Los aldeanos la arrojaron a la “cueva de la bestia” para que muriera; a la mañana siguiente, ella salió luciendo su corona.

Los aldeanos la arrojaron a la “cueva de la bestia” para que muriera; a la mañana siguiente, ella salió luciendo su corona.

PARTE 1

Nunca imaginé que mi propia gente sería la primera en intentar matarme.

Durante años creí que Ravenwood era un pueblo tranquilo, uno de esos lugares donde todos conocen tu nombre, donde las familias guardan recuerdos en las mismas casas durante generaciones y donde los secretos parecen desaparecer con el tiempo.

Pero esa noche descubrí la verdad.

Ravenwood no olvidaba nada.

Y yo era el secreto que todos habían estado esperando.

Me desperté en medio de la madrugada con una sensación extraña, como si algo dentro de mí supiera que el peligro estaba cerca antes de que mi mente pudiera entenderlo. No había dormido bien durante semanas. Las pesadillas habían regresado, siempre iguales: un bosque oscuro, una mujer llorando bajo la nieve y una voz llamándome por un nombre que no era el mío.

Eliza.

Nunca había conocido a ninguna Eliza.

Sin embargo, cada vez que escuchaba ese nombre, algo dentro de mí dolía como si hubiera perdido a alguien que amaba.

Esa noche, mientras miraba mi reflejo en el espejo del baño, mis ojos se detuvieron en la marca de nacimiento que tenía sobre la clavícula. Una pequeña media luna que había estado conmigo desde niña.

Pero últimamente había cambiado.

Se veía más oscura.

Más viva.

Entonces mi teléfono sonó.

Era Khloe.

Mi amiga hablaba con una voz rota, como si estuviera llorando mientras intentaba mantenerse fuerte.

—Harper… ya está decidido.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

—¿Qué quieres decir?

Hubo unos segundos de silencio.

—El consejo votó esta noche. Te eligieron a ti.

Pensé que era una broma. Una terrible e imposible broma.

Pero Khloe no estaba riendo.

Me explicó que el alcalde Sterling había convencido al pueblo de que necesitaban un sacrificio para detener la sequía que estaba destruyendo las tierras. La gente estaba desesperada. Los incendios y la falta de agua habían convertido el miedo en una herramienta perfecta.

Y Sterling encontró a alguien a quien culpar.

A mí.

No tuve tiempo para pensar.

Los faros de varios vehículos iluminaron las paredes de mi habitación.

Las puertas de los autos se cerraron.

Pasos pesados caminaron hacia mi casa.

Mi corazón entendió antes que yo.

Venían por mí.

Agarré una mochila, me puse la chaqueta de mi abuela y corrí hacia la ventana trasera. Había imaginado escapar cientos de veces en mi mente, pero nunca pensé que realmente tendría que hacerlo.

La puerta principal explotó con un golpe brutal.

Una voz masculina atravesó la casa.

—Harper Evans. Por orden del consejo del pueblo, abre esta puerta.

Mis manos temblaban mientras intentaba abrir la ventana.

Solo necesitaba llegar al bosque.

Solo unos metros.

Pero cuando salté, unas manos fuertes me atraparon desde atrás.

Caí al suelo.

El dolor recorrió mi cabeza.

La última imagen clara que recuerdo fue un par de zapatos perfectamente lustrados acercándose lentamente.

El alcalde Sterling.

Se agachó junto a mí con una tranquilidad aterradora.

—Sabía que intentarías escapar —dijo—. Los culpables siempre huyen.

Intenté hablar.

Intenté decirle que estaban equivocados.

Pero él solo miró mi marca de nacimiento.

Y sonrió.

—Exactamente lo que necesitamos.

Sentí una pequeña presión en mi cuello.

Una aguja.

Un líquido frío recorrió mis venas.

La oscuridad comenzó a envolverme.

Antes de perder la conciencia, escuché sus últimas palabras.

—El pueblo será salvado. El antiguo pacto será cumplido.

Después todo desapareció.

Cuando desperté, no estaba en mi casa.

Estaba en el bosque.

Mis muñecas estaban sujetas con cadenas a un viejo árbol cubierto de símbolos extraños. Frente a mí había un círculo de piedras y marcas que parecían moverse cuando intentaba mirarlas directamente.

Comprendí algo terrible.

No era la primera vez que hacían esto.

El pueblo llevaba generaciones preparando sacrificios.

Y yo era el siguiente.

Entonces escuché un ruido entre los árboles.

Una rama rompiéndose.

Alguien se acercaba.

Esperé ver al alcalde Sterling.

Pero la figura que apareció bajo la luz de la luna no era humana.

Era un hombre alto, con ropa antigua, cabello oscuro y unos ojos color ámbar que brillaban en la oscuridad.

Sus pupilas eran como las de un animal.

Me quedé sin voz.

Él me observó como si hubiera encontrado algo que había buscado durante siglos.

Y entonces pronunció una palabra que hizo que todo mi cuerpo se congelara.

—Eliza.

PARTE 2

No sabía qué era más aterrador: el hecho de estar encadenada en un bosque esperando morir, o que una criatura desconocida acabara de llamarme por un nombre que nunca había escuchado.

El hombre se acercó lentamente.

No parecía tener prisa.

Parecía estar sufriendo.

—¿Quién eres? —pregunté con la voz temblando.

Sus ojos no abandonaron mi rostro.

—Mi nombre es Adrien Cross.

El nombre no significaba nada para mí.

Pero la forma en que me miraba sí.

Era como si estuviera viendo un fantasma.

—No entiendo qué está pasando.

Adrien observó las cadenas alrededor de mis muñecas y su expresión cambió.

Ya no parecía confundido.

Parecía furioso.

—Ellos no te dijeron nada, ¿verdad?

Negué lentamente.

—¿Decirme qué?

Adrien respiró profundamente.

—Que tú no eres un sacrificio.

Se acercó al círculo de piedras.

—Eres la razón por la que este pacto existe.

Sentí un escalofrío.

Entonces tocó suavemente la marca de mi clavícula.

Y el mundo desapareció.

Vi imágenes que no eran mías.

Una mujer con un vestido blanco corriendo por el mismo bosque.

Sangre sobre la nieve.

Adrien, mucho más joven, sosteniendo su mano mientras el fuego los rodeaba.

Una promesa.

Una despedida.

Cuando regresé a la realidad, Adrien estaba mirándome como si acabara de ver un milagro imposible.

—No puede ser…

—¿Qué viste? —pregunté.

Su voz apenas fue un susurro.

—A Eliza.

Mi respiración se detuvo.

Adrien me contó una historia que parecía imposible.

Hace cientos de años había amado a una mujer llamada Eliza, la última descendiente de una antigua familia ligada a Ravenwood. Ella había sido asesinada durante el primer intento de sacrificio del pueblo.

Adrien no era un hombre común.

Era un ser que había vivido durante siglos.

Un vampiro.

Y durante todo ese tiempo había esperado algo que nunca creyó volver a encontrar.

A ella.

Pero yo no era Eliza.

Yo era Harper Evans.

Aunque una parte de mí sabía que había algo más.

Mis padres habían abandonado Ravenwood cuando yo era pequeña. Nunca me explicaron por qué. Después de su muerte, regresé al pueblo para vivir con mi abuela, pero siempre sentí que todos ocultaban algo.

Ahora entendía por qué.

Mi familia era la sangre que Sterling necesitaba.

Mi existencia era la llave del ritual.

Pero Adrien también me reveló algo más aterrador.

El sacrificio no solo buscaba salvar al pueblo de la sequía.

Sterling quería controlar la antigua magia de Ravenwood.

Quería poder.

Y mi sangre era el camino para conseguirlo.

De repente, un mensaje llegó al teléfono de Adrien.

Su rostro cambió.

—Han encontrado a tu abuela.

Sentí que el miedo me atravesaba.

—¿Está viva?

—Sí. Pero Sterling la tiene bajo custodia.

Intenté levantarme, pero las cadenas todavía estaban sujetándome.

Adrien rompió los metales como si fueran simples ramas.

Por primera vez comprendí la verdadera fuerza que tenía frente a mí.

Pero también vi algo diferente.

No era un monstruo.

Era alguien que había perdido demasiado.

Alguien que había esperado demasiado tiempo.

Me ofreció un anillo antiguo con una piedra de luna en el centro.

—Si lo aceptas, podré volver a entrar en Ravenwood y protegerte.

Lo miré con desconfianza.

—¿Cuál es el precio?

Su silencio fue suficiente.

—El vínculo será más fuerte entre nosotros.

No sabía si estaba tomando la decisión correcta.

Toda mi vida había creído que los monstruos eran criaturas de historias antiguas.

Pero esa noche descubrí que los verdaderos monstruos podían usar traje, sonreír y llamarse líderes.

Miré el anillo.

Pensé en mi abuela.

Pensé en la gente que me había traicionado.

Y pensé en la extraña conexión que sentía con Adrien.

Finalmente lo tomé.

Cuando el anillo tocó mi piel, una luz intensa llenó la habitación.

El dolor llegó después.

Pero junto al dolor llegaron recuerdos.

Recuerdos de otra vida.

De otro amor.

De una promesa que había sobrevivido durante siglos.

Abrí los ojos llorando.

Adrien estaba frente a mí.

—Recuerdo algo —susurré.

Él no se movió.

—¿Qué recuerdas?

Miré el anillo en mi mano.

—Que ellos nos traicionaron.

Por primera vez en cientos de años, Adrien dejó escapar una expresión que no era tristeza.

Era esperanza.

Pero esa esperanza duró poco.

Porque desde lejos llegó el sonido de vehículos acercándose.

El consejo había descubierto que seguía viva.

Y ahora Sterling sabía algo que podía cambiarlo todo.

Harper Evans ya no estaba sola.

Y por primera vez en siglos…

Ravenwood tendría que enfrentarse a la criatura que había intentado olvidar.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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