Maren Descubrió Que Su Madre No Había Muerto… Pero Cuando Supo Para Quién Trabajaba, Comprendió Que el Enemigo Llevaba Quince Años Esperándola Dentro del Castillo del Rey Vampiro
Maren Descubrió Que Su Madre No Había Muerto… Pero Cuando Supo Para Quién Trabajaba, Comprendió Que el Enemigo Llevaba Quince Años Esperándola Dentro del Castillo del Rey Vampiro

PARTE 1
Maren había aprendido que en aquel castillo los documentos mentían mejor que las personas.
Por eso entró en el archivo del ala norte antes que Caedrin, llevando una vela en una mano y una determinación que ya no se parecía en nada al miedo de sus primeros días como donante.
Las estanterías llegaban hasta el techo.
Expedientes.
Contratos.
Traslados.
Nombres de personas que oficialmente se habían marchado por voluntad propia.
Pero Maren ya sabía que algunos nunca habían salido.
Cuando Caedrin llegó, ella tenía varias carpetas abiertas sobre la mesa.
—Hay dos archivos —dijo—. El oficial… y el verdadero.
En el segundo aparecían anotaciones hechas durante años.
Ocho supuestos traslados voluntarios compartían la misma irregularidad: fechas sin firma del donante y unas iniciales repetidas.
A. V.
Tres de aquellas personas incluso aparecían meses después en registros internos del ala norte.
Nunca habían llegado al territorio que figuraba como destino.
Caedrin comprendió primero lo que aquello significaba.
Los vampiros podían extraer recuerdos a través de la sangre de un donante que hubiera sido alimentado recientemente por otro vampiro.
Durante un breve periodo, aquel humano se convertía prácticamente en un archivo viviente.
—Espionaje —murmuró Caedrin.
Maren siguió revisando.
Cuando terminaron, ya no eran ocho.
Eran dieciséis.
Dieciséis donantes desaparecidos en años de operaciones cuidadosamente enterradas.
Y todos tenían algo en común: habían estado cerca de vampiros que manejaban información política.
Aquello no era abuso descontrolado.
Era un sistema.
Y alguien llevaba mucho tiempo administrándolo.
Vez.
Maren sabía que enfrentarlo abiertamente sería peligroso, pero algo más urgente ocurrió.
El Consejo Menor anunció una sesión extraordinaria.
Querían cuestionar la decisión de Caedrin de poner al joven Rin bajo protección directa después de que Dren casi lo dejara sin sangre.
La verdadera intención era evidente.
Si conseguían demostrar que Caedrin actuaba porque Maren influía sentimentalmente sobre él, podrían desacreditar antes de que naciera el nuevo Consejo de Protección a Donantes.
Vez exigió que Maren declarara.
—No quiere una testigo —dijo ella—. Quiere un objetivo.
Caedrin no lo negó.
—Si hablas, irá contra ti personalmente.
—Ya viene contra mí desde que empecé a abrir archivos.
Maren decidió que no hablaría como pareja de Caedrin.
Ni siquiera como su donante.
Hablaría como la futura directora del consejo que pretendían impedir.
Presentaría nombres.
Expedientes alterados.
Páginas arrancadas.
Quejas enterradas.
Personas desaparecidas.
Caedrin la observó durante un largo momento.
—Entonces esta tarde no vas a defenderme.
—No.
—Vas a destruir su sistema.
Maren asintió.
Salió del despacho y encontró a Deva esperándola en el corredor.
Tenía un papel en la mano.
—Llegó del territorio sur.
Maren lo tomó.
—¿Qué es?
Deva tardó un instante en responder.
—Información sobre tu madre.
El corazón de Maren se detuvo.
Durante años había creído que su madre, Lena, había desaparecido después de un supuesto traslado voluntario.
Abrió el documento.
Leyó una línea.
Después otra.
Y tuvo que apoyarse en la pared.
—No puede ser…
—¿Qué dice?
Maren levantó la vista.
—Mi madre no murió.
Deva quedó inmóvil.
—Fue convertida.
Maren continuó leyendo.
Los documentos vinculaban a Lena con operaciones del ala norte desde hacía años.
Con la misma estructura que Maren estaba intentando derribar.
Con Vez.
Deva tragó saliva.
—Entonces tu madre era otra víctima.
Maren volvió a mirar el papel.
Y allí estaba la parte que realmente la aterrorizó.
Lena no figuraba como prisionera.
Ni como desaparecida.
Ni como propiedad.
Figuraba como colaboradora.
Maren dobló lentamente el documento.
—No.
—¿Qué?
Maren guardó el papel en su bolsillo.
—Mi madre no era una víctima del sistema. Todo indica que formaba parte de él.
Y en el ala norte, Vez ya sabía que Maren acababa de descubrirlo.
Porque llevaba años esperando exactamente ese momento.
PARTE 2
La revelación sobre Lena cambió todas las reglas.
Maren había entrado en aquel mundo buscando entender qué había ocurrido con su madre.
Durante años había imaginado las mismas posibilidades.
Que la habían asesinado.
Que había sido vendida.
Que algún vampiro había abusado del contrato.
Nunca había contemplado la peor alternativa:
que hubiera elegido quedarse.
Y mucho menos que hubiese ayudado a construir el sistema que ahora estaba destruyendo vidas.
Pero antes de que Maren pudiera investigar más, apareció Selvane.
Entró en el despacho de Caedrin sin invitación y encontró una escena que no esperaba.
Maren estaba sentada cómodamente entre expedientes.
Caedrin trabajaba cerca de ella.
Ya no había velo entre él y el mundo.
Ni botellas cerradas acumulándose.
Ni nueve años de aislamiento.
Selvane observó todo aquello y sonrió.
—Qué escena tan doméstica.
Caedrin le advirtió que no era el momento.
Ella lo ignoró.
Se acercó a Maren y comenzó a hablarle de todos los hombres y mujeres que habían pasado por la vida de Caedrin.
Después atacó donde sabía que podía hacer daño.
Le dijo que las historias que Caedrin había contado sobre su pasado no eran exclusivas.
El jardín.
La fuente apagada.
Su antiguo perro Brun.
Los detalles que Maren había interpretado como confianza.
Selvane aseguró que ya los había utilizado antes.
Maren miró a Caedrin.
—¿Es verdad?
Él permaneció en silencio.
Y ese silencio dolió más que cualquier respuesta.
Selvane sonrió.
—No eres especial, querida. Solo eres la última de una larga lista.
Maren debería haberse derrumbado.
En cambio, levantó la cabeza.
—Has cruzado medio castillo, ignorado guardias y forzado una puerta solo para convencerme de que no soy importante.
La sonrisa de Selvane desapareció ligeramente.
—¿Sabes lo que creo? No estás aquí porque lo amas. Estás aquí porque no soportas que ya no te necesite.
Selvane quedó inmóvil.
—Puedes esperar doscientos años —continuó Maren—. Mil. Pero el tiempo no te ha dado lo que querías. Por eso tienes miedo de que yo sí lo tenga.
Por primera vez, Selvane no encontró respuesta.
Pero Maren tampoco había olvidado el silencio de Caedrin.
Lo miró una última vez.
Él no la defendió.
Así que se marchó.
Durante días solo acudió a él cuando su contrato lo exigía.
Extendía la muñeca.
Caedrin bebía.
Cerraba la herida.
Nada más.
Hasta que él ya no pudo soportarlo.
—Tenemos que hablar.
Maren finalmente lo miró.
—¿Contaste esas historias a otras personas?
—Sí.
—¿El jardín?
—Sí.
—¿La fuente?
—Sí.
—¿Brun?
Caedrin tardó un instante.
—Sí.
Maren se dirigió hacia la puerta.
—Pero contigo no es lo mismo.
Ella se detuvo.
—¿Cómo puedo saberlo?
La respuesta tardó en llegar.
—Porque nunca he tenido miedo de perder a ninguna de ellas.
Maren se volvió.
Caedrin parecía más vulnerable que la primera noche en que ella lo había encontrado hambriento en el jardín.
—Tengo miedo de ti —admitió él—. De hacerte daño. De perderte. De no saber cómo hacer esto.
Maren no lo perdonó inmediatamente.
Pero comprendió algo.
—El miedo explica lo que hiciste. No lo justifica.
Caedrin asintió.
—Lo sé.
—La próxima vez, cuando tengas miedo, dilo. No necesitas un discurso. Solo dime: “Tengo miedo”.
—Puedo intentarlo.
—Eso veremos.
La confianza no regresó de golpe.
Volvió poco a poco.
Hasta que una noche Caedrin llevó a Maren nuevamente al jardín.
Sacó un documento referente a Lena.
Aquellos registros confirmaban que la mujer había sido convertida años atrás.
Y alguien había escrito una anotación inquietante:
“Cuando llegue ella.”
Alguien sabía que Maren aparecería algún día.
Maren sintió que la investigación era todavía más grande de lo que imaginaba.
Entonces Caedrin hizo algo que nunca había hecho con nadie.
Se mordió la muñeca.
Su propia sangre apareció sobre la piel.
—¿Qué haces?
—Dándote algo que no pertenece a ningún contrato.
Acercó la muñeca hacia ella.
—Mi sangre. Mis recuerdos. Mis secretos.
Explicó que durante un tiempo limitado la sangre de un vampiro dentro de un humano podía crear un vínculo.
Él podría sentir dónde estaba ella.
Pero existía un enorme riesgo.
Si alguien capturaba a Maren durante ese periodo y bebía de ella, podría acceder también a información perteneciente a Caedrin.
—Entonces, ¿por qué arriesgarte?
—Porque confío en ti.
Maren lo observó.
Caedrin añadió:
—Y porque eres la única persona en seis siglos a la que he elegido entregarle esto.
Maren respiró lentamente.
—¿Esto es amor?
Caedrin no dudó.
—Sí.
Maren bebió.
Y por primera vez sintió su presencia como un eco dentro de su propio pecho.
No era una cadena.
Era una elección.
El resto, sin embargo, debía ganarse fuera del jardín.
Llegó el día de la reunión del consejo.
Maren entró en una sala donde durante siglos los donantes jamás habían tenido voz.
Vez estaba frente a ella.
Caedrin presentó la propuesta:
un Consejo de Protección a Donantes independiente.
Tendría autoridad para investigar abusos.
Revisar contratos.
Recibir denuncias.
Sancionar a vampiros que ignoraran los límites de un donante.
Y estaría formado tanto por vampiros como por humanos.
Maren sería su directora.
Las objeciones comenzaron inmediatamente.
—¿Cómo sabemos que será imparcial? —preguntó uno—. Es la pareja del rey.
Maren respondió:
—Yo no decidiré sola. Las decisiones serán por mayoría. Y cuando exista conflicto de intereses, la persona implicada quedará fuera de la votación.
Después miró alrededor.
—La diferencia es sencilla: por primera vez, los donantes participarán en decisiones que afectan a sus propios cuerpos.
Vez intentó desacreditar todo como “buenas intenciones”.
Maren estaba preparada.
Sorin colocó diecisiete informes sobre la mesa.
Denuncias.
Fechas.
Testigos.
Registros.
—Esto no son buenas intenciones —dijo Maren—. Son pruebas.
La votación comenzó.
No fue unánime.
Cuatro votos a favor.
Dos en contra.
Una abstención.
El Consejo de Protección a Donantes fue aprobado.
Maren había ganado.
Pero cuando miró a Vez comprendió que aquello solo era una batalla.
Él permanecía sentado.
Tranquilo.
Observándola.
Guardando algo para después.
El nuevo consejo comenzó a funcionar.
Rin quedó protegido.
Las denuncias fueron revisadas.
Sorin abrió archivos que llevaban décadas cerrados.
Deva empezó a entregar nombres.
Y por primera vez, los donantes dejaron de ser simples líneas dentro de contratos.
Sin embargo, la verdad completa sobre Lena seguía esperando.
Maren sabía que algún día tendría que encontrarla.
Y descubrir si su madre había sido obligada a colaborar con Vez…
o si realmente había elegido hacerlo.
Mientras tanto ocurrió algo más pequeño, pero quizá igual de importante.
Sorin reparó la vieja fuente del jardín.
Durante nueve años no había corrido una gota.
Caedrin la había apagado cuando dejó de beber de humanos, porque aquel lugar le recordaba demasiado todo lo que había perdido.
Una mañana, Maren llegó descalza y escuchó agua caer sobre piedra.
Caedrin apareció poco después.
—¿Sabes por qué ahora puedo soportar escucharla? —preguntó.
Maren negó con la cabeza.
Él la miró.
—Porque ya no me recuerda lo que perdí.
Tomó su mano.
—Me recuerda lo que encontré.
Tiempo después, ante solamente Sorin y Deva, celebraron una unión privada.
No fue una boda humana.
Tampoco un antiguo rito vampírico.
Crearon algo nuevo porque ninguna ley existente describía realmente lo que eran.
Sorin tuvo incluso que redactar un documento sin precedente.
Caedrin colocó un anillo de plata en la mano de Maren.
Por dentro llevaba una inscripción que resumía todo.
“La primera noche extendiste tu muñeca. La última, yo extendí mi vida.”
Maren jamás se quitó el anillo.
Aquella noche volvió a sentarse descalza junto a la fuente.
Caedrin se sentó a su lado.
—Estoy pensando en mi madre —confesó.
—La encontraremos.
—¿Y si encontramos algo que no quiero saber?
Caedrin la miró directamente.
—Entonces lo enfrentaremos juntos.
Maren apoyó la cabeza sobre su hombro.
Sobre ellos estaban las mismas estrellas de la primera noche.
Pero abajo todo había cambiado.
El agua corría.
Las flores de Sorin comenzaban a cubrir el jardín.
Rin estaba aprendiendo a vivir sin miedo.
Deva tenía ahora un lugar donde presentar denuncias.
Sorin tenía archivos que por fin podían convertirse en justicia.
Y Maren ya no era simplemente una donante dentro del castillo.
Era la mujer que había obligado a un rey de seis siglos a mirar aquello que llevaba demasiado tiempo ignorando.
Todavía no sabía dónde estaba Lena.
No sabía qué secreto escondían los documentos restantes.
Tampoco sabía qué movimiento preparaba Vez.
Pero sabía tres cosas.
Seguiría buscando.
Caedrin estaría a su lado.
Y esta vez…
ningún nombre volvería a desaparecer de los archivos sin que alguien preguntara por qué.