparado para enfrentar.

Mientras los sirvientes preparaban el gran salón, las dos hijas mayores se preparaban para la visita.

Celestine, la hija mayor de 23 años, estaba convencida de que ella sería la elegida.

Durante toda su vida había escuchado que su belleza era su mayor ventaja. Su cabello claro, su elegancia y su forma de comportarse la habían convertido en la favorita de muchos pretendientes.

Para ella, convertirse en la esposa del rey vampiro significaba convertirse en una reina.

La segunda hija, Rosalind, era completamente diferente.

Mientras todos pensaban en vestidos y apariencias, ella pasaba sus últimos minutos leyendo sobre las costumbres de los vampiros. Quería entender a la criatura que estaba a punto de entrar en su casa.

Pero había una tercera hija.

Una hija de la que casi nadie hablaba.

Myra Harwick tenía 19 años y vivía alejada del resto de la familia en una torre antigua de la propiedad.

Oficialmente, sus padres decían que era por su propia seguridad.

Pero los rumores entre los empleados eran diferentes.

Algunos decían que era extraña.

Otros susurraban que algo no estaba bien con ella.

Desde pequeña, Myra podía sentir cosas que los demás no percibían. Sabía cuándo llegaban tormentas antes de que aparecieran las nubes. Sentía cambios en el ambiente y a veces tenía la sensación de que el mundo intentaba decirle algo.

Ella nunca creyó estar maldita.

Solo pensaba que era diferente.

Esa noche, mientras observaba la luna llena desde la ventana de su torre, sintió algo extraño.

El aire parecía distinto.

Los animales habían dejado de hacer ruido.

Y una marca con forma de media luna que tenía en la espalda comenzó a calentarse.

Entonces alguien llamó a su puerta.

Era un viejo sirviente enviado por su padre.

—Tu padre quiere que permanezcas aquí esta noche. Hay una visita importante.

Myra quiso preguntar quién era esa visita, pero el hombre dudó antes de responder.

Eso fue suficiente para despertar su curiosidad.

Durante años había obedecido.

Durante años había permanecido encerrada mientras su familia vivía momentos importantes sin ella.

Pero esa noche algo dentro de ella le decía que debía bajar.

Sin pensarlo demasiado, abrió la puerta y comenzó a caminar por las escaleras de piedra.

Cuando llegó al gran salón, toda la familia estaba reunida.

Celestine estaba bajo la luz de las velas mostrando su mejor imagen.

Rosalind observaba en silencio, intentando recordar todo lo que había leído.

Y entonces, justo a medianoche, las enormes puertas del salón se abrieron.

La temperatura bajó de repente.

Un hombre alto entró lentamente.

Vestía completamente de negro y plata. Su cabello oscuro caía sobre sus hombros y sus ojos tenían un brillo imposible de ignorar.

Era Thoron Nightshade.

El rey vampiro.

Casius inclinó la cabeza con respeto y presentó a su familia.

Thoron miró a Celestine y luego a Rosalind.

Después frunció ligeramente el ceño.

—Me dijeron que tenían tres hijas.

El silencio llenó la habitación.

La madre de Myra intentó explicar que la joven no era adecuada para ese tipo de encuentros.

Pero el rey no apartó la mirada.

Había pedido conocer a todas.

Entonces explicó el verdadero motivo de su visita.

Su reino estaba sufriendo una antigua maldición. Una oscuridad que crecía cada noche y amenazaba con destruir todo lo que conocían.

Según una antigua profecía, una mujer de sangre humana con una marca de luna sería la única capaz de romperla.

Y esa mujer debía unir su destino con el rey de la noche.

Thoron observó a Celestine.

Luego a Rosalind.

Ninguna tenía la marca.

El salón quedó completamente en silencio.

—Entonces solo queda una posibilidad —dijo el rey.

En ese instante, una puerta al fondo del salón comenzó a abrirse.

Todos voltearon.

Myra apareció en la entrada.

Con su sencillo vestido, su cabello suelto y sin saber por qué todos la miraban.

Pero Thoron no parecía sorprendido.

Parecía haber encontrado algo que llevaba siglos buscando.

Sus ojos se fijaron en ella.

Y por primera vez en muchos años, el rey vampiro perdió la calma.

—Tú… —susurró.

Myra no entendía qué estaba pasando.

Hasta que Thoron se acercó lentamente y le pidió que mostrara su hombro.

Cuando la tela se apartó un poco, todos vieron la marca de media luna brillando bajo la luz.

La expresión del rey cambió.

Porque acababa de encontrar a la persona que podía salvar su reino.

Y frente a toda la familia Harwick, hizo una declaración que nadie esperaba escuchar…

PARTE 2

—He venido buscando a la mujer de la profecía.

La voz de Thoron llenó el salón.

—Y la he encontrado.

Todos quedaron inmóviles.

Celestine no podía creerlo.

Durante años había pensado que su belleza sería suficiente para abrirle las puertas del poder. Rosalind, aunque sorprendida, parecía más interesada en descubrir la verdad detrás de aquella profecía.

Pero Myra solo podía pensar en una cosa.

¿Por qué ella?

Toda su vida había sido tratada como alguien diferente.

Como alguien que debía mantenerse lejos.

Y ahora un rey de otro mundo estaba frente a ella diciéndole que su existencia tenía un propósito.

Thoron le explicó que necesitaba casarse con ella para unir sus sangres y romper la maldición que estaba destruyendo su reino.

Pero Myra no respondió inmediatamente.

Todos esperaban que aceptara por miedo.

Sin embargo, después de tantos años tomando decisiones por ella, algo dentro de Myra cambió.

Levantó la mirada y preguntó:

—Si voy a formar parte de esto, quiero conocer toda la verdad.

La familia quedó sorprendida.

Nadie hablaba así con el rey vampiro.

Pero Thoron no se enfadó.

Por primera vez, pareció admirar a alguien.

Le explicó que la maldición no era una simple amenaza. Era una fuerza antigua que estaba consumiendo la esencia de su pueblo y que, si no se detenía, terminaría alcanzando también al mundo humano.

Myra pensó en todo lo que estaba en juego.

Después miró la torre donde había pasado tantos años aislada.

Por primera vez, tenía la oportunidad de elegir algo por sí misma.

—Aceptaré —dijo finalmente—. Pero con una condición. Nunca más quiero vivir rodeada de secretos.

Thoron aceptó.

Y esa decisión cambió completamente la vida de Myra.

Durante los días siguientes, una mujer llamada Saraphene llegó para prepararla. Ella era una guardiana del antiguo conocimiento y le reveló una verdad que Myra nunca imaginó.

La marca de luna no era una maldición.

Era una herencia.

Durante generaciones, algunas personas de su linaje habían nacido con una conexión especial con fuerzas antiguas.

Todo aquello que su familia había considerado extraño en ella tenía una explicación.

Sus presentimientos.

Su sensibilidad.

La forma en que sentía la naturaleza.

No eran defectos.

Eran habilidades que nunca había aprendido a controlar.

Mientras Myra descubría quién era realmente, también comenzó a conocer al hombre detrás del título de rey vampiro.

Thoron no era solamente una criatura temida por los humanos.

Era alguien que había cargado durante siglos con una responsabilidad enorme.

Había perdido mucho.

Había visto desaparecer generaciones enteras.

Y había olvidado lo que significaba confiar en alguien.

La conexión entre ambos crecía cada día.

No solo por la profecía.

Sino porque ambos entendían algo del otro.

Ella había vivido sintiéndose invisible.

Él había vivido sintiéndose solo.

Finalmente llegó la noche de la ceremonia.

El lugar elegido estaba entre el mundo humano y el reino de la noche.

Bajo la luz de la luna, Myra caminó hacia Thoron sin esconderse.

Ya no era la joven encerrada en una torre.

Era alguien que había descubierto su propio valor.

Durante el ritual, sus sangres se unieron y la marca de luna brilló con una fuerza que nadie había visto antes.

Una luz plateada envolvió el lugar.

Entonces ambos vieron la verdad.

La antigua maldición no había nacido por odio hacia los humanos o los vampiros.

Había nacido de un deseo de poder y una herida del pasado que había mantenido separados dos mundos durante siglos.

Pero ahora, con la unión de Myra y Thoron, el equilibrio comenzaba a regresar.

Las sombras que habían cubierto el reino empezaron a desaparecer.

Por primera vez en décadas, las estrellas volvieron a verse.

Thoron miró a Myra y comprendió algo que nunca había esperado.

Ella no había llegado para salvarlo solamente.

Había llegado para recordarle que incluso alguien que había vivido cientos de años todavía podía encontrar algo nuevo.

Con el tiempo, Myra se convirtió en una reina respetada.

No porque llevara una corona.

Sino porque aprendió a escuchar, comprender y proteger a quienes dependían de ella.

Y Thoron dejó de ser recordado únicamente como el rey de la oscuridad.

Porque la persona que todos temían encontró finalmente algo que nunca había buscado:

un lugar al que podía llamar hogar.

Años después, cuando alguien preguntaba cómo una joven olvidada de una torre terminó convirtiéndose en la reina del reino de la noche, la respuesta siempre era la misma:

No fue elegida porque fuera perfecta.

Fue elegida porque, incluso después de haber sido escondida durante toda su vida, nunca dejó que la oscuridad apagara la luz que llevaba dentro.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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