Luna, la hija de Alpha, se fue en su día de unión, llevando consigo al cachorro del que nunca supo nada.

Luna, la hija de Alpha, se fue en su día de unión, llevando consigo al cachorro del que nunca supo nada.

PARTE 1

Nací omega y sin una loba propia, la existencia más insignificante dentro de una manada.

Sin embargo, tenía un don que nadie conocía: podía escuchar a Jack, el lobo interior de mi pareja, el alfa Dante Wagner.

Gracias a él descubrí cuánto me amaba Dante.

Y también escuché la verdad que terminó destruyendo nuestra relación.

Dos días antes de nuestra supuesta ceremonia de unión, Dante regresó a casa acompañado por Nova Cross, una antigua amiga suya. Cargaba sus maletas mientras ella caminaba detrás con una sonrisa victoriosa.

—Su pareja y sus padres murieron en un accidente —me explicó—. Está embarazada y vivirá temporalmente con nosotros.

Yo escondí detrás de mi espalda el informe médico que pensaba entregarle aquella noche. También estaba embarazada. Según el oráculo, nuestro hijo se convertiría algún día en el alfa más poderoso del norte.

Antes de que pudiera hablar, escuché a Jack rugiendo dentro de Dante:

¿Qué estás haciendo? La ceremonia era para Ember. ¿Por qué trajiste el vestido que diseñaste para ella dentro del equipaje de Nova?

Sentí que el mundo se detenía.

La ceremonia que Dante había preparado en secreto no sería conmigo.

Nova se instalaría en nuestra casa y ocuparía mi lugar.

—Necesita la habitación más soleada —dijo Dante—. Ember, tú puedes dormir en el cuarto de invitados.

Jack volvió a protestar, pero Dante lo silenció.

Durante los días siguientes, Nova sustituyó mis pertenencias por las suyas. Dante le regaló incluso el lobo de tela que había confeccionado para mí, el primer obsequio de nuestra relación.

—Después te haré otro —prometió.

Pero algunos objetos no pueden reemplazarse.

La noche anterior a la ceremonia, Nova tomó el anillo de piedra lunar que mi madre me había dejado al morir. Dante le ordenó devolverlo, pero ella fingió que se le resbalaba.

El anillo se partió en dos.

Me lancé para atraparlo y caí de rodillas. Dante corrió hacia mí, pero Nova gritó y fingió perder el equilibrio. Él cambió de dirección y la sostuvo a ella.

Nadie sabía que yo también llevaba un cachorro en el vientre.

Me levanté sola, recogí los pedazos del anillo y comprendí que nuestra relación se había roto del mismo modo. Aunque intentáramos repararla, las grietas permanecerían.

A la mañana siguiente fui al ayuntamiento y solicité abandonar la Manada del Relámpago. El trámite entraría en vigor al día siguiente. Entonces mi nombre desaparecería de sus registros y Dante dejaría de tener autoridad sobre mí.

Reservé un lugar en un crucero que saldría durante la ceremonia. Pero al llegar al puerto recibí una llamada urgente de mi madre. Mi padre había sufrido una crisis en el sur y necesitaba verme.

Entregué mi boleto a una joven que había perdido el suyo y tomé un autobús hacia mi ciudad natal. Durante el viaje apagué el teléfono. Para Dante y la manada, yo simplemente había desaparecido.

Mientras tanto, Nova vestía el traje de unión que había sido confeccionado para mí. Jack no dejaba de advertirle a Dante:

Ember se irá cuando descubra esto.

Dante estaba convencido de que yo lo perdonaría.

—No tiene a nadie más —respondió—. Me ama demasiado para abandonarme.

En ese instante sonó su teléfono.

Su asistente hablaba con desesperación:

—Alfa, un tsunami hundió el crucero. Las cámaras muestran a Ember subiendo a bordo. También encontramos su solicitud para abandonar la manada.

Dante dejó caer el teléfono.

En las noticias aparecieron los restos del barco arrastrados por el mar.

Y por primera vez comprendió que mientras él celebraba su unión con otra mujer, yo podía haber muerto llevando en mi vientre al hijo que nunca supo que existía.

PARTE 2

Dante abandonó la ceremonia y corrió hacia el puerto. Nova lo siguió todavía vestida con el traje que él había diseñado para mí.

Los rescatistas habían recuperado varios cuerpos. Uno pertenecía a una mujer que llevaba la misma ropa con la que Dante me había visto el día anterior. También tenía un lunar semejante al mío.

Él cayó de rodillas, convencido de que era yo.

—Ember no puede estar muerta —repetía mientras Jack gemía dentro de su mente.

Nova intentó levantarlo.

—La ceremonia está a punto de comenzar. Ember no querría verte así.

Dante la apartó.

—La ceremonia queda cancelada.

Nova lo miró horrorizada.

—Prometiste protegerme y convertirte en el padre de mi cachorro.

—Tu hijo nunca fue mío. Sentí compasión porque perdiste a tu familia y temías que tu cachorro creciera sin estatus. Pero no tenía derecho a destruir a Ember para ayudarte.

Le exigió que se quitara el vestido.

Nova se negó y, llena de rabia, confesó que había roto deliberadamente el anillo de mi madre. Dante comprendió por fin que la mujer a quien había protegido no era la víctima indefensa que fingía ser.

Ordenó recuperar mis pertenencias, expulsó a Nova de su casa y canceló cualquier reconocimiento para ella. Después abandonó la ceremonia y dedicó sus recursos a buscarme.

Nunca encontró pruebas definitivas de mi muerte.

Yo ya estaba en el sur.

Mis padres me recibieron entre lágrimas. Al enterarse de mi embarazo, no me juzgaron ni intentaron obligarme a regresar.

—Tendrás a tu hijo —dijo mi madre—. Nosotros te ayudaremos.

Meses después nació Andy. Conservó mi apellido y desde bebé mostró una fuerza alfa extraordinaria. Para mantenerlo trabajé como editora en un periódico. Nuestra vida no era lujosa, pero por primera vez me pertenecía.

Tres años más tarde viajé con Andy a una ciudad cercana. Al salir de una tienda escuché una voz que creía haber dejado en el pasado.

—¡Ember!

Me volví y encontré a Dante al otro lado de la calle.

Parecía más cansado y mucho más viejo. Se acercó corriendo mientras Jack gritaba emocionado:

Es ella. Y ese cachorro es tu hijo.

Intenté fingir que no lo conocía, pero Dante reconoció mi aroma.

—Pensé que habías muerto.

—Eso no cambia lo que hiciste.

Al mirar a Andy, sus ojos se llenaron de lágrimas. Percibió inmediatamente su sangre y comprendió que yo estaba embarazada cuando me marché.

—Nova nunca fue mi amante —explicó—. Su pareja murió y ella me pidió que diera estatus a su hijo. Creí que aceptar una unión ceremonial era la única forma de protegerlos. Pensé que tú me perdonarías.

—Ese fue tu verdadero error, Dante. No importa por qué lo hiciste. Elegiste a otra mujer porque estabas seguro de que yo no tendría el valor de dejarte.

Me pidió regresar y prometió ofrecerme una ceremonia más grande.

—No necesito otra ceremonia. Necesitaba que me respetaras cuando aún estaba contigo.

Tomé a Andy y me marché.

Esa noche, mi hijo me preguntó si aquel hombre era su padre. No quise mentirle.

—Sí, lo es. ¿Te gustaría conocerlo?

Andy pensó unos segundos.

—Solo si no vuelve a hacerte llorar.

Dante comenzó a enviarnos flores y regalos. Yo devolví todo. Durante meses esperó frente a nuestra casa y pidió otra oportunidad, hasta que finalmente le exigí que dejara de molestarnos.

—Andy y yo construimos una vida sin ti. Si de verdad nos amas, respeta nuestra paz.

Dante comprendió que insistir no era demostrar amor. Dejó de aparecer y aceptó mantener la distancia. Sin embargo, pidió poder contribuir económicamente a la educación de su hijo sin imponer condiciones.

No acepté inmediatamente. Antes exigí un acuerdo ante el Consejo: Dante podría reconocer legalmente a Andy, pero no tendría autoridad para llevárselo ni utilizar su rango para controlarnos. Las visitas dependerían de la voluntad del niño y de su comportamiento.

Dante aceptó cada cláusula.

Durante el año siguiente cumplió su palabra. No llegó sin avisar, no intentó comprar nuestro afecto y no habló mal de mí ante Andy. Se limitó a enviar cartas para su hijo y a preguntar si podía asistir a los acontecimientos importantes.

Cuando Andy participó en su primera competencia de piano, descubrí que Dante había financiado discretamente el programa de becas de su escuela. No lo había hecho solo para acercarse a nosotros; ayudaba a decenas de cachorros de familias humildes.

Él entregó los premios, pero no intentó abrazar a Andy ni presentarse como su padre. Se limitó a felicitarlo y esperó a que fuera el niño quien tomara la iniciativa.

—Mamá —me preguntó Andy después—, ¿puedo conservar el robot que me regaló?

—Claro. Es tuyo.

Vi a Dante esperando a cierta distancia. Ya no era el hombre arrogante que creía que yo jamás lo abandonaría. Había aprendido que el arrepentimiento no borraba el daño y que ser padre no era un derecho concedido por la sangre.

Me acerqué.

—Si tienes tiempo, puedes cenar con nosotros.

Sus ojos se iluminaron, pero no intentó tocarme.

—¿Estás segura?

—Es una cena, Dante. No significa que todo esté perdonado ni que volvamos a estar juntos. Andy merece la oportunidad de conocerte, siempre que respetes sus límites.

—Lo haré.

Durante los meses siguientes, Dante construyó una relación con su hijo poco a poco. Yo no regresé inmediatamente con él. Mi confianza había tardado años en romperse y necesitaría mucho más que flores para reconstruirse.

Solo cuando sus acciones fueron constantes acepté considerar un nuevo comienzo. No una repetición de nuestra antigua relación, sino algo diferente, basado en conversaciones sinceras y decisiones compartidas.

La segunda ceremonia de unión nunca fue grandiosa. No hubo cientos de invitados ni un vestido cubierto de perlas.

Se celebró en el jardín de mis padres, con Andy entre nosotros y un pequeño ramo de rosas azules en mis manos.

Antes de aceptar, miré a Dante directamente.

—Si vuelves a decidir por mí o a tratar mi amor como una garantía, me marcharé sin mirar atrás.

—Lo sé —respondió—. Esta vez no te pido que necesites de mí. Solo espero convertirme en alguien a quien puedas elegir.

No olvidé lo que había sucedido. Perdonar no significaba borrar el pasado.

Significaba que él había aprendido a asumir las consecuencias y yo conservaba la libertad de decidir mi futuro.

Durante años Dante creyó que jamás lo abandonaría porque no tenía a nadie más.

Al final regresé únicamente cuando comprendió la verdad:

Yo nunca había sido una omega sin opciones.

Él era quien debía demostrar que merecía formar parte de la vida que construí sin su ayuda.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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